EN DO MAYOR “HAY UN MÉXICO BÁRBARO QUE A TODOS NOS DA MIEDO…” FRANCISCO TOLEDO

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Por. Jovita Zaragoza Cisneros.

“HAY UN MÉXICO BÁRBARO QUE A TODOS NOS DA MIEDO…”, FRANCISCO TOLEDO.

Amó tanto a su tierra, que esta le correspondió haciendo de su rostro un lienzo sobre el que esculpió con la tinta del sol amorosas líneas. El hombre de alborotada melena, barba y bigote hirsutos, mirada de niño desamparado, el genio creativo nos dejó un vacío y una sensación de orfandad al marcharse de este plano el 5 de septiembre de 2019.

Inicio estas líneas e irrumpe en mi memoria la imagen en que se le ve volando un papalote, con el rostro impreso de uno de los estudiantes de Ayotzinapa. Y me estremece recordar el profundo significado de ese portentoso acto realizado el 15 de diciembre del 2014, al cumplirse 41 días de la desaparición de los jóvenes. Hecho que abrió una herida profunda en la memoria de un México que, desde entonces, no para de sangrar.

Esa imagen de Francisco, el inmenso Toledo dio vuelta al mundo aquel día que corrió por las calles del centro histórico de Oaxaca, papalote en mano, para exigir la aparición de los jóvenes estudiantes con vida. En el acto de protesta participaron niños y niñas llevando su propio papalote, hecho con papel de china y carrizo. En cada uno estuvo impreso el rostro de los 43 desaparecidos. “Si se les busca bajo tierra, también hay que buscarlos en los aires. Confío en que sigan con vida”, dijo entonces.

Si de ayudar a los otros se trataba, no vacilaba en tomar acción. Todos recordamos también cuando en aquel 7 de septiembre de 2017 financió con su dinero cocinas comunitarias para dar atención a los damnificados.

Este sábado hizo un año que se marchó el enorme e inmarcesible Francisco Toledo, dejándonos el legado de su obra, testimonio de su gran poder creativo y genialidad que trascendió fronteras internacionales.
Grandes voces del mundo han estudiado su obra, su técnica, sus trazos en la pintura, grabados, esculturas. Ya alguna vez Octavio Paz se refirió a la originalidad de su temperamento creativo y la forma cómo fusionó en su arte lo que llamó “la extrema modernidad de Toledo y extrema antigüedad de Toledo”.

A un año de su ausencia física hago un pequeño recorrido y mención a su profunda calidad humana, su enorme fraternidad. Traigo a recuerdo su bravura, su indignación y dolor ante los atropellos a la naturaleza y las injusticias con los más desprotegidos. De ese Francisco Toledo que habiendo conocido el mundo recaló a su tierra que tanto amó, hablo hoy. Del activista que tenía al México dentro de él. El que supo sentir y hacer propias las necesidades y dolor de los suyos, leer el alma de su gente, entender y abrazar la cosmogonía de los pueblos originarios. El que ayudó a brindar oportunidades a los niños de su tierra. De ese ser humano mágico y sabio que hizo resonar su voz, hasta llegar a la conciencia de sectores que se dejaron tocar por la pasión y compromiso con la que Francisco Benjamín López Toledo (nacido el 17 de julio 1940) defendía las causas. De ese Francisco Toledo hablo.

Ese es el Toledo que yo traigo hoy en este su primer aniversario luctuoso. El Toledo que se negaba a ser comparado en su activismo social con los muralistas David Alfaro Siqueiros, Diego rivera y Clemente Orozco. De ellos dijo alguna vez que eran gente de partido, por lo tanto respondían a su carga ideológica, elementos que él no poseía. “A ellos les tocó un país que se estaba construyendo y a mi me tocó un país que se está destruyendo”.

La obra, acciones y palabras de Francisco Toledo son síntesis del compromiso, coraje y amor del hombre y artista que fue. Con las palabras precisas y sin perderse entre vanidades y frivolidades, hizo mucho por nuestra gente de Oaxaca y por México todo. Sus palabras están vigentes: “El México de entonces debía tener tantos problemas como el de ahora, pero como yo era niño no los registraba. El de ahora lo veo con terror: los migrantes, la droga, las metralletas… Hay un México bárbaro que a todos nos da miedo”.

EL TREN MAYA Y EL DESASTRE ECOLÓGICO.

El enorme Juchiteco, artista irreverente, rebelde, libre, hizo de su vida un acto permanente de lucha con las mejores causas. Defensor de las comunidades de la ecología y ambiente, recordamos la energía con la que en 2002 se opuso a la instalación de un establecimiento de McDonald’s en el centro histórico de Oaxaca. Su protesta tuvo éxito. En la tierra conocida también por su riqueza gastronómica, un negocio de esta índole era una afrenta. Sabía que de darle la entrada, vendría luego la invasión de comida industrializada.

Profundo conocedor de la historia de injusticias acumuladas, sabía también que el espíritu depredador de quienes todo tasan en dinero y ganancias económicas, asechaban a las tierras indígenas, las que defendía apasionadamente exigiendo que se respetaran los derechos de éstos a ser escuchados.

Uno de los últimos actos de protesta llevado a cabo fue sobre la construcción del Tren Maya. ‘‘Va a ser un desastre ecológico”, sostuvo el artista, pronunciándose porque se llevaran a cabo consultas a los pueblos originarios de las zonas por donde pasaría el Tren Maya. Con este propósito envió una carta al actual presidente, recordándole que “ en julio de 1990 el Congreso de la Unión aprobó el Convenio 169, que es ‘‘un instrumento vinculante y un referente jurídico para crear legislación que haga valer los derechos indígenas de nuestro país, pues el artículo 7 de dicho convenio establece: ‘los pueblos interesados deberán tener el derecho de decidir sus propias prioridades en lo que atañe al proceso de desarrollo, en la medida en la que éste afecte a sus vidas, creencias, instituciones y bienestar espiritual y a las tierras que ocupan o utilizan de alguna manera, y de controlar, en la medida de lo posible, su propio desarrollo económico, social y cultural”, documentó el diario La Jornada.

Discreto siempre en cuanto a su vida personal, el rumor de una posible enfermedad que parecía avanzar de manera irremediable, apenas fue un murmullo. Se refugiaba en su mundo de silencios para escuchar la voz de una tierra poblada de magia, de dioses ancestrales, figuras míticas, leyenda de las que hoy el forma parte.

Su muerte fue una sorpresa. Pero sobre todo un profundo dolor. Se marchó el poseedor de un talento infinito y dueño de un espíritu especial. Conocedor de que a la hora de su muerte las autoridades y diversas figuras intentarían hacer de su funeral un escenario de oportunismo y lucimiento propios, dejó instrucciones de una ceremonia íntima y familiar. “La familia Toledo comunica con profunda tristeza que el maestro Francisco Toledo ha fallecido. Pedimos respetar nuestro dolor, y la manera en que nuestro padre manejó su intimidad. Gracias por sus muestras de cariño y su compresión”, fue el mensaje de su familia.

A un año de su muerte, reverencio su paso por esta vida. El gigante Francisco Benjamín López Toledo descansa en paz. Ya no está aquí para ver cómo la impunidad e injusticias continúan presentes y avanzando en este país dolido, doliente, dolorido.
Su obra artística, su voz y acciones están en el espíritu de este México que sigue esperando por otro horizonte más justo, más humano y menos bárbaro.
Así sea.










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