EN DO MAYOR EL “HÉROE” DE LA PELÍCULA

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Durante la gubernatura Marinista (2005-2011) se respiraba un ambiente de prometedora bonanza inmobiliaria en el Estado de Puebla, impulsada durante el gobierno de Manuel Bartlett Díaz (1993-1999) y en cuyo periodo Mario Marín Torres se había desempeñado como su secretario de gobierno.

Los Poblanos se decían orgullosos del desarrollo y crecimiento económico de su estado. Fraccionamientos residenciales, habitacionales, vías de comunicación bien planeadas. Construcción de moteles brotaban a lo largo y ancho del Estado; bares y antros buenos, regulares y mala muerte dirigidos mayormente a su público consumidor: los jóvenes. Era vox populi que muchos de esos negocios pertenecían a Mario Marín Torres. Eso se decía. Y agregaban también en voz muy baja y con disimulo, y no cierto temor, que no todos los negocios eran de él, que en realidad el solamente fungía como uno de los prestanombres de Bartlett, el artífice de la construcción de la plaza Angelópolis y sus alrededores, una zona convertida ya en comercial y residencial y de gran plusvalía, inaugurada en 1998, un año antes de que Bartlett Díaz terminara su gubernatura.

El centro Comercial Angelópolis, aunque agradable con sus grandes espacios abiertos, no representaba gran cosa para quien estuviera ya habituado y familiarizado con las grandes plazas comerciales que hay en una gran urbe como CDMX. Y Angelópolis era una versión del Perisur o cualquier otra construida por la firma Sordo Madaleno; pero fue un “gancho” clave para detonar la plusvalía de la zona. Era habitual ver paseando y de compras allí a señoras ostentando su status con joyas, ropa de marca, seguidas por su chofer o hasta guardaespaldas. ¿A quién importaba que ese Centro Comercial y sus alrededores hubieran sido construidas en las 1081 hectáreas expropiadas durante el gobierno de Manuel Bartlett Diaz, so pretexto de “causa de utilidad pública” y bajo argumento de planificación regional, para ofrecerlas luego a la inversión pública y privada y promotores inmobiliarios elegidos a modo? Tenían presente, sí, (y lo decían en voz baja) que “esas tierras se terminaron vendiendo en un dineral a los fraccionadores del lugar” y que él, Bartlett Díaz había sido el artífice de todo eso que se estaba traduciendo en inversión y desarrollo para un estado cuyos habitantes oscilaban en el puritanismo hipócrita y el coqueteo con la modernidad.

Mario Marín Torres, de estirpe priista y quien venía desempeñando puestos de cierta relevancia en el Estado, arribó en 2005 a la gubernatura, el puesto más alto a nivel estatal y desde donde se pueden mover números y arcas a capricho y a favor. Incluso, se llegaba a jugar con la fantasía de que sería impulsado por su partido (obviamente el PRI) como candidato a presidente de la República. Tenía el perfil que tanto nos gusta escuchar a los mexicanos: un hombre de origen humilde, abogado de profesión, político experimentado en varios puestos claves de la administración priista y bien colocado con grupos económicos y políticos de poder. Así que no era tan descabellada la idea de que fuera lanzado al máximo cargo del país. Hasta que a mediados de su gobierno se dio a conocer aquella grabación que evidenció su miseria moral y la de sus cómplices y quedaría tatuado para siempre el mote de “Gober Precioso”.

¿Cómo olvidar aquella conversación, dada a conocer en febrero del 2006, entre Kamel Nacif (hoy prófugo de la justicia mexicana, y refugiado en Líbano)
MM: Quiúbole, Kamel.
KN: Mi gober precioso.
MM: Mi héroe, chingao.
KN: No, tú eres el héroe de esta película, papá.

ESPEJOS EMPAÑADOS.
En 2008 que llegué a vivir a Puebla, habían pasado ya dos años de que saliera al público la conversación entre Kamel Nacif y el “Gober precioso”. El escándalo había levantado polvareda en México y en el ámbito internacional fue comentado y repudiado. Sin embargo, cuando yo sacaba a colación el tema con algunas personas de allá y hacía algunas observaciones con respecto a que a la sociedad poblana parecía no importarles que Mario Marín continuara en su cargo de gobernador, parecía incomodarles. Me cambiaban el tema.

Lo sabían pederasta y que, junto a él, muchos más insertados en el gobierno. Pero había una suerte de evasión o negación a hablar de ello. Como una vergüenza contenida o cierta reserva o temor de que lo que se dijera llegara a alguien cercano al gobernador. Y es que – enseguida supe- el control del gobierno Marinista era tal, que tenían orejas por todos lados llevándole información. Así, la sociedad poblana, compleja como la que más, prefería voltear la mirada hacia otro lado.

Contradictoria en su mentalidad, la sociedad poblana me pareció una fiel representante de nuestra cultura mexicana detenida en el tiempo. Mario Marín Torres es un fiel retrato del soslayo, la taimadez, la cerrazón, el puritanismo, el oportunismo. La manera de mentir mirando a los ojos y sin que se moviera un ápice sus miradas, lo vi en Puebla y lo vimos en aquella exposición que hicieran en televisión de Mario Marín Torres que, impávido al ser cuestionado, no supo qué contestar.

En su momento hablé con algunas personas sobre hechos que ocurrían en Puebla y de los que la prensa local poco hablaba. Uno era el maltrato a la mujer y el otro, el alto porcentaje de suicidios en niños y jóvenes de 13 a 16 años y cuyos registros en números no coincidían con la realidad. Había órdenes de maquillar los datos.

SU HIJO, UN “MIRREY”.
Al concluir su periodo gubernamental, Mario Marín trataba de pasar inadvertido. Se movía discreto, cuidadoso de no remover los recuerdos de aquello que, en su momento, llenó espacios noticiosos por la cloaca que se destapó. Algunos ingenuos le hacían ya “retirado” de la política, cuando en realidad nunca se fue. Solo andaba agazapado, pero atento al negocio inmobiliario y poniendo a salvo su fortuna que, según diera a conocer el sitio puebl@media.com , su hijo, Mario Marín García, se encargó de resguardar haciendo inversiones millonarias en toda Europa.

“Mario Marín García fue uno de los grandes e innumerables beneficiarios del sexenio de su padre, quien sirvió como prestanombres y accionista de negocios inmobiliarios, de Taxis Aéreos, Gasolineras e inversiones en el mercado de valores”, dice el sitio. “Hoy disfruta una vida por demás glamorosa, rodeado de enormes lujos y comodidades”. Agregaba datos del lugar de residencia del primogénito de Marín Torres: “Marín García estaría en Wels, la segunda ciudad de Austria Alta”
En esa pequeña población de menos de 60 mil habitantes el hijo tenía sus inversiones.
Abundaba al respecto: “Una pequeña prueba de la magnitud del saqueo al erario poblano es el chalet en donde actualmente pasa una buena parte de su tiempo, el cual fue adquirido por Mario Marín García, a un costo de 5 millones de dólares. El chalet se ubica en una de las regiones más exclusivas del mundo, considerada refugio de príncipes, reyes, magnates y estrellas de Hollywood; que disfrutan del clima alpino propio de la Europa Central. El paisaje lo complementan castillos y palacios. Ahí el jet set internacional acude a esquiar a las montañas austriacas”.

¿EL DINERO MATA CARITA?
Todo indicó que hay mucho de verdad en esta frase popular. Desde ese lugar austriaco de ensueño, vistiendo ropa cara, dinero, codeándose con otros mirreyes, el primogénito del “Gober precioso” conquistó a una europea, esas de estereotipos de belleza austriaca. “¿Conquistó?” ¿Por qué no? Lo mexicano o “folklórico” gusta por allá. Dicen.
El noviazgo cuajó. El sábado 28 de septiembre del 2013, la Catedral Poblana fue escenario de una fastuosa boda entre Mario Marín García y Nadja Ludne. La ceremonia fue oficiada por el mismito arzobispo Víctor Sánchez Espinosa y contó con traductora al alemán. Los orgullosos padres del novio, vistiendo un jaqué negro (o lo que conocemos en términos coloquiales como “traje de pingüino), chaleco gris, camisa blanca y corbata roja, y su esposa con un vestido liso en color morado y una chalina negra. Luego, la lujosa fiesta.

Más tarde, “el Gober precioso”, volvió a hacerse visible, y hasta sonriente y participativo en una marcha en apoyo a Blanca Alcalá, candidata del PRI para la gubernatura de Puebla en las elecciones locales para el periodo 2017-2018). Blanca Alcalá había sido señalada por la periodista Lydia Cacho de estar vinculada a su secuestro y tortura en 2005 y como protectora de pederastas. Lydia Cacho afirmaba que la candidata en cuestión fue parte de los 17 funcionarios estatales involucrados en la red Succar Kuri. Alcalá, originaria de Tlaxcala, fue presidenta municipal de Puebla (2008-2011) en los tiempos que Mario Marín fuera gobernador.

Apostando a la débil y frágil memoria de un país con una ciudadanía que, como en la fábula de la rana y del agua hirviendo, nos fuimos acostumbrando a nadar en la ignominia, Mario Marín Torres, poco a poco fue saliendo más a su vida social, sabedor de que su capital político ya estaba “quemado”, continuó caminando confiado en las posiciones estratégicas y alianzas que sus pupilos, jóvenes formados en su gobierno, ocupan ahora.
“…Muchos de los políticos que apadrinó o que formaron parte de su gobierno están ahora en posiciones estratégicas no sólo en su partido, el PRI, sino en el gobierno estatal, así como en Morena y en las fuerzas políticas aliadas de éste: Encuentro Solidario, Redes Sociales Progresistas, Nueva Alianza y Fuerza por México”, señala la revista Proceso.

Una de las últimas apariciones públicas de Mario Marín Torres fue en marzo del 2019, apadrinando la candidatura de Alberto Jiménez Merino a la gubernatura del Estado. Según medios locales, no solo acudió a su toma de protesta donde le aplaudieron, sino que, cual “rockstar” de la farándula los asistentes al acto pedían tomarse fotos con él. No imaginaba que al mes siguiente se giraría una orden de aprehensión en su contra, y en la del todavía prófugo Kamel Nacif Borge. Y el resto, lo de la captura del “Gober precioso”, lo sabemos ya. Y una de las preguntas que afloran es ¿por cuánto tiempo? Después de todo los cuadros conformados en la política y en la actual administración comparten las raíces de un mismo árbol ¿No es así? Pregúntesele al presidente. Yo no me atrevo. Y por una sencilla razón: no quiero verme sometida a la tortura de escucharle decir una y otra vez lo mismo durante dos horas. “No somos lo mismo…eso si calienta… estamos en otros tiempos…” Y luego, ya sabe usted, al estilo Fidel Castro, o Hugo Chávez, la arenga contra un pasado que está más vivo que nunca en su gobierno y hacía el que nos está llevando. Por más que el lo niegue y lo disfrace.
EN DO MAYOR.
JZC.










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