EN DO MAYOR “EL CÍRCULO DE LA LOCURA”

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Escenas de películas que por alguna razón registramos sin saberlo y quedan guardadas
en nuestra psique, saltando luego como herramientas salvadoras ante momentos en los que nuestro cerebro alerta sobre algo que no aceptamos. Imágenes que son metáforas en cuyo significado encontramos guías o respuestas a nuestra inquietud.

Por hoy traigo a tema una película dirigida por el exitoso director del cine Alan Parker (feb 1944—julio 2020), cuyo fallecimiento, ocurrido este viernes 31, conmocionara a la industria cinematográfica e inspirara emotivas palabras de despedida de quienes trabajaron con él y conocieron su trayectoria. Una de esas voces fue la de la cantante Madonna, quien, bajo la dirección de Parker, interpretó el controvertido personaje de Eva Perón, en “Evita”, filmada en 1996 y acreedora al Globo de Oro.

La película de Parker y motivo de mi tema es Expreso de Medianoche (1978), historia basada en el caso de un estudiante estadounidense.
William Hayes tenía 22 años de edad cuando en 1970 fue sorprendido por la policía del aeropuerto de Estambul con un contrabando de droga (hachís). Presidia el gobierno de Estados Unidos Richard Nixon y la relación con Turquía estaba atravesando por momentos difíciles. Lo anterior derivó en una politización del caso Hayes, cuya condena inicial de 4 años fue ascendida a 30 años. William Hayes estuvo preso 5 años, logrando escapar hacia Grecia para luego ser deportado a Estados Unidos.

Más tarde, ya escritor, Hayes escribió un libro autobiográfico (Midnight Express), narrando lo vivido en la cárcel de Turquía. Su experiencia fue llevada a la pantalla grande, bajo el mismo nombre. El guion fue escrito por Oliver Stone. El peso actoral del filme cayó en el joven actor norteamericano Brad Davis (1949-1991) y en un gigante de la actuación, el británico John Hurt (1940-2017). El filme fue acreedor a varios premios internacionales.

En lo personal hay una escena de esa película, una sola, que me impactó y quedó impresa en mi memoria. Hace un tiempo que me acompaña. Y hoy está más presente que nunca. Es una imagen reveladora que recuerdo a menudo cuando veo cómo se ha apoderado en nuestra sociedad el pensamiento alineado. Me refiero a la escena de cuando el joven reo, Hayes, al enterarse de las complicaciones que está adquiriendo su caso, de las pocas posibilidades que tiene de salir de allí en corto tiempo, comienza a experimentar los estragos de la desesperanza. El ambiente de sobrevivencia en un lugar de hacinamiento y sordidez como lo es una cárcel, le tornan agresivo. Luego de agredir a uno de los guardias o compañeros, es trasladado a la sección psiquiátrica de la prisión. Allí los reos deambulan todos en un solo sentido, dando vueltas en círculo. La escena es Dantesca.

Desarrapados, con la mirada extraviada los reos se entregan al ritual que su mundo de vértigo mental les dicta. Se agitan sus emociones si alguien camina en sentido contrario al de ellos. El joven Hayes comienza a hacer lo mismo, hasta que, en el instante revelador, se percata que está empezando a actuar igual que ellos. Es entonces que descubre que para conservar su salud mental tiene que hacer precisamente lo contrario, porque de otra manera terminará formando parte de ese extravío disfrazado de normalidad y donde ya no se es dueño de nada.

Es un pasaje que acaso dure menos de 3 minutos –según recuerdo-, pero su significado es potente. No actuar, no pensar como ellos es lo que mantendrá su mente dentro de lo razonable que necesita para estar del lado donde todavía se puede distinguir las graduaciones de la cordura. Es esta la escena que me salta muy a menudo últimamente. Cuando veo tanto dentro y fuera de las redes sociales a grupos o individuos alineados a una causa o ideología y observo cómo se agitan sus emociones si una voz desentona en la melodía que en su imaginario resulta perfecta. Y eso, está más presente en el escenario político, en donde un líder marca el tono seguir a los demás. Todos obedecen, funden su canto desafinado a la partitura discordante cuidando no desentonar del grupo donde ha encontrado un lugar de pertenencia. Y ¡ay de aquél que desentone! Así le va.

DOS GIGANTES DE LA POLÍTICA.

Pregunten a don Porfirio Muñoz Ledo, quien de un tiempo a la fecha viene padeciendo los insultos y descalificaciones de simpatizantes e integrantes de Morena, por atreverse a disentir sobre algunas decisiones del presidente y legisladores. Sin miramiento alguno y enojados ante la voz de este político, cuyas críticas emite con sólidos argumentos, las hordas de simpatizantes e incondicionales a Morena lanzan sus infundios, queriendo sembrar la duda sobre la lucidez de sus palabras. Sin respeto alguno por un hombre que se ha caracterizado por ser una voz crítica y propositiva en los partidos en los que militó, lanzan epítetos con los que evidencian la incapacidad para aceptar las observaciones de este político que renunció al PRI en 1987 y que, de manera valiente, acusó al partido de obstruir la democracia.

Es un hombre que entiende los juegos de la política de México, viciada por personajes que con su hacer y actuar han envilecido lo que Muñoz Ledo desempeña con cierto arte. Sabe bien dar los finos quiebres de inflexión para negociar – en el buen sentido- aquello que permitirá el avance del país. Conoce las complejidades de la naturaleza humana. Tiene un sentido de la historia de México. Sabe que la política es un hervidero de pasiones, de egos y ambiciones. De zalamerías y traiciones. Sabe que el poder transforma y que en el buen uso de ese poder depende el destino del país.

Somos varios los ciudadanos que reconocemos en el al político lucido y digno. Y hoy, junto a Ifigenia Martínez unen voces para hacer un llamado a la actual clase política, convocando a “arribar a un pacto de estado o a un acuerdo nacional de emergencia que nos permita atacar con mayor éxito la pandemia mediante el concurso del gobierno, empresarios, trabajadores, academia y sociedad civil. Más de seis horas de debate revelaron sucesivos círculos viciosos que invitan a proceder con certeza y eficacia. Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL, planteó la necesidad de “instituciones públicas robustas” pero no autoritarias, mientras que en la práctica sólo se perciben las castrenses encargadas de 13 tareas civiles. Es extraño que este gobierno sea el primero que detenta una legitimidad abrumadora y sin embargo padezca el vaivén de los poderes económicos y financieros. Cálculos matemáticos indican que lo peor del Covid-19 está por venir, mientras que desde el poder se habla de una cura milagrosa…”

Por la trascendencia del tema y el contenido de los puntos que ambos abordan en esta convocatoria, comparto el enlace https://www.eluniversal.com.mx/opinion/porfirio-munoz-ledo/el-doble-taladro

Dos trayectorias. Dos voces respetables y respetadas por quienes conocemos su trayectoria. Dos gigantes en un escenario incierto y trayendo luz con propuestas que buscan contribuir con el país en este momento delicado y decisivo. Larga vida, pues, a don Porfirio, a doña Ifigenia y a todos esos personajes que han dejado para bien su huella que hoy, los soberbios e ignorantes, pretenden desdibujar para escribir una historia a modo.










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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