EN DO MAYOR.

|




(II)
UNA VENEZOLANA EN ARGENTINA.
Es bajita, complexión media, tez blanca, pelo castaño que peina en una coleta. Trabaja de taxista en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Ha pasado a recogernos al hotel, para llevarnos al aeropuerto, donde tomaremos el vuelo que nos llevará a Iguazú. Se ofrece solícita a ayudarnos a subir las maletas. Me brinca Su acento sudamericano. ¿Colombiana o Cubana ?, pregunto, una vez arriba del taxi. Contesta enseguida: No… soy Venezolana.
Me llama la atención aquella joven mujer, desenvuelta, rostro pálido, serio y fríamente cortés. Es la tercer taxista mujer que nos toca. Las dos anteriores de Buenos Aires. Unas cuantas palabras, un breve preámbulo y la conversación fluye. A medida que la escucho me doy cuenta que es una mujer preparada. Muestro interés por las razones que la llevaron a vivir en Argentina. Posee un amplio y fluido lenguaje y transmite fuerza interna y -cuando habla de su país- hay un tono entre enojo y desencanto que se suaviza un poco al hablar de sus hijos. Está enterada sobre lo que sucede en México. Dice que le sorprende lo que está pasando aquí. El camino que llevamos y hacia donde parece conducirnos. Entiendo de lo que habla.
Intercambio con ella mis inquietudes sobre el futuro del país y, en general, de América Latina y su historia y problemas comunes, aclarando “cada uno con sus particularidades”. Pero le pido que, por favor, hable de ella.
Leticia estudió economía en su natal Venezuela. Se forjó en el esfuerzo y se esmeró en superarse profesionalmente. Su tenacidad y profesionalismo le llevó a un trabajo como funcionaria bancaria, hasta que la política Chavista la dejó, junto a cientos de Venezolanos , sin empleo. El deterioro general de su país está en todos los sectores. La pesadilla inició y no ha terminado. La crisis y la violencia ha alcanzado a todos. “Esta última – sostiene – provocada desde el centro del poder Chavista, quien fue un experto en la manipulación y control”.
Para ese momento Leticia no paraba de hablar, sabedora de que podía explayarse sin temor alguno. “La dictadura está también en la izquierda. Eso fue Chávez: un dictador. Se sirvió de los más pobres, usó a pandilleros como grupos de presión. Les dio un techo pequeño y miserable, pero les hizo sentir que – por vez primera- eran dueños de algo. Pero los usaba para que amedrentaran, golpearan, secuestraran, provocaran el caos. Luego, a través de los medios de comunicación por él controlados, se informaba que eran grupos que la derecha enviaba para desestabilizar al país. Eso fue Chávez ”.
Leticia salió junto a sus hijos dejando su casa y su patrimonio. Dice que lo importante era ponerlas a salvo de la violencia y desabasto de alimentos que se estaba viviendo en Venezuela. “No hay futuro para ellos allí. No por lo menos de manera razonable y sana”. Fue entonces que llegó a Argentina, quien con su política de brazos abiertos y garantía de educación gratuita para sus hijos llegó hasta allí, sin saber si encontraría empleo. Gracias a la solidaridad de algunas personas que le ofrecieron un espacio para vivir, pudo iniciar. Cuida el empleo que tiene de taxista. Un cuarto, cocina y baño es lo que tiene por ahora.
-¿Con Maduro se recrudeció la política Chavista?- pregunto.
No duda en responder: “ Peor, aún. Nadie supimos cómo fue su designación. El usó la figura de Chávez para legitimarse. Tiene tomada a Venezuela”
-¿Qué pasa con la información que se da a conocer hacia el exterior? Las fotografías de los supermercados abastecidos, echando por tierra las versiones de que hay una escasez o desabasto profundo de alimentos? – inquiero.
“Es curioso el fenómeno que se da. Parte de mi familia que vive allá, me dicen que me regrese. Que hay ya todo. Y me lo dicen con una emoción, que me provoca entre pena y molestia, porque, es tal desinformación provocada desde el interior mismo del gobierno, el manejo de emociones es tal y tan eficaz para con muchos que les hace creer que todo se está solucionando y que, efectivamente, Venezuela está recuperando su poder adquisitivo. Las tiendas de autoservicio se volvieron a abastecer, pero no circula la economía. Ilusionismo puro. ¿De qué sirve que hayan productos, si están lejos del alcance del bolsillo de cualquier trabajador? Las carencias siguen estando. Todo es una fachada. Un montaje para dar la impresión de que Venezuela es victima de difamación. Tanto Chávez, como Maduro, han hecho de la victimización su bandera. Y les funciona con cierto sector de la población”, concluye Leticia, antes de dejarnos en el aeropuerto.
No puedo evitar conmoverme con su relato. Aunque está agradecida con Argentina, con su gente, vive el drama de estar sola, lejos de su familia. Ella y sus hijos, primaria y secundaria. Habla de ellos con orgullo e inocultable ternura: “ Responden bien a la disciplina del estudio y de la responsabilidad de aprovechar esta oportunidad. No le hablo de lo que perdimos. Les hablo del compromiso que tenemos con nosotros, con los demás”.
La despedida de Leticia , al bajarnos del taxi en el aeropuerto fue silenciosa y emotiva. Un abrazo y un “suerte”, con una sonrisa de respeto y solidaridad a su valentía y arrojo. Y el nudo atorado en el pecho.
Y HABLANDO DE VENEZUELA…
Cuando el ya desaparecido Hugo Chávez, ( presidente de Venezuela desde 1999- 2013), murió, dejó a un país sumido en una crisis de considerable magnitud. El líder supremo que hizo de la demagogia y el populismo una herramienta eficaz de manipulación consiguió mantenerse en el poder durante casi 14 años. De no haberse enfermado del cáncer que le causó su muerte, seguramente estuviera aún al frente de ese país, manteniéndose en su papel de redentor ante los ojos de quienes le venía bien su ánimo paternalista, lastimero y de conmiseración. Porque Hugo Chávez supo cómo convencer a su base electoral de que las causas de los males en el país estaban afuera, no adentro de su gobierno, ya inmerso desde entonces en lo más profundo de la corrupción. Chávez supo también cómo mantener a raya a la oposición y acallar toda critica posible en la misma sociedad. Su autoritarismo, fue una característica de su gobierno.
Hombre de escaso lenguaje, el que tenía lo usó para crear una realidad que, a fuerza de estar machacando en su diario discurso, terminó por convencer a la clase más humilde de que Venezuela era la victima de las ambiciones desmedidas del Imperio. Todos los males estaban afuera, no adentro. Y los que desde adentro se oponían , era porque estaban al servicio del Imperio. Bajo la sombra de ese discurso, Maduro se cobijó.
Sin embargo, negar que gran parte de los recursos naturales de América Latina , y en ciertos rubros, Venezuela , constituyen un botín para Estados Unidos de Norteamérica y su desmedida codicia, así como soslayar sus brutales y ruines métodos para hacerse de los recursos ajenos, sería ominoso y por ende, imperdonable. Sabemos ya lo que Estados Unidos es para el mundo. Y sabemos también que nuestra historia está construida y ha sufrido grandes atropellos. Somos un continente vulnerado por los intereses extranjeros que han impulsado este capitalismo salvaje que hoy nos ha colocado donde estamos. Pero, no aceptar también que la corrupción, forjada desde dentro de los propios gobiernos de nuestros países penetró hacia la sociedad, que la mayoría de los hombres que entraron al poder han hecho de él su botín personal y para sus cercanos, sería también tan ominoso como tramposo.
El enemigo está afuera. Pero también, y quizá mayormente , hacia dentro de nuestros propios países, dentro de los individuos que usan toda suerte de artilugios para ascender al poder y, una vez instalados en él olvidan todo lo que prometieron antes de quedarse atrapados en el vértigo de su ambición. Derechas conservadoras y ambiciosas y falaces. Izquierdas de pobre y tramposas demagogias, que terminan siendo un remedo de aquellos que enfrentaron con ferocidad.
Gobiernos capitalistas, gobiernos socialistas espejos unos de los otros atrapados en sus ambiciones y en la corrupción. Si los primeros impulsan el consumismo, la competencia feroz entre los individuos ; los otros, los pretendidamente socialistas no son mejores. Si los unos, los capitalistas, son hábiles en la instauración de modelos económicos, carecen -empero- de la mirada generosa y el compromiso para con los más vulnerables. Los pobres no tienen cabida en el capitalismo, en el modelo de explotación. Y en cuanto al modelo socialista los países donde han sido instaurados, hablan los resultados por si solos. Torpes en el manejo de la economía, soberbios en su ignorancia, lo suyo son las trampas y eufemismos que disfrazan la intención que hay detrás de la instalación de programas de “ayuda”. En ambos, capitalismo y socialismo hay perversión. Si el capitalismo enajena y alinea a los individuos para hacer de ellos meros entes de producción, quitándoles la dignidad de lo humano, en el socialismo también se les despoja de la dignidad al mantenerlos con dádivas en lugar de incentivar la autosuficiencia y el sentido de plenitud que otorga el conocimiento del desarrollo de sus capacidades. Las herramientas del socialismo son la división, avivar los resabios y, entre otras cosas, la masificación de la educación, la cultura. Todo ello es también una forma de alineación y control del pensamiento libre y emancipador.
¿Dónde , entonces, el punto de equilibrio? Quizá esa sea la próxima tarea a realizar como individuos y sociedades de las naciones Latinas. Porque, hasta hoy, no parece estar en ninguna derecha, o ninguna izquierda. No con ese pensamiento y ese falta de compromiso contra el mal que está en el alma de América Latina toda: la corrupción.
Cierro el tema con esta frase. Cada uno saque conclusión.
“De dos peligros debe cuidarse el hombre nuevo : de la DERECHA cuando es diestra, de la IZQUIERDA cuando es siniestra” (Mario Benedetti)
Zaragozacisneros.jovita@gmail.com










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

Envía tu comentario