EN DO MAYOR.

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(Primera de dos partes)

RENATO LEDUC, PERIODISTA, POETA.
Irreverente, lúdico, irónico, alburero, mordaz, agudo, sagaz, burlón, subyugante, bohemio, gran conversador; pero, por sobre todo eso y más, un hombre con un bagaje cultural único, inteligente, honesto, apasionado, periodista cabal , poeta. Hablo de Renato Leduc ( 1897-1986) un hombre emblemático en la vida periodística y cultural del México y, a decir de su hija Patricia Leduc, “un periodista combativo que estuvo siempre al servicio de las causas de la gente más necesitada”.

¿Por qué mencionarlo ahora en que circula por allí el nombre de otro personaje, opuesto en todos sentidos a Renato Leduc y que el gran escritor Enrique Serna, con su estupenda pluma, ha traído de manera pertinente al escenario actual como emblema del periodista inescrupuloso en lo profesional y cruel hasta la ignominia en lo humano, como lo fue Carlos Denegri? Porque este 16 de noviembre se cumplieron 33 años de la muerte de este hombre de singular inteligencia y un sentido de humor sin igual que supo transitar por el mundo con soltura, de manera genuina y con entera libertad. Un hombre que dentro de su irreverente manera de ser sabía que eso de tomarse en serio es cosa de risa en un mundo donde lo absurdo intenta pasar por serio y la realidad toma el espacio de la ficción.
Porque fue un hombre que con su mirada y su lenguaje transitó con ingenio y naturalidad de lo irreverente a lo culto y aplicado con precisión en momento y lugar en ese México bullente en ideas y en su vida cultural. Porque fue un intelectual que, sin buscar fama o gloria alguna, ocupa un lugar en la historia del periodismo de México. Y porque en estos tiempos que corren no puede uno dejar de hacer referencia a una personalidad como la de él y preguntarse: ¿qué diría Renato Leduc de esta fase de la política mexicana donde la pretendida izquierda juega con la esperanza de miles de mexicanos y toda América Latina se estremece ante el horror de una realidad que creímos ya superada o, por lo menos, en transito hacia un mejor horizonte?
¿Qué diría el hombre de mundo que lo mismo vivió en París en donde se relacionó con intelectuales de la talla de Montparnasse, Bretón, Artaud y en México fue amigo de Octavio Paz, Cardoza y Aragón , de Carlos Bracho y esposo de Leonora Carrington y de la aún viva y presente, Elena Poniatowska? ¿Qué diría este hombre que recorría las calles y lo mismo conversaba con sus personajes que con compositores de la talla de Agustín Lara y artistas del cine mexicano como María Félix? ¿Qué diría del periodismo actual quien se alegró de la apertura del periodismo que permitía que las mujeres no solamente escribieran ya de sociales, sino que invadieran campos como la entrevista: “ por regla general, las mujeres son mejores entrevistadoras que los hombres… son más fidedignas y a mi, cuando menos, las mejores entrevistas me las han hecho Cristina Pacheco y Elenita Poniatowska”
Pareciera inútil preguntar qué diría este personaje sui generis que desde los diversos espacios periodísticos que ocupó con sus columnas, pero en momentos como estos conviene no olvidarse de quien dejó testimonios escritos de una realidad que pareciera ya lejana, y sin embargo, su sombra parece estar actual y muy muy viva.
Sirva la columna de hoy a manera para traer a colación su lúcida inteligencia. Y para ello, comparto las palabras que escribiera el autor del libro RENATO POR LEDUC , APUNTES DE UNA VIDA SINGULAR, el escritor y periodista también , José Ramón Garmabella quien recogió de viva voz de Leduc tanto parte de su biografía, como sus conceptos sobre diferentes temas y su trayectoria.

“ Hay varias leyendas. Una se refiere a un muchacho telegrafista en Chihuahua, entre los hombres adictos a Pancho Villa; otra alude a un pasajero por las aulas de San Ildefonso, en la vieja Universidad y cuenta de su ira por el asesinato de Germán de Campo; una más habla de un andariego irremediable por las calles de la vieja ciudad de México y no falta la de quien hizo en siete días un viaje de Nogales a Tlalnepantla en vagón sin vidrieras y expuesto a balazos de rebeldes trashumantes. Una más, el residente en París , amigo de André Breton y Benjamín Peret, dueño de secretos indios y comedor de vidrio; otra, por si faltara, la del periodista solitario alojado en casa ruinosa, y no debe olvidarse la del poeta renegado. Vio la invasión de Hitler a París, lo despertaron los bombardeos nazis sobre Amsterdam; Victoriano Huerta bebió tequila en su presencia, junto a un mostrador de tienda por la colonia Santa María; Álvaro Obregón tomó café a su lado arrimado a la lumbre de un vivac; Plutarco Elías Calles le dictó órdenes militares. Hizo de Moscú a Pekín un recorrido de nueve días en el Transiberiano, y un ingeniero soviético le preguntó acerca de John Reed, justo al cruzar el Volga. Se dejó perder en shangai; se aburrió en Bruselas ; pasó por Madrid ; un caballero fue su amigo en Portugal. Y antes, su estancia de burócrata en la Secretaría de Hacienda, como experto en sucesiones y legados. ¿Cuál de estas consejas es la auténtica? Acaso ninguna. Cada cual corresponde a personaje distinto, pero todos llevan el mismo nombre: Renato Leduc”

REBELDE E INDEPENDIENTE.
¿Qué opinaba Renato Leduc, quien fuera también compañero de Preparatoria de Frida Kahlo, alumno de Julio Torri, Vicente Lombardo Toledano sobre la Izquierda mexicana? Sobre este último registra el libro de Garmabella: “ Durante el primer mes de clases, Lombardo nos estuvo hablando de los sofistas griegos; luego pasó a hablarnos de Sócrates y de Platón y desde el tercer mes del curso hasta el final tuvo como único tema a los Evangelios, de tal suerte que el intelectual marxista por excelencia nos hizo saber casi de memoria las historias contadas en la Biblia por San Lucas, San Marcos, San Mateo y San Juan. Y es que, en aquella época, Gómez Morín era el verdadero marxista y Lombardo Toledano se preciaba de ser hijo de una familia muy católica. Sin embargo, años después, Gómez Morín fue ministro de Hacienda y se volvió capitalista, mientras que el maestro teziutleco enarboló con pasión la bandera del materialismo dialéctico y todas esas pendejadas”.

Reacio a pertenecer a partido alguno, su amistad con militantes comunistas no tenía empacho alguno en dar su punto de vista sobre lo que le preguntaban. Su aguda observancia de la naturaleza humana y sus contradicciones las señalaba de manera natural y absoluta franqueza , sin ánimo de denuesto alguno o de ganar simpatías. Por ejemplo, sobre Demetrio Vallejo señaló: “buena persona y dueño de una acrisolada honradez; por ello me siento honrado al contar con su amistad y del mismo modo que también he sentido una gran admiración hacia Valentín Campa y Vicente Lombardo Toledano , si bien no dejo de reconocer que mientras Campa padece el defecto de ser un fanático, don Vicente era un acomodaticio de la chingada pues cada vez que ocurría en México algún problema grave donde se inmiscuía a los izquierdistas , el hombre de Teziutlán inventaba algún cabrón congreso a celebrarse en los países socialistas y emprendía la graciosa huida dejando colgados a sus correligionarios…”
Nada parece haber escapado de la mirada incisiva, acuciosa de este hombre que prefirió divertirse con quienes enarbolaban banderas absolutas en defensa de causas que estaban bien , en tanto no les afectara los intereses a ellos. Visitó la Habana, de Fidel Castro, Praga, Corea, Moscú y los ejidos de Chalco, este último con los integrantes del Partido Electoral del Pueblo.
Participante en el movimiento ferrocarrilero y en el de 1968, conoció los entretelones de los dirigentes. Registró sus contradicciones para concluir con su apreciación: “ hay mucha farsa dentro de ellos. ..”
(Primera de dos partes)
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