En Do Mayor

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Por. Jovita Zaragoza Cisneros.

Aquel hombretón desparpajado rebozaba entusiasmo, carisma y la fuerza necesaria para cambiar el destino de un país. Vicente Fox Quesada, tan dado a hablar con refranes propios de nuestra cultura popular, había conseguido echarse a la bolsa a los miles de mexicanos que, en su momento, votamos por él (no pediré disculpas por ello, toda elección es acierto y/o error). La entrada del partido opositor al PRI, era esperanzador para el tránsito hacia la democracia.

Me divertía su fanfarronería “En 15 minutos soluciono lo de Chiapas” . Ubiqué su frivolidad y hasta su talante básico. Pero…- ¿Acaso no habían pasado por la presidencia y por puestos administrativos los tecnócratas priistas pretenciosos y poco conocedores de los problemas de la clase social más vulnerada?¿Acaso Salinas de Gortari no había tenido entre sus distintivos a esa clase de especialistas –decían- estudiados en caras universidades del país y ostentadores de maestrías y especialidades avalados por instituciones extranjeras como Harvard?

Y así nos había ido.

¿Entonces? ¿Por qué no confiar en aquel hombre que alguna vez había sido elegido Diputado Federal por Guanajuato, pero que conservaba ese aire de ciudadano ajeno a la malicia de los políticos que han vivido del sistema? Era hombre de trabajo, de campo. Inspiraba confianza.

Por eso, el ranchero de vestir informal y calzado de botas vaqueras, retador, de voz potente, actitud de mando daba un respiro a tanta formalidad tramposa. Además, había prometido gobernar acompañado de un “gabinetazo” que asombraría a todos. Vicente Fox era, pues, el que vendría a acabar con los males de los mexicanos…¡si señor!

El mismo historiador, Enrique Krauze, en un artículo publicado por el diario El País (Vicente Fox, liderazgo sin caudillismo), asentó: “Fox tiene una visión de México y la ha sabido transmitir. Su experiencia empresarial le servirá para introducir una tabla racional de prioridades en la agenda del país y un riguroso sentido de contabilidad -no se diga de limpieza- en los manejos públicos (en esto, hay que subrayarlo, Ernesto Zedillo se le ha adelantado en el camino: su honestidad personal ha sido absoluta). Será un promotor recorriendo el país, un presidente en campaña, un animador del trabajo, la inversión, la educación y la concordia. Para lograr su objetivo, deberá delegar con sabiduría: lo hará, seguramente, en el gabinete económico, que seguirá las pautas de sensatez fiscal que imponen la realidad y los tiempos. Y lo hará también en el tortuoso ámbito de la política, donde las presiones y provocaciones estarán a la orden del día. Fox deberá actuar con una mezcla sutil de tolerancia y firmeza. Los riesgos -a mi juicio- estarán en su relativa inexperiencia ante los embates del México bronco (guerrillas, movilizaciones, drogas) y la tentación de confundir lo terrenal con lo celestial. Su mejor arma será dar seguimiento a la comunicación fluida y clara que estableció con los ciudadanos. Dar cuentas, explicar, escuchar. La introducción de instrumentos directos de apelación al ciudadano -como el plebiscito y el referéndum- le serán particularmente útiles para ampliar la participación democrática…” (El PAÍS, sección Internacional, 9 de julio del 2000).

En el 2000 que Fox asumió la presidencia en varios círculos sociales se llegó a comentar que todo era un acuerdo ya establecido entre el PRI y Fox, e incluso con el mismo PAN. Un acuerdo -se decía-, que duraría 12 años. ¿Con qué objetivo? preguntábamos algunos asombrados ¡Sonaba tan inverosímil! “La permanencia del PRI se debe a que sabe moverse, cual reptil. Sabe que su perpetuidad en el poder depende de hacer cambios y dejar respiros. Conocen a sus gobernados. Miden. El presidente entrante llega con su equipo, el que queda cubre las espaldas del anterior. No dejan nada al azar. Planean cada paso que dan, son estrategas. Ceden un poco, para regresar fortalecidos”. ¿Así de sencilla y simple era la explicación? ¡Tamaño rumor solamente podía venir de mentes febriles! No. Eso de acuerdos a 12 años eran meras fantasías.

Las suspicacias vertidas en torno a acuerdos establecidos entre Fox y el PRI eran, supusimos muchos, dardos insidiosos de quienes buscaban sembrar la duda o querían hacerse notar. ¿Cómo que acuerdo? ¡No señor! ¿Pues qué no habíamos visto la aceptación de la gente a su paso. ¿No contaba su candidatura con un grupo de ciudadanos denominado “amigos de Fox” apoyando su campaña?” No. Aquel hombre de grandes manazas y cara de niño bigotón, no podía tener la malicia, ni ser tan taimado como para prestarse a una cosa así. Allí donde le veíamos, tan rancherote, tan sencillote, tan él, había sido un destacado director de la refresquera Transnacional.

Durante su periodo presidencial, más de uno reíamos a carcajada batiente con sus ocurrencias. El había logrado sacar al ya entonces detestable PRI, eso era suficiente para perdonarle los “comprensibles” traspiés que tenía.

¡Fuera el PRI! ¡Fuera ese partido legitimizador de la corrupción, del narco, del corporativismo, el que traía colgando en su larga cauda los nombres de todos los que representaban y representan el oprobio y el insulto! ¡Fuera esos priistas que fueron heredando a otros las mañas añejas de tener amantes a las que rodeaban de casas lujosas y herencias que les permite vivir con lujos a ellas y descendientes! ¡Fuera todo eso! ¡Fuera tanto oportunista falaz! El cambio había llegado. De seguir así… ¡oiga usted: México… México Ra Ra Ra!

Había que darle tiempo para que Vicente Fox armara su equipo y para que el ansiado cambio en la forma de hacer política y vivirla, se consolidara en su gabinete. ¡Qué caray!, los Panistas representaban la esperanza del cambio. El marco ético y fundamentos filosóficos garantizaban un deseo de profunda transformación para este país. Eso y muchas cosas más creímos.

¡UN PAR IMPAR! 

En la presidencia, Fox. En el gobierno de la ciudad, López Obrador. Dos representantes de diferente partidos. La desarticulación del añejo partido era ya un hecho. AMLO solía citar a la prensa muy temprano y muy a su estilo iniciar con su sonrisa: “ Tengo dos noticias ¿cuál quieren primero: la buena o la mala? La buena es que es viernes ya”, espetaba los fines de semana. Los reporteros de su fuente reían con aquel tabasqueño que gustaba –y aún ahora lo hace- de hacer grandes pausas al hablar y escaparse de cualquier respuesta que lo pueda comprometer.

Vicente Fox Quesada, Andrés Manuel López Obrador, dos personajes, aparentemente opuestos en todo, pero no tanto como creemos. El sentido del humor simplista, las ocurrencias de ambos y el conservadurismo, son tres características compartidas y visibles.

Durante el gobierno Foxista, pocos reparamos en muchas de los rumores y que hoy, parecen no ser infundados. Vimos a Fox rodearse de gente con “experiencia” en la política, y eso lo tomamos como una intención de gobernanza plural. El Ex funcionario de Coca Cola, requería rodearse de gente así. La imagen de FOX, insistíamos, era ingenua, pero jamás malintencionado.

El desencanto ciudadano llegó. La intromisión constante de Martha Sahagún y su ambición de poder eran comentarios de prensa y gente cercana a presidencia. Pronto se habló también de actos corrupción de los hijos de Sahagún, eran encubiertos por Fox.

La decepción fue entrando a cada paso dado por quien todo el tiempo mantuvo un trato lleno de roces y confrontaciones con representantes políticos y sociales. Los dichos y refranes que antes provocaban risas, ya no surtían el efecto de antes. No se le podía festejar frases y actitudes como la que tuviera con Fidel Castro “comes y te vas”, o aquella que dijera en 2005: “los migrantes mexicanos hacen trabajos que ni los negros aceptan”.

Hoy, el ex presidente cuya forma de ser arrancó tantas carcajadas, ha dado paso al enojo y decepción. Las piezas del rompecabezas poco a poco han ido encajando en el engranaje de corrupción cometidos en su sexenio. El trabajo que Raúl Olmos ofrece, arroja datos y revela: cuando Fox entró el poder sus finanzas estaban en quiebra y usó su puesto para ayudar a su familia toda.

Raúl Olmos, periodista que trabaja en la organización Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), atraído por las señales que vio en el cambio de vida de la familia Fox, decidió investigarlo. Hurgando en el registro público encontró la prueba de ese enriquecimiento que, al amparo de la información privilegiada que su poder presidencial le daba, usó para beneficiarse él y a su familia. Las indagatorias de Olmos le han permitido llegar a conclusiones que han quedado documentadas en un extenso reportaje de investigación y que por la naturaleza de contenido y extensión, ha sido llevado a un libro (FOX) donde relata con meticulosidad la prueba de lo que no quisimos ver.

El nombre del ex presidente FOX, está también relacionado con Odebrecht, cuya presencia en México data, precisamente, en 2005, fecha en que la empresa brasileña ganó dos licitaciones internacionales con Pemex Refinación. Uno por 317 millones de dólares y otra por 317 millones 900 mil dólares para la reconfiguración de la Refinería “General Lázaro Cárdenas”, en Minatitlán, Veracruz”, registran documentos al respecto.

El caso Odebrecht involucra al gobierno Panista. Fox y Calderón, pasarán a la historia como la gestión que vino a confirmar que el partido que una vez concitó las simpatías y la esperanza de una transformación, nunca sucedieron. El descrédito los cubre. Los calificativos de “comparsas y corruptos”, también. Y -quizá- con razón.

¿LECCIÓN APRENDIDA?

Cuesta trabajo desprenderse de aquello que nos da comodidad y “certezas”. El Caudillismo no se ha marchado, el Caudillo es AMLO, cuyas promesas de acabar con todos los males que aquejan a los mexicanos de un manotazo, ha encontrado cabida y resonancia en sus miles de seguidores que todo le perdonan.

Hay probadas muestras del talante autoritario y controlador de AMLO y …se le perdona. En él están las contradicciones más profundas y … se le perdonan. Puede cambiar de opinión hoy (y mañana también) sobre cosas que son delicadas para el país y… se le perdonan. AMLO encarna la salvación de todos los males que nos aquejan. La corrupción, nombrada así tan de pasadita por él, acabará por mero decreto y voluntad del que todo lo puede. AMLO va y viene por todos lados, sale al escenario y habla cuando le conviene, se esconde cuando le conviene, también. Hace reír con sus ocurrencias de acento tabasqueño. Promete acabar con la corrupción, y sus seguidores creen todo lo que dice. No importa que no diga cómo lo hará. No importa que lo diga mientras camina rodeado de corruptos.

¿Podrá AMLO revertir un poco esta enfermedad que aqueja a México entero? ¿Quién puede encarnar la solución de este país, si el problema es de la clase política toda? Ya no hay tiempo para construir otras opciones. Estamos solos frente a un aparato perverso, que pule su engranaje para seguir controlando.

Eso AMLO lo sabe. Es parte de ese aceite usado para que la maquinaria que él conoce muy bien, continúe funcionando. Me aventuro y lo dije una vez, hoy lo repito: ¿Quiere en realidad AMLO ganar? Me temo que no. Y no por la sencilla razón de que el papel de AMLO no es ese. AMLO salió del sistema con una consigna: dividir.

Todos los últimos pasos que hoy da confirman que ese es su papel: cuidar la permanencia en el poder del PRI. Por eso sus prácticas son iguales a su partido, alma máter. Es el plan B de un sistema que nos ha condenado a depender de él. Somos los prisioneros de ese sistema. Somos el producto intercambiable con fuerzas hegemónicas que mueven al mundo y para los cuales México es un país que hay que exprimir en sus recursos. Mano barata que negociar. Hambrientos a los que se puede controlar con migajas. Cerebros controlables y alineados al orden mundial.

No… no y enfáticamente NO. AMLO no quiere ganar. Vean a quién mandó para Puebla. Nada menos que a Miguel Barbosa, cercanísimo a uno de los ex gobernadores más corruptos y detestables por los poblanos, Rafael Moreno Valle. Paso a paso, AMLO va dando muestras de que lo suyo no es la pelea por la presidencia. El sabe que la suerte del país, ya está echada. Y aunque –quizá a pesar de él mismo– gane, sabe que poco o nada cambiará.

Muy dentro de mí, desde lo más profundo deseo equivocarme con AMLO. Sincera y apasionada y rabiosamente lo deseo. Nada personal contra AMLO, lo juro. Es México y su deterioro moral, el que duele. Es México y su empobrecimiento y envilecimiento. Es México, rodeado de carroñeros que se sirven de él. Es México todo y el futuro de nuestros jóvenes y niños.

zaragozacisneros.jovita@gmail.com

 










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