EN DO MAYOR.

|




Mientras leo las críticas sobre la película estadunidense “Joker” y el interés que ha despertado a su alrededor, hay una película mexicana que vi hace unos días y que está relacionada con parte de nuestra realidad mexicana: Chicuarotes, de Gael García Bernal.

¿Hay salida?, pregunta el incansable tendedor de puentes hacia el diálogo y querido amigo, Julio Figueroa, con relación a la trama que envuelve a los jóvenes de la película. Mi respuesta fue: “Si la hay”. Sin embargo, reconsidero mi respuesta y abro un espacio a la duda agregando al final de la frase un “…quizá”

La película, filmada en uno de los pueblos de Xochimilco, San Gregorio Atlapulco a cuyos habitantes se les conoce como “Chicuarotes” ( por un chile que se da en la región y cuya característica es ser aferrado y terco) ha provocado y sigue provocando interés y comentarios de quienes ven en ella un retrato social semejante a la de Los Olvidados de Luis Buñuel, por la marginación y violencia en la que están inmersos los personajes.

Sin embargo, no es una película que se pueda comparar en lo más mínimo con Los Olvidados. Las situaciones que uno y otro reflejan son diferentes. Coinciden , acaso, en la violencia que surge de la condición humana agravada en ciertos contextos sociales donde la sobrevivencia saca a flote la miseria espiritual. En la cinta de Luis Buñuel sus protagonistas no tienen asideros para salir de ese ambiente yermo y desolador en su geografía y en el universo interior de sus personajes. En Chicuarotes sus personajes no son marginales. Son jóvenes enfrentando el dilema propio de los jóvenes de todo el mundo, donde el futuro no ofrece garantías estables. El “Cagalera” pertenece a una familia violenta y disfuncional que bien representa a una gran parte de la realidad mexicana, donde la violencia en los hogares se ejerce avalada por toda la comunidad.

“Los olvidados” retrata la miseria en una zona marginal y que existe en cualquier orilla de las grandes ciudades del mundo. Es una joya que ha sobrevivido al tiempo y quedará para la eternidad. La película fue premiada en el Festival de Cannes y nombrada Memoria del Mundo por la Unesco. En “Los Olvidados” ronda un personaje como El Jaibo, un joven que escapa de una correccional donde estuvo encerrado, delatado por uno de sus vecinos de la zona marginal en la que viven y al que termina matando . El jaibo es temerario. No hay nada qué perder en su porvenir, ni nada qué ganar. No tiene frente a sí un horizonte en el que se vislumbre salida. No tiene meta alguna en la vida, ni nada a qué asirse. Desde ese resentimiento intenta también cerrar toda posibilidad de salida para los demás, como lo hace con Pedro, el niño que no ha sido contaminado del todo en su inocencia.

En el caso de Chicuarotes, el personaje viene de una familia de padre alcohólico y violento hasta la demencia y una madre que funciona como pararrayos y ,hasta donde puede, evita a sus hijos los golpes de esa violencia irracional del padre . El “cagalera” cuenta con techo seguro y comida, pero es un adolescente cuyo referente principal es el propio padre al que no sabe cómo enfrentar. La relación de violencia que establece con el hermano, opuesto a él en personalidad, es constante. En ese ambiente familiar y comunitario, moldea también la mirada hacia la mujer. Su padre maltrata a la madre, él a la hermana. En este segmento de lo femenino, hay material para estudio. La forma como las mujeres son vistas en ese mundo donde el macho descarga su frustración de sentirse, o asumirse, el eterno derrotado y encerrarse en la autocompasión.

De ese ambiente de agobio familiar el “Cagalera” quiere huir y encuentra en el “ Moloteco”, un joven bondadoso y sin familia, a un fiel y dócil compañero de aventuras que le sigue de manera incondicional a donde vaya. Son dos jóvenes tratando de encontrar un sentido de vida diferente al que se vive allí.

El “Cagalera” es, un personaje inconsciente. No mide la dimensión de sus actos. Si bien idea el asalto a los pasajeros del microbús y para ello toma la pistola de su padre, no tiene ni la inteligencia, ni la malicia suficiente para armar un plan integral de secuestro. Impulsivo, se presenta la oportunidad del secuestro del niño y lo hace. La manera como idea pedir el rescate resulta torpe y hasta ingenua.

Es una película cargada de violencia en toda su trama. Y aunque con muchos aciertos, las fallas también están presentes. Una de ellas es el que sitúe la historia en un lugar con nombre y al que en el imaginario de quienes ven la película y no conocen a los pueblos de Xochimilco, se queden con la idea de que eso es lo que prevalece en San Gregorio. El escenario que vemos en la película es el que hay ahorita. San Gregorio Atlapulco es el pueblo más castigado por el sismo del 2017. Pero no es un pueblo miserable. Es un lugar, como la mayoría de los de esa delegación con un fuerte arraigo comunitario. Hay una actividad comercial vibrante. Circula dinero de la agricultura y comercio.

El mismo Gael García, ha tenido que explicar que el mensaje de la película es la pobreza espiritual y pérdida de valores; sin embargo, no logra trasmitir eso como mensaje central de la película que termina cayendo en escenas innecesarias.

Con todo, Chicuarotes es -creo- un filme que hay que ver para entender la construcción de la violencia y nuestra mirada laxa y superficial hacia los jóvenes y hacia esa parte de nuestra cultura , para ponderar los asideros que permitan trabajar en la recuperación de los valores que estructuren a las generaciones actuales y venideras. Ahí, en esa parte, está la pequeña rendija, el quizá, por donde entra la luz y que habla de una puerta que no está del todo cerrado a la esperanza.

¿Hay salida?.

Si la hay…quizá.

Por último, esperando que la película sea usada como material de análisis, destaco dos actuaciones significativas en ella : la mirada de la mujer maltratada, la madre del “Cagalera” , a la que asoma la compasión que le provoca ver a su maltratador preso en ese sufrimiento de recuerdos que él ha cubierto de fantasías, pero que dan la dimensión a ella del infierno personal en el que está hundido el marido. Ella, la víctima, se permite la compasión para su victimario. Dentro de ese maltrato, de esa condición de vida, la madre es una mujer fuerte. No hay remordimiento alguno cuando decide matar al resentido que se autoinflige castigo y lo replica a su alrededor. La escena irradia una gran fuerza interna, determinación para terminar con el sufrimiento de todos en casa.

La otra escena, la del final de la película. La jovencita que, aterrada, al darse cuenta lo que le espera al huir con el “Cagalera”, decide emprender la huida sola. No se ve si de regreso al pueblo, o en rumbo diferente al que va el joven, pero en la decisión de no seguirle está un paso de libertad al reconocer lo que NO quiere para ella. Es, el final de la película, la escena más fuerte y más lograda. Y con esas dos escenas me quedo.

Zaragozacisneros.jovita@gmail.com










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

3 Comentarios en “ EN DO MAYOR.”

  1. “Chicuarotes”, ¿hay salida?

    Querida Jovita:
    Gracias por tu columna “En Do Mayor”.
    Sugerencia: junto al nombre de la columna, podrías agregar el título del tema que tratas. Por ejemplo, en este caso:
    EN DO MAYOR / “Chicuarotes”, ¿hay salida?

    Me gusta tu lectura sociológica de la película de Gael García y sin duda la enriqueces al relacionarla con “Los olvidados”, clásica mexicana de Buñuel. De la cual se ocupó, por cierto, en su momento nuestro querido Octavio; querido por ti, por Braulio y por mí, entre otros que lo aman y otros que lo detestan.
    Cuando desde mi personal y falible punto de vista digo que los personajes de “Chicuarotes” no tienen salida estoy viendo y pensando precisamente en la última escena. Pero antes: el Moloteco está muerto, el padre del Cagalera está muerto, su viuda y homicida lo está velando y quién sabe de qué va a vivir, la hermana del Cagalera probablemente acabé en la prostitución y/o aguantando a otro macho-cabrón como el de su madre, el hermano puto del Cagalera tuvo los tanates de jalar el gatillo y matar o herir al tira hijo de la chingada (¡tal vez sea el único que tenga alguna salida de esa familia, lee, estudia, no es vicioso, es el más limpio!), y el Cagalera, en la última escena, ¿qué hace? Queda sentado a la orilla del camino y en la cuneta de la vida viendo su cajita de cerillos, fantaseando, evadiéndose de la ruda realidad, olvidándola para seguir adelante hasta toparse con otro pedo.
    ¿Y la novia del Cagaleta? Tal vez es la más floja en actuación pero es una leve luz dubitativa. Encarna la libertad de la duda. No quiere seguir con el Cagaleta pues sabe que va a ninguna parte y sale huyendo, se aleja corriendo y a la mitad del camino se detiene y duda: ¿regresar al pueblo donde ya está marcada, regresar con el Cagaleta para ir a ninguna parte, o irse a otro lado? ¿A dónde? ¿Hay salida?
    Si fuera poeta o leyera poesía, tal vez pensaría con Octavio: “¿No hay salida?”:
    –Todo se ha cerrado sobre sí mismo, he vuelto adonde empecé, todo es hoy y para siempre. / Allá, del otro lado, se extienden las playas inmensas como una mirada de amor, / allá…

    Jovita, el cine es literatura y la literatura es arte (no pura sociología ni política), o no es.
    (Ah, y el niño secuestrado, que no denuncia a sus raptores, ¿cómo procesará de adulto el suceso? Sepa la bola).

    (Perdón por el rollo).
    –Ya tengo mi lectura empalabrada sobre la película del Guasón, y me quema. Es otra cosa.
    Fraternalmente, tres abrazos de luz.
    Julio.
    Q, Presidentes, lunes 14-X-2019.

  2. Jovita Zaragoza Cisneros. dice:

    Julio,estimadísimo, Julio.
    Gracias por tu lectura, tus comentarios y sugerencias de poner subtitulo a los temas. Y, mientras tanto, espero tus apuntes sobre la tan comentada película JOKER y que espero acudir a verla pronto.

    Por lo demás,Julísimo, difiero sobre tu concepto del cine.

    Hay películas que por su manejo y la naturaleza del tema que abordan no dejan cabida para filosofar sobre qué sucederá con sus personajes. Es verdad que tanto en literatura, teatro o cine encontramos fragmentos, en unos casos; retratos fieles, en otros, de nuestra naturaleza humana. Pero hay algunos -como en este caso de Chicuarotes- que no hay cabida para otra cosa que la lectura sociológica, porque la trama está más cargada hacia esa disciplina y porque es un retrato fiel de nuestra cultura.Y toda ella está atravesada por nuestro sistema político.

    Por supuesto que hay escenas que se prestan para filosofar sobre la incógnita que representa saber cómo actuaríamos si nos encontráramos frente a una situación límite, como la que viven los muchachos de Chicuarotes. Ellos jamás pensaron verse envueltos en la perversa trama del “Tira”, como le llamas.Y cada uno respondió desde su propia condición. ¿Cómo procesarán todo eso cada uno? No lo sé.

    Pero te aseguro que ni el hombre más civilizado, el que tiene claro su dimensión de humano, sabe cómo responderá ante una cualquier situación límite. El más civilizado puede verse envuelto en una circunstancia que le obliga a echar mano de los mecanismos más primarios, porque el grito de vida es tan fuerte, que mueve esos mecanismos. ( ¿Viste los Perros de Paja? ¿Te acuerdas de la trama y de la soberbia actuación de Dustin Hoffman?. O , más aún, ¿recuerdas al profesor de El Ángel Azul?), películas que son verdaderas obras de arte por la manera como abordan nuestra condición humana, nuestra naturaleza (por decirlo de manera somera). Pero, al momento de responder tu comentario, me surgen estas dos s cintas que nos permiten entrar a filosofar sobre el misterio que somos y las capas que nos cubren.

    Pero en el caso de Chicuarotes no hay tal. Los personajes son producto de una construcción social en manos de quienes han manejado ( y siguen manejando) a este país. El “tira” es un ejemplo vivo de la corrupción y perversión de quien ha avanzado y se mantiene allí porque sirve a personajes con cargos políticos y necesarios para continuar perpetuando su control. ¿Cómo dejar de señalar eso? ¿Cómo no darle dimensión política a este asunto?

    Así que, para no perderme también en más rollos, difiero de manera rotunda, pero absolutamente fraterna, contigo. Y -como tu- abrazo nuestras diferencias.

  3. Julio,estimadísimo, Julio.
    Gracias por tu lectura, tus comentarios y sugerencias de poner subtitulo a los temas. Y, mientras tanto, espero tus apuntes sobre la tan comentada película JOKER y que espero acudir a verla pronto.

    Por lo demás,Julísimo, difiero sobre tu concepto del cine.

    Hay películas que por su manejo y la naturaleza del tema que abordan no dejan cabida para filosofar sobre qué sucederá con sus personajes. Es verdad que tanto en literatura, teatro o cine encontramos fragmentos, en unos casos; retratos fieles, en otros, de nuestra naturaleza humana. Pero hay algunos -como en este caso de Chicuarotes- que no hay cabida para otra cosa que la lectura sociológica, porque la trama está más cargada hacia esa disciplina y porque es un retrato fiel de nuestra cultura.Y toda ella está atravesada por nuestro sistema político.

    Por supuesto que hay escenas que se prestan para filosofar sobre la incógnita que representa saber cómo actuaríamos si nos encontráramos frente a una situación límite, como la que viven los muchachos de Chicuarotes. Ellos jamás pensaron verse envueltos en la perversa trama del “Tira”, como le llamas.Y cada uno respondió desde su propia condición. ¿Cómo procesarán todo eso cada uno? No lo sé.

    Pero te aseguro que ni el hombre más civilizado, el que tiene claro su dimensión de humano, sabe cómo responderá ante una cualquier situación límite. El más civilizado puede verse envuelto en una circunstancia que le obliga a echar mano de los mecanismos más primarios, porque el grito de vida es tan fuerte, que mueve esos mecanismos. ( ¿Viste los Perros de Paja? ¿Te acuerdas de la trama y de la soberbia actuación de Dustin Hoffman?. O , más aún, ¿recuerdas al profesor de El Ángel Azul?), películas que son verdaderas obras de arte por la manera como abordan nuestra condición humana, nuestra naturaleza (por decirlo de manera somera). Pero, al momento de responder tu comentario, me surgen estas dos s cintas que nos permiten entrar a filosofar sobre el misterio que somos y las capas que nos cubren.

    Pero en el caso de Chicuarotes no hay tal. Los personajes son producto de una construcción social en manos de quienes han manejado ( y siguen manejando) a este país. El “tira” es un ejemplo vivo de la corrupción y perversión de quien ha avanzado y se mantiene allí porque sirve a personajes con cargos políticos y necesarios para continuar perpetuando su control. ¿Cómo dejar de señalar eso? ¿Cómo no darle dimensión política a este asunto?

    Así que, para no perderme también en más rollos, difiero de manera rotunda, pero absolutamente fraterna, contigo. Y -como tu- abrazo nuestras diferencias. Y coincidencias, también.

Envía tu comentario