EN DO MAYOR.

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“López Obrador no tiene calidad moral para acusar al PRI de comprar votos a favor de Enrique Peña Nieto en la elección presidencial”, respondió en julio del 2012 Rosario Robles Berlanga a los señalamientos que el ahora presidente hiciera a la práctica del PRI y su compra de votos. Lo anterior fue en el marco de una entrevista en Radio Fórmula, en la que Robles Berlanga, agregó: “En el año 2000 López Obrador me pidió repartir despensas para que él ganara la jefatura del gobierno capitalino. Que no se venga a dar golpes de pecho, el PRD también compra los votos en el DF, si no pregunten en Iztapalapa…”.

Ocho años habían pasado de aquel conocido y escandaloso video mostrado por Brozo en su espacio de la Televisión, donde se expuso a René Bejarano ( en ese entonces operador político de Andrés Manuel López Obrador), recibiendo dinero de Carlos Ahumada. Escándalo que – por cierto- no fue el único en el que Rosario Robles se vio involucrada, ya que también fue señalada de trasiego de dinero. Su cercano colaborador Ramón Sosamontes fue exhibido también en otros videos , junto a Carlos Imaz, recibiendo dinero de Ahumada. La serie de escándalos le costó a Rosario Robles ser expulsada del PRD, ya que esta última sostenía relación sentimental con Ahumada, el argentino que supo mimetizarse en empresario prominente y tejer una red de mentiras y complicidades en la que, según dio a conocer en 2009, en su libro “Derecho de Réplica” , hay una larga lista de personajes de la política mexicana involucrados. En ese libro Ahumada da cuenta de su conexión con cada uno de ellos. Y, sin ambages ni miramiento alguno da pormenores de lo que señaló como “obsesión” de Rosario Robles por ser presidenta de la república.

La crónica de lo sucedido en ese entonces fue abordada por todos los medios informativos. Y hoy Rosario Robles vuelve a ser centro de noticia por las imputaciones que la Fiscalía General de la República (FGR) le hace. Nuevamente el escándalo acompaña, a ella y a los personajes involucrados en esta trama farragosa y burda, propia de un país donde la justicia es más una entelequia, que una figura tangible y respetada. Por lo menos eso ha sido hasta ahora. En cada cambio de administración, así ha sido.

Al menos que ahora estemos hablando de un verdadero cambio y este sea de fondo, porque bien se sabe que en México, la política y la aplicación de la justicia es selectiva y responde más a revanchismos, juegos de estrategias y caprichos de la administración que esté a cargo en esos momentos. El molde establecido por el viejo sistema sigue siendo una fórmula más parecida el juego de azar que eligen a conveniencia quienes detentan el poder y cuyas reglas ya sabemos. A menos que en los días por venir nos muestren que estamos equivocados. Pero, por lo pronto, la dinámica es similar a la de siempre en donde la concreción de las acusaciones parecen decidirse como si fuera un juego de póquer con cartas marcadas , o con dados cargados, o como un juego de billar, en el que saben cómo lograr la carambola de tres bandas.

Y esto, justamente, es lo que parecen estar jugando desde el poder. Tres nombres, tres, están en el candelero. Y todos tienen relación entre sí y – en su momento- afectaron la imagen del actual presidente: Carlos Ahumada, Juan Collado y Rosario Robles. Lo que está sucediendo ahora no parece tan fortuito, ¿hay algo que en política lo sea?

Por lo pronto, el presidente, “defiende” y sostiene que Rosario Robles es un “chivo expiatorio”, que los artífices de todo esto y que forman parte de la Estafa Maestra son personajes que están más arriba. Las declaraciones del presidente López Obrador, con relación a Rosario Robles parecen más un gesto de cortesía hacia quien otrora fuera su aliada en su carrera hacia el poder.

Sobre el tema, una de las narrativas más claras de lo que está sucediendo con estos tres personajes ( Rosario Robles, Juan Collado y Carlos Ahumada) la ofrece el periodista Raymundo Riva Palacio en su columna semanal que publica en EJECENTRAL, El portal de noticias y análisis político en México, del que es director.

El autor de Estrictamente Personal, en su columna del pasado miércoles 7 de agosto, ofrece un minucioso relato, dividido en Tres Tiempos de este caso al que titula: Ayuda de Memoria. Carlos Ahumada.

El Primer Tiempo, lo subtitula Cuando Todo Empezó a Caer. El Segundo Tiempo: Las Obsesiones de Rosario. Y es el Tercer Tiempo: El Final, en que sintetiza de manera puntual y precisa el caso Robles. Lo comparto aquí, de manera íntegra.

“ Tercer. TIEMPO: El final.

En 2002, alguna vez confió Carlos Ahumada, recibió a un periodista en sus oficinas de Quart en San Ángel, quien le pidió cuatro millones de pesos a cambio de no publicar que era el mecenas del PRD. Ese encuentro derivó en una relación para sacar un periódico que quería llamar El Independiente. No cuajó ese primer proyecto, pero el periódico finalmente salió diseñado, armado y coordinado por mí. Poco se sabía de toda la red política y financiera que había construido en unos cuantos años. Había rumores, pero no certezas. El periódico, visto en retrospectiva, galvanizó la lucha por la candidatura presidencial del PRD entre Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador. La presidenta del partido era Rosario Robles, y su debilidad, Ahumada. Por ahí, López Obrador comenzó a apretar. Le clausuraron plantas y obras. Le llovieron auditorías. Ahumada estaba nervioso y comenzó a decir que “tenía una bomba” contra López Obrador para arruinar su candidatura. Pocos sabían que durante mucho tiempo había videograbado en su oficina a cercanos de López Obrador recibiendo dinero: alcaldes, diputados, senadores, líderes de partidos, de sindicatos y periodistas en situaciones les podría provocar daño reputacional. Quería dárselos a alguien con poder. Un amigo suyo le presentó al abogado Juan Collado, quien lo llevó con el expresidente Carlos Salinas, a quien le entregó copia de los videos. Con apoyo de panistas dentro y fuera del gobierno de Vicente Fox y el conocimiento de Marta Sahagún, la esposa del Presidente, se inició la operación de descarrilamiento de la campaña nonata de López Obrador con la difusión de los videos. Fue poderosa, pero el jefe de Gobierno respondió que se trataba de un “complot” de “la mafia del poder”. Su discurso pudo más que la campaña. Ahumada se escondió en Cuba, donde les dijo todo lo que sabía a los cubanos. Estaba seguro que lo protegerían sus aliados en México, funcionarios del gobierno y gobernadores del PRI, pero no. Lo deportaron. A Ahumada le cambió la vida, que se convirtió en tragedia. Estuvo preso en México y en Cuba, fue utilizado como ficha de cambio, desechable por los políticos y despreciado colectivamente por todos, salvo unos cuantos. Su soberbia y exagerada autoestima contribuyeron a su caída. No ha terminado. La Fiscalía General en el gobierno de López Obrador ha revivido un caso enlatado desde 2013 por presunta extorsión contra Robles. Qué paradoja para quien se pensó superior a todos y terminó en el basurero” (final de la cita) .

Veamos cómo termina todo esto. Pero hay varias preguntas en el aire que estaremos abordando en este inicio de lo que el actual presidente insiste en llamar “Cambio de Régimen”; mientras, fiel a su costumbre de hacer palanca con los errores de los demás para él ostentar su “virtuosismo”, camina seguro de que cuenta con las herramientas que todo político, los políticos “ extraordinarios”, como él, tienen a la mano y son capaces de forjar una narrativa a su medida.

Rosario Robles es indefendible. Al igual que los demás personajes involucrados. Pero ¿las investigaciones y acusaciones en curso responden a un compromiso ético de aplicación de justicia? Si la respuesta es sí, entonces que se aplique por igual. De otra manera, estaremos hablando de lo de siempre: “justicia selectiva”. O, más claro, mero revanchismo.

zaragozacisneros.jovita@gmail.com










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