EN DO MAYOR.

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El viejo lobo está cansado. Viene de seis décadas de batallas de las que ha salido victorioso sin meter el rabo entre las patas. Ha sabido meterse a guaridas sin ser quebrantado. Su piel luce opaca por los años, sus caninos desgastados, sus pasos son vacilantes y los excesos y pasiones con que ha caminado por los torbellinos de ciertos territorios han encorvado su lomo. Hace lo que puede para mantenerse erguido y se crece al castigo de los años. Y aúlla entre lastimero y enojado.

El viejo lobo, otrora líder de diversas manadas se ha indignado. Hace acopio de fuerza para apelar a la cordura y búsqueda de estrategias que logren atomizar al temible y voraz enemigo, el lobo de pelaje naranja, que gusta de invadir territorios ajenos.

El viejo lobo está preocupado. Conoce el tamaño del invasor y cómo opera. Sabe que no pocas veces el lobo naranja se alimenta de cadáveres que otros cazan. Sabe que gusta de fanfarronear ante el mundo y de mostrar sus garras afiladas, al tiempo que emite aullidos destemplados para aturdir a sus oponentes mientras ostenta habilidades que no tiene, pero que consigue hacer pasar como tales logrando con ello intimidar. Esa estrategia le ha funcionado con esta manada que habita el suelo mexicano cuyos líderes han terminado por echarse al suelo con las orejas gachas y mirada condescendiente.

El viejo lobo medita. Sabe que el lobo naranja es traicionero , un tramposo y rapaz cazador, con habilidades especiales para olfatear a gran distancia a sus víctimas a las que clava sus garras y colmillos, arteramente .

El viejo lobo está lastimado y se ha enojado con su manada. Pero no la abandonará. Intenta enseñar los movimientos a mantener ante ese depredador que no sabe de límites de ninguna índole.

El viejo lobo está inquieto. La sumisión al vulgar y marrullero lobo que habita al otro lado de nuestro territorio -que gusta de mirar como los cuervos y emitir sonidos como los mandriles- ha sido palpable. La falta de pericia y falta de gallardía de los lobos de nuestra manada, hicieron que el lobo naranja se creciera. Y de tal forma, que hasta marcó a nuestro territorio con su pestilente orina.

El viejo lobo sentencia con mirada clara aún: “Es inmoral e inaceptable el doble rasero entre la frontera norte y la sur. Por una parte, exigimos que nos abran las puertas, y por el otro lado, sellamos el paso de los centroamericanos para hacerle un favor a los Estados Unidos.”

El viejo lobo tiene la mente clara, el olfato aguzado, la memoria intacta y rememora el papel fundamental que ha jugado nuestro territorio a nivel internacional en el tema de migración de las manadas más débiles. “Es absurdo que nos echáramos para atrás (con la presión de Trump)”. Se yergue e inquiere: “¿Vamos a estar contra la pared siempre?” dice mientras orienta sobre estrategias a llevar a cabo.

El viejo lobo sabe. El viejo lobo tiene razón.

DUNNING – KRUGER.

“ ¡Dios nos libre de los tontos con iniciativa…” “ La ignorancia es atrevida u osada”, dos frases a menudo expresadas. Y hay en ellas algo, o mucho, de verdad. Pero no son tan ingenuas. Detrás de los tontos con iniciativa, o el atrevimiento de los ignorantes, hay una distorsión derivada de la errónea percepción que tienen de sí mismos y su entorno. En psicología, esto tiene el nombre DUNNING -KRUGER y hace referencia a una forma equivocada de percepción que se produce en nuestro cerebro al procesar la información que recibimos.

¿Había usted escuchado de este comportamiento? He de confesar que muy poco y vagamente. Lo ubicaba como una sobreestimación que algunos individuos tienen sobre sus habilidades. Una sobrevaloración de si mismos y que les lleva a creer que sus conocimientos están más arriba que los de un experto en un tema.

Esta característica cada vez está siendo más mencionada. Y confieso a usted, estimado lector, que mientras me adentraba un poco más en el tema y leía las descripciones, pasaban por mi mente rostros de personas de diversas áreas que me encontrado en el camino.

¿Qué es el término Dunning -Kruger. Aquí una de las definiciones: “sesgo cognitivo descubierto a partir de una serie de experimentos que realizaron Justin Kruger y David Dunning, de la Universidad de Cornell (Nueva York, Estados Unidos) y publicados en 1999 en una revista especializada en psicología: «Journal of Personality and Social Psychology».

Los estudiosos de este comportamiento sostienen que está presente en algunas personas que, teniendo poca habilidad para realizar una actividad, ellos piensan que tienen mucha, incluso más que los expertos. David Dunning y Justin Kruger, llegaron a esta conclusión luego de realizar una serie de experimentos en los que utilizaron un modelo, creado por ellos, de medición de habilidades intelectuales, sociales en diversos grupos a quienes pidieron se autoevaluaran en tres aspectos: razonamiento lógico, humor y gramática. Concluyeron que los portadores de esta actitud son, por lo regular, personas con conocimientos básicos, pero tienen sentimientos de superioridad imaginarios y llegan a sentirse sumamente inteligentes. Incluso más preparadas y hábiles que las personas con mayores aptitudes o preparación que ellos. Agregaron que el padecimiento en los individuos de probada incompetencia no es reconocida por ellos. Es decir, no saben qué la tienen.

Lo opuesto sucedió con los competentes quienes, por lo contrario, mostraban menos seguridad en sus habilidades o conocimientos, porque parten de la base que los demás saben también del tema que ellos dominan. «La mala medición del incompetente se debe a un error sobre sí mismo, mientras que la mala medición del competente se debe a un error acerca de los demás», concluyeron.

La afectación de este síndrome está presente en todos los sectores. Y sobre cómo funciona la mente de quienes lo detentan, abunda el médico internista y autor de varios libros de divulgación, Pedro Gargantilla, en un articulo publicado en ABC ciencia. “Su cerebro está inundado de intuiciones, corazonadas, sesgos e ideas preconcebidas que se anteponen al conocimiento, fabulando teorías que las hacen presuponer que tienen un conocimiento fiable”

Pero, mire usted, vamos a casos concretos. El médico cita en su articulo a personajes famosos del ámbito deportivo y actoral cuyas actitudes encajan en este marco. Pero agrega : “En el año 2012 se dio a conocer los resultados de otro estudio que señalaba que el veintitrés por ciento de los estadounidenses que se habían declarado en quiebra económica se había puesto previamente la máxima nota en conocimientos financieros”. Y concluye con una observación: “No deja de ser curioso que este efecto sea propio de las sociedades occidentales, ya que cuando los investigadores han tratado de replicarlo en países asiáticos los resultados han sido, curiosamente, diametralmente opuestos.”.

Aunque, le comento, lector, que en mi búsqueda de información sobre el tema encontré también opiniones sobre la cultura latinoamericana, en la que abundan personajes que caben en este esquema. Lo anterior me lleva a preguntar: ¿Será que en nuestra cultura latina se unen, además de nivel de estudios, nuestra baja autoestima que intentamos suplir con un desarrollo inconsciente de actitudes de sobrada soberbia?

(¡cof cof cof cof…! ¿pensó usted, lector, en algún o algunos personajes conocidos que encajan en este síndrome?)

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