EN DO MAYOR.

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Alzando los brazos desde el púlpito mañanero,

en señal de Amor y Paz, cual chavo ruco rebeldón,

suelta la tramposa frase y ríe socarrón,

tamaño presidente, irreverente y marrullero.

 “Soy dueño de mi silencio”, dice con bíblica sentencia.

Quizá ignora que habita una cárcel de palabras,

que las suyas son frases que dividen y descalabran,

que es su deber contestar con respeto y con decencia.

  ¡Ay, Niniane! No es que me sea fácil escribir duras palabras. Ni que esté a la caza de los yerros del señor presidente para solazarme en señalamientos o denuestos. Veo detrás de su banda presidencial a un hombre, a un ser humano como cualquiera, cargando en su equipaje el peso de nuestros deseos puros o no tan puros y hasta impuros; sueños y anhelos logrados o fallidos; verdades disfrazadas ( conscientemente o inconscientemente) de mentiras, o mentiras disfrazadas de verdades. Y más de una vez me digo que mejor hablaré sobre libros, películas, series u otros temas. Pero termina saltándome la otra parte, una más fuerte y que tiene relación con el culto a la personalidad y amor al poder que algunos seres humanos tienen más marcados que otros. Y AMLO no es la excepción. Por más que lo disfrace o intente cubrir con pretendidos afanes puritanos y “buena onda”

Esa parte y mi lectura de ella, es la que me da vueltas y heme aquí.

¿Quién es tan sabio, como para ser el rey de sus silencios antes que esclavo de sus palabras?, como dicen que dijo William Shakespeare, autor de esta y otras frases sabias. O ¿quién es tan fuerte y tan veraz como para atreverse a salir a la calle con el verdadero rostro al descubierto, sin máscara alguna? Presos estamos en la cárcel que cada quien construimos con el frío y engañoso acero de nuestras apetencias. Y cada quien con sus flaquezas o fortalezas aceptadas o disfrazadas. Cada quien su máscara para simular la dosis de soberbia, envidia, avaricia, ira, lujuria, gula, egoísmo que nos habita. ¿Acaso no hay en cada ser humano algo o mucho de cada una de esas apetencias? ¿Cuál domina a cada uno de nosotros?

 

Si, Niniane, si. Callo. Que no nos gane la soberbia y nos de por filosofar. ¡Válgame! Esos son palabras mayores. No te rías, Niniane. Y vamos a lo nuestro. ¿Qué es lo nuestro? Ofrecer nuestra lectura de ciertos hechos que inciden en la vida ciudadana. Tratemos de hacer lo que creemos nos toca, nos gusta o apasiona, o elegimos hacer. Las calificaciones o cuestionamientos que los lectores hagan sobre lo que escribimos, cómo lo escribimos o decimos, vengan. Asumimos la responsabilidad. Cada uno desde nuestro espacio, enfrentemos las críticas que nos toquen. Y lo digo a Andrés Manuel López obrador, para que lo entienda el presidente que tiene en sus manos parte del destino de este país. Es un deber suyo aguantar los cuestionamientos a su hacer. Y su obligación y compromiso responder a ello. No se puede ser tan soberbio, tan megalómano y caminar por la vida con tal cinismo o inconsciencia, cuando nuestras acciones tienen impacto en miles de personas.

¡¿Otra vez ríes, Niniane?!…. Si, si si si, Niniane. Entiendo tu risita y la traduzco en frase: “El presidente no nos lee”.

LAS TRAMPAS DEL DESEO.

  “Ten cuidado con lo que deseas, porque se puede cumplir”, dice un proverbio oriental.

¡Vaya que AMLO deseó estar dónde está! Hacía allá trabajó y se valió de todo… y lo logró. Como todo buen político prometió lo imposible de lograr. Lanzó duras criticas a los hombres que estaban antes en el poder. Fue implacable con sus boicots, mítines y descalificaciones que, por cierto, continúa parado sobre ellas. Pero mucho de todo eso parece haberlo olvidado… convenientemente.

Aquel que tanto criticó a los anteriores, que fue implacable, hoy lo sobrepasa el ejercicio del poder. ¿O estaba o está todo calculado por el hoy dueño de espacios y concentrador del poder? Eso pareciera. Con medios de comunicación a su alcance, el hoy presidente construye una narrativa para el país. Una simplista, falaz, tal cual lo hiciera el viejo PRI en sus inicios.

Vendedor de ilusiones, administrador de verdades a medias, o mentiras disfrazadas, insiste en llamarle “triunfo” a la indignidad. Incapaz de enfrentarse al sentido crítico del pensamiento estructurado, elige gobernar , tratando de convencer que lo suyo es de buena FE.

Sin mayor reparo o recato, él, el hombre que caminó largo trecho, negoció (vaya usted a saber qué tanto) su llegada al cargo político más alto al que se puede aspirar cualquier democracia, hoy se niega a responder a preguntas que le lanzan los reporteros que acuden a las mañaneras. Sin consciencia alguna de la diferencia que media entre un ciudadano de a píe y un presidente de un país de nuestras dimensiones, contesta como si el papel de mandatario fuera ajeno a él.

Lo que acabamos de ver el pasado viernes, es el refrendo de una actitud de sostenida soberbia y menosprecio al trabajo de los reporteros que acuden a sus “conferencias”. La pregunta que soltara la prensa, queriendo saber lo que el presidente de México pensaba con relación a las declaraciones de Donald Trump sobre México y su dependencia de Estados Unidos, era absolutamente válida. Pero, AMLO, fiel a los guiones que arbitrariamente escribe para comodidad y conveniencia de él, evadió responder de manera responsable : “ “Soy dueño de mi silencio”, dijo, acompañando sus palabras con el alza de las manos con el símbolo de “amor y paz”.

No es la primera vez que recurre a esa actitud de franca evasión de compromiso. A finales de marzo en una visita que hiciera a Baja California, donde se nombrara como candidato a la gubernatura por Morena, a Jaime Bonilla, la prensa le inquirió sobre si esa visita tenía como fin respaldar al candidato de su partido. Molesto recurrió a su proverbial repertorio de palabras descalificadoras. Sin miramientos, tachó a la prensa de “fifi” y remató diciendo: “ no me presto a entrevistas banqueteras”

 

Un mes después, allá en Veracruz, al ser cuestionado sobre su falta de declaraciones con respecto de la masacre acontecida en Minatitlán el 19 de abril, en la que hubieron trece muertos, la mitad de ellos ejecutados (incluido un bebé) con el tiro de gracia, usó la misma frase para evitar contestar: “Soy dueño de mi silencio”.

Son apenas seis meses apenas de un gobierno que parece no tener intención de conciliar la postura que a él, solamente a él, le resulta más cómoda y útil para los fines que aún no están definidos del todo para muchos de nosotros y que se niega a compartir con la prensa.

La actitud defensiva del presidente, su insistente proclividad a descalificar y confrontar, a nada bueno nos pueden llevar. Y más aún, creo que no tienen nada, pero nadita de inocentes. Al tiempo.

NOTA.

El pasado viernes 7, publiqué un texto denominado: “Llamado a la unidad”. Por la magnitud de lo que estaba ocurriendo, en cuanto a las amenazas de aplicación de aranceles de Estados Unidos a México y el llamado a la unidad que AMLO mismo convocó. Expliqué el porqué era momento oportuno para que la oposición y sectores diversos del país se unieran en ese apoyo de unidad y capitalizaran el momento para demandar al presidente de México, claridad en sus políticas y transparencia en programas para el país.

No hubo tal respuesta. Y se entiende de alguna manera. Bien lo dijo William Shakespeare : “Cuidado con la hoguera que enciendes contra tu enemigo; no sea que te chamusques a ti mismo”. Y eso parece estar pasando. AMLO ha encendido hogueras. Pero sabe muy bien con qué intención. Esa actitud golpeadora y que parece buscar dividir (“ a río revuelto”) no es tan inocente. Es el bien delineado y que él tiene muy claro. Veremos.

zaragozacisneros.jovita@gmail.com

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