EN DO MAYOR.

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(Tercera y última parte)

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Calles estrechas y callejones en los que apenas caben dos personas en su transitar es una de las constante en varias delegaciones de la CDMX. En la que yo habito no es la excepción. Muchos de esos lugares fueron trazados hace cientos de años para tránsito peatonal cuando la ciudad no se había convertido en esto que hoy sabemos y vemos.

Y uno pensaría que en la actualidad las construcciones se respetan los trazos y se hacen con cierta reglamentación. Pero no es así. Sigue habiendo esa dinámica improvisada en la construcción. Y tiene una razón de lo más absurda y que ilustra la tozudez, el egoísmo y falta de visión a futuro: los propietarios de los terrenos, construyen sin voluntad de ceder un metro de su predio para permitir un paso más amplio y cuyos beneficios son para todos.

Lo he presenciado y escuchado de voz de trabajadores de la hoy CFE sobre la dificultad que les representa instalar la luz en esos lugares estrechos. Han hablado con vecinos conminándoles a que cada uno cedan un poco de terreno a fin de que ellos también puedan transitar con mayor holgura, haciéndoles ver la conveniencia de tomarlo también como inversión futura: “ si más adelante tienen que vender su predio, difícilmente tendrá una plusvalía razonable”, les han argumentado, buscando convencerlos. Incluso les han hablado que está en juego su seguridad ante un evento imprevisto. Por ejemplo en caso de un incendio es difícil para el cuerpo de bomberos asistir una emergencia. Pero nada les mueve. Se centran en discusiones pueriles: “si fulanito no cede, no tengo porque ceder”. Y así se quedan. En esos lugares las tomas clandestinas de agua y luz, están visibles.

Autoridades citadinas van y vienen y el problema continúa.

Pero esto de las tomas clandestinas no es privativo de esos lugares de construcciones malhechas. Verdaderas marañas de cables ornamentan el cielo en México. Los llamados “diablitos” están por muchas partes, colgados de los postes públicos . Ni qué decir del agua y las conexiones subrepticias de toma de agua clandestinas, que campean en ciertas delegaciones. Me consta que algunos vecinos de mi rumbo viven con esta práctica. Son personas que pueden pagar perfectamente los servicios, pero no lo hacen porque eso no está penado. Y así nos la hemos llevado y continuamos haciéndolo.

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Vaya usted a cualquier agencia con la intención de adquirir un auto nuevo y vea el costo de uno medianamente equipado. Agregue los consabidos pagos de tenencia y la obligatoria verificación cada seis meses y todo lo que representa en tiempo y dinero. Máxime cuando hemos sabido de centros tramposamente calibrados para conseguir “mordida”. Pero no se angustie. A fin de que usted adquiera su auto, la mayoría de las agencias le facilitan el la solución : “busque usted a un conocido o familiar que tenga domicilio en Edomex o Morelos, para sacar las placas allá y queda libre de esta molestia”, le sugieren.

No hay un ápice de rubor en la propuesta o información. Lo dicen con absoluta normalidad. “Es un servicio que nosotros damos para apoyar a nuestros clientes”, argumentan.

Haga usted la prueba sobre esto que le digo. Vaya a cualquier agencia de diversas marcas. Esa es la respuesta. Las consecuencias de esta trasgresión tiene también otra variante: En caso de dar una dirección falsa, ¿qué sucede si quien se presta a esta situación llega a ocasionar , de manera involuntaria , un accidente de transito grave y se da a la fuga, pero sus placas han sido anotadas y notificadas a las autoridades ? ¿Dónde se le localiza al responsable del accidente si la dirección es falsa? ¿Cuántos recursos públicos se tienen que usar para que, en un caso como el que señalo o accidente de cualquier de cualquier naturaleza, se intente localizar a la familia de un propietario de auto cuyos datos son falsos?

Conclusión:

Me he permitido resumir en tres partes cinco casos de experiencias directas que he vivido y que son ejemplos de comportamientos arraigados en muchos sectores de la sociedad, sin importar estrato social. Son ellas una parte representativa de las incoherencias y falta de autocrítica ciudadana para cumplir con lo que también son nuestros deberes como sociedad.

Por ello y más urge un ejercicio de compromiso individual, familiar y ciudadano con nuestra coherencia. No podemos eludir nuestra parte de responsabilidad en la realidad violenta y de cínica y abierta corrupción que vivimos actualmente . Si a la clase política le ha faltado pundonor, vergüenza y compromiso para cumplir con su parte , a nosotros – la sociedad-nos ha faltado también todo eso para exigir el cumplimiento de la tarea encomendada y para cumplir con nuestro deber.

Nos hemos acomodado a esta forma de vivir la vida en sociedad y ha faltado cohesión ciudadana , capacidad de articulación y la consciencia de lo que hemos sembrado y que hoy cosechamos. Hemos sido incapaces de romper esta inercia contaminada y nos ha sido más fácil delegar todas las culpas en los otros. Si no entendemos y asumimos esto no podremos dar el salto hacia un cambio verdadero y continuaremos en esta práctica que nos mantiene anclados a costumbres perniciosas que han terminado por volverse ley.

Voluntad de cambio y romper con estos esquemas se hacen necesario.

Participación ciudadana activa y comprometida. Las redes sociales están llenas de activistas de sillón, pantalla y teclado. Desde ese cómodo lugar se lanzan sentencias condenatorias sobre la CONTAMINACIÓN y se comparten imágenes de sitios llenos de muladares y plástico. Fotos de autos que chorrean el humo a su paso. Señalamos a los servidores públicos y políticos corruptos con lejanía, como si mediara un inmenso océano de distancia entre ellos y nosotros.

En el caso de quienes tienen auto y se rasgan vestiduras por la contaminación, una pregunta: ¿se han acercado a las agencias para saber cómo operan los autos eléctricos e híbridos? ¿Sabe usted el costo de uno de ellos? ¿Sabe que, amén de contribuir a la no contaminación, hay una serie de exenciones, buscando motivar con ellos su adquisición?

Acérquese y vea de que se trata. Saque cuentas y compare beneficios económicos y -sobre todo- ambientales de un auto híbrido y uno de combustión interna. Se lo digo por experiencia. Hágalo y verá.

Correo: zaragozacisneros.jovita@gmail.com

dialogoqueretano.com










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