EN DO MAYOR.

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(Parte dos de tres)

(Caso 2)

Doy continuidad a lo publicado el lunes 27 en la columna semanal.

Un sábado por la noche disfrutábamos en familia una película en casa. Una llamada telefónica nos obligó a pausa necesaria. Contestó mi esposo. La llamada venía de Puebla, de un conocido al que no veía desde hace tiempo. Habló para ofrecer algo que a todo engañabobos o que no esté bien informado, le sonaría tentador. Se trataba, dijo la voz al otro lado de la línea, de que le facilitáramos una copia de nuestra credencial de elector , o acta de nacimiento y en poco tiempo se nos entregaría un beneficio de ¡Un millón de pesos! Eso era todo.

La respuesta fue inmediata: No. Gracias, no. No nos interesa.

No se requería mucho para aplicar la lógica más común: ¿soltar copias de documento tan delicado? ¿Quién regala así como así una cantidad de esas?

Del otro lado de la línea la persona insistió en que el dinero procedía de un “excedente en un país africano por una asignación del Fondo Monetario Internacional (FMI)”. El organismo buscaba “beneficiar” a determinado número de personas. Y el conocía un enlace que le encargó buscara a personas “que estimaba” y quisiera que se beneficiaran con ello. ¿Qué tenía qué ver en eso el FMI? Lo que fuera aquello, no podía venir de una fuente buena o limpia. Seguramente era algo relacionado con lavado de dinero

La respuesta fue NO. No nos interesa. Colgó. Enseguida nos contó lo explicado por esta persona.

Nunca olvidé la respuesta de una de mis hijas: “Gracias papá por no exponernos a cuestiones que pueden quitarnos el sueño”.

El caso que comparto bien puede caber en el libro de anecdotarios bizarros que, por cierto, dos personajes conocidos en México ( uno es historiador y el otro filosofo) están encargando de recabar información y anécdotas de nuestra cultura tan suigéneris o, para llamarlo más románticamente de este “surrealismo mágico”, para publicarlo en libros. Ya llevan la parte Uno y van por la Parte dos. Seguramente escribirán todo un compendio de relatos que van de lo chusco a lo asombroso, hasta llegar a lo inconcebible, pero real y tangible en nuestro México. Pequeñas estampas que forman parte de nuestra realidad y sobre lo que estamos construidos como sociedad.

Tiempo después, supimos que la persona que hiciera el ofrecimiento encontró eco en muchos conocidos nuestros y, algunos, hasta documentos dobles entregaron. Pequeños detalles que tienen un fondo y son ilustrativas de una gran parte de la sociedad. De esos fragmentos que nos van construyendo y sobre lo que estamos sostenidos. La ignorancia, junto con la ambición o codicia, yacen aquí, agazapadas y saltan a la menor oportunidad. Esa mezcolanza de indolencia, irresponsabilidad, dosis de ingenuidad disfrazada de buena fe y mucho de desinterés por informarse adecuadamente han sido el caldo de cultivo para que sigan apareciendo este tipo de fraudes y estafas que operan con absoluta impunidad.

(3)

En la delegación en la que vivo tuvimos una racha de robos y asaltos que llevó a nuestra comunidad a reuniones en la Coordinación Territorial, exigiendo poner fin a esta situación de inseguridad.

El lugar en el que vivo es una localidad en la que nos conocemos unos a otros. Ubicamos rostros y pertenencia de algunos nombres y apellidos de las familias más antiguas. Hasta no hace mucho, nuestra delegación era la de menor incidencia en niños de la calle. En caso de que los niños caigan en orfandad, la familia (materna o paterna) sale al apoyo y se hace cargo de ellos. Vibrante en actividad agropecuaria llama la atención el amor a la tierra y su cuidadoso cultivo. Hay aquí sabor y olor a tradición ancestral. Arraigo y conexión con lo esencial de la vida. Y ferocidad si de defender la tranquilidad se trata.

Toda esta tranquilidad se vio alterada ante la ola de asaltos que se empezaron a saber y los reclamos a los encargados de la Coordinación fueron enérgicos. La ausencia de respuesta de las autoridades y la comprensible inquietud e irritación obligó a los nativos del lugar a colocar en los lugares estratégicos mantas con amenazas de linchamientos para los asaltantes. Ante ello, la delegación asignó rondas de policías repartidos en tres turnos.

Mi esposo y yo vimos el reducido e incómodo espacio que la Coordinación les asignó a los policías para cambiarse de ropa. Vimos a estos últimos batallar con los alimentos que llevaban ya hechos. Sabemos que sus sueldos no son justos. Y también que, por ello, muchos llegan con sus alimentos preparados desde casa, para estirar su gasto.

Entre las tareas de los vigilantes estaba la de pasar por una firma con un representante del fraccionamiento o manzana, para acreditar ante su superior su presencia en la zona. Nos tocó a nosotros firmar por la manzana nuestra.

Los policías algunas veces solicitaban a algún vecino les permitiera calentar su café o sus alimentos. Pero no siempre había alguien en casa. De manera que estaban supeditados a los horarios de las personas. Era penoso verles comiendo su alimento frío al tiempo que intentaban cumplir su tarea lo mejor posible. Mi esposo y yo decidimos, entonces, obsequiarles un horno de microondas que teníamos en el asador y poco usábamos. ¿Qué mejor que destinarlo a ellos?

Donamos el horno a la Coordinación, dando por sentado que les permitirían calentar sus alimentos a todos los policías de la guardia. No pasó mucho tiempo para que los policías de uno de los turnos vinieran a buscarnos para dar la queja. ¿El motivo de la disputa?: la propiedad del horno. En la Coordinación, les decían que era también de ellos. y, por lo tanto, no les pertenecía a los policías.

Otra vez mi asombro. El horno – les dije- fue donado para que hagan uso de él, pero se queda en la Coordinación. Si hay cambio de Coordinación, debe permanecer para que sea utilizado por los que llegan. Nadie se lo puede llevar a su casa. Así lo dejamos estipulado. De eso se trata.

“¿Podría ir usted a hablar con el Coordinador para que diga que podemos usarlo todos? A los de nuestro turno no nos dejan usarlo los del anterior. Y el Coordinador dice que es de ellos” .

Como niños, aquellos hombres, necesitaban de la mediación de alguien que le concedían la autoridad y voz para hablar y tomar decisiones tan nimias como esas. Hubo que intervenir y hablar en la Coordinación para que se dejara en claro la situación. Sugerí que redactaran un reglamento sobre el uso del microondas y lo pegaran en la pared, a la vista de todos, y ya no quise saber más del asunto.

Conclusión:

Por supuesto que el presidente, Andrés Manuel López Obrador, tiene razón en que hay entre los mexicanos una gran reserva de gente buena. Lo veo y palpo en este lugar donde vivo. Ancianos trabajando con amoroso cuidado y esmero su tierra y luego ofreciendo su cosecha en los mercados. Y lo hacen con una actitud tan digna que mueve a respeto. Pero son una parte que todavía resiste los embates de una cultura del acomodo y agandalle que los políticos se encargaron de administrar y lo continúan haciendo. Eso aún sigue funcionando en nuestra sociedad Y, me temo, que mucho de lo que hoy hace va en ese sentido. Él y sus cercanos están trabajando en esa base que les asegurará la continuidad y permanencia en el poder.

Por supuesto que alabo ciertas acciones emprendidas por él. Pero veo que mientras su mano derecha dicta estas acciones, su mano izquierda trabaja para asegurar a los suyos la continuidad y el pasar a la historia como el “buena onda”, el de buenas intenciones. AMLO es un político por todo los costados, no se le puede pedir coherencia. Los mecanismos que mueven a todo político son ajenos a los de cualquier otro ciudadano. No son mejores o peores. Solo tienen potenciados los demonios que todos tenemos y tienen también la capacidad de construirse su propia lógica y razones para actuar cómo actúan.

zaragozacisneros.jovita@gmail.com

dialogoqueretano.com

(Viernes 31, tercera y última parte)










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