EN DO MAYOR.

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Mire usted, tamaña osadía y ocurrencia

proponer al presidente para Nobel de la Paz.

Si entre sus atributos es ser necio y contumaz,

manipular y dividir, dar cabida a la demencia.

¿Qué desata en algunos tamaño fanatismo

que hasta le confieren dotes de cuasi santidad?

Disculpan sus dislates y los ven como cualidad,

cuando, a todas luces, son puros barbarismos.

No. No fue broma. Y aunque no es propuesta de los seguidores incondicionales del Presidente López Obrador, esta viene de la tensa Venezuela, envuelta desde tiempo ha en un conflicto de graves dimensiones, tema sobre el que el Presidente de México guardó una postura “neutral”. De allí viene la propuesta. De esa Venezuela que ha tenido como su representación máxima a un hombre que les invadía con un discurso paternalista y meloso y que, antes de morir, designó a su fervoroso sucesor, Nicolás Maduro.

Incondicional y fiel a la memoria de Chávez, el dictador Maduro se encarga de recordar a su pueblo que el finado Chávez, quien siempre trató a sus gobernados como niños a los que hay que mantener contentos con dádivas y limosnas, fue capaz de traspasar las dimensiones y los misterios de la muerte, para transmutarse en pajarito que platica con él. De esa Venezuela, inmersa en una batalla contra la intromisión abierta de Estados Unidos, quien tiene sus intereses puestos en ese país.

Hace menos de una semana que trascendió la nota y, a decir de su autor, el periodista Alfredo González Castro,    “representantes de las partes en conflicto en Venezuela han tenido acercamientos con autoridades mexicanas para lograr que nuestro país se convierta en la sede de las pláticas de paz….No sólo eso, uno de los grupos que impulsa esa iniciativa también redacta un documento para proponer al presidente Andrés Manuel López Obrador como candidato al Premio Nobel de la Paz…Para estos venezolanos, la postura del mandatario mexicano, de no intervenir en el conflicto de su país, le ha hecho ganar simpatías entre los habitantes de la República Bolivariana y el resto del mundo…”, sostiene en su nota, publicada en El Heraldo. A decir del editorialista de ese diario, el grupo de venezolanos ha redactado ya un documento enumerando las razones del porque solicitarán este galardón para el presidente mexicano.

—¡Gulp! Si continuamos así, al final de su sexenio, el mismo PES lo propondrá para que lo santifiquen.

No, Niniane. El PES no da cabida en sus templos a figuras de Santos. Son Pastores lo que tienen.

—¡Ah… con razón!, eso explica las homilías mañaneras. Pero prometo que si a él le dan el premio de la PAZ, yo no descansaré hasta que nos den a nosotros El Premio Nacional de Periodismo, categoría mejor columna.

¡Ninianeeeeeeee!

CONFESIÓN : TENÍAN RAZÓN.

Me curo en salud.

Antes de que los incondicionales de AMLO lancen sobre esta columnista sus insultos, porque no escribo lo que quisieran leer , les invito a consultar mis anteriores artículos en los que he venido señalando las fallas de cada partido y los personajes que han abrevado de él las mañas.

Me he declarado abiertamente anti priista, sin que eso me haga panista, perredista o afín a partido alguno. Mi critica no es a modo. No soslayé las fallas de los demás y he puesto énfasis en el PRI, por razones que no tiene caso enumerar porque fueron y son evidentes.

He dicho y lo subrayo hoy y con esto cierro el tema sobre mi voto y razones de él. Voté por AMLO. Fui parte de esos votantes cuyo hartazgo a tanta corrupción, violencia, desigualdad, impunidad, indolencia, soslayo, connivencia, tuvo su acento y subrayado en la pasada administración. Voté por él. Si. Porque, aunque vi muchos focos rojos en sus acciones y discursos, le di el beneficio de la duda. Creí que era su estrategia política y, ya una vez en el poder, vería a un Estadista. A un hombre que sería capaz de dar bofetada con guante blanco a todos los que de él desconfiaron. Me equivoqué.

Hace años, fuimos miles de ciudadanos los que festejamos que viniera la primera alternancia de gobierno que rompió la hegemonía priista y se diera la llamada concertacesión con el panismo de Manuel Clouthier, padre y Ernesto Ruffo Appel en Baja California. Ni qué decir el sentimiento esperanzador que nos bañó a muchos después que arribaron fuerzas genuinas de la izquierda y que, pensamos, harían los cambios necesarios . No tardó en llegar el desencanto. El daño estaba hecho. El priismo, aliado con la Iglesia, había creado todo una estructura sindicalista y de cacicazgos. De dádivas y asistencialismos difíciles de romper. La práctica anidó en generaciones de mexicanos acríticos y poco participativos en acciones conjuntas . Y esa sigue siendo parte de nuestra cultura e identidad. Y eso lo sabe muy bien Andrés Manuel López Obrador. Y se sirve de ello para retomarlo y sembrarlo en las generaciones nuevas. Es lo que conoce y es de lo que abrevó.

Durante la llamada alternancia poco se pudo lograr por el cambio de mentalidad. Y, desde su trinchera perdedora, el PRI, aliado con el PAN, movían sus bases e incondicionales para revolver las aguas e interferir en el trabajo de esa alternancia. Al rato, la llamada izquierda terminó replicando esos modelos.

Enfrascados en luchas de poder, los partidos políticos se olvidaron de atender los problemas ingentes del país, que crecían a la par que el narcotráfico y la violencia. Antes de solucionar a fondo las cosas, voraces y cínicos se apresuraron a hacer del país su botín y repartirse sus beneficios entre grupos afines. Ya no hubo manera de dar paso atrás. Y vino el hartazgo. El enojo. La indignación ante tanto cinismo. Apareció entonces Andrés Manuel López Obrador, quien venía trabajando de tiempo atrás, revolviendo aguas también para lograr su mayor anhelo: el poder presidencial. Miles creyeron en él, otros mantuvimos las dudas en su discurso, promesas y demagogia, pero – con todo- no teníamos opción: o anular el voto, o él. Asfixiados por la violencia e incertidumbre, vimos la conveniencia de un cambio. Eso creímos.

Eso creí yo también. Y di mi voto a Andrés Manuel López Obrador, el Tabasqueño rebelde, el anárquico y el que vivió largos años del sistema. El que jura y perjura y no acepta que se ha servido de corruptos; el que concibe la realidad desde su perspectiva egocentrista y construyó su ascenso al poder a base de denuestos a los otros, para erigirse el salvador de ese pueblo conformado por los que el, en su imaginario, selecciona a los que son parte de ese pueblo, y quiénes no. El que en su llana simpleza y profunda malicia hace creer a la gente que es de ellos. AMLO, el de la poca transparencia y el de la incapacidad para darse cuenta de sus limitaciones. AMLO el acaparador del poder. El totalitario y absoluto . El incapaz de delegar responsabilidades. El que disimula libertad mientras marca agenda con sus mañaneras, entretiene y goza lo que es su foro personal. Informa lo que quiere. El de YO YO YO YO . El del lenguaje abstracto y malicioso y lleno de eufemismos. El del “nosotros”, sin especificar cuál es “nosotros”. El que hace exactamente lo mismo que antes criticó.

AMLO, el que no sabe, o finge no saberlo, que la corrupción no se trata solamente de dinero. El alma también se corrompe o se degrada , cuando se permite tener al lado a personajes corruptos y que le asesoren personajes resentidos, lenguaraces, antisemitas, sin contención en sus denuestos. A malas personas. Personajes cuyo lenguaje es la maledicencia, la coprolalia que baña de insidia y chismes baratos a los jóvenes. Eso es corrupción también. Y perversión.

Así como el agua busca su nivel, así las personas se rodean aquello que les representa bien, pero fingen ser incluyentes y “plurales”, para no comprometerse y develar su verdadera vestidura. Rodearse de personas así, le permite el camuflaje. Usar a los demás.

Por supuesto que alabo su combate a la corrupción. Pero no puedo callar al ver como siembra su insidia y riega parejo el veneno de sus mentiras y permite también la falacia en sus operadores que empoderan a los jóvenes diciéndoles mentiras y manipulando las verdades.

Y por supuesto que alabo también algunos de sus programas. Por ejemplo los de ayuda a la Tercera Edad que han trabajado la vida entera para este México dolido. Pero no la dádiva generalizada. Sé que hay gente que ha logrado un bienestar a base de trabajo y esfuerzo enormes y sé también de quienes culpan de todo el gobierno, sin levantar un dedo para trabajar. Soy de pueblo. Y, de manera personal, he conocido gente humilde y muy honesta. Y otra no tanto. Y conozco gente pudiente honesta y otra no tanto. Y mis respetos más profundos y de genuina dignidad los he encontrado en dos personajes, dueños de una generosidad y honradez excepcionales: un albañil y una persona del servicio doméstico. El primero ya falleció. La segunda vive y , aunque ya no trabaja, es querida y respetada en esta casa.

He visto la generosidad en todos los estratos. Gandallas, también. La perversión en el rico y la ferocidad en las masas y la violencia que duerme en lo que AMLO llama “el pueblo”. Los he visto transformarse en turba capaz de linchar , si voces malintencionadas abonan en sus emociones. Y veo, con profunda preocupación que AMLO continúa abonando a resentimientos e insiste y lo sigue usando con conocimiento en ello. Usa a gente maliciosa para blindarse. Permite que rieguen maledicencia. Veo resentimiento en él. Insisto, veo malicia. Sé que no escucha a voces que de él disientan. AMLO no es justo. Ni persigue la justicia. Persigue SU proyecto, en el que caben los que se muestran incondicionales a él.

Veo lo que veo. Sé lo que sé y me pregunto: ¿de dónde viene tal resentimiento de AMLO para querer demoler de esa manera a quienes ya eligió como enemigos? No. No defiendo a sus enemigos, solo quiero saber ¿qué mueve a AMLO para rodearse de gente que no le hace bien y no escuchar a quienes bien le pueden asesorar? No. AMLO no es un hombre de paz. Tienen razón aquellos que vieron en el a un personaje de conflictos y divisiones. Tienen razón.

zaragozacisneros.jovita@gmail.com

dialogoqueretano.com










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