EN DO MAYOR.

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“Calumniad, calumniad que algo quedará”, dijo Voltaire, escritor y filósofo, al referirse a la sombra de duda que se extiende sobre el calumniado, una vez que el calumniador riega el veneno de su insidia.

Sobre eso de la calumnia ronda por allí la anécdota adjudicada a S. Felipe Neri ( 1515-1595) , quien dio una lección de los alcances de ella a uno de los novicios de la Parroquia a su cargo, cuando se enteró que este era afecto al rumor. S. Felipe Neri le mandó llamar a su presencia y le pidió que subiera a la torre del campanario, pero que llevara con él una almohada de plumas y desde la parte más alta soltara las plumas al viento y , una vez cumplida la orden, se presentara nuevamente ante él.

Cuentan que el principiante aquel cumplió a píe juntillas el encargo y, enseguida, fue a avisarle a Felipe Neri que había concluido la encomienda. El superior le ordenó ahora se bajara a recoger todas las plumas y llenara nuevamente la almohada.

Obviamente, los fuertes vientos de esa época habían ya dispersado a las plumas y fue imposible volver a llenar la almohada. El lenguaraz novicio entendió el alcance del daño que causa el rumor, arma favorita de la calumnia.

¡Ay de aquél que sea la víctima de una insidia o calumnia, esa arma filosa y capaz de herir de muerte al sujeto elegido por el divulgador !

Si buscáramos describir el rostro de la calumnia, no habría uno definido. Se transforma de mil maneras, pero todos tienen un denominador común: su larga lengua en forma de estilete que serpentea y lame suavemente el oído de alguien dispuesto a escuchar lo que de ella salga y a reproducirlo, sin empacho alguno.

“Nada corre tanto como la calumnia, nada se lanza con más facilidad, se acoge con más fortaleza y se difunde tan ampliamente”, dijo Cicerón, 100 años Antes de Cristo, cuando no había redes sociales y sus alcances no eran de la magnitud actual. Hoy, la almohada es la pantalla de computadora o del teléfono. Las plumas las letras del teclado . No hay que subir a la torre más alta de una parroquia, como ordenó S. Felipe Neri al novicio aquél. Hoy basta con apretar un botón y, en un santiamén, se propaga por la geografía de las redes sociales con ayuda de los ventarrones y huracanes que siempre las acompañan.

O, diga usted lector, si no es así.

  ENVIDIA, RESENTIMIENTO, TEMOR O VENGANZA.

No, Niniane, no me mires con esos ojos de azoro y sonrisita burlona. No estoy en contra de nadie, ni en defensa de personaje alguno. Ni me he dejado seducir por espíritu purificador de yasabeustedquién. Es sólo que esto de la producción de mentiras y su uso como arma para denostar, perjudicar o aniquilar a un adversario o enemigo, da para MUCHO y más.

Es un tema que no debiéramos dejarlo solamente en los terrenos de lo religioso. Es y debiera ser un punto de análisis para ser llevado a todos los ámbitos de la vida. Un tema presente en la sociedad sobre el mal que nos causa el darle cabida. Tomar conciencia de cómo nos envilece. Estemos o no estemos de acuerdo con la victima de una calumnia, es en el calumniador en quien debiéramos poner la atención y repudiar su actuar.

No hay ámbito de la vida que escape de tener en él a un mentiroso o a algún lenguaraz que gusta de sembrar la insidia. No hay sociedad del mundo que no albergue a un vulgar correveydile. Un resentido al que la envidia le carcome y que gusta de contaminar los colores de la vida.

Hay espacios donde camina a ras del suelo y sin ningún pudor encuentra cabida en el primitivismo de lo inmediato y la sobrevivencia cotidiana. Se incuba fácilmente donde el miedo , la sensación de vulnerabilidad e indefensión está presente, el rumor basta para encender la hoguera de las habladurías o , literalmente dicho, los linchamientos.

Pero , decía líneas arriba, no hay espacio de la vida que no sea habitado por un calumniador. Están presentes en el núcleo familiar, en el de la farándula, en el empresarial y hasta en los mundillos más, llamémosles , “refinados”, en los que las formas se guardan y el rumor no se lanza a ras de lengua; se envuelve en fino disimulo y se deja caer la insidia con sutil benevolencia, o abierta ferocidad que enfrenta los reclamos con frases más grandilocuentes o más contundentes y demoledoras.

El uso de la calumnia, pues, no es distintivo de genero o de individuos que pertenecen a determinada clase social o ámbito. Es distintivo si, del individuo que busca con ello dañar la imagen de alguien al que envidia, o del que decide vengarse o porque se ha sentido agredido por aquel al que calumnia. O calumnia porqué si. Porque está en su pequeña naturaleza espiritual.

Sin embargo, quizá el campo donde está más visible y validado sea en el de la política. Unos y otros la usan para asestar el golpe, otros para contraatacar. Allí, en ese campo de pasiones desatadas, egos desmedidos, la ética vapuleada o ausente, se incuba también. Todo vale en ese terreno. Hasta se tasa en pago económico un precio para el calumniador. Es un punto de encuentro al que arriban hombres capaces de recurrir a todo con tal de mantener sus espacios de poder. Sin arbitro que regule su uso y dimensiones de su alcance, la lengua es allí, eso: estilete que clava su veneno.

Ya nada es igual para quien ha sido objeto de una calumnia, si el calumniador la ha lanzado con el fin de hacer el daño en el honor u honra del objeto de su insidia.

“Pero aquel que me arranca mi buen nombre

Me roba aquello que a él no le enriquece,

Y me hace a mí de verdad pobre.”, dice uno de los diálogos entre Otelo y Yago, obra de Shakespeare, pero que bien aplica para este tema.

  ¡Ah la calumnia! Qué platillo tan agrio, disfrazado de dulzura a veces. Ha recorrido junto al hombre los caminos de su historia; servido en humilde cuenco, envuelto en hoja de maíz o de plátano, en plato de cartón o plástico, en cristal o vidrio simple o de colores, en fino plato de porcelana o Lladró, su aderezo son los mismos: dosis de envidia, resentimiento, venganza y rumor.

Mucho que reflexionar sobre esa parte de la naturaleza humana, esa perversa inclinación a usarla y darle cabida. Mucho que reflexionar sobre su uso y pago de ella. Se vista con ropaje humilde o sencillo; traje de mediana calidad o fina hechura, o venga de dónde o de quién venga; vaya a dónde vaya, mucho hay por debatir y decir en torno al tema.

zaragozacisneros.jovita@gmail.com

 










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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