EN DO MAYOR.

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(I de III partes)

  23 de marzo de 1994 – marzo 2019.

¿Cómo olvidar aquel 23 de marzo de 1994? Era miércoles. El hartazgo hacia la clase política y a la situación del país se había acentuado con el cuestionado arribo de Carlos Salinas de Gortari a la presidencia, a la que llegó acompañado por su grupo de tecnócratas de escaso, si no es que nulo, pulso social. Era ya el último año del mandato de aquel hombre hábil para negociar reformas, seducir conciencias de intelectuales y para controlar la información de la prensa.

Su antecesor, Miguel de la Madrid, durante su mandato había iniciado el camino hacia el modelo Neoliberal con su nacionalización de diversas empresas. El neoliberalismo se estaba posicionando en el mundo y Salinas de Gortari trabajaría aquí en México con fino y sutil entramado para posicionarlo. Vicente Fox y Felipe Calderón, se encargarían de continuarlo y su culmen encontraría sitio en la oquedad presidencial de Enrique Peña Nieto.

La sociedad mexicana, con ese nuestro distintivo para jugar con la realidad de aquello que nos agobia, o nos lleva entre estupor y asombro hasta desembocar en hilaridad, se daba gusto asignando apodos hacia ese hombre de pequeña estatura, voz tipluda, escaso pelo, ojos pequeños de aguda mirada y -se decía- tan inteligente como perverso.

Eran finales ya del sexenio de Carlos Salinas quien arribara al poder en 1988, arrastrando tras de si una historia cuestionada en lo política y familiar. Conocedor del servicio público y de los entretelones del poder, Salinas de Gortari nació en cuna construida con el material con el que se fabrica la política. Tuvo una infancia arrullada con loas al poder y murmullos discordantes por rumores de escándalo familiar. Ciertos, o no tanto, su caminar siempre ha estado acompañado por toda suerte de historias non gratas y que aún persisten.

¿Qué tanto es real o verdadero? ¿Qué tanto una sociedad escoge – con razón o no tanta- a su villano favorito? ¿Cuánto abona la fantasía a la imaginario colectivo y a la construcción de esas figuras? ¿Qué función tienen en una sociedad que , como la nuestra, camina entre los extremos de calificar como “buenos y malos” a conveniencia a ciertos personajes?

“Juegan pesado esos muchachos. Y el poder en manos de soberbios, es peligroso”, murmura Niniane en mi oído.

Tiene razón, Niniane. Llegar a los niveles de poder de una presidencia, requiere de atributos especiales. Eso lo sabemos todos. Y no hay nada fortuito en los materiales humanos que construyen los caminos hacia él. Y, sin embargo, sabiéndolo, no deja de estremecernos lo que se está dispuesto a pagar en su trayecto.

El asesinato de Colosio fue la muestra más clara de ello. En muchos sentidos significó nuestro encuentro con una realidad que ya estaba gestándose desde años atrás. La brutalidad y crudeza del hecho descorrió la última cortina que cubría el teatro del absurdo que, sospechábamos, había y hay en la política mexicana.

¿Sabremos algún día la verdad de su asesinato? ¿Dimensionamos los de nuestra generación, la magnitud del drama humano que se vivió entonces?

MÉXICO 68/ HALCONAZO / MANUEL BUENDIA.

Antes de llegar al sexenio de Carlos Salinas de Gortari y el caso Colosio, volteemos la mirada un poco para entender ese hartazgo ciudadano que obligó al sistema priista a forzar artimañas desesperadas con el fin de colocar a su candidato, cuya legitimidad siempre fue cuestionada.

Recordemos los acontecimientos de 1968 en el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), y luego el ascenso de Luis Echeverría Álvarez ( 1970-1976) y su marcado talante represor, abonaron a ese hartazgo y repudio hacía el partido y su forzada presencia en el ámbito nacional, gracias a su forma de operar y controlar la información y la vida misma de México.

Díaz Ordaz y Echeverría Álvarez , amén de nada carismáticos, fueron dos presidentes calificados por la sociedad como autoritarios y represores. En el caso de LEA, se acentuaba el de ser experto en la intriga y el causante de instalar un programa económico y educativo populista que llevó al estancamiento al país.

Después de ellos el arribo de José López Portillo con su imagen tan carismática como frívola y que tomó con el tiempo su dimensión. Un presidente profundamente inconsciente e irresponsable en el que su nepotismo ilimitado y poco acotado por los que le rodeaban, marcaron su gestión. Desde luego, en medio de eso, los excesos de poder y de acción otorgados al personaje de oscura y triste memoria, Arturo “negro” Durazo . El desenfreno, delirio y ambición y la falta de pudor y respeto con que el presidente y sus más cercanos utilizaban su poder para satisfacer sus caprichos amorosos personales, fueron de vox populi.

El narcotráfico empezaba a crecer y, hoy lo sabemos, a salirse de las manos del poder del Estado.

Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988), sucesor de López Portillo. La imagen sobria, y percibida por muchos de nosotros como gris y tibia, ascendió sostenida en una frase: “Renovación Moral”. Su lema prometía poner fin al dispendio y corrupción del anterior sexenio, mismo que inició asestando “la mano de la justicia” contra la figura de Jorge Díaz Serrano, director de PEMEX. Renovación moral y justicia, frases y palabras llenas de eufemismos como tantas otras, usadas en la política de todos los tiempos, incluido en el actual régimen que inicia.

Ha quedado claro que a lo largo de la vida política de México que eso de la justicia es un término tramposo, una herramienta que el poder usa para cobrarse facturas a los enemigos políticos en turno. Para muchos de nosotros ese acto, de De La Madrid con Díaz Serrano fue , en realidad, una venganza por haber desafiado a los poderes que estaban detrás de la postulación de Miguel De la Madrid. Después de todo ¿qué virtuoso resiste a la tentación de usar el poder que da estar en su centro para cobrarse las viejas cuentas? ¿Acaso no es verdad que la venganza es un plato que se come frío?

El sexenio De La Madrid no tardaría en enfrentar una de sus primeras pruebas con la ejecución de uno de los periodistas más respetados de México: Manuel Buendía Tellezgirón, asesinado el 30 de mayo de 1984, a poco menos de dos años de haber ocupado De la Madrid el gobierno.

La columna de Buendía Red Privada era publicada por el periódico Excélsior de la Ciudad de México y reproducida por alrededor de 60 periódicos mexicanos. Con ello fue el periodista de mayor influencia en el panorama de prensa escrita en México, en la segunda mitad del siglo XX…

Los principales temas sobre los que escribió Buendía durante 26 años de la columna Red Privada fueron la presencia de la CIA en México (ediciones Océano 1983), la ultraderecha, el narcotráfico y la Corrupción gubernamental…Buendía estaba próximo a publicar un artículo sobre las conexiones del narcotráfico con políticos. En dos columnas anteriores Buendía hacía eco de una denuncia realizada por obispos católicos mexicanos, donde hacían notar la penetración del narcotráfico en las estructuras de poder en México” (Wikipedia)

 El asesinato de Buendía, ocurrido la tarde del 30 de mayo, acalló una de las voces más poderosas, honestas y libres, del periodismo mexicano. Dos de sus frases dan cuenta de su estatura y apasionada entrega profesional, coherente y comprometida con su hacer: “Una verdad a medias, es peor que una mentira completa”. La otra: “Ni siquiera el último día de su vida, un verdadero periodista puede considerar que llegó a la cumbre de la sabiduría y destreza. Imagino a uno de estos auténticos reporteros en pleno tránsito de esta vida a la otra y lamentándose así para sus adentros: hoy he descubierto algo importante, pero… ¡lástima que no tenga tiempo para contarlo”

El caso tuvo resonancia internacional. El diario francés Le Monde advirtió los efectos de este asesinato. “El homicidio tuvo un efecto de palo en el hormiguero. Sin duda hay que ver en ello una advertencia inequívoca al mundo de la prensa”.

Desde la Secretaria de Gobernación, su titular, Manuel Bartlett , nada decía. Y aunque las miradas acusatorias volteaban hacia él, fue el propio Luis Pablo Soto Ortiz, hombre cercano a Buendía y testigo del crimen declaró que Buendía a tenía amenazas desde años atrás , a causa de sus notas que tocaban los intereses de diversos sectores poderosos. Las sospechas recayeron en los grupos de ultraderecha de la época. Y el asunto fue concluido sin ser resuelto a satisfacción.

Personajes y hechos que se antojaban salidos de la literatura de Rulfo y Kafka recorrían al país. Y el modelo económico neoliberal se abría paso en todo el mundo con fuerza y sin miramientos. Salvaje e implacable anunciaba con un tintineo de cascabeles su llegada a México.

Carlos Salinas de Gortari subiría al poder en medio de repudio de una mayoría. El PRI, el partido del clientelismo ancestral y del corporativismo sabía cómo salirse con la suya. Por lo menos, otro sexenio más. Salinas era su hombre fuerte. El se encargaría de romper las barreras obstaculizadoras para dar cauce a su gran modelo reformista que, junto a la corrupción desenfrenada, benefició a los más cercanos al poder.

Pero el sexenio de Salinas tendría muchas sorpresas más.

zaragozacisneros.jovita@gmail.com

(Mañana, II de III partes).

LOS CASCABELES DE LA TECNOCRACIA.










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