EN DO MAYOR.

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Es tan complejo el tema, tan sensible y lleno de aristas. Numerosas e inmensas sus formas de manifestarse, incontables y brutales los casos que se viven a diario que resulta apabullante. Y, sin embargo, peor es dejarlo pasar y no hablar de ello. Hablar y hablar, exponer hasta que penetre en la conciencia, visibilizar lo que está allí y carcome , con más acento en unas que en otras, a las sociedades del mundo.

Año con año, desde todas las antípodas surgen voces clamando, pidiendo o exigiendo un alto a la violencia contra las mujeres, un fenómeno que ha aumentado en su virulencia y crueldad.

Dicen algunas voces que siempre ha existido, pero ahora se toca el tema más abiertamente y se denuncian en todos los medios. Y, sin embargo, no es exactamente así. Es verdad que hoy existe más clamor en su contra, más consciencia de los derechos de las mujeres y más identificación en cuanto a las formas de esa violencia; pero es una realidad que , a la par, hay una resistencia del hombre para no perder los privilegios que la cultura del patriarcado le ha otorgado y en el que ha sido entrampado. Preso en sus ansiedades de demostrar su hombría ante él mismo, ante los demás y sobre la mujer, ha perdido de vista que al ejercer su control o poder a través de la opresión para obstaculizar el desarrollo de las mujeres, no hay victoria que celebrar. No cuando para asentar ese poderío necesita dominar la voluntad de la mujer y hacerla sentir que está a su servicio e imbuir en ella el desaliento.

Y hablando sobre el tema y sus particularidades en nuestro país, en una de sus obras (El pueblo que no quería crecer) la inconmensurable Ikram Antaki (1948, Damasco, Siria- 2000, Ciudad de México) dedicó un apartado a nuestra cultura y la de los hombres de México: “Quizá este país es de los raros -acaso el único- en donde no se ama a la mujer arrolladora. La única pasión que he visto que despierte es el odio. El odio no excluye el deseo como autocastigo; un deseo de humillarse y humillar: “era la única manera de encontrarme arriba de ella”, reconoció un hombre extrañamente veraz. En los demás casos, se busca la compañía de mujeres pequeñas, que resalten la estatura de sus compañeros…

“Nosotros sabemos, en tierras mediterráneas, que es más placentera la mujer propietaria de una mente privilegiada y de una personalidad de excepción, que una mujer poco dotada aunque sea bella. La primera provoca en nosotros risa, interés, estímulo; nos divierte y nos gusta. La segunda provoca somnolencia, después de la satisfacción mecánica del deseo. Nuestro problema no es con la inteligencia de las mujeres sino con su voluntad; es decir , ¿al servicio de quién será puesta esa inteligencia? Si es al servicio nuestro: ¡enhorabuena!, que crezca para beneficio nuestro. Ni nuestra propia inteligencia ni nuestra personalidad serán puestas en entredicho por una comparación de la cual saldríamos ganando o perdiendo. ¿Acaso puede el amo compararse con su propiedad?…

“El sentimiento de inferioridad no se casa con la hombría. Como consecuencia, esta es prácticamente inexistente en México. Machos por la evidencia de su sexo, son a la vez muy poco hombres por su irresponsabilidad, su ludicismo, su liviandad, su pereza y, ante todo, por su apocamiento. El león ruge porque cree que su rugido hace temblar los cimientos de la tierra. Pero los mexicanos no rugen: bajan la voz, usan sustantivos empequeñecidos; agachan el lenguaje, la mirada y el cuerpo; dan vueltas alrededor del campo de batalla; y sólo logran triunfar, a veces, aprovechando la imprudencia de su adversario …”

ESCOJA USTED LA SUYA.

¿De qué hablamos cuándo tocamos el tema de la violencia hacía la mujer? ¿A cuál violencia nos referimos? ¿sexual? ¿física? ¿emocional? ¿verbal? ¿laboral? ¿La violencia que aún se vive y reproduce dentro del entorno familiar en donde está enraizada a tamaños inimaginables? ¿La que se da entre las mismas mujeres? ¿la violencia que se está sembrando en las niñas, al vestirlas como adultos, sexualizándolas, erotizándolas a tan temprana edad? ¿La violencia brutal que se ejerce y provoca desapariciones diarias de jovencitas? ¿La del novio que maltrata (física , emocional o sexual) a la novia? ¿La que viven las mujeres que son, o se ven obligadas a abortar? ¿La violencia que obliga a la casi niña a tener a un hijo producto de una violación de un hombre de su propia familia? ¿La que se vive en las partes más alejadas de ciertos Estados de la República, donde las mujeres son moneda de uso, desecho o trueque?

No necesitamos sumergirnos en las cifras que dan cuenta de ello para dimensionar el drama que arrastramos en el país relacionado con el tema. Basta con abrir los ojos, la mente y dimensionar lo que nos rodea, al menos que a usted no le digan nada las noticias que dan cuenta de esas desapariciones y ciertas imágenes con las que nos encontramos a nuestro paso en la vida diaria. Si es así esto último, entonces hablamos de una normalización de lo que debiera escandalizarnos o molestarnos por las implicaciones que ello tiene. En materia de violencia contra la mujer todos tenemos casos qué contar, porque está presente en la vida cotidiana. Vestida o desnuda. Física o verbal, emocional, visible o soterrada. Doméstica o laboral, disfrazada o abiertamente, directa o indirectamente y del hombre a la mujer y a las niñas.

Si no tomamos acciones conjuntas como sociedad, pocas esperanzas hay de avanzar hacia otra forma más civilizada y sana de vivir. Si no equilibramos la balanza, el patriarcado continuará cobrando víctimas de uno y otro lado y continuaremos en este doloroso desequilibrio que tiene a nuestro país en la barbarie. Se hace necesario que el hombre se informe también sobre lo destructivo de una cultura tan llena de mentiras y engaños.

Ninguna sociedad que aspira a una salud de sana convivencia, que busque el desarrollo pleno de sus individuos puede continuar asentada en este brutal y violento machismo que agrede la dignidad a la vida de las mujeres que la padecen y de los hombres que la ejercen.

Por el bien de todos, se tienen que construir paradigmas más justos, más equilibrados en las relaciones de hombres y mujeres. Constreñir lo masculino y femenino como la raíz o esencia del hombre o mujer limita la comprensión más profunda de lo humano e impide avanzar hacia horizontes más luminosos y civilizados.

EL PAPEL DEL ESTADO EN LA PROTECCIÓN CONTRA LA VIOLENCIA.

El ancestral sistema del patriarcado es una hidra de mil cabezas y rostros deformes que ha dotado al hombre de un poder que , ejercido al extremo, lo ha convertido en un ser abyecto y alejado de toda proporción humana y cuya persistencia por mantenerse recrudece su manifestación. Estamos viviendo una violencia sin precedentes y sus manifestaciones brutales están más vivas que nunca ante una sociedad impotente en algunos casos; en otras adormecida e indiferente.

Cuando pareciera que hemos avanzado en cuanto a conquistas de derechos, se multiplican y afinan mecanismos para continuar con la mecánica de hacer de la mujer meros objetos de deseos del hombre. Y en eso, la mujer misma y gran parte de sociedad contribuye al normalizar lo que de indigno encierra : ¿Qué le dice a usted cuando pasa por una avenida en la que hay negocios de venta de acabados para construcción ( ventas de azulejos, muebles para baños, étc) y fuera de ellos ve a jovencitas de ajustadas ropas, contoneándose al son de un ruido ensordecedor que busca llamar la atención de los automovilistas que pasan por el lugar? ¿Qué le dice cuándo en las fiestas se contratan a stripper para que le baile al hijo que acaba de cumplir la mayoría de edad? Una fiesta en las que están presentes amigos y familia toda, normalizando lo que debiera mover a rechazo por la cosificación que tiene para hombre y mujer. ¿Qué mensaje está presente allí?

Sea por ignorancia, sea por desinterés con el tema o por mero conservadurismo de los hombres en el poder, está latente la amenaza de revertir logros impulsados y obtenidos por quienes han luchado contra esta violencia y perdido la vida en ello al desafiar al sistema machista.

Lo acabamos de presenciar aquí en México con las medidas que el actual gobierno anunció recientemente cuando habló de la suspensión de recursos a los refugios para las mujeres víctimas de violencia, pasando por alto que es obligación del Estado Mexicano garantizar a las mujeres seguridad y hacer respetar el ejercicio de sus derechos humanos así como las disposiciones establecidas en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y a la Ley General de Víctimas.

Por fortuna , o por las decenas de voces que se alzaron desde los diferentes espacios , tanto legislativos, individuales, ciudadanos y grupos de activistas, así como de los hombres que han tomado consciencia con el tema, hubo un aparente consideración por parte del presidente , López Obrador, quien, fiel a su estilo, se disculpó culpando a los demás de haber entendido mal lo que claramente se evidenció: no hay en su campo de intereses el desarrollo de una política que enfrente la magnitud de lo que estamos viviendo.

“Presidente López Obrador, esto deja indefensas a 25 mil mujeres en situación de violencia y extrema y les orilla a la muerte”, escribió la diputada de Movimiento Ciudadano, Martha Tagle Martínez,,

Con agenda comprometida, amenaza con hacer más fuerte su presencia en los espacios públicos el Partido Encuentro Social (PES). Persiste en estar en el escenario de la política Mexicana un partido ultraconservador Evangelista, que busca incidir en la vida ciudadana con su agenda de intereses que se extienden desde Estados Unidos (favor de consultar la biografía de Mike Pence, (Vicepresidente de E U). Tómese un tiempo y consulte, para que vea de qué hablo.

Mientras tanto, continuemos insistiendo en tener visible el tema de la violencia contra la mujer, en cualquiera de sus manifestaciones.

Zaragozacisneros.jovita@gmail.com










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