EN DO MAYOR.

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¡Ah, el poder!, potente elixir embriagante,

al más mortal lo hace sentir omnipotente,

le hace olvidar que es un alma vulgar y penitente,

preso de sus propias apetencias y orfandades, delirante.

—¿Poesía?

¡Niniane,Niniane, Niniane…! ¡Qué se yo de poesía!

Llega así sin más la inspiración, vuelan las palabras y reclaman sutilmente su acomodo. Soneto, verso libre, ocurrencia, vagancia de frases. No hay en mi pretensión alguna de que sea poesía, Niniane. Mi único afán es buscar en los laberintos de lo humano las pasiones que nos habitan. No existe para mi misterio tan inmenso, tormento y gloria más grande, pozo más profundo de desesperanza y gozo, cielo más glorioso que estar aquí en este mundo en el que disfrazamos nuestra desnudez con virtudes inexistentes e inventadas.

¿De dónde venimos, Niniane? ¿Del amor? ¿Cuáles son nuestras pulsiones de vida? ¿Es el amor, la pulsión más poderosa en el ser humano? ¿O acaso el ansía del poder sea el motor más grande que nos mueve ? ¡Ah, el poder y sus mieles! El poder y sus caprichos. Los juegos de poder.

Por cierto, así se llama la serie que inspira estas letras: “Game Of Thrones” .

No me había acercado a esta serie que, según tengo entendido, fue estrenada hace ya un tiempo. Apenas la veo y me ha atrapado en su mundo de pasiones.

Manifestado en diversas formas, moldeado por cada época de la humanidad, “Game Of Thrones” o “Juegos de Tronos”, es una metáfora de las pasiones humanas y de cómo nos relacionamos , desde nuestros espacios, con el poder.

Astucias, conquistas de territorios físicos y geográficos, corporales y emocionales. Amor, venganzas, barbarie, traiciones, delirios y extravíos, ambiciones ilimitadas, la embriaguez de los sentidos, brutalidad, todo cabe allí. Como en la vida real.

Game Of Thrones, Juego de Tronos, El frenesí y carnaval de la vida y de la muerte.

Frases lapidarias: “Todos los que no seamos nosotros son nuestros enemigos”, dice la ambiciosa reina Cercei Lannister de “Game Of Trones”, a su hijo, el joven y caprichoso príncipe, Joffrey Baratheon , producto de la relación incestuosa que mantiene con uno de sus hermanos.

No hay en Cercei Lannister un marco moral. Presa de sus bajas pasiones y de ambición sin límites, la intriga es su instrumento más útil para sus fines: el poder absoluto.

Cercei, casada con el Rey Robert Baratheon, un guerrero audaz, pero sobre, y ante todo, un hombre de excesos, si de comida, bebidas y mujeres se trata. El Rey ignora que no es el padre de Joffrey, como también el joven y tirano príncipe ignora que no lleva la sangre del Rey, sino de su propio tío, Jaime Lannister.

La frase se inocula de manera inmediata en ese carácter déspota y cruel del mozalbete de 14 años, cincelado por su madre para perseguir y obtener , a costa de lo que sea, el reino. El joven adolescente está en proceso de crecimiento y reafirmación. La figura de la madre y sus hermanos, los Lannister, ha ido moldeando su mirada y su relación con el poder.

El poder lo es todo.

La pasión de dominar es la más terrible de todas las enfermedades del espíritu humano, decía Voltaire (1694-1778), desde una sentencia filosófica. Pero la psiquiatría la ha define y considera una de las pulsiones que mueven al ser humano.

Expresión narcisista de nuestras comprensibles carencias, hay quienes – sin embargo- hacen de él un motor único e irracional en el camino hacia su obtención.

En la política, es quizá el campo más buscado para aquellos espíritus cuya ansía de poder es mayor. Ejercido de manera más o menos razonable, no resulta tan preocupante y peligroso para las sociedades. Pero no es fácil, una vez teniéndolo, no sucumbir a lo gratificante que resulta para quien , a través de él, busca mover las voluntades de mayorías, alborota a las masas, impone su opinión.

Es allí, en ese campo, donde se disfrazan la forma más extrema del ansia de poder. El escenario al que arriban las pulsiones y se encuentran todos aquellos que no les alcanza un campo más modesto y han hecho de eso el afán ultimo de su vida. Saben bien que desde allí pueden erigirse dadores y quitadores de la verdad. Extender allí las fantasías a un plano más grande. El sitio idóneo para disfrazar las debilidades que, en realidad, esconde todo aquel que termina por sucumbir bajo el peso de su propia ambición.

¡Ah, el poder! Dice Frank Underwood : “ el camino hacia el poder está pavimentado de hipocresía”

Hay tantos que transitan por esos caminos en busca de sus tronos y tronitos. Reyes y reinas, majestades de espacios imaginarios y reales de poder. El poder y sus mieles. El poder y sus mieles e infiernitos.

“¡Vedlos trepar, esos ágiles monos! Trepan unos por encima de otros, y así se arrastran al fango y a la profundidad. Todos quieren llegar al trono: su demencia consiste en creer – ¡que la felicidad se sienta en el trono! Con frecuencia es el fango el que se sienta en el trono – y también a menudo el trono se sienta en el fango. Dementes son para mí todos ellos, y monos trepadores y fanáticos. Su ídolo, el frío monstruo, me huele mal: mal me huelen todos ellos juntos, esos idólatras.”, ( Así habló Zaratustra, de Frederic Nietzche)

NI FIFIS NI CHAIROS: MÉXICO Y YA.

Este fin de semana una pareja de jóvenes muy querida me invitaron a una reunión de amigos y conocidos de ellos, de sus tiempos de estudiantes de licenciatura, maestría. Estos amigos rondan alrededor de los 40 años, cuentan con nivel de estudios de maestría. Jóvenes comprometidos con su hacer profesional y muy informados y conocedores de la situación del país.

Estando en el convivio conocí a gente que está trabajando dentro de la actual administración ocupando puestos claves; otros trabajan en la Iniciativa Privada, otros más son antagónicos del actual gobierno.

Un convivio informal y en el que destacó la camaradería y las bromas entre unos y otros. “Chairos” y “fifis” comentando y poniéndose al corriente de la familia, estudios. El respeto, el buen trato la camaradería fue lo que privó en esa reunión.

Pensé en las redes sociales, en donde todo duele y todo es motivo de agresión. En esa reunión había un entendimiento implícito de que por encima de las filias o fobias partidistas hay una tarea compartida desde cada espacio y lugar que ocupan en la vida de México. Eso es lo único que vi que importara en ese momento de armónica convivencia.

Fue de lo más agradable y enriquecedor estar allí. Un ejemplo de convivencia pacífica y propositiva, de madura y libre expresión. Pero sobre todo, fraterna y respetuosa hacia el hacer y creer del otro. ¡Bravo por eso! ¡Bravo!

dialogoqueretano.com

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