EN DO MAYOR.

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La JUSTICIA ha estado ausente no solo para quienes viven en contextos de pobreza o marginación; sino también para aquellos, quienes buscando hacer respetar la ley, se han topado y topan con la barrera de la corrupción, la impunidad o la omisión de los deberes públicos. Y sobre eso, tanto Yalitza Aparicio Martínez, como también Marina de Tavira tienen mucho qué decir.

Desde esa mirada, como periodista me acerco a la historia de estas dos mujeres que hoy se encuentran en el centro de los reflectores, nacional e internacional, gracias a la ROMA de Cuarón, cuyas expectativas para el premio Óscar crecen a medida que se acerca la fecha de la ceremonia de entregas.

Y para entender de qué hablo, permítanme explicar el contexto de la historia de cada una.

Yalitza Aparicio Martínez forma parte de las clases minoritarias ignoradas de programas sociales y aquejadas por los rezagos que el sistema mexicano tiene con el indigenismo. Pertenece a esa clase condenada a formar parte de la fuerza del trabajo obrero, factible de explotar que ha permanecido ignorado por los gobiernos.

Nació el 11 de diciembre de 1993, allá en la Heroica Tlaxiaco, uno de los 570 municipios del Estado. El suyo está ubicado a casi 175 kilómetros de la capital.

Este año, esa niña, perteneciente a una familia integrada por los padres, una hermana, dos hermanos, cumplirá 26. Y esa joven de tez morena oscura, como la tierra quemada; espíritu transparente, como el de las aguas que aún corren por los ríos y valles de su tierra, hoy es conocida allende las fronteras, gracias a designios de los dioses y que guiaron sus pasos hacia el casting de la película ROMA.

En Tlaxiaco, así como muchas zonas de Oaxaca y otros estados del país, hay una alta marginalidad y una constante ebullición política, siempre en disputas caciquiles y partidistas que han impedido su avance. La llamada “Heroica Ciudad de Tlaxiaco” registra una población de aproximadamente 40 mil habitantes repartidos en alrededor de 7885 hogares De esas viviendas, aproximadamente 2520 cuentan con piso de tierra y unos 877 consisten de una sola habitación. Aunque la mayoría cuentan con acceso a la luz eléctrica, no todos tienen instalaciones sanitarias. Y, según censo “La estructura económica permite a 845 viviendas tener una computadora, a 2350 tener una lavadora y 5359 tienen televisión”.

En cuanto a educación escolar se refiere: “… en Tlaxiaco hay 2669 analfabetos de 15 y más años, 224 de los jóvenes entre 6 y 14 años no asisten a la escuela. De la población, a partir de los 15 años, 2507 no tienen ninguna escolaridad, 8030 tienen una escolaridad incompleta. 4174 tienen escolaridad básica y 6969 cuentan con una educación post básica”.

Pese a la precariedad de su familia, Yalitza Aparicio Martínez, cuya casa está a 5 kilómetros del centro de Tlaxiaco, logró estudiar la carrera de educación preescolar, trabaja como maestra de kínder en su natal Oaxaca. La primera entrevista para participar en la película la tuvo en su tierra. Allí su nombre y rostro quedó registrado para hacer otra prueba en la CDMX, a la que acudió con ciertas reservas y mucho temor, habida cuenta que la violencia contra las mujeres y la trata de personas es una constante en nuestro país. El resto ya lo sabemos.

EL ENCUENTRO DE CAMINOS.

Y cuando Yalitza nació, Marina de Tavira (Sofía, de Roma) recién había cumplido 19 años (30 de noviembre de 1974). Nacida la ciudad de México. De Tavira Servitje, pertenece a una familia de abolengo en la actuación y también del mundo empresarial.

Marina De Tavira, actriz descendiente de estirpe de creadores comprometidos y entregados a las artes en sus diversas manifestaciones, ha labrado su carrera a base de talento. Tiene estudios de actuación (La Casa del Teatro de la Plaza de la Conchita, en Coyoacán y en el Núcleo de Estudios Teatrales y el Centro de Formación Teatral San Cayetano). Y uno de sus primeros retos actorales lo tuvo con la puesta en escena de la obra “Feliz nuevo siglo Doktor Freud”, estrenada en el 2000.

Marina de Tavira perdió a su padre, Juan Pablo de Tavira Noriega, prominente abogado penalista, cuya mano dura e implacable con los delincuentes de toda clase causó su asesinato el 21 de noviembre del 2000. El hecho ocurrió en el comedor de la Universidad Autónoma de Hidalgo (UAH), a donde había acudido a dejar su currículum para dar clases en esa universidad.

PRIMER ATENTADO.

Sobre Juan Pablo de Tavira Noriega pesaban toda suerte de amenazas debido a su mano dura y a las medidas que implementó en los penales de país. Entre esas advertencias había dos que eran objeto de mayor atención y recibidas cuando dirigía la cárcel de Almoloya de Juárez. Dos reconocidos narcos amenazaron con matarlo luego de que expusiera una serie de anomalías en los programas penitenciarios del país.

Al respecto, una publicación del periodista Miguel Cabildo, “Juan Pablo de Tavira se decide a hablar” (Proceso del 5 de marzo de 1994), el criminalista habló públicamente de la situación que privaba en los penales del país y denunció la existencia de organizaciones de derechos humanos patrocinados por narcotraficantes y las amenazas que él estaba recibiendo

Aquí un extracto de la nota:

“…a falta de continuidad en los programas penitenciarios y la inexistencia de un servicio civil de carrera dentro del sistema carcelario, así como la campaña de desprestigio auspiciada por supuestos grupos defensores de los derechos humanos, promovidos por narcotraficantes, amenazan con corromper los Centros Federales de Máxima Seguridad, afirma Juan Pablo de Tavira, director de los mismos”, refirió la nota.

—¿Está preocupado por las amenazas que ha recibido? -, preguntaron los medios, en ese entonces.

—Aquí el interno amenaza con toda facilidad. Y lo hace porque siempre le ha funcionado “Este señor vive horas extras”, dice Rafael Caro Quintero, refiriéndose a mí.

—¿Lo hizo personalmente?

—No hay trato directo con él. Se los dice a otros. Pero lo grita frente a mucha gente, para que me entere: “Este señor está viviendo horas extras Es un muerto en vida, porque hay 500 personas dispuestas a matarlo en cualquier momento”, ha dicho.

—¿Qué tanto le preocupan esas amenazas?

—Dicho de quien ha hecho de su vida una actividad delictiva, sí preocupa, pero creo que debo ser firme y enfrentar los riesgos Debemos cuidarnos, sí, pero debemos ser firmes en nuestras convicciones Yo creo que los penales de alta seguridad eran necesarios, que esta gente merece cambiar y que la sociedad merece respeto Y la sociedad será respetada cuando esos señores realmente sean sancionados como se merecen. No podemos ni dejarnos vencer por el miedo o porque nos puedan matar…” (fin del extracto de la nota)

A mediados de diciembre de ese año (1994), De Tavira fue nombrado titular de la PJF, por Antonio Lozano Gracia, Procurador General de la República. Habían pasado apenas nueve meses de esas declaraciones y una semana de haber asumido el nuevo cargo en la PJF, cuando el 23 de diciembre fue víctima de un “accidente” en su domicilio, ubicado en Cuajimalpa en la CDMX.

“Después de cenar en un restaurante de Polanco, se dirigió a su casa y mientras dormía estuvo expuesto a una fuga de gas del sistema de calefacción doméstico. Ninguno de sus escoltas se percató de la fuga, hasta la mañana del 24 de diciembre, luego del traslado del penalista al hospital donde fue reportado como grave por el proceso de desmielinización que sufrió, y que le pudo causar la muerte cerebral”, documentaron los medios informativos.

El hecho fue declarado “accidental” por el entonces procurador general de la República, Antonio Lozano Gracia, aun cuando narcotraficantes como Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo habían publicado cartas amenazando al ex director del penal de Almoloya. “Sus días están contados”, decían las misivas en las que los capos se quejaban del maltrato y “mano dura” por parte de De Tavira en el penal.

SU ASESINATO.

Eran las 19.30 horas del noviembre del 2000 y el doctor en derecho penal se encontraba en el interior del comedor del Centro de Extensión Universitaria de la Universidad Autónoma de Hidalgo. Hasta allí llegó un sujeto que disparó cuatro balazos a la cabeza del penalista, para luego huir con rumbo desconocido. “ El comedor del centro universitario no es un sitio público y sólo accede personal de la propia institución o invitados especiales a actos específicos”, precisaron los medios.

Ernesto Zedillo Ponce de León estaba a punto de culminar su periodo presidencial (1994- dic 2000). El gobernador de Hidalgo era Manuel Ángel Núñez Soto, (abril de 1999- marzo 2005) y en la Procuraduría de la República, estaba Jorge Madrazo Cuéllar, quien venía ocupando el puesto desde 1996. Nueve días después del asesinato de Juan Pablo de Tavira, Madrazo Cuéllar fue removido del cargo (30 de noviembre del 2000), para ser suplido por Rafael Macedo de la Concha quien se desempeñó en el cargo en el sexenio de Vicente Fox.

El pasado 21 de noviembre del 2018, se cumplieron 18 años de este hecho. Y nada se sabe de los autores del asesinato de Juan Pablo de Tavira Noriega.

Y sobre lo sucedido a su padre, habló la actriz en 2012, en una entrevista que Roberto Ponce, de Proceso, le hiciera. Con inocultable emoción, Marina de Tavira habló de ese hecho que enlutó a su familia y que quedó como uno más en la larga lista de impunidad. “Hay un tremendo dolor. No hay palabras para hablar de eso. Una indignación ante las cosas que pasan en este país, las cosas que pueden pasar. Ante la impunidad, sobre todo. Ante un asesinato que, como el de él y como el de muchos otros, pueda pasar al olvido. Que le puedan dar carpetazo a un asunto así. Era un tipo maravilloso, era un tipo increíble, apasionado de lo que hacía, apasionado del teatro …apasionado en el intento de humanizar los penales. Hizo una labor increíble. Pocos penitenciaristas tenían tantos estudios y tan serios como los tenía él en el tema…”

ROMA, AMORA.

“Hay algunos que dicen, que todos los caminos conducen a ROMA”, dice la bellísima canción que la suave, íntima voz de su autor, Luis Eduardo Aute canta. Pero Hoy, de esa ROMA de Alfonso Cuarón que mantiene atento a cientos, o miles, salen caminos que nos muestran a dos seres humanos con biografías abismales y que el aliento de los dioses ha reunido en el filme inspirado en un personaje, en una familia de un punto de la ciudad de México, y que, sin embargo, como una diáspora se ha esparcido por el país y más allá de él. Y es que ROMA, amora, toca el corazón de tantos y tantos. Cimbra, estremece. Y lleva a la reflexión, también.

Dos seres que comparten la grandiosidad del arte cinematográfico y cuyas historias que, en la vida real tienen en común esa palabra que muchos mexicanos, sin importar clases sociales, clamamos: Justicia.

Yalitza Aparicio Martínez, lo subrayo, forma parte de la clase ignorada de los programas de gobierno. Marina de Tavira Servitje, la de tantos seres que han sido lastimados por la impunidad, cargando el dolor de la pérdida de un padre, cuya vida fue arrebatada de manera violenta ante la mirada omisa de las autoridades del momento que prefirieron dar carpetazo y olvido. Un caso que ha pasado a formar parte de la estadísticas de la impunidad de este país. ¿De qué hablamos aquí? ¿Indolencia? ¿Omisión? ¿Complicidades? ¿Qué intereses tocaba el criminalista? Nunca lo sabremos.

Y menos aún, cuando el actual gobierno parece querer transitar sobre realidades construidas a base de un lenguaje lleno de eufemismos, surgido de la tersura o suavidad de su ¿imaginación?, en las que el “perdón”, quizá, será su constante y en el que la magia del pensamiento, esa que tan bien le viene al mundo del “optimismo” ramplón, cómodo que resume en frases como “decretar pensamiento positivos para que todo se transforme”. Ese optimismo que toma a la verdad con alfileres para que no se lastime, pero que la insulta con su omisión. Ese optimismo que no sabe diferenciar entre justicia de la tierra y la del cielo. Entre lo terreno y lo inasible. Esa que no reconoce que la naturaleza humana tiene sus caprichos y que el bien y el mal son los extremos de una misma línea. Caras de la misma moneda que conviven, se tocan.

EPILOGO.

A sus 26 años, Yalitza Aparicio conserva aún esa ingenuidad que la pantalla grande ha captado en su mirada y su sonrisa ancha, abierta, luminosa. Y hoy está en los reflectores del mundo. Hoy, son muchos los que, con pretendido afán de darse baños de “pluralidad”, la visten con vestidos de marca, sale en revistas de “Vogue” y están a punto de hacerla un fenómeno mediático. Pero, conviene tener presente que eso no significa justicia, aunque si representa “la oportunidad para que se valore nuestro lenguaje, nuestra identidad, nuestra cultura”, ha dicho la misma Yalitza.

Por su parte, Marina de Tavira, ofrece en el filme una actuación que, si dimensionamos bien, y sin ánimo de demeritar el trabajo de Yalitza, merece estar nominada a un Óscar. Porque -seamos realistas – si se trata de nominaciones actorales de la película, a Yalitza habrá que darle una nominación como revelación, porque ella no actuó. Ella, así es. No hizo más que seguir indicaciones de las tomas y obedeció de manera natural, a las órdenes del director que con su inmensa sensibilidad e ingenio supo captar la esencia de Yalitza. Y, más allá de premios, eso hay que dimensionarlo desde el punto de vista humano, la grandeza y el espíritu genuino de Yalitza, fue captado por la cámara. He allí su grandeza. Y eso hay que reverenciar y respetar.

Y por eso, por todo lo que hablo al inicio de esta columna, rindo tributo al rostro humano de dos mujeres que son – cada una, en su contexto, circunstancia- parte de nosotros mismos.

Desde este espacio escribo sobre ellas, poniéndome de pie.

 

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