EN DO MAYOR.

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-En América ha sucedido que cuando gobiernos de izquierda no cumplen con las expectativas son sustituidos por gobiernos de extrema derecha. ¿Ves un escenario posible en México? -, preguntaron recientemente en Aristegui Noticias a Jorge Ramos, el periodista mexicano considerado por revista Time entre los 100 hispanos más influyentes en Estados Unidos.

El comunicador, cuyo estilo directo y cuestionador le han ganado críticas; pero sobre todo el respeto y reconocimiento de incisivo y comprometido con su hacer, respondió:
“No me atrevo a pronosticar a seis años, pero sospecho que la luna de miel con López Obrador será muy corta en particular por el tema de la violencia. Durante el sexenio de Peña Nieto fueron asesinados más de 120 mil mexicanos y con eso no se juega. López Obrador no puede fallar en el tema de la reducción de la criminalidad. Si los muertos en el primer o los primeros seis meses de su administración no disminuyen, será un fracaso absoluto”.

–¿Qué expectativas tienes acerca de la relación entre López Obrador y la prensa? -, fue otra de las preguntas.

“No podemos ser amigos López Obrador y los periodistas. El único periodismo que funciona es el que es contrapoder. Así como fuimos muy críticos de Calderón y Peña Nieto, tenemos que serlo de él. No podemos ir a las bodas, bautizos y fiestas de los políticos. Lo único que nos mantiene vivos y con credibilidad es mantener la distancia con el poder”, señaló Ramos. (fin de la entrevista)

Ya lo dijo Ryszard Kapuscinski : “La ética es la piedra angular del periodismo. ¿Es válido, entonces, que un comunicador utilice sus espacios de opinión para expresar simpatía por un candidato? Los decálogos del oficio indican lo contrario. Lo tienen casi en letras de oro: el periodista debe conservar su objetividad y mantenerse alejado del poder”.

La nueva administración busca nuevos caminos que lleven a una distribución equitativa del ingreso y disminuir la brecha de desigualdad. El reacomodo que parece buscar obliga a replanteamientos de los periodistas y nuestra relación con el poder, así como la responsabilidad en el manejo de la información. Y hoy, pasado ya el vértigo informativo vivido durante las recientes elecciones, una vez que el nuevo Presidente de México arrancó de manera formal su -desde ya- controvertida gestión y designó a quienes le acompañaran en su gabinete y han quedado en evidencia sus decires y desdecires; sus mesuras y desmesuras; sus si, pero no y sus no, pero sí, conviene replantear nuestro papel profesional, pero también llevar a la sociedad planteamientos que le lleven a participar en los cambios que buscamos como país.

¿Cuántos periodistas de medios conocidos y con influencia en su ámbito ejercen hoy su crítica con objetividad y/o se mantienen razonablemente alejados del poder? Algunos de ellos están muy ubicados por sus colegas y por la misma ciudadanía como incondicionales del priismo o del periodismo golpeador. Y no hacen nada por disimularlo. No por valentía, sino por cinismo y porque les viene bien ajustarse a los deseos de las empresas para las que trabajan. Son los mercenarios de la comunicación a la espera de cualquier error del gobierno actual para magnificarlo y para soslayar sus aciertos.

¿Cuántos mexicanos se preocupan por cumplir con sus obligaciones ciudadanas y están dispuestos a renunciar a esquemas contaminados y exigir el cumplimiento de sus derechos, a la vez que cumplir con sus deberes?

TRATAR DE ENTENDER.

Como periodistas y ciudadanos se hace necesario replantear preguntas que ayuden a guiar la brújula de un mejor hacer crítico. No criticar por criticar. No desde la víscera que obnubile el entendimiento, aguzar la mirada y mantener abierta la mente para lograr ver más allá del mero hecho informativo y ser, a la vez que sensibles con el sentir ciudadano, responsablemente críticos con ciertos temas que están esperando ser atendidos en esta administración.

Hay quienes vemos y reconocemos en López Obrador una especial sensibilidad con ciertos temas. Su pasión indomable, tanto como su tozudez, son parte de lo positivo, al mismo tiempo que negativo en él. Y, de manera personal, no paso por alto algunos de los delicados asuntos a los que el ahora presidente intenta darle vuelta. Uno de ellos: el de la justicia, tema al que AMLO pareciera querer escamotear ofreciendo borrón y cuenta nueva. Y sin embargo, la sociedad en su conjunto no parece estar dispuesta a que se olviden cierta clase de agravios que están tatuados a flor de piel hablando, exigiendo justicia.

En ese, como en otros temas de violencia y corrupción, recojo la comprensible y legítima inquietud y hago mía también, porque los asesinatos y desapariciones alcanzaron miles de inocentes y también a periodistas que, en el ejercicio cabal de su papel, dejaron su vida. Y ni hablar sobre el desvío de recursos, casos de verdadero escándalo por el cinismo, el descaro con el que fueron realizados y que deben de investigados y sancionados con el rigor que dicta la ley. Y sobre eso no debemos dejar de insistir, así como vigilar y exigir que se respete y se cumpla la ley.

Como profesional y también como ciudadana, trato de entender la complejidad de una sociedad como la nuestra, moldeada durante años por un sistema o régimen falaz, pero que fue capaz de sobrevivir durante todo ese tiempo gracias a la permisividad de quienes pudimos haberlo confrontado con mayor energía y que, terminamos por acomodarnos a él. Y es desde allí que a menudo me pregunto:

¿Podría AMLO haber llegado al poder sin haber hecho negociaciones o acuerdos con los partidos que los hizo? ¿Hubiera llegado sólo, sin la ayuda de sus operadores que conocen cómo mover las bases que ayudaron a su candidatura? ¿Hubiera llegado sin hacer uso de las trilladas, pero siempre efectivas, por lo seductoras, promesas de palabras como JUSTICIA y NO CORRUPCIÓN? ¿Hubiera llegado si cambia el discurso y nos confronta con nuestras propias trampas en las que también están las mentiras y la malicia?

Porque no perdamos de vista que ese “pueblo” que somos, tiene también una dinámica cotidiana donde se expresa una parte de su naturaleza no siempre bien balanceada. El “pueblo” que hace trampa porque sí en el mercado, en su taller mecánico, en el cobrador, en el que busca la manera de dobletear credenciales para obtener beneficios. El que miente para conseguir más.

Las preguntas no solamente son con relación a AMLO. Me saltan también para quienes que no son sus simpatizantes, pero que molestos porque no están de acuerdo con él y su gente, atacan con las mismas armas que alguna vez usaron los que ahora están en el poder. Las tengo también para el ciudadano que ahora critica con ferocidad lo que antes calló o soslayó. Y para quienes conocieron las mieles que el priismo otorgó a algunos y ahora, resabiosos, dejan caer su lengua flamígera desde la soberbia de “mi verdad”. Aquellos que parecen estar dispuestos a no reconocer lo que se haga bien en esta administración entrante.

¿Qué es verdad en AMLO y qué es mentira? ¿Qué es verdad y mentira en nosotros los periodistas? ¿Qué es verdad y mentira en los ciudadanos?

El ejercicio reflexivo se impone en todos por igual, si es que queremos un cambio de fondo para el país y estamos dispuestos a asumir un papel más responsable en su reconstrucción tenemos que ejercer nuestros derechos y deberes, aceptando que somos una sociedad polarizada y – en muchos casos- inmadura y poco generosa que ejerce la crítica desde la defensa de sus intereses personales o grupales. Corresponde a todos los ciudadanos por igual una reflexión sobre nuestro papel en el nuevo hacer de un México responsablemente crítico con el poder, con los políticos y con nuestras obligaciones.

zaragozacisneros.jovita@gmail.com

 










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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