EN DO MAYOR.

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¿Qué agregar que no se haya dicho ya sobre la ceremonia del cambio de gobierno? Este domingo la imagen de AMLO, portando la banda presidencial apareció en todas las portadas de los medios impresos. Ya con un brazo extendido, en el momento del juramento; ya con el puño en alto; ya con los dos brazos extendidos, saludando, agradeciendo; ya en el momento preciso en que él y Peña Nieto se estrechan la mano.

Y una más: en la que aparece arrodillado ante el médico indígena en el zócalo. En todas, destacando la frase que les pareció más significativa y la más coincidente: “No tengo derecho a fallarle al pueblo ”.

En San Lázaro, momentos antes del inicio de la ceremonia de entrega, los representantes de cada partido daban su mensaje. El desangelado y siempre tibio Miguel Ángel Mancera, por el PRD, habló sobre la necesidad del cambio de modelo Neoliberal. El siempre camaleónico y oportunista PVEM, ofertando su apoyo al nuevo gobierno. Uno a uno el discurso. El turno de René Juárez Cisneros, quien subido al tren de la verborrea tomó el carril de alta velocidad. Suelta la adrenalina sobrepasó los 10 minutos permitidos a cada uno, hasta que la bancada de Morena sacó su pañuelo blanco pidiendo respetara los tiempos.

Ebullente, el ir y venir en San Lázaro. Expectación por lo que vendría. Mil 300 periodistas de todas partes del mundo, acreditados para cubrir el evento. 900 invitados en un lugar con cupo para 2 mil personas.
Distancia generacional, circunstancial, geográficas e ideológicas de por medio, dos hombres salían a su inminente encuentro con un momento histórico. El más joven, de salida ya del culmen del poder en su país, puesto al que llegó arropado por un grupo de hombres viejos en edad y mañas en la política; el más viejo, de espíritu porfiado, tenaz, llega a ese culmen después de una larga travesía por los vericuetos, marañas y pasillos que el aprendió y conoce bien.

Del primero, ya quedó escrita su historia. ¿Toda? ¿Ya se dijo todo? No lo sabemos. El tiempo dimensionará sus fallas y aciertos. Del segundo ya se ha escrito una parte. Falta el sello final. Seis años ayudarán a reafirmar su historia de hombre honesto y capaz de lograr lo que muchos dudaron que lograra, o … veremos. El poder desde dentro es un monstruo con rostro amable y aliento seductor. Susurra al oído, promete placeres. Pocos escapan a su tentación. Sin embargo, es un hombre ya hecho. Aterrizado y una mística sencilla. Creo que en asuntos materiales, el tintineo de las monedas no lo deslumbra. Su debilidad está – dicen quienes le conocen de cerca – en que es obstinado con sus ideas. No cede. Defiende “mi verdad” contra todo.

FONDO Y FORMA.

En su casa, en Tlalpan, AMLO y su esposa Beatriz, emprendieron el trayecto acompañados todo el tiempo por las voces de la gente que, esperanzada, gritaba a su paso: “¡No estás sólo… no estás solo…AMLO, presidente!” La imagen del joven ciclista, emparejando su camino al del Jetta blanco, modelo 2013, gritando “¡En ti confiamos! “, fue viral. AMLO, bajando el vidrio, mano afuera apuntando con el dedo al ciclista en un gesto de promesa, de compromiso. Inobjetable su genuina voluntad, así como su sensibilidad y disposición para escuchar a la gente.

Enrique Peña Nieto, el enemigo que nunca pudo conectar con la prensa, entrevistado antes de abordar el vehículo que le llevó al Palacio Legislativo de San Lázaro, señaló su “satisfacción por lo logrado e insatisfacción por aquello que no se alcanzó”. Aquel que se sintió siempre incomprendido, que reclamó que no le aplaudieran, el que al inicio de su sexenio utilizó a su mujer para que saliera a dar la “cara” sobre aquel asunto de la Casa Blanca, el de las graves omisiones, habló sobre lo que haría ahora tras dejar el cargo: retirarse al ámbito privado y no participar en la vida política del país y tener tiempo para pensar y reinventarse.

Ya en el recinto de San Lázaro, la voz cascada de Porfirio Muñoz Ledo abrió la ceremonia protocolaria. Nacido en 1933, el habilidoso y experimentado político, trataba de aguzar el oído, imprimir vigor a su voz y brillo a una mirada cansada, propia de la edad: 85 años.

Allí, entre las paredes, cartelones y mantas panistas de rechazo al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. La ceremonia transcurrió sin incidentes y repetidos aplausos de la bancada de Morena. Dos pequeñas interrupciones: el conteo de los 43, por parte de los panistas, en el momento que AMLO leía su discurso, mismo que interrumpió por unos momentos, para dejarles terminar. El otro, cuando alzaron sus pancartas, reclamando bajar el precio de la gasolina. La pálida (de tan pálida, desteñida) otrora oposición panista, tratando de delinear su depauperada imagen, hacía lo posible por hacerse notar. “Ahora resulta que quienes subieron la gasolina, quieren se baje”, espetó AMLO, haciendo paréntesis en su mensaje y retomándolo enseguida. Calladitos, como niños regañados, volvieron a sus lugares.

Fuerte mensaje. Directo y sin concesiones. Educado y propio, agradeciendo a EPN su cooperación, o su no intervención y luego los señalamientos, puntuales.

Las cámaras afocaban a EPN. A su rostro desencajado, aunque intentando recuperar la máscara que siempre portó: la de su eterna negación y aferrado como siempre a su realidad alterna que habitó todos estos seis años de ocupar la silla presidencial. Serio, sin unirse a los aplausos, escuchaba a AMLO: “Nada ha dañado más a México que la deshonestidad de los gobernantes y de la pequeña minoría que ha lucrado con el influyentismo….la crisis de México se originó no sólo por el fracaso del modelo económico neoliberal aplicado en los últimos 36 años, sino también por el predominio en este periodo de la más inmunda corrupción pública y privada…”, decía el ahora presidente.

Continuaba: “¡Qué se oiga bien y se oiga lejos: tampoco vamos a endeudar al país”! Luego las cifras de deudas contraídas por los tres gobiernos anteriores. Con Vicente Fox, fue de 1.7 billones de pesos. Con Calderón, la deuda ascendió a 5.2 billones, aclarando que en esos dos sexenios fue cuando se recibió más dinero por la venta del petróleo. En este último sexenio, el de EPN, queda una deuda de 10 billones. “… Nada más para pagar el servicio de esa enorme deuda, tenemos que destinar del presupuesto alrededor de 800,000 millones de pesos. Por eso ya no va aumentar la deuda pública. Ese es nuestro compromiso”, sentenció López Obrador.

EL APAPACHO DE LA VOZ ANCESTRAL. LA ESPERANZA QUE A TODOS NOS LLEGÓ.

La parte emotiva, por lo que representa en las raíces de nuestra cultura, la entrega del bastón del mando en el Zócalo. En este apartado fue imposible no conmoverse. Una ceremonia cargada de símbolos sagrados. Con una filosofía ancestral y profunda en la que caben términos como espíritu de unidad, reconciliación, unión, agradecimiento a los ancestros. Respeto al espacio vital, armonía espiritual para estar bien con uno mismo y los otros. No cabe el mundo de los bienes materiales, porque se tiene noción de la finitud. El mandato otorgado es un don y como tal debe ser recibido y ejecutado. Mirar el bien común. La dignidad de la vida. El respeto. La invocación a los espíritus protectores de los cuatro puntos cardinales para que el ungido esté a salvo de las malas vibraciones que orbitan sobre el suelo, sobre el aire del país.

Ellos, los ignorados por los otros gobiernos. Por los que han atropellado sus derechos como seres humanos, por los que han permitido los despojos de sus tierras. Por los que apenas si voltearon a mirarlos, sin constituirlos como individuos con derechos como todos. Esos, ellos, aquellos, los otros, los tan lejanos a los hombres del poder, todos allí reunidos. Ellos, que son también nuestros, quienes han tomado a la Virgen de Guadalupe como la representación de la madre protectora, los que son fieles a la herencia de los padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, Trasbisabuelos, Trastarabuelo, Choznos, Pentabuelos y más allá de los decabuelos, allí estaban. Incondicionales a quien ha despertado las esperanzas de que las cosas van a cambiar.

Luego vino el largo discurso prometedor. El del AMLO, ahora presidente, que eleva las promesas hasta el infinito. Como si mucho de lo que suceda a México no tenga que ver con la economía global, con los aconteceres del mundo al que estamos conectados en lo económico y social. Y eso no lo puede controlar AMLO. El nuevo presidente, henchido de buenos deseos, prometió y prometió. Elevó hasta el cielo las esperanzas. Alentadoras sus palabras: “Primeros los pobres…”. Bien, qué bueno que sea así.

Pero, aunque encomiable su buena voluntad, rebasa también el otorgamiento de facultades que solamente competen a él como presidente, como estadista. “Yo les necesito […] No me dejen solo”, señaló ante los miles de congregados “Sin ustedes los conservadores me avasallarían, pero con ustedes me van a hacer lo que el viento a Juárez…Yo ya no me pertenezco, soy del pueblo de México”.

Y ese, quizá, es uno de los puntos delicados. No darse cuenta de su papel de estadista. De su lenguaje divisor. “El pueblo …”, el pueblo es un término que se torna amorfo. Todos pueden ser pueblo. Todos sentirse con derecho de ver en el otro, el que se atreva a ser una crítica a una decisión mal planteada de AMLO, puede ser visto como enemigo. Tienen permiso del presidente. Él les encargó “no me dejen sólo” … Preocupa la interpretación que se le dé a esa frase.

Por supuesto, que, de manera personal, como ciudadana, me uno al deseo profundo que tenemos todos los mexicanos de que las cosas cambien. Y repito la frase más precisa que hay: “Si a AMLO le va bien, le va bien a México”. Y en eso los ciudadanos debemos tener presente que el cambio deseado no es tarea de un solo hombre. Es unión de trabajo y voluntades de todos los ciudadanos. Es la unión de gobierno y sociedad. ¡Sea, pues!

¿A FUERZA TIENE QUE SER TAIBO EN EL FCE?

Porque no es tema menor. Porque el Fondo de Cultura Económico, FCE, es una de las instituciones más queridas y respetadas de México. Por la historia e importancia que tiene. Porque fue forjada por hombres sabios y respetuosos, porque el hecho de que algunos funcionarios que estuvieron al frente no hicieran antes un buen papel, o un papel decoroso, no da derecho a nadie de menospreciar su legado y la importancia de respetar su lugar en la historia de nuestro país.

Porque hay en el escenario de México otras personas con el nivel académico, la estatura ciudadana, todo lo necesario y más, para presidirla, ojalá y el ahora presidente de México, reconsidere el nombramiento de Paco Ignacio Taibo II al frente de ese organismo.

No es solamente la procacidad y violencia verbal que hay en su lenguaje. Es por lo que subyace en esa forma de conducirse, de comportarse todo el tiempo. “Es un gran promotor de la lectura. Ha hecho cosas loables. Es un gran escritor”, han dicho sus defensores. “Así es él”, dicen otros. “Se espantan los derechairos y los mochos por su lenguaje franco, directo”, argumentan con insultante simpleza también, quienes confunden la procacidad y vulgaridad con lenguaje “franco, directo” . “¿Qué prefieren, un trajeadito, fifi, pero corrupto?”, vociferan otros más.

Al primer atributo de Taibo, como promotor de la lectura y su gran labor, ni duda cabe. Que sea buen escritor, se lo dejo a los críticos. Pero lo recientemente declarado en la FIL por Taibo II no es una mera expresión desafortunada. La suya es un historial de expresiones y actitudes que no tienen justificación y que no ayudan a crear un lenguaje de armonía. Su permanente actitud bélica, confrontadora, desafiante, arrogante y atropelladora de los derechos de los otros. Instalado en su eterno papel de revolucionario, el formador de cuadros de Morena, se apropia de todos los espacios y se erige en feroz defensor. Fanfarronea, expone a AMLO: ¿Qué hay candados en la Ley que obstaculizan su designación? “Yo hablé con AMLO y me dijo que eso no es problema, lo arreglamos… y le dije que no voy a cambiar mi camiseta por el traje…” Y luego su frase procaz, burlona para todo aquel que él ve como su enemigo y / o rival.

Como si todo el que siguiera a Morena o los que votamos por AMLO avaláramos esa actitud y esa cultura del agandalle y de la transgresión. Los ciudadanos que no estamos de acuerdo en justificar su actitud, no aceptamos por respuesta frases como: “si permitieron cosas peores con los asesinatos y atropellos del anterior sexenio ¿de qué se espantan ahora?”. ¡Vaya lógica!

Lo de Taibo no es solo forma, es fondo. Es violencia de adentro, expresada en la carga de palabras, en frases denostadoras, machistas, con menosprecio y falta de respeto a los otros. ¿Un hombre que lee tanto, sabedor del manejo del lenguaje, con esa pobreza de recursos lingüísticos? ¡Por favor! No. NO es “moches o mocheria”. Es, precisamente, amor a la estética de las palabras. Es respeto a los otros. Es amor a la construcción y la preservación del lenguaje como alta expresión de la comunicación.

Pregunto, entonces ¿a fuerza tiene que ser él al frente de este organismo? ¿Después de Margo Glantz, no hay otra mujer? Tengo nombres de hombres y mujeres con los atributos académicos, y capacidad laboral para tomar el timón del FCE. Pero nombro a una mujer que encabeza mi lista. He leído parte de su literatura. No la he tratado, pero sé de su gran labor de lectura que lleva a cabo desde hace años. Cuenta con credenciales de gran nivel. Una mujer con profundo amor a lo que hace. Con la capacidad de estar al frente del FCE. Es Ethel Kolteniuk Krauze. Lean su currículum, su destacada trayectoria, reconocida a nivel internacional. Allí está. Ethel Krauze.

zaragozacisneros.jovita@gmail.com

 










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