EN DO MAYOR.

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Sin ser una regla establecida, sabemos bien que en una empresa o institución, sea pública o privada, es el director de ella quien marca la directriz y el código a seguir. Algo semejante ocurre también con el presidente de un país (pregunten a Donald Trump). Su conducta, su pensamiento permea hacía quienes le rodean.

Tener consciencia de ello es de vital importancia para la conducción de la vida de un país que necesita de acciones concretas y, por supuesto, de buena voluntad y una acertada comunicación para con sus colaboradores y con la ciudadanía. Y, lamentablemente, no es lo que estamos viendo en el escenario político y social de México, en donde el presidente electo, AMLO y algunos colaboradores de su equipo, parecen no entender esta lógica. Se empeñan en continuar en su papel de candidatos en permanente campaña.

El carácter beligerante y el juego sucio que utilizaron los candidatos punteros fue aceptado durante las campañas. Hoy estamos en otros momentos. Delicados, por cierto. No hay duda alguna de que la victoria de AMLO fue legítima. Se podrán cuestionar las formas utilizadas, pero aquí el punto es, guste o no a AMLO, que la investidura que le fue confiada por aquellos que votamos por él adquiere una responsabilidad que algunos de sus integrantes de equipo parecen no estar entendiendo: queremos, necesitamos, demandamos que gobierne para todos los que habitamos este país. El de nuestros ancestros, el de usted, el mío, el de él. El país de todos. Hasta de los que no votaron por él. Es el momento de actuar como Estadista y hablar con sus colaboradores sobre el papel a asumir con la seriedad que México requiere. Como hombres de la vida pública deberán tomar decisiones trascendentales para la vida del país. Del tamaño del puesto que ocupan es su responsabilidad. ¿Están entendiendo las implicaciones de eso?

Con lo anterior no estoy eximiendo la otra parte de responsabilidad que tenemos también los ciudadanos que no ocupamos un cargo público. Tampoco soslayo la actitud nada conciliadora de aquellos que no votaron por AMLO, ni el enojo de aquellos que se sintieron y se sienten afectados por las decisiones que está tomando. Pero eso no haría falta explicarlo a AMLO y a algunos de sus colaboradores que se han instalado en golpeadores de toda aquella critica que – desde la óptica de ellos- proviene “de los enemigos de AMLO”.

Enredados en la madeja de confusiones, parecen no entender que la mayor responsabilidad es de quien tiene el mando y mucho del poder de decisión en las manos. Y AMLO lo tiene. Así de claro. Y así de simple. Se trata de negociar con su equipo acuerdos, y dejar claro que – como nunca- el país requiere de parámetros definidos y el uso de un lenguaje incluyente, respetuoso y claro.

La polarización ciudadana parece insalvable. Y el presidente en turno parece estar rodeado de voces que no están ayudando a establecer vínculos de comunicación con los otros, los contrarios, aquellos que no votaron por AMLO. Y la pauta del tono de las respuestas él las está dando. Su lenguaje y actitud genera incertidumbre.

Las respuestas de AMLO a ciertos cuestionamientos dejan mucho que desear. Su lenguaje y su ropaje de candidato rebelde y cuestionador parece haberse adherido su piel e impedirle avanzar hacia el Estadista que esperamos. Continúa dando excusas, continúa echando la culpa a los otros. Y eso está teniendo eco en algunos de sus colaboradores que adoptan el mismo papel de enfrascarse en peleas y descalificaciones con todos los que se atreven, sea o no con malicia, a cuestionarles.

“QUIEN CON MONSTRUOS LUCHA CUIDE DE CONVERTIRSE A SU VEZ EN MONSTRUO. ..” (Nietzche)
Precisamente uno de sus colaboradores que irrumpe hoy en el escenario, con actitudes beligerantes y descalificadoras, es el joven Hernán Gómez Bruera. De unos días a la fecha está enfrascado en virulentas discusiones tuiteras ante los reclamos que suscitó su artículo publicado en El Universal, de donde es columnista. Su texto, denominado “Soy totalmente Texcoco”, publicado el pasado 9 del mes en curso, deja mucho que desear. Mediocre en su contenido, impropio de alguien que ostenta un currículum académico de gran nivel ( Postdoctorado en el Centro de Investigación y Docencia Económicas, México. Doctorado en Desarrollo por el Institute of Development Studies de la Universidad de Sussex, Inglaterra…etcétera) Y, sin embargo, sus respuestas parecen salidas de un comediante del espectáculo. ¡Vamos!, propio de su hermano Facundo, el irreverente e ingenioso comediante; pero no de un analista e intelectual con las credenciales que él ostenta.

Empecinado en mantener su papel de “defensor”, Gómez Bruera esgrime las razones de su critica a la marcha efectuada este domingo, en protesta por la “consulta” y la defensa del NAIM en Texcoco. “ La televisión y la sociedad se burla de los pobres todos los días y parece lo más normal, pero no vayas a parodiar a los ricos, a los fifis y mucho menos a los wannafifis porque entonces serás un prejuicioso que “polariza y divide”. Salud señores. Disfruten su marcha”.

Personajes, como él , hay varios en MORENA. Instalados en esa actitud a la defensiva que no ayudan en nada a serenar ánimos. Y más aún: alientan la desesperanza, porque envían el mensaje de que no han entendido los momentos en los que estamos y tampoco han entendido su papel y su enorme responsabilidad en la nueva tarea en pro del pretendido rescate de una nación que pide a gritos tender puentes de comunicación entre una sociedad tan dolida, polarizada, agraviada hasta la ignominia.
En una frase: no han entendido que no han entendido.
“¡Y sácalos de ai… o hazles entender ”, se escucha por allí, la vocecita de Niniane, respingando entre molesta y preocupada.

“EL ÁNIMO”, LUIS RUBIO
De ello habla también don Luis Rubio, analista político de gran respetabilidad, quien señala, en su artículo publicado en el periódico Reforma: “La abrumadora mayoría de los políticos no reconoce que la sociedad mexicana carece de anclas de certidumbre que le confieran un sentido de seguridad y futuro. Hasta los sesenta, el gobierno posrevolucionario logró ambas cosas a través de resultados positivos tanto en términos de crecimiento económico como de estabilidad política; cuando, a partir de los setenta, vinieron las crisis y las expropiaciones, los gobiernos perdieron la brújula y nunca la recuperaron… A partir de 1970, la ciudadanía ha presenciado una guerra intestina entre los políticos que ha generado polarización permanente, creando profundas escisiones sociales, regionales, económicas y políticas a lo largo y ancho del país. La crisis de seguridad no es producto de la casualidad, sino de la incompetencia de nuestros políticos para transformar al sistema de gobierno en uno idóneo para el siglo XXI. El resultado ha sido una absoluta incapacidad para generar esperanza y tranquilidad, cruciales para un “buen” humor social o, simplemente, confianza. Luego de décadas de lo mismo, la ausencia de confianza se torna cada vez más difícil de recuperar”.

En este sentido, muchos de los votos otorgados a AMLO partieron desde esa esperanza y confianza en que alguien que daba nombre a los males que nos aquejan, estaba ubicando la magnitud del mismo y, por lo tanto, haría lo posible por trabajar en su solución. Y AMLO parece tener eso claro; pero la forma (que también es fondo) es lo que inquieta. Ambos atributos concedidos en un principio (esperanza y confianza), bien puede terminar en un desencanto irreversible y peligroso, que nos lleve al extremo no sólo de permitir regresar a las antiguas costumbres, sino a abrazar un gobierno extremista, como lo que está sucediendo en Brasil.

Agrega don Luis Rubio: “Sin la confianza de la población, dijo Mao, nada es posible. Se puede tener parque y alimentos, pero no hay nada como la anuencia y cooperación de la ciudadanía en la consecución del desarrollo. Esa confianza se gana milímetro a milímetro, pero se pierde en un santiamén. Varios de nuestros presidentes recientes lograron un atisbo de confianza para luego dilapidarla; como Sísifo tratando de llevar la piedra a la cima de la montaña, cada vez que se intenta reconstruir confianza se vuelve más difícil y es más costoso. Me pregunto qué intentará el nuevo gobierno si es que realmente quiere hacer una diferencia”.

Reconviene el analista: “El próximo presidente no la tiene fácil. Aunque sus planes son claramente muy ambiciosos y grandiosos, sólo fructificarán en la medida en que enfrente las causas profundas de la indiferencia ciudadana y su profunda desconfianza en el gobierno. Estos meses han demostrado que hasta los más devotos acólitos del presidente electo albergan dudas y agendas contradictorias; por eso es imperativo que AMLO enfrente las causas distantes de la desconfianza. Y pronto. Aquella sociedad que veía al futuro con optimismo hoy está siempre al acecho, a sabiendas que el gobierno -todos- tiene otras agendas, incompatibles con la del ciudadano medio. AMLO podrá creer que cuenta con un apoyo popular inmutable, pero nada es permanente y ahora, con la responsabilidad encima, tendrá que enfrentar y acabar con la impunidad y la corrupción y para eso no bastará su persona. Tendrá que construir instituciones que limiten su propio poder o acabará igual que todos los demás”.

Y concluye, don Luis Rubio: “La reciente elección mostró una profunda brecha social y política. El ganador tiene en sus manos el reto de polarizar o sumar y, si opta por sumar, su única opción será la de construir garantías para la permanencia de la confianza ciudadana en su conjunto. O sea, exactamente lo opuesto a lo que se proponía hacer como candidato”.

zaragozacisneros.jovita@gmail.com

 










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