En Do Mayor. Testimonio de Don Héctor Espinosa Maldonado (II de IV partes)

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 Jesus-Reyes-Heroles

“Puerta abierta para que se vayan los oportunistas,

mal que sufre cualquier partido”.

Jesús Reyes Heroles.

Fue en 1959 cuando don Héctor Espinosa Maldonado, llegó de su natal Campeche a la vida de don Jesús Reyes Heroles, recomendado por el hermano del gobernador de Campeche, Alberto Trueba Urbina. Era entonces un joven de 25 años de edad, casado y con un hijo. Don Jesús tenía poco menos de 40 años y sus hijos, Jesús y Federico Reyes Heroles – González Garza, 7 y 5 años de edad, respectivamente.

Don Jesús iniciaba su cargo como Subdirector General Técnico del IMSS y traía ya una sólida carrera de Servidor Público como Asesor de la Presidencia y, más tarde, en la Jefatura de Estudios Económicos de Ferronales, ambos desempeños en el periodo de Adolfo Ruiz Cortines. Iniciaba el sexenio de otro Adolfo: López Mateos, cuando don Jesús ocupó la Subdirección Técnica del IMSS y, después , Diputado Federal de la XLV Legislatura en Veracruz ( 1961 al 64).

Allá, en Gobernación, dos hombres decisivos para lo que vendría más tarde. El Secretario de Gobernación (1958-1963) Gustavo Diaz Ordaz y Luis Echeverria Álvarez, quien, al ascenso a la Presidencia de Díaz Ordaz, se desempeñó como Secretario de Gobernación y con quien don Jesús tuvo siempre serias desavenencias. “Don Jesús era un hombre de convicciones y una capacidad de servicio admirables, un intelectual de alto calibre, de gran pensamiento que no tenía punto de encuentro con Luis Echeverría, cuyo desempeño y personalidad oscura, la historia ha dado cuenta”.

No, no había un punto de encuentro entre estos dos personajes de la vida pública. Don Jesús no ambicionaba el poder por el poder.

Don Héctor, con inocultable molestia, cuenta que alguna vez se le preguntó a José López Portillo (amigo incondicional de Echeverria) sobre la enemistad entre Echeverria Álvarez y Reyes Heroles. La respuesta de López Portillo fue muy acorde a su talante frívolo: “Es que Luis era muy varonil… o guapo. Y tenía suerte con las muchachas. Reyes Heroles, no”. Es don Héctor el que pone el acento preciso a la razón de esa enemistad: “ Don Jesús era un hombre de letras. Comprometido con las instituciones y no buscaba su beneficio personal. Leal, honesto y entregado a su pasión: los libros y la lectura. Allí están como muestra sus obras, su vasta biblioteca donde se encerraba a leer y escribir. Un hombre generador de ideas y conceptos ”.

LIDERAZGO Y COMPROMISO.

Don Héctor recuerda cómo el día que se presentó ante don Jesús, fue inmediatamente aceptado por él. “Me parece buen muchacho, dijo, dijo don Jesús”, al tiempo que dio órdenes a su Secretario: “dale la plaza que tenemos vacante”. La orden de don Jesús fue acatada por su Secretario Particular (Fausto Núñez Castañer) … pero a medias.

“En ese entonces, uno aparecía en nómina hasta después de tres meses. Y una vez que aparecí, al cobrar mi sueldo me di cuenta que lejos de tener un guardado, hasta debía yo. Entré bravo al despacho de don Jesús y le dije: “¡Señor, usted me dijo que había que estar aquí a las 9 de la mañana. Que si se podía salir a comer se salía, y si no, no se salía. Que lo mismo podíamos salir a las diez de la noche, que a las 2 de la mañana. Y yo ni me inmuté, cuando me dijo los horarios, porque yo estoy acostumbrado a la disciplina del trabajo”.

Ecuánime, don Jesús preguntó: “¿Y cuál es el problema?”. Sin más, don Héctor respondió: “Pues me dijo que yo iba a ganar tanto y resulta que no es verdad. Estoy ganado mucho menos y ahora hasta debo”.

Cuenta don Héctor que fue tal el enojo de don Jesús, que su voz tronó llamando al Secretario: “¡¿Por qué no le diste la plaza que te dije?!” Con voz titubeante, Núñez contestó: “Es que yo quería probar…”. Don Jesús no le dejó terminar: “¡Tú no tenías que haber probado nada. Yo ya había dado una orden. Punto!”.

Don Héctor comprendió: el Secretario no le había dado la plaza “por sus pistolas, me había puesto a contrato”. A partir de ese hecho, el rechazo mutuo entre Núñez y don Héctor duró el resto del cargo.

“Pero ese era don Jesús, hombre justo como el que más”, relata. Entre otras características que don Héctor destaca de Reyes Heroles es su austeridad, liderazgo y capacidad de trabajo. Le llenaba de orgullo a don Jesús, saber que con poca gente hacía mucho. Allí en la Subdirección técnica, éramos nada más seis, todo manejado con absoluta transparencia, lo contrario a los otros departamentos que trabajaban con el doble, y hasta más, de personal”. Fresca la memoria, sin vacilar, don Héctor cita los nombres y puestos. “A los Delegados, don Jesús los traía cortitos. Los citaba cada mes, o cada dos meses a que se presentaran a informar cómo estaban funcionando las delegaciones”, refiere.

Allí, en el que sería su primer trabajo en la ciudad, don Héctor conoció y hubo de aprender a sortear los celos y envidias que su desempeño, aceptación y paulatina cercanía con don Jesús Reyes Heroles le acarrearon de quienes a la sombra de un cargo pequeño, actuaban como jefes y presumían de su “poder”.

No faltaron quienes le dijeran o aconsejaran aprovechar los contactos que le daba estar en un lugar de privilegio. “Pero tengo un modo de ser que no lo puedo cambiar – dice moviendo la cabeza de manera tranquila, censurando lo que no está en sus convicciones ni formación hacer-. Nunca busqué el provecho personal. Ni lo pensé siquiera. Ni antes, ni ahora. No está en mi ser lambiscón y aprovechado. No puedo ser de otra manera. No le dan a uno más que dos oportunidades: o eres honesto, o eres un pendejo. Ni modo, entré en lo segundo porque, aunque el grueso de la gente tache a uno de tonto porque no sacas provecho de una situación, la mía no me permite ser de otra. Y, precisamente, eso fue lo que me llevó a compaginar tan bien con don Jesús. Claro, él era un sabio, un culto, pero en la manera de ser y conducirnos, éramos parecidos”.

“¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes!”. Miguel de Cervantes

Inmerso en su labor, dispuesto a seguir el paso de trabajo de Reyes Heroles, don Héctor no oculta su satisfacción de haber permanecido de pie ante la serie de intrigas en las que más de una vez le metieron e inventaron, para demeritar su imagen ante don Jesús, quien nunca dejó de confiar en él.

Muestras de la seriedad y forma frontal de ser de don Jesús Reyes Heroles, tiene varias. Y una de las más pesadas, orquestada por el resabio de un personaje, la vivió al poco tiempo de estar allí. Alguien quería colocar a algún protegido de ellos en el lugar de don Héctor y, usando sus artilugios llegó acompañado de dos de sus incondicionales hasta la oficina de don Jesús, intentando sembrar la insidia contra don Héctor. Don Jesús mandó llamar a don Héctor y allí, delante de ellos, preguntó: “¿Héctor, es verdad esto?” Cuenta don Héctor que nunca se sintió tan ofendido. La ira fue incontenible y golpeando con el puño sobre el escritorio, espetó: “¡Señor , el tiempo me va a dar la razón!”. Indignado, salió del despacho, con lágrimas en los ojos y arrepentido de haberse dejado llevar por la ira. Tenía una familia que mantener. Una esposa e hijo que dependían de él. La angustia de que –posiblemente- fuera despedido, le invadió. Vio salir a los intrigosos del despacho y esperó temeroso, creyendo inminente su despido.

La campana del despacho sonó dos veces. Una vez, para la secretaria; dos para él. Entró, allí estaba don Jesús, como si nada. Sin inmutarse y sin quitar la vista de lo que estaba haciendo, la voz de don Jesús, tronó: “ ¡Héctor, déjese de pendejadas. Sé cómo estuvo esto. Sé de dónde viene, sé de dónde conviene. Váyase a trabajar, tiene usted mucho trabajo!”. Esa fue la respuesta de don Jesús.

Dos anécdotas significativas, apenas una muestra de las que él enfrentó. Más adelante vendrían más hechos intrigosos. A todos, don Jesús, respondería con guante blanco, llamándole en público a su lado, rubricando así su confianza y respaldo a quien se volvió su leal colaborador. Más tarde, don Héctor sería fiel y respetuoso testigo de jugadas políticas que se dieron contra don Jesús, en las que aquellos a los que él ayudó y le dieron por “acabado” en su futuro político, le abandonaron. Sólo don Héctor permaneció allí, leal incondicional, fiel a su memoria y al cariño que aún profesa para don Jesús y los suyos.

Al inicio del sexenio de Gustavo Diaz Ordaz, vendría el nombramiento de don Jesús Reyes Heroles, como Director General de Pemex y Luis Echeverría, desde gobernación, se encargaría de mover las fichas en contra de don Jesús.

zaragozacisneros.jovita@gmail.com

Fe de erratas:
En la primera parte de este trabajo ( publicada el 1 de octubre), el nombre y apellido del colaborador de don Jesús Reyes Heroles, aparece como: Héctor Espinosa Barba. Corrijo mi equivocación: el segundo apellido es Maldonado. (Héctor Espinosa Maldonado). Su nieto lleva su nombre y esos dos apellidos, de allí mi equivocación.

Muchas gracias.

 










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

Un Comentario en “ En Do Mayor. Testimonio de Don Héctor Espinosa Maldonado (II de IV partes)”

  1. Jovita Zaragoza Cisneros. dice:

    Una sola palabra en una frase, puede confundir:
    en la parte que dice:” no le dan a uno más que dos oportunidades: o eres honesto, o eres un pendejo…”

    Lo correcto es:
    ” No le dan a uno más que dos oportunidades: o eres DESHONESTO, o eres un pendejo…”

    Aunque el resto del párrafo, explica el concepto, no está de más hacer la precisión.
    Muchas gracias.

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