En Do Mayor

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debate_presidencial_2018

Por. Jovita Zaragoza Cisneros.

“Independientemente de lo que me depare esta vida nunca olvidaré estas palabras: un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Esa es mi virtud y mi maldición. ¿Qué quién soy yo? Soy Spider-Man/Peter Parker.

Los Estadounidenses Stan Lee y Steve Ditko, creadores de Spiderman, le dieron a su personaje, Peter Parker, el tío Ben, quien antes de morir asesinado le recordó a su sobrino la responsabilidad que trae aparejado el uso del poder. Más adelante, al adentrarse en el mundo cotidiano, Peter Parker descubrió que la virtud adquirida por la mordedura de una araña radiactiva era al mismo tiempo su maldición.

Claro, estamos hablando de ficciones, no de nuestras realidades. Nosotros los simples mortales estamos sujetos a otras clases de mordeduras más carnales y, por lo mismo, más corrosivas. Y el PODER es una de esas mordeduras, pero su obtención y uso tiene también la misma exigencia que para este personaje de ficción: la virtud para entender que dentro del privilegio de tenerlo, está la responsabilidad para ejercerlo. La virtud que demanda su uso, entraña el desarrollo de atributos que responden a un fino y complejo entramado construido o cultivado desde la parte más profunda e inefable de lo humano.

Y no todos tuvimos y tenemos la suerte de haber tenido un tío Ben que nos aconsejara la importancia de nuestra relación con el poder. Y una de nuestras desgracias no es tanto tener el poder, sino los afanes para su obtención. Lo que se está dispuesto a dejar y/o arrastrar en el camino para llegar a él y las fantasías que construimos a su alrededor, entre las que figuran creer que poseerlo nos unge de atributos especiales y nos dota de derechos sobre los demás.

Todo lo construido alrededor del poder es subyugante. Elixir que ofrece los placeres inmediatos y terrenales, nos permite disfrazar nuestros íntimas carencias y nos da esa ilusión de la supremacía, tan cercana a las dioses.

Seductor y con la facultad de transmutarse, se presenta a través de dinero, y usado para este fin opera como varita mágica que permite a su poseedor instalarse en la zona de confort y abrir puertas vedadas o inaccesibles para los otros, aquellos tan lejanos. Con el dinero también se pueden hacer polvitos mágicos y encantadores que hace pasar al más feo/a, por menos feo/a, si se quiere, hasta guapos/as. Alrededor del poderoso revolotean aquellos que se conforman con formar parte de su cortejo. Los tartufos modernos celebran y replican la frase que en boca del no poderoso es común o hasta tomada como “puntada”, salida del poderoso es ingenio producto de la inteligencia.

Decía Frank Underwood en House of Cards que “El camino hacia el poder está pavimentado de hipocresía y que elegir el dinero en lugar de poder es un error que en este mundo casi todos cometen. Dinero es la gran mansión en Sarasota que empieza a caerse a pedazos después de 10 años. Poder es el viejo edificio de roca que resiste durante siglos”.

En la política, por la obtención del poder podemos engañarnos, argumentando en un soliloquio íntimo o en voz alta que el impulso que nos lleva a ir tras de él, es obtenerlo para llevar el beneficio a los demás. Allí el poder es el centro. Lo es todo. Desde allí se someten voluntades, se usa y desecha a quien estorbe o ya no sea útil. Se garantiza la impunidad. Se corrompe. Y nuestros deseos de usarlo para el bien común, se diluye o se borra.

Al fin y al cabo: “No somos nada más ni nada menos que lo que escogemos revelar de nosotros” (Frank Underwood). Y, los políticos en el afán de obtenerlo todo, deciden revelar lo que ellos dicen ser, sin darse cuenta que se rodearon de sus replicantes que nunca les dicen lo desnudos que van. Esa es la desgracia cuando la búsqueda del poder se torna tan obsesiva.

Al final del día, podemos lograrlo hacia afuera, pero hay un momento, pasado el efecto adormecedor y recuperamos nuestra consciencia de temporalidad humana y nos atrevemos a quitar el vaho al espejo en nuestra casa y lo pulimos bien hasta lograr su nitidez, nos encontraremos allí el esqueleto real de nuestro rostro y cuerpo y la grandeza de reconocernos poderosos en nuestra fragilidad terrena.

SIN CULPAS.

Si es usted de la mínima parte de ciudadanos que no se siente representado por ninguno de los candidatos o actual partido, no está solo. Yo formo parte de esa minoría. Y no me siento culpable, ni menos lista o menos o más inteligente. Ni tibia ni vacilante incapaz de definir mi voto. Por supuesto que iré a votar. Pero aún no defino por quién, no por lo menos para la presidencia.

Ni los independientes, ni Meade, fueron contemplados por mi como posibilidades.

He seguido a Anaya y me parece inaudita la audacia y el motor que impulsa su deseo de llegar a la presidencia. Sin temor a equivocarme, Anaya es el ejemplo de la voluntad y ambición por el poder. Solamente el poder por el poder. Ágil para saltar de un lado a otro, decir lo que quieren oír, manipula, miente, usa, desecha. El y José Antonio Meade representan la continuidad en sus políticas económicas salvajes y mal implementadas. Representan el solapamiento de las corruptelas. Representan a grupos articulados de poder que usan las estructuras gubernamentales para enriquecerse. Representan la mirada parcializada, cuyo horizonte va de en medio, hacia arriba. Lo demás es uso y desecho.

Me detengo en AMLO, el único que ha hablado de las alianzas entre los grupos que todos sabemos, existen. Sabemos que el tráfico de influencias y desviación de recursos y contratos millonarios con empresas extranjeras han sido moneda de curso corriente en los gobiernos de nuestro país. Sobre todo los de los últimos tiempos y, sin que tenga parangón, en el actual. La Estafa Maestra es el emblema más insultante y bochornoso, pero no es el único que representa la miseria moral de quienes , desde el poder mismo, han desviado recursos para beneficio personal y de grupos . Acaba de salir a la luz lo del programa denominado “Cruzada contra el hambre”, otra muestra de la impunidad y ausencia de empatía para una población a merced de la rapiña de aquellos que están para trabajar por el bienestar de todos los ciudadanos.

Veo en López Obrador su mirada y su manifiesto contacto con los más vulnerables del país.

Veo su sensibilidad o capacidad para captar las necesidades de éste y mi convencimiento de su necesaria presencia de contrapeso en un sistema insensible a los más vulnerables y vulnerados por tanta corrupción e impunidad. .

A AMLO lo han acusado de mucho. Y algunas acusaciones no son tan erróneas. Pero, ya en alguna columna anterior comenté que no era AMLO el único que ha dividido a la sociedad en pobres, delgada y cada vez más pequeña clase media y en ricos. Quienes lo tachan de eso no se han subido al transporte colectivo y las diferentes rutas. Son unas las que van hacia colonias o pueblos que pasan por delegaciones de colonias menos marginadas y otros los que dan servicio en colonias populosas donde someten al usuario ha hacer uso de unidades desvencijadas y sin regulación en sus servicios. Decenas de accidentes a causa de la pérdida de los frenos y falta de pericia de los choferes, muchos de ellos muy jovencitos o ya viejos, manejándolos. Son los que el sistema priista arrojó a la economía informal y que han sido usados después por los gobiernos subsecuentes para el voto. Los que morirán sin tener derecho a una pensión.

Ejemplos de esta división está en los servicios diarios. Es cosa de observar. Hablé en su momento de cómo los servicios bancarios nos han catalogado en ciudadanos de primera o segunda . Si usted tiene cuenta en un banco y, además, es poseedor de la tarjeta que lo acredita como cliente selecto, premier, distinguido, se le atiende en una caja especial. Los demás usuarios son obligados a esperar en largas filas donde son atendidos por caras poco amables y, en muchos casos, despóticos.

Estos son apenas ejemplos sencillos y simples del palpitar d e la vida cotidiana en México y que viven una mayoría cada vez más desesperanzada e indignada. Y de esto no se puede culpar a AMLO. En todo caso- reitero- lo que hizo fue capitalizar todos esos huecos y con los descontentos que yacían allí, en esa compleja mentalidad nuestra que va guardando las afrentas, formó su partido.

He señalado que AMLO no creó ciudadanía. No trabajó en hacerlos conscientes de sus derechos. Ni de sus deberes. Se erigió en el paliativo de los males que aquejan al país. Pero dio esperanzas y ha sido capaz de mirar y tocar la pobreza más extrema y al ir al encuentro de los más desprotegidos, al mirarlos a los ojos, les dio certezas de que ellos son parte también de este México tan lastimado. AMLO les constituyó con su mirada en seres con derechos, algo que ninguno de los candidatos de antes ni de ahora ha hecho. Y es el único – hasta ahora- que contempla en su programa de gobierno a los rezagados por este sistema. Eso y otras cualidades, son innegables en él.

Pero hay muchas cosas en las que no estoy de acuerdo y tengo muchas dudas.

Contrario a lo que los demás han señalado como temor de que una vez en la presidencia se quiera reelegir, no es esa mi preocupación. Tengo reservas sobre si el tiene claro la separación entre tenacidad y necedad. Y también sobre su menosprecio hacia las instituciones. Las instituciones son el marco sobre el cual se debe aplicar la legalidad y dar contención a un poder absoluto. El que las hayan pervertido no quiere decir que tengan que desaparecerse. Se requiere de limpieza muy a fondo. Con cloro, vinagre, quita mugre, quita cochambre, carbonato y plumero que saque el polvo de los rincones donde se esconden los arácnidos anidando a sus “aracníditos”. Fumigar todo. “Pero no derrumbarlas”.

De la misma manera que José Antonio Meade fue omiso en su paso por las diversas instituciones a los actos de corrupción que han salido a la luz, AMLO lo ha sido con personajes cercanos a su círculo de operación. No hace falta poner nombres, lo sabemos ya. Pero AMLO insiste en presentarse como “inmaculado” , al igual que José Antonio Meade.

Estas son apenas unas de las razones de mis dudas con AMLO. Seguiré atenta a su desempeño. Mientras tanto, trato de mantener el equilibrio emocional en medio de insultos de uno y otro lado. Bien haríamos en mantener la calma e informarnos más a fondo sobre esta división ciudadana en la que los partidos son, en buena medida, responsables de ello. Están agitando las aguas. Así nos quieren: divididos y fragmentados. Peleándonos. Los que alcanzamos a ver eso, tenemos el deber de insistir en ello. Pasar la voz y no contribuir a agitar las aguas.

No hay puros ni impuros. Estamos en el mismo barco llamado México. Si el barco zozobra nos hundimos todos.

Aquellos que hoy llaman “chairos” con todo el menosprecio y carga clasista y racista a quienes siguen a AMLO yo les convoco a que revisen sus raíces. De dónde vienen y de dónde, en mucho han llegado a beneficiarse de lo que ahora tienen. Les convoco a no engañarse. Eso no les hace críticos, les hace – a muchos- acomodaticios al sistema que les permitió manejar el oportunismo. Los “cachadores” de los beneficios de un sistema añejo y entrampado que dejó crecer el desaseo y mantenernos ocupados con migajas y acrecentando diferencias para tenernos entretenidos, mientras ellos se repartían al país.

Pero no se engañen, sintiendo que al insultar con esos términos forman parte de una élite de privilegio. Tengo amigas/os y muchísima gente conocida de nivel intelectual y económico alto que votará por AMLO. Votarán por él, no porque crean que AMLO solucionará todos los males que nos aquejan, sino porque saben bien que es necesaria una sacudida al sistema que nos rige hoy.

zaragozacisneros.jovita@gmail.com

dialogoqueretano.com.mx

 










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

2 Comentarios en “ En Do Mayor”

  1. Alfredo Núñez-Palacios dice:

    Interesantes reflexiones con las que acuerdo en general. Tal vez la frase podemos atribuirla al presidente Franklin D. Roosevelt, lamentablemente en el marco d la operación Manhattan. Saludos

  2. jovita zaragoza dice:

    Sr. Núñez Palacios, muchas gracias por su lectura y su comentario.
    Efectivamente, el autor de “Spider-Man”, se inspiró en la frase de Roosevelt, a quien admiraba. “Gran poder implica gran responsabilidad” (Great power involves great responsibility)
    El, Stan Lee, la adaptó a su personaje y creo que fue un acierto hacerlo. Sobre todo en la última película de Spider-Man, una versión más humana y terrena de Parker.
    Reciba usted cordial saludo.

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