En Do Mayor

|




lopez-obrador 
Por. Jovita Zaragoza Cisneros.

Hace unos días me llegó una información que anda circulando sobre Andrés Manuel López Obrador, al que tachan de doble homicida. He leído sobre AMLO, de su desempeño político y parte de su biografía personal. Había escuchado de dos episodios a los que hoy, sus adversarios y enemigos, aluden con una contundencia que lleva todo el dolo de hacer daño a su imagen.

Sabemos que todo político está sujeto a cuestionamientos. Son funcionarios públicos que tienen que rendir cuentas de su hacer. Si hay una sospecha de desvíos en los recursos, tenemos y debemos exigirles todo lo relacionado con ello y hablar de eso. Y ellos están obligados a transparentar su desempeño. Pruebas de corrupción en los puestos políticos, las hay a montones. Y – salvo las honrosas excepciones- una mayoría de ellos tienen bien ganada la reputación de corruptos. Pero eso es una cosa. Acusar y dar cauce a rumores sobre asuntos delicados de la vida privada, en este caso de la infancia, no nos hace mejores. Insisto, es vil y es mezquino.

En México esa mentalidad tan empobrecida, tan presta a dar cauce a los rumores que sirven para denostar a quienes no son de nuestra simpatía, y callar los actos oprobiosos de quienes gozan de las nuestras, es una práctica que dice mucho de la clase de individuos que conforma una sociedad. No hemos trascendido ese nivel que nos empobrece y nos envilece como personas. Y lo que estamos presenciando en la escena pública, es reflejo de lo que hemos construido. Ellos, los políticos, con su hacer. Y nosotros, en el cómo estamos enfrentándonos a todo eso.

Y hoy, justamente, es lo que estamos viendo en estas campañas que están subiendo de tono en agresividad. Tanto, que sin ninguna duda, serán las más graves de los últimos años. Ojalá nos equivoquemos quienes así lo vemos venir. Por el bien de todos, ojalá que así sea.

Pero hay un caso que me permito compartir antes de llegar al que me ocupa. El episodio que voy a relatar y que sucedió hace años tiene relación con lo que ahora los enemigos de Andrés Manuel López Obrador publican, en el afán de denostar su imagen.

EL HECHO ACCIDENTAL

Las personas que nacimos en provincia sabemos muy bien las cosas positivas que eso tiene. El sentido comunitario que hay, el conocer los nombres de cada uno de tus vecinos. En una frase: Se sabe quién es quién y eso da certezas. Pero también hay su aspecto negativo en el que la frase de “pueblo chico, infierno grande” define muy bien como, ante ciertos hechos, esa misma comunidad puede ser lapidaria a la hora de juzgar sucesos accidentales, sin tomar en cuenta el contexto del momento en que ocurren.

Un joven, compañero de escuela mío e hijo de una pareja conformada por dos excelentes seres humanos, gente sencilla y trabajadora tuvo la desgracia de que una tarde, al volver de la huerta propiedad de su familia, se vio envuelto en un lamentable accidente. El joven venía en un caballo sobre una calle de cierto desnivel y con hondonadas que la lluvia dejaba en ella. Un anciano que, según recuerdo se dijo en ese entonces, llevaba leña a su casa, iba agachado con su carga y, quizá, tan absorto en su caminar que se atravesó de súbito en el camino del joven. El caballo, al ver ante él una figura y objeto desconocido se puso nervioso y una de las patas lastimó de muerte al anciano. Un accidente ocurrido en un instante que cambió una vida. Y de la familia.

Hubieron algunos testigos de ese hecho y lo tomaron como lo que fue: un desafortunado y trágico accidente para el chico y para el anciano. Y, con todo, no faltaron los rumores alterando con ello la puntualidad de los hechos.

En este caso, el asunto se aclaró ante el Ayuntamiento. Quedó absolutamente probada la inocencia de aquel jovencito cuya edad oscilaba entre 13 o 15 años. Casi la misma edad en la que ocurrió lo de AMLO y su hermano y que me llevó a relacionar con este caso que y que hoy cito para contextualizar los hechos.

Quienes conocemos la vida de los pueblos, sabemos que basta con que alguien mal intencionado o irresponsable, ávido de notoriedad o formar parte de la noticia que está en boca de todos agregue de su cosecha y opine con los familiares de las víctimas frasecitas como : “no jaló la rienda”… “debió haberse bajado del caballo y dejar pasar al anciano…” y otras frases más que abonan al encono y siembran la insidia.

Me consta el dolor y mortificación de esa familia. Y me consta el del jovencito aquel, que ante lo sucedido y las habladurías no exentas de malicia y las posibles represalias que pudieran venir r de algún familiar del anciano, dejó el pueblo con el recuerdo de ese amargo incidente. Ya no volvió.

Supe después, al cabo del tiempo, que el joven , un profesional comprometido y serio, formó una excelente familia. Por fortuna no se dedicó a la política. Seguramente de hacerlo enfrentaría una suerte de calumnias e infamias de quienes en lugar de actuar como adversarios de una contienda política, lo hacen como si se enfrentaran al enemigo más feroz. Buen pretexto este último, para ellos dejar aflorar los monstruos personales que a su vez les habitan.

LA TRAGEDIA DE AMLO

Voy al asunto de AMLO y retomo lo que cito al inicio de esta columna sobre la información que aludo. Se trata de un video que hace alusión a lo sucedido en la vida familiar de AMLO. El video no es reciente, data de 2012, cuando contendió para la Presidencia por el PRD, contra Calderón. Pero lo retoman ahora. En el, Alejandro Villalvazo, conductor y comentarista de TV Azteca y la antes comentarista de espectáculos Mónica Garza, hija de un político Neolonés priista, entrevistan a Hugo Andrés Araujo, priista Tamaulipeco de viejo cuño y cercano a Carlos Salinas de Gortari. La voz de Araujo pareciera estar dando un informe de suma gravedad. Habla Araujo: “Se ha confirmado que el actual candidato a la Presidencia de la República por parte del PRD, Andrés Manuel López Obrador cometió el asesinato de forma culposa a su hermano menor, José Ramón López Obrador, el día 14 de mayo de 1962. Esto fue con un revolver calibre 22 a los 11 años de edad. …” .

Vea usted: AMLO nació el 13 de Noviembre de 1953. Si como dice Hugo Andrés Araujo, sucedió en 1962, estamos hablando de una edad de 9 años de AMLO y 8 años de su hermano. AMLO es el mayor.

El asunto va subiendo de tono. Y hoy centran nuevamente la atención en ese desafortunado hecho. En la búsqueda de información que me llevara o acercara a la verdad del suceso, me he encontrado con publicaciones cuyos encabezados resaltan lo ocurrido allá en su natal Macuspan. Hechos que son reproducidos y manejados, en su mayoría, por publicaciones anónimas o no es fácil de ubicarlos como medios informativos serios y formales. Todos con clara intención de menoscabar la imagen de López Obrador.

Quizá la versión que más se acerca a la veracidad de hechos y fecha es lo escrito por Jorge Zepeda Patterson en su libro “LOS SUSPIRANTES”, publicado por Editorial Planeta.

“Una tarde, mientras cuidaban la tienda de ropa, Ramón -de 14 años- encontró un arma de fuego que su padre había recibido como pago por una deuda. El hermano de AMLO retiró el cartucho del arma y comenzó a jugar con ella; sin embargo, la pistola resbaló de sus manos y al caer disparó la bala que aún tenía en la recámara, la cual le atravesó la cabeza. Desde la caja de la tienda, Andrés Manuel observó la escena…”

Otra publicación que encontré, la documenta un diario de entonces y cuya fecha es poco legible. En él solamente se puede entender como día de lo ocurrido: un miércoles y se alcanza a ver el año de 1967. Siguiendo la lógica del día y la fecha, ubicaríamos entonces que esto sucedió el 7 de junio de 1967, que fue miércoles. Es decir, AMLO estaba próximo a cumplir 14 años.

Algunos periodistas han reproducido la versión tomada de este diario al que hago referencia, al parecer el único que documentó el hecho, lo que resulta comprensible para la época y el lugar, en que eran localidades de pocos habitantes. Sin embargo, los periodistas la fechan como sucedida el 8 de junio de 1969.

En atención al rigor informativo, la fecha de la publicación del diario que informó sobre ello, miércoles 7 de junio de 1967, cabría suponer una equivocación en cuanto a la edad del occiso, a quien refieren de 15 años.

Aquí el encabezado y contenido de la nota.

******************************

Diario Tabasco “Vida y Verdad de la Provincia

Miércoles 7 de junio de 1967.

Una Imprudencia le Costó la Vida a un Jovencito.

En la Tienda de Telas de su Padre Cayó Muerto de un Balazo, Ayer.

“El almacén de telas denominado “Novedades Andrés “ubicado en la esquina que forman las calles de Progreso y Primavera, frente al mercado Pino Suárez de esa ciudad fue escenario ayer por la tarde de una lamentable tragedia. Siendo la víctima un jovencito que apenas acabó de cumplir 15 años de edad, hijo del dueño de dicha tienda. José Ramón López Obrador, nombre del infortunado muchacho, se desplomó sin vida minutos antes de la una y media de la tarde, al recibir herida de un balazo en la oreja derecha, por manejar imprudentemente una pistola escuadra, Súper y Colt, calibre 38. De lo que declaró Andrés Manuel López Obrador ante el agente del Ministerio Público en turno, licenciado Arnulfo Sánchez Méndez, se desprende lo siguiente:

“La referida tienda es propiedad del señor Andrés López Ramón. Poco antes de la una y media de la tarde, en la tienda sólo se encontraba Andrés Manuel. En eso llegó el ahora occiso, quien dirigiéndose al hermano mayor, le dijo: ‘Ahorita voy a espantar a Ramón’ (Ramón es un empleado de una zapatería cercana). Diciendo lo anterior, José Ramón se dirigió a un casillero, donde estaba la pistola y la tomó en sus manos. Andrés Manuel, al ver que su hermano manejaba el arma imprudentemente, hasta el grado de haber cortado cartucho, le dijo:

‘Deja de jugar con esa pistola’. José Ramón le respondió al instante: ‘No tengas miedo’. Y otra vez volvió Andrés Manuel a llamar la atención de su hermano menor: ‘Guarda esa arma porque se te puede ir un tiro’. A esto, José Ramón le respondió: ‘Lo que pasa contigo es que eres un miedoso. De todo te espantas’.

“Declaró Andrés Manuel que él volteó para dar la espalda a su hermano José Ramón y entonces escuchó que éste tiraba la pistola sobre el mostrador. Casi instantáneamente escuchó un disparo y vio que José Ramón caía al suelo, afuera del mostrador. Corrió a auxiliarlo y entonces vio que le salían borbotones de sangre por la oreja. Pero notó que tenía aún vida y quiso llevarlo rápidamente con un médico. Apenas si tuvo tiempo de sacarlo de la tienda, porque en la banqueta terminó de existir José Ramón. El secretario del Ministerio Público, Miguel Ángel Peña Martínez, practicó una inspección ocular en el lugar de la desgracia, habiendo encontrado la bala entre unos pantalones. El casquillo 38 estaba abajo del mostrador. La pistola estaba en el casillero, porque el dueño del negocio y padre de la víctima acababa de adquirirla. Resulta que una persona le debía 800 pesos y no le pagaba. Casualmente lo vio pasar y le cobró. El deudor le dijo que no tenía dinero, pero en cambio podía dejarle la pistola que llevaba, siempre y cuando le diera mil pesos más, con lo cual quedarían a mano.

“El señor Andrés López Ramón entregó los mil pesos y se quedó con el arma, dejándola en el casillero. José Ramón había visto la pistola y por eso se le ocurrió espantar a su amigo Ramón, a quien por cierto ya no salió a buscar, por haberse quedado hablando con su hermano Andrés Manuel, quien lo persuadió para que no hiciera la broma que había planeado. La bala tuvo orificio de salida atrás de la oreja izquierda. El cadáver está siendo velado en Primera Cerrada de la calle Pedro Fuentes No. 111, domicilio de la familia. Hoy en la mañana será sepultado”.

(fin de la nota)

***********************************

Hay otro infortunado accidente que se está tomando también como herramienta de golpeteo. Ocurrió un año después, cuando –refieren testigos y notas periodísticas, López Obrador y un compañero de juegos, José Ángel León Hernández, discutieron durante el juego de Beisbol, enfrascándose a golpes. Uno de los presentes en el juego fue el años más tarde diputado local, Carlos Manuel Rovirosa Ramírez, que refieren fue nombrado en este cargo por López Obrador, cuando fue Líder Estatal del PRI en Tabasco. Señalan versiones, que el mismo Rovirosa contaba la anécdota de lo sucedido como una pelea de jóvenes de entonces que al calor de la discusión se liaron a golpes. Enojado, aún, AMLO, al dar vuelta León Hernández, lanzó una pelota a la cabeza de este último provocándole sangrado y una serie de secuelas que le desembocaron en ataques de epilepsia hasta 1995, fecha en que murió.

Estos dos hechos infortunados y confusos en cuanto a tiempos de lo ocurrido, están circulando dentro de esta guerra mezquina en la que los límites, al parecer, son los NO límites. ¿Qué sigue?

Mis dudas personales en cuanto a los programas que AMLO ofrece, son muchas. He escrito ya sobre su forma de administrar este descontento social, al que el ha contribuido. Hay muchas otras dudas más sobre AMLO. Y todas tienen relación con su trayectoria y su hacer político. Pero, este pasaje personal que hoy sacan a colación, es – sin duda – un mero y trágico accidente en ella. No es otra mi intención más que un deber ético y ciudadano, pero sobre todo, mi convicción personal y rechazo a la bajeza de utilizar de manera irresponsable hechos tan dolorosos para dañar. ¿Vale eso en una campaña política? No hace falta un arma para herir o matar. La lengua afilada puede ser, y a veces lo es, el arma más mortal.

Zaragozacisneros.jovita@gmail.com

 










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

Envía tu comentario