En Do Mayor

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violencia en mexico
Por. Jovita Zaragoza Cisneros.

–¿Te regresarás a vivir a Querétaro?—, pregunté hace unos meses al Sacerdote Jesús Mendoza Z, quien reside en Acapulco, Guerrero, Estado inmerso desde hace años en una violencia sin precedentes y que le consolidó como el más violento del país en 2017.

El P. Jesús Mendoza está de paso en la ciudad, a donde ha venido por unos libros que utiliza en su labor pastoral con su congregación para llevar bálsamo al alma de quienes han padecido de manera directa o indirecta la pérdida de seres queridos. Se dirige a Querétaro, donde vive su familia.

Hablamos de varios tópicos, pero inevitablemente surge el tema de la preocupación compartida por ese huracán que mantiene asolado a la región Guerrerense, ese fenómeno cuya fuerza devastadora provocada por el hombre y asentada y cobijada en la impunidad, la pobreza y miseria, continúa avanzando.

Allí no pasa día alguno sin que exista un acto violento relacionado con el crimen organizado. Secuestros, asesinato por ajuste de cuentas o peleas por el mercado de la droga, son la constante. Tan solo en el 2017 se registraron más de 2 mil ejecuciones. Y en este año que apenas va por el cuarto mes la cifra alcanza números alarmantes. Hasta el día ayer domingo, los medios informativos dieron cuenta de 12 ejecuciones en un solo día.

El panorama de Guerrero, especialmente Acapulco, es muy desalentador y no se vislumbran en el horizonte soluciones viables para enfrentar este flagelo que ha orillado a familias enteras a cerrar negocios y dejar sus casas ante el miedo de ser victimas de extorsión. Pareciera que no existe una voluntad política genuina por sacar al Estado y al puerto de esta situación. Es una pequeña parte de la sociedad civil y algunos personajes que bien caben en la expresión de ser “garbanzos de a libra”, quienes buscan rescatar lo que la voluntad política no hace: la justicia, la dignidad humana y la calma social.

Eso es precisamente el P. Jesús Mendoza Z: un garbanzo de a libra. Tiene un rostro afable. Viste huaraches de correas, camiseta gris y pantalón azul. Contesta a la pregunta que le acabo de hacer: “ Mi lugar está donde la gente me necesita. De modo que allí estaré. Ese es mi lugar”, dice con una sonrisa que sella su convicción y compromiso con su misión pastoral en la que lo primordial para él es servir a los más necesitados.

Tiene casi 40 años de sacerdocio. Es originario de un poblado sierra arriba de Guerrero, toda su vida ministerial ha sido en el Estado, por lo que conoce los municipios y las parroquias del lugar. Antes de llegar a su actual parroquia, en el Kilometro 30, estuvo en una de las colonias más peligrosas de Acapulco: La Laja.

El padre Jesús, o Chuy, como cariñosamente le llaman, conoce el pulso de esta enfermedad que tiene a Guerrero y al puerto de manera particular sumido en una crisis humanitaria. Refiere que las primeras expresiones de la violencia a través del crimen organizado datan de hace 12 años, en 2006 aproximadamente. Previo a esta manifestación ya palpable, se expresaba por medio de peleas callejeras entre jóvenes, pandillas. Al cabo de 5 años después, en 2011, ya se vivía una crisis que se reflejó en la economía.

“Fue en estas circunstancias –comenta – que el gobierno federal intervino con la fuerza pública que permanece acá desde entonces. Consecuencias de esto han sido, entre otras: declive de la economía, desplazamiento forzado de miles de familias, multiplicación de bandas criminales, pérdida del turismo internacional, policía cooptada por la delincuencia, comercio ambulante y transporte público en manos de la delincuencia, multiplicación de extorsiones. En fin, un clima de miedo, enojo e impotencia”.

“ MAL DE MUCHOS, CONSUELO DE…”

Ahora mismo que escribo esta nota, y después de ver lo que a diario sucede en Acapulco, pienso en el padre Chuy quien no ha cejado de escribir sobre lo qué sucede en ese lugar. En su columna en el periódico El Sur de Guerrero ofrece un análisis antropológico de lo que se vive allá, a la par que ofrece soluciones que requieren del involucramiento de diferentes sectores.

Hundido en la pobreza, la presencia del crimen organizado continúa ahuyentado la inversión y el turismo que fue por mucho tiempo la constante en el puerto, situación que el actual gobernador, Héctor Astudillo Flores, acepta parcialmente e intenta minimizar con frases y declaraciones que bien se pueden ilustrar con aquella frase de “mal de muchos…”: “Yo creo que no es un asunto sólo de Guerrero, es un asunto que se ha presentado en diversos estados. Y yo creo que hay que hacer muchas cosas o varias cosas para tratar de inhibir que quieran meter sus manos en decisiones y después afectar los patrimonios oficiales, debe haberla, pero también hay que moverse rápido a la ocupación, si han pasado cosas hay que hacer todo lo que nos corresponda a los gobernadores y a quienes tenemos responsabilidades públicas para que no vuelvan a suceder”, refiere Astudillo. Y agrega: “La realidad es que Guerrero tiene un problema serio, pero en los indicadores, relacionados entre 2017 con 2016, Guerrero, aún con los números de escándalo que tenemos, se contuvo los números de los homicidios. En otros estados subió, como seguramente ustedes lo saben”.

Astudillo Flores asumió el gobierno en 2015. Y nada significativo ha sucedido en cuanto a mejoras en su gestión que finaliza hasta el 2021. Y no se ve en el futuro inmediato algún programa que lleve a acciones estructuradas en el combate a la violencia.

Ahora mismo, en este periodo electoral para el 2018 en que se elegirán 81 alcaldías y los cargos de elección popular para diputados federales, senadurías y la Presidencia de la República, 900 ciudadanos, invitados por el Instituto Electoral a fungir como funcionarios de casillas, han rechazado participar debido a la violencia que existe y que, refieren, se agudizará en este proceso. Uno de los puntos más vulnerables, es en La Unión, ubicado en los límites con Michoacán.

SIMULACIÓN Y MAQUILLAJE

“La violencia es como la expresión de toda una dinámica de descomposición social y de corrupción pública, aparte de los niveles muy bajos que hay en cuanto a oportunidades económicas. Todo eso se conjuga”, dice el P. Jesús Mendoza, en una entrevista vía telefónica.

Discreto, alejado de reflectores la suya es una labor constante en pro de la restauración del tejido social. Recoge testimonios de dolor de las familias que han perdido a familiares y lleva mensajes de paz. Su ministerio alcanza a todos.

Es uno de los impulsores de la construcción de Centros de Escucha para las familias que han sufrido en carne propia la perdida de algún familiar o indirectamente afectados. “Con esto previene que la que fue victima, se convierta después en victimarios. Los centros de terapias son lugares de Construcción de Paz. En la actualidad hay 16 centros de escucha distribuidos en el Estado. (Costa Chica y Costa Grande) ”, refiere el sacerdote. Y agrega: “En Acapulco ninguna Institución desarrolla este tipo de actividad. Es una actividad de cierto riesgo y en las Iglesias es donde los riesgos se han disminuido más”.

¿Cuándo inició este proyecto y de qué trata, específicamente? En palabras del Sacerdote esta iniciativa , inició en el año 2011, llegando a centenares de víctimas (personas, familias y comunidades afectadas), integrando las dimensiones espiritual, psicosocial y jurídica en un modelo de intervención integral.

Hace dos años que el Sacerdote dejó la Coordinación. Los problemas de salud que le aquejan, lo obligaron. Sin embargo, en su caminar cotidiano continúa apoyando a todo quien lo necesite y no ceja en su labor en pro de la construcción de la paz.

“En términos cuantitativos, hemos llegado a un número reducido de población, pues el desafío es enorme. Cada día se suman numerosas víctimas de homicidios, desapariciones, trata, amenazas, secuestros y extorsiones. El desafío es tan grande que ni el sistema de salud pública tendría capacidad para atender esta emergencia. …Las instituciones gubernamentales van, poco a poco, asumiendo su responsabilidad ante las víctimas en la medida en que se les presiona. Pero les falta profesionalización y una verdadera voluntad política. Mientras que la sociedad mantiene una actitud temerosa y de indiferencia ante las víctimas”, señala preocupado ante un escenario que requiere de construir lazos comunitarios fuertes, para no dar cabida a la violencia.

“Donde hay tejido social más sólido, no cabe la violencia. Trabajar en la cohesión social, a través de trabajos sostenidos, basados en estudios que llevan el fondo del problema y en base a un diagnostico se trabaje en la construcción de ciudadanía. Es un tema transversal donde el gobierno se avoque a la comunidad y sus problemas. Eso es clave para la construcción de paz. Empoderar a la comunidad, restaurar a la policía del barrio que se compromete con su barrio y está sometida al escrutinio de quienes habitan el lugar”, son – entre otras- acciones a implementar, a fin de enfrentar este problema tan delicado y que el pasado mes de febrero tensionara la comunicación entre los obispos de Guerrero y el Gobierno Estatal debido al asesinato de dos sacerdotes a los que el gobierno incriminó en actividades criminales, a fin de evadir la responsabilidad de investigar o aceptar que habían sido víctimas de la violencia que padece el Estado.

El P. Jesús Mendoza Zaragoza sabe que el reto es inmenso y que requiere de un trabajo a largo plazo, por ello es importante dimensionar los alcances que tiene la violencia en la entidad . Es lo único que permitirá salir de ese panorama tan incierto que no se soluciona con paliativos cortoplacistas como los que el gobierno implementa a través de hacer funcionales espacios públicos, o el uso de la fuerza. Es todo un trabajo de fondo que, por hoy, la Iglesia en Acapulco, de manera institucional, lleva a cabo a través de un proceso pastoral que establece como eje transversal la construcción de la paz.

Zaragozacisneros.jovita@gmail.com

 










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