En Do Mayor

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 lopez-obrador
Por. Jovita Zaragoza C.

TENEMOS QUE HABLAR DE AMLO.
Soy parte de esa ciudadanía que no ve una alternativa de representación en las figuras de partidos como el PRI (J.A. Meade), el PAN (Ricardo Anaya) o candidatos independientes. Sigo con atención los pasos de AMLO. Confieso que me equivoqué al decir que sus tropezones constantes obedecían a un autosabotaje. Que su objetivo no era tanto el llegar a la Presidencia, como dividir y mantenerse en donde está. Hoy queda claro. Su finalidad es la presidencia. Los medios para conseguirlo están a la vista.

AMLO sabe que tiene frente a él todo un sistema que cuenta con los recursos y herramientas para obstaculizar su ascenso al poder y echar sobre él toda una maquinaria de guerra sucia. Lo están haciendo. Pero… momento, tampoco le compremos su papel de víctima. No lo es.

AMLO ha capitalizado el comprensible hartazgo ciudadano y sobre eso ha construido cada escalón de su escalera. No es un artífice o constructor de un horizonte común ciudadano, que tanta falta hace. Es el administrador de la podredumbre que fue corroyendo a este país.

Su discurso ha estado soportado en el repudio ciudadano generalizado que se ha mostrado a Carlos Salinas y a Enrique Peña Nieto. Él ha capitalizado todo eso. Del yo, ha pasado al nosotros, en un lenguaje que quiere ser incluyente y que hace sentir al “pueblo bueno” detentor de la verdad… y del poder. No ha creado ciudadanía, ni ciudadanos críticos con el sistema. Y eso que quiere vender como cambio y “pluralismo” no es tal. Tampoco es unificación. Es pragmatismo puro, manipulador, insultante.

Hoy, el marcador a favor de AMLO tiene nervioso a más de uno. Está pisando callos y amenaza intereses. Promete y ha dicho hacer exactamente lo contrario a lo que han hecho los gobiernos anteriores. Su mayor reto: terminar con la corrupción. TERMINAR, enfatiza él mismo. No mantenerla a raya. Que no quede duda: TERMINARLA, ERRADICARLA, ABATIRLA, subraya cada que puede. ¿Cómo? La fórmula la ha repetido una y otra vez. Es su bandera. Es su lema. Es su obsesión. Y aunque tiene razón en una parte de lo que dice sobre las causas de esa corrupción, su balanza de repartición de culpas la centra en una sola causa: el presidencialismo. Su razonamiento maniqueo carece del conocimiento de la naturaleza humana y sus complejidades.

Pero sobre ese tema, y otros más, AMLO no acepta cuestionamientos. No concede. Mantiene su postura extrema: o todo o nada. Se pone a la defensiva y manda el mensaje: Conmigo o contra mí. Y eso pone nervioso a más de uno. Y con razón.

Evasivo para dar respuestas concretas y precisas, AMLO no cambia la fórmula que tenía cuando era jefe de gobierno. En las pocas entrevistas que concede, bromea para no comprometerse. Se escabulle, escapa, sonríe mientras su rostro denota molestia inocultable al sentirse sacado de la zona de confort.

Vea usted el video de la entrevista que le hiciera el periodista Jorge Ramos, el pasado diciembre (9 diciembre, 2017). Al final de ella, Ramos pregunta sobre su vida personal. Su unión con Beatriz Gutiérrez:

— ¿Están casados?, pregunta Ramos.

“Estamos casados. Tenemos un hijo que se llama Jesús Ernesto. Jesús por Jesús Cristo y Ernesto por Ernesto “ Che” Guevara. También ya pa´ que (pausa y con las manos levantadas, a manera de “se acabe o sepan de una vez) . Mi admiración- continúa- es Jesús Cristo”
–¿De verdad?
“Si….si”.
—-Esa parte de usted no la conocía. Es usted muy religioso ¿o no?- apunta Ramos.
“Yo soy Cristiano, en sentido amplio”
–No católico- inquiere Ramos.

Amlo niega con la cabeza, al tiempo que agrega: “creo en el pensamiento y la obra de Jesús. El lucha por los pobres, por eso los potentados, los poderosos de su época lo seguían, lo espiaban, lo crucificaron. Esa es mi historia. O sea, para mí tiene mi admiración. Y el Che es, creo yo, un revolucionario ejemplar”.
—Que también realizó muchas ejecuciones-, agrega Jorge Ramos.
“ Si. Tiene ese cuestionamiento. Pero fue un hombre que ofreció su vida por sus ideas, por lo que el creía”.

(Fin de entrevista)

¿Es eso una ventana que nos explicaría algo de las razones de su alianza con el Partido Encuentro Social (PES)? Sino es así, entonces:

¿Por qué hacer alianza con un partido como el PES?

¿Por qué concede Morena tantas prebendas a un partido menor como el PES?

¿Por qué negociar con él la cesión de gubernaturas de capitales importantes?

¿Cuánto pesa y por qué el PES pudo conseguir todo lo que consiguió?

¿Peso económico?

¿Peso de influencia?

¿Hasta qué punto?

¿Es allí dónde debemos encontrar algunas o varias de las respuestas a la actitud mesiánica de AMLO y su voluntad de solucionar todos los problemas con la magia del perdón que da la Fe?

¿Distingue AMLO la diferencia entre Fe y Justicia?

¿Sabe lo que está prometiendo a su paso?

¿Tiene claro que no son las Instituciones las que están mal, sino la forma en que éstas han sido manejadas y pervertidas?

¿A qué le apuesta AMLO?

O ¿qué es lo que en realidad tiene en mente?

Puñados de preguntas tengo para Andrés Manuel López Obrador y sus sorpresivas machincuepas políticas y emocionales que se han ido develando cada vez más, reafirmando con ello lo que siempre se ha visto en él: su intolerancia a la critica, así como otros atributos que le impiden ver los matices. En el mundo que habita, o le habita, los matices no existen. De allí su lógica sobre el papel que ejercerá como presidente, en caso de llegar: él separará las aguas del mar de sangre y desesperanza que cubre a México. Por decreto se acabará la corrupción. Por decreto, aquellos que ha acogido en sus filas y que han transgredido todos los órdenes de la vida pública del país “volverán al carril”. Ovejas y pastor caminarán en sincronía. Y todos felices, como en la tierra prometida.

¿UNA ARMADURA OXIDADA?

Escudado en su armadura de victima, que le ha dado resultados con un amplio sector de la población, AMLO, el viejo político se cuece aparte. No porque sea diferente a los demás. Sino por su habilidad para estar 18 años en campaña y para salir, hasta hoy, indemne de pruebas de corrupción en lo personal. Pero no muchos de los integrantes de su equipo.

Se ha servido del entramado populista creado por el sistema priista y que usa y perpetúa para lo que ha sido su objetivo: La presidencia. A eso que ya estaba allí, él le ha dado un giro y un plus: una imagen y lenguaje disruptivo. Sabe lo que la gente quiere escuchar y a través de su lenguaje coloquial dice lo que ésta necesita escuchar.

Ingenuo resultaría creer que las escuelas construidas por AMLO, la ayuda a los ancianos y a las madres solteras implementados durante su paso por el gobierno de la ciudad obedecieron a un simple afán filantrópico. Ha sido parte de su fino entramado (o burdo para algunos) con los que AMLO fue construyendo su camino. A algunos nos consta que el acarreo en apoyo a mítines ha sido obligatorio. Vea usted en las demarcaciones donde gobierna su partido, la forma de operar de la gente de MORENA donde les hacen acudir a plantones en apoyo a sus candidatos. Sean ancianos o jóvenes. Pero a diferencia del sistema priista, AMLO no los ha hecho sentir que los usa, les da un sentido de pertenencia y parte de un cambio. Como el PRI en sus inicios.

En sus monotemáticas frases promete todo, al tiempo echa sal a las heridas de la sociedad y de los sectores más agraviados. Lo que en otros sería irresponsable, en el es buena Fe. Autoritario y soberbio, sentencia y reparte candidaturas, sabiendo que el grueso de la masa que le sigue le blindan de los cuestionamientos. Allí es donde AMLO tiene su fuerza. En el manejo de las emociones de los seguidores en los que, por cierto, hay muchos que son mero “cachadores” de un sistema de dádivas y que, desde luego, no le cuestionan su talante autoritario y no pocas veces delirante. Baste verle cuando se sube a un templete y, frente a sus seguidores, AMLO desliza frases fluidas y sin tropezones. Frases sueltas en donde inserta muchas de las que ya conocemos y las de nuevo cuño: “fifis”.

Pero en las entrevistas personalizadas, como la citada con Ramos y otras más, evade, escapa, se escabulle, titubea y, al final escamotea cualquier pregunta que le comprometa.

La inserción del PES, el nuevo rostro que ha asomado, con relación a la Fe que profesa, no es censurable. Tiene y está en todo su derecho. Pero también está obligado a dejar claro ante la sociedad cuál es su relación con ese partido. Por ello insisto en las preguntas que formuló al inicio y agregó otras: ¿Qué piensa AMLO de Donald Trump y la reivindicación a los movimientos Evangelistas en Estados Unidos? ¿Qué piensa del Vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, Evangelista y ultraconservador y a quien ven como posible sucesor de Donald Trump en el 2020?

Borbotones de preguntas. Y una certeza: que una de nuestras tragedias como sociedad mexicana es llegar a estas elecciones del 2018 viendo a un gran porcentaje de ciudadanos atrapados en el mismo circulo de expectativas centradas en un solo personaje, mientras los males del país empeoran. Sexenio tras sexenio entramos en la misma vorágine. Candidatos y sociedad, atrapados en esta dinámica indigna. Triste realidad.

zaragozacisneros.jovita@gmail.com

Nota. Marco Antonio Sánchez, no te nos olvidas. ¿Verdad, Niniane?¿ Cómo va su proceso de recuperación? ¿Qué ha pasado con este caso? ¿Cuál es la verdad en todo esto? Seguimos y seguiremos insistiendo en la verdad.

 










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