En Do Mayor

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Por. Jovita Zaragoza Cisneros.–¿Arrancamos ya?
¡Lista, Niniane! ¡arrancamos!

Y lo hacemos dedicando esta columna a los funcionarios públicos que a golpe de”Twitters o tuits” quieren convencernos que nosotros, los periodistas críticos y comprometidos con nuestro hacer y los ciudadanos en general somos los equivocados. Que lo que se habla en las redes sociales es producto del mero resentimiento, o ardor. Que somos nosotros, la sociedad, los que fallamos y que somos incapaces de hacer propuestas que ayuden a la construcción del país.

No señores.
No todo es así. Otra vez lo decimos: rechazamos el lenguaje soez, procaz de quienes se escudan en el anonimato de las redes para insultar a políticos o servidores públicos que, por otro lado, dejan mucho que desear también en la forma de conducirse frente a los reclamos. Echen un ojo al político poblano bravucón que denostó a conocido y joven actor mexicano de fama internacional. Político entre cuyos meritos está el comportarse como un verdadero mercenario. Agresivo y soez, ataca a todo aquel que critique al partido que, en ese momento, le cobija y le paga su incondicionalidad. Se pone al tú por tú con los tuiteros, presto a contestar con altanería cualquier comprensible reclamo o cuestionamiento ciudadano.

No señores.

No se puede exigir por decreto o “buena voluntad” a quienes han visto desfilar ante sus ojos los excesos de una clase política carente de sensibilidad que ostenta, ante una sociedad castigada con salarios magros, relojes o accesorios cuyo costo es cuatro veces, o hasta más, el salario mínimo anual de un trabajador.

No señores.

Hagan su parte. Capitalicen y atiendan el fondo de este enojo que, aunque mal dicho, mal expresado con palabras altisonantes, surgen del hartazgo y la falta de esperanza en una clase política que no deja de usar a la ciudadanía como mero instrumento para sus fines.

Por eso, a ellos dedico esta columna. A todos los políticos y servidores públicos en general que ignoran u “olvidan” que la función de un gobierno es administrar y transparentar aquello que les fue dado en administración y asegurar condiciones de desarrollo, generar un Estado de Derecho que garantice el bienestar de la sociedad a la que sirve o debe servir.

A todos ellos, en especial a los que piden propuestas, aquí hago una, dirigida al funcionario AN, egresado de un respetable institución académica como el Instituto Politécnico Nacional. Tiene mi respeto y reconocimiento a su buena voluntad, pero deploro su ignorancia en historia, propongo pues:

Antes de asumir un puesto público, sean enviados a un curso de cultura general, conocimiento de la ética y moral que ha regido la vida de México de los últimos años , en la que se analice cuál es la calidad y valores que rigen a las élites políticas, culturales, científicas, económicas de México y su responsabilidad en las desigualdades que hoy nos tienen donde estamos.

A ellos, les dedico y les recuerdo este Fragmento del discurso pronunciado por Benito Juárez, gobernador del estado de Oaxaca, ante la X Legislatura, al abrir el primer periodo de sus sesiones ordinarias.

Oaxaca, julio 2 de 1852.

“… Bajo el sistema federativo los funcionarios públicos no pueden disponer de las rentas sin responsabilidad; no pueden gobernar a impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes; no pueden improvisar fortunas ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, resignándose a vivir en la honrosa medianía que proporciona la retribución que la ley haya señalado…”

LA HONROSA MEDIANÍA.

Quizá porque entendemos cómo está conformado nuestro sistema político queremos encontrar todavía un mínimo de decencia en algunos servidores públicos de nivel. Queremos creer que trabajan ajenos a los intereses de las cúpulas del poder en turno. Tal vez, porque al ver sus historias académicas y sus historias de vida nos formamos la idea que alguien que viene de la cultura del esfuerzo, de hacer sus estudios en escuelas oficiales , mantiene el pulso ciudadano sensible y comprende las necesidades de la clase más castigada por la desigualdad imperante.

Pero no es así.

En la mayoría de quienes dan el salto de la cultura del esfuerzo y llegan a formar parte de las elites políticas, les viene una suerte de transmutación que se posesiona de ellos. Y la decencia que les acompañó antes de probar las mieles del poder se olvida ante la seguridad que da el saber que su futuro y el de sus hijos estará asegurado. Eso les hace olvidar las buenas intenciones que alguna vez tuvieron para trabajar en mejoras de oportunidades para todos. Esa seguridad, ese saberse ya posicionados en esa élite termina por volverles insensibles y olvidarse del drama que provoca un sistema social y económico tan desigual como el nuestro, en donde quienes están arriba de la escala económica no son necesariamente los mejores.

Hace mucho que la competencia feroz y desigual ha formado a una sociedad oportunista, trepadora y carente de moral, entendiendo esto último como el conjunto de valores y costumbres que guían la conducta individual y mantienen la estabilidad social.

Hay tal sed de pertenencia a los círculos altos de la economía y del poder que ya no media diferencia entre el que bien come el pinole, como el que se atraganta con él. En el afán de ser “ganador”, todo se vale. No es la inteligencia lo que está en el culmen de la vida del país, es el que tiene habilidad para insertarse donde hay la posibilidad de enriquecerse y hacerse cómplices de las trapacerías de los que han escalado con trampas al poder o en la economía.

Me hago eco de las palabras del sociólogo y politólogo intelectual, Fernando Escalante Gonzalbo y comparto en este espacio fragmentos de un excelente artículo (El mañana efímero), publicado este 1 de enero en la revista Nexos.

“…Acaso el rasgo más característico del presente sea la miseria de las elites. El saldo del régimen revolucionario es discutible en muchos terrenos. En una cosa fracasó trágica, estrepitosa, indudablemente: no fue capaz de formar elites con mínimos de dignidad, de decencia, responsabilidad, mínimos de capacidad. Y me refiero a todas. La elite política, por supuesto, pero igualmente las elites económicas, culturales, científicas, los liderazgos de eso que llamamos sociedad civil. Es igual donde se mire, la calidad de las élites mexicanas es subterránea…El indicador más simple, más claro, es el salario mínimo. A estas alturas, no debería haber discusión: el salario mínimo no es un precio que se defina en ningún mercado, sino el límite inferior de los contratos laborales, que se establece políticamente. Es un estándar moral. El salario mínimo dice lo que en nuestra sociedad es aceptable como remuneración para alguien que trabaja ocho horas. Y bien: a nuestras élites no les parece indigno, escandaloso, no les parece inmoral que alguien gane cuatro dólares al día. Es un retrato de cuerpo entero de políticos, funcionarios, académicos, empresarios, sindicalistas….Se dice una y otra vez que no es posible subir el salario mínimo porque la economía no lo permite, porque repercutiría sobre la inflación, porque la productividad y lo que sea. Y se dice, con la formalidad que corresponde a las verdades técnicas, como si sirviera de disculpa. Pero entonces es peor todavía, significa que han creado una economía que depende de la miseria —y no tienen imaginación, capacidad, energía, voluntad para otra cosa. Significa que se sienten cómodos todos como parásitos de la indigencia.

El drama de la desigualdad es que todo contribuye a reproducirla: la educación, las oportunidades de empleo, las redes de confianza. Eso pasa en todas partes. Ahora bien, cuando alcanza la magnitud que tiene entre nosotros, las élites adquieren una sensación de seguridad muy característica, saben que sus hijos no tendrán nunca motivos para preocuparse —desde antes de nacer están del otro lado. Ese sentimiento resulta profundamente corrosivo, porque significa que vivimos en países distintos, no hay ni la sombra de ninguna forma de solidaridad. Es el germen de la violencia.

Pero esa seguridad tiene además otro precio: la destrucción de los sistemas de reconocimiento, para eliminar la posibilidad de que el mérito cuente para algo. De modo que todo venga a quedar en política, pequeña política, de hoy por ti mañana por mí, intercambio rastrero de favores innobles: grilla. Para los nombramientos, para las promociones, los empleos, los premios, los contratos, los reconocimientos.

El mecanismo básico, aparte de la desvergüenza, es la destrucción de los recursos de exigencia: la prensa, los medios, la institucionalidad del espacio público. En una sociedad medianamente funcional, alguien señalaría un nombramiento absurdo, un premio, alguien podría pedir cuentas —alguien, quiero decir, con suficiente autoridad para que hubiese que tomarlo en cuenta. No hay eso, ni remotamente. Tenemos una prensa de boletín, grabadora y filtración, que se apoya en la ignorancia y la desmemoria, una prensa escandalosa pero poco exigente, poco o nada exigente, que empieza por no exigirse a sí misma estándares mínimos de veracidad. En lugar de denuncias, donde podría haberlas, hay una gritería inane, mendaz, interesada y tramposa, de modo que la prensa resulta ser un instrumento ideal, que ni mandado a hacer, para reducirlo todo a la grilla.

Eso nos promete un futuro por lo menos igual de gris que el presente. O peor, seguramente peor…Me viene a mano, como ejemplo, el sistema de evaluación de la educación superior. Todo es público, a nadie le da vergüenza exhibirlo —al contrario. Una empresa privada, ACCECISO, evalúa los programas de licenciatura de El Colegio de México, que en otro tiempo formaba a la élite del sector público, de la educación superior. En resumen, las que encuentran como debilidades reseñables son las siguientes: la carga de trabajo es excesiva, pesa a los estudiantes; hay sistemas para recompensar a los mejores promedios, y eso provoca nerviosismo; quienes reprueban salen del programa, y eso resulta desmoralizador; se pide una tesis para obtener el grado, y eso hace más difícil, más lenta la titulación. O sea, que lo que tiene que hacerse es reducir la carga de trabajo, evitar la competencia, ofrecer más oportunidades a quienes reprueben, y eliminar la tesis. Así aprobarían todos, más de prisa, y sin esfuerzo. A eso se le llama calidad. No es sólo que nuestras élites sean mediocres, sino que están organizadas para asegurar la mediocridad. Y aplaudirla….”

Juzgue usted lo dicho por este académico. Por mi parte suscribo palabra por palabra. Y espero sea leído por AN. Tal vez le ayudará a comprender el porque esta molestia ciudadana, este resquemor que -aclaro bien- no justifico , ni acepto la forma cómo es expresado, pero puedo entender cómo y por qué está tan vivo.

¿REYES PERVERTIDORES?

Oiga…¡pst…pst! … Amable lector de este espacio: ¿tiene usted hijos pequeños en casa? ¿Es abuelo/a? ¿Tuvo que dialogar con los Reyes Magos para que trajeran lo adecuado a los pequeños de casa? ¿Le saltó a la vista algún “juego” que estaba allí, de manera “inocente” entre los anaqueles? ¿Vio lo que se promociona para los niños y niñas?

Inquieta e indignada, quien esto escribe, compartió en las redes un regalo que una tienda de una gran cadena comercial ofrecía a los niñas en los anaqueles de juguetes: “Sexy Look” , decía afuera de la caja, roja. El estuche era pequeño y señalaba el contenido: un kit de productos de belleza ( sombras, rubor, esmalte para uñas) para niñas de 3 a 6 años. ¿Inocentada? ¡Por Dios!

Otro más: Allí, entre la ropa juvenil, para niñas, preadolescentes ( 12- 15 años) en una de las tiendas departamentales de prestigio la venta de playeras con letreros en Inglés: “ HOTTER THAN HELL”, así como lo está leyendo: grandes letras negras . ¿Inocentada? ¡Por Dios!

¿A quién corresponde regular este mercado que ? ¿Quién o qué padres en su sano juicio permiten lo que a todas luces es una sexualización de las niñas y púberes? ¿Qué papel juega la educación en todo esto? ¿Qué es lo que refleja esto de una sociedad?

En cuanto para los niños, lo que se ofrece a ellos en el mercado abierto de las redes sociales, comentó un buen amigo lector de dialogoqueretano, Héctor Bernal Hernández, compartiendo con nosotros su indignación por ello : rifles, pistolas cargadas de motivos dorados. Como las que usan en el narco.

—Nada que explicar. Solito habla.

Nada , Niniane. ¿Lista para arrancar el año, Niniane?

—Listísima.

zaragozacisneros.jovita@gmail.com










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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