En Do Mayor

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 camara de senadores_delitos electorales
Por. Jovita Zaragoza Cisneros.

La falta de verdadero compromiso de la clase política, su escasa voluntad para trabajar a profundidad en la resolución de los problemas que se han ido acumulando, su carencia de pulso social o desinterés hacia las necesidades de la población más vulnerada, su insultante frivolidad, continúan hundiendo a México en esta brutal violencia que se está viviendo por todo el país. No hay diálogo entre sociedad y clase política. No hay encuentro de voluntades. Y aquí estamos, gobierno y sociedad separados cada uno en las sendas orillas del ancho río de la sangre de los miles de muertos.

Ellos, la clase política al otro lado, con su indiferencia, su sordera y apatía.

De este lado, nosotros. Y en ese nosotros cabemos varios “nosotros”. Núcleos de ciudadanos desbordados por las emociones, ignorantes de nuestra ignorancia, analfabetas funcionales opinando de manera superficial, sea de forma abierta o sea desde el anonimato y denostando todo lo que de las instituciones venga, echando en la misma balanza a esa reserva de ciudadanos y servidores públicos que aún trabajan con ética, amor y compromiso por este país. Allí, como afuera, en nosotros los ciudadanos, hay también justos.

El rasero con que se quiere mostrar la “indignación” es el mismo con que se mide al que de manera accidental atropelló a un perro extraviado (al que nadie es capaz de adoptar para prodigarle abrigo) que al pederasta, que al sicario, que al que viola. En este vacío todo cabe y todo se disfraza con una misma reacción. Basta ver los comentarios en el transitar diario y en las redes sociales, ese gran escaparate de frágil cristal que reúne mucho de lo que somos y de lo que no somos también.

En la otra orilla, la clase política perdida en su mundo donde unos y otros reproducen sus mentiras, se soban el lomo, acuerdan en lo oscurito. Mezquinos y cómodos en sus cotos de poder. ¿Exagero?

Veamos: mencione usted uno solo de los partidos políticos que tenemos en este momento y que tenga la preocupación real, el compromiso, la sensibilidad de articular y poner en la mesa de discusión las causas multifactoriales que inciden en los problemas que aquejan al país. Uno solo que haya convocado a los diversos organismos de la sociedad para hablar de los factores que han provocado el aumento de esta violencia y el aumento exponencial de niños y jóvenes en el consumo del alcohol, drogas y prostitución. ¿Cuál de los partidos y/ o candidatos ha ofrecido un análisis profundo de las causas, a la par que ha propuesto soluciones creíbles? ¿Cuál partido y /o candidato ofrece soluciones concretas a problemas a los que ellos mismos han permitido su avance? ¿Uno solo que sea capaz de hacer a un lado intereses mezquinos para ofrecer estrategias ciudadanas bien articuladas? Mencione usted a uno solo que haya sido capaz de sacar de sus huestes o aplicar la ley a los infiltrados en actividades ilícitas y/ o asuntos de corrupción.

“Así es esto”, contestó recientemente el viejo y astuto político, Diego Fernández de Cevallos a un comensal que de manera respetuosa se acercó a la mesa donde departía nada menos que con el líder del sindicato petrolero, una figura y nombre emblemático ya en la en la historia de corrupción de México.

“¿Comieron bien…comieron bien, señores? Porque 50 millones de mexicanos, no” dice con fina ironía el hombre que se acerca a la mesa de los políticos. En el video que circula con fecha 24 de noviembre se ve cómo F. de Cevallos con tono de inocultable turbación, pero de rápida respuesta, contesta:

“Así es esto. ¿Usted está entre los 50 de acá o de allá?”, el hombre, rápidamente revira: “ Yo trabajo. No he robado al país, gracias a Dios ¿eh?”

“¡Ah qué bueno!”, contesta F. de Cevallos.

Vuelve a contestar el ciudadano, antes de retirarse: “Que lástima, que lástima me da. Pero qué bueno, bonito día, a ver el Karma cómo le va….”

Así con esta simpleza, las palabras de Fernández de Cevallos se agregan al historial de las tantas frases cínicas que los políticos han dicho y que en otro tiempo hasta festejamos o minimizamos. Pero hoy no. Hoy que vemos y sabemos el costo que se está pagando por la falta de seriedad como tomamos a ellos y permitimos durante tanto tiempo que actuaran, ya no son festejadas. El mensaje de que tales “ocurrencias” ya no caben en el México de hoy, está claro. No caben ya los oportunistas que ofertan ilusiones que se desvanecen al mínimo aliento.

Como tampoco deben caber en nuestro cuño diario las “ocurrencias” que transitan en la vida común ciudadana. Sean de la clase política o de nosotros mismos, la voluntad por asumir nuestra parte de responsabilidad en todo esto debe de cultivarse y estar presente. Es lo que nos ayudará a salir de esta delicada situación en la que estamos. Tender puentes comunicacional entre ciudadanos con voluntad de diálogo para dimensionar la magnitud de los problemas y trabajar en su solución. Es necesario resistir a esa vorágine de acontecimientos que amenazan obnubilar la lucidez, tan necesaria para distinguir entre lo que es sano para construir otra forma de vivir la vida en el país, y lo que ya tiene claros visos de patología.

LSI EN ESPERA….

Lo sabemos bien. Lejos estamos en México de tener en los cuerpos legislativos la representación de los intereses de la sociedad a la que están obligados a escuchar y servir. La obediencia – que caracteriza a los cuerpos legislativos hacía el Ejecutivo – sobre todo el Peñista- es secreto a voces. Por ello, sabemos que sin mayor trámite, la Cámara de Diputados dio luz verde a la LSI y La Cámara de Senadores estaba ya lista para hacer lo mismo, desoyendo las múltiples recomendaciones de diversos organismos nacionales e internacionales que se oponen a ella. , no por mero capricho, sino sustentados en serio y profundo conocimiento del significado de su aprobación para la vida del país. Pero la voz de “recomendación para su revisión” hubo de venir del Ejecutivo para detener su avance y aprobación, contemplada para este martes 12.

Se habla de que las recomendaciones emitidas por la ONU y por la Interamericana de Derechos Humanos fue lo que llevó a Enrique Peña Nieto a “pedir” al Senado escuchar todas las voces y ampliar los espacios de diálogos con las distintas organizaciones de la sociedad civil.

Una de las voces más enérgicas que se dejó escuchar recientemente con relación al tema, fue la del recién galardonado con el Premio Nacional de Derechos Humanos 2017, Miguel Álvarez Gándara, quien de manera directa al recibir en Los Pinos el reconocimiento, este viernes 8, hizo hincapié en lo erróneo que resulta pensar que la aplicación de la fuerza equivale a mayor seguridad. “En realidad, esto genera más muerte y desesperación”, dijo en medio de aplausos aprobatorios Álvarez Gándara, Director del Colectivo Servicios y Asesoría para la Paz (Serapaz) pidió a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) que, en caso de ser avalada dicha norma, presente una acción de inconstitucionalidad.

En este espacio insistimos sobre la importancia de estar al pendiente con lo que tenga relación con la LSI , compartiendo con ustedes las voces de expertos que sustentan con solvencia las razones de su NO aprobación. Hoy doy paso a la voz del Doctor en Política Criminal por el Instituto Nacional de Ciencias Penales y Maestro en sociología del Derecho y también Psicólogo y Académico, Luis González Placencia.

“¿Por qué es urgente detener las iniciativas sobre seguridad interior? Porque de no hacerlo, el Congreso mexicano habrá creado una jurisdicción que legaliza una situación que hace una década representa uno de los principales riesgos a la seguridad ciudadana en el país: la presencia de las Fuerzas Armadas en el fuero civil. La discusión es de suma importancia porque, tal como lo ha dicho el propio General Secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, haber sacado a soldados y marinos de los cuarteles para combatir al crimen organizado ha colocado a ambos institutos armados en una condición de fragilidad frente un régimen de Derechos Humanos 1, como al que aspira la Constitución General de la República. Tal como él lo expresó, ni el Ejército ni la Marina están capacitados para atender un problema que corresponde a las instituciones encargadas de hacer cumplir la ley en el fuero civil; porque en este fuero, los objetivos son otros, pero sobre todo, porque las reglas son otras. En ese sentido, su llamada de atención puede parafrasearse del siguiente modo: o nos devuelven a los cuarteles, o nos cambian las reglas. No habló el General Secretario de capacitar a sus efectivos, porque seguramente sabe que esa labor llevaría años y porque terminaría desvirtuando la naturaleza de los institutos armados. Por lo demás, seguramente sabe también que, si el Estado mexicano ha perdido una década para formar operadores eficientes y confiables para los sistemas de seguridad pública y de justicia penal, nada garantiza que ahora sí se tomara en serio la capacitación de las Fuerzas Armadas y mucho menos, que ello resultara legitimo frente al déficit que entonces continuaría teniendo la formación de policías, ministerios públicos y jueces. Entonces la disyuntiva se centra entre: sacar a las Fuerzas Armadas de las calles o crearles unas reglas ad hoc. La respuesta del poder civil quiere irse por el lado más sencillo: cambiar las reglas. Crear un marco jurídico que les permita actuar como si estuvieran capacitados para hacerlo, aunque ello implique crear un régimen de que, desafortunadamente, tendría un carácter general y permanente”.

Lo anterior corresponde a la presentación del documento Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, (CMDPDH) que aglutina el análisis de más de una veintena de expertos en el tema. En este documento , prologado por González Placencia, también investigador líder del Cuerpo Académico en Derechos Humanos y Justicia internacional, agrega: “ Lo anterior, aunado a la vigencia de un contexto en el que se evidencia que ha sido la presencia del Ejército en las calles la que ha disparado la violencia, permite inferir que, en la práctica, lo que se busca es legalizar la situación expuesta, convirtiéndose en un riesgo estructural para la seguridad ciudadana. En otras palabras, garantizar la “seguridad interior” —lo que no está lejos de significar, garantizar un marco de impunidad para el Ejército y la Marina— puede convertirse en un riesgo para la seguridad de la población civil. La discusión que se aborda en esta compilación incluye múltiples aristas del debate en la materia, lo que demuestra que hay todavía mucho que considerar antes de cometer un error del que, tarde o temprano, podemos arrepentirnos. El deseo es que las y los legisladores se den el tiempo de leer, comentar y reflexionar sobre los argumentos aquí contenidos, y asuman su obligación constitucional de proteger el marco constitucional que hoy nos rige, desechando las iniciativas y emprendiendo el camino de reconstrucción institucional, la cual es la única solución de fondo para el tamaño de la crisis que hoy vivimos…”

—-¡Gulp… gulp…gulp!

¡Si, Niniane! ¡Recontra gulp!.

zaragozacisneros.jovita@gmail.com










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