EN DO MAYOR

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¿Qué podría agregar quien esto escribe a lo que se ha expresado sobre la muerte del enorme Quino en los medios de su natal Argentina, América Latina toda y la parte del mundo donde se tradujo su obra? ¿Qué más decir sobre su Mafalda y banda de amigos que dieron forma y representación al mundo de adultos, cuya facilidad para hacer y decir estupideces de forma tan natural y automatizada forma parte de nuestra normalidad?

El pasado martes 30 de septiembre, a las 9:21 am, un tweet se abrió paso entre todos los temas que circulan en esa red: “Se murió Quino. Toda la gente buena en el país y en el mundo, lo llorará”, escribió Daniel Divinsky su editor. Y si, la gente buena le lloramos. Pero también los no tan buenos y pecadores estándares. Y, quizá, hasta uno que otro que no alcanzamos los estándares de la bondad, también lloramos a Quino.

Si. Nos dolió saber la muerte física del creador de Mafalda. Un hombre bondadoso como el pan de buena levadura, quien nació y formó en sus primeros años en un periodo político y social agitado por la llamada “Década Infame” iniciada en Argentina en 1930 y finalizada en 1943.

Si. Nos conmovió la muerte de Quino que, aunque inminente por la edad ( 88 años), le sabíamos atento al mundo y porque estábamos familiarizados también con una parte de su biografía. Sabemos que el pequeño Joaquín Lavado Tejón, Quino, nació en 1932 en Mendoza, Argentina, ubicada al oeste de Buenos Aires su capital a donde llegaría a vivir a los 22 años, huérfano de padres ya. Su madre murió cuando él tenía 13 y cuatro años después murió su padre. Y que Quino es derivado de Joaquín, nombre de su tío paterno también, quien lo acercó a la magia del dibujo.

De esa Argentina de dictaduras y gobernada luego por Juan Domingo Perón (1946-1955), venía Quino, quien vivió las transformaciones de una Argentina donde la gratuidad de la educación universitaria abría posibilidades a los jóvenes del país. Juan Domingo Perón y su implementación del Estado de Bienestar, entre otras cosas, trajo beneficios inmediatos a la ciudadanía, creando la impresión de una economía dinámica que no tardaría en mostrar sus trampas, también. En cuanto a la educación, Perón terminó usándola como un instrumento de culto personal hacía él y Eva Perón.

Al derrocamiento de Perón la Argentina de Quino entró en una dinámica agitada. El golpe de Estado cívico- militar contra su gobierno la hundió en una vorágine violenta y represora, con todo lo que ello implica. En la historia quedó documentado aquel 1953 cuando grupos de oposición al peronismo cometieron el atroz acto terrorista contra la manifestación en la Plaza de Mayo, donde la cifra de muertos fue mínima, comparado con el otro acto que dos años después se cometió en junio de 1955 en el que murieran 308 personas, “entre ellas 23 mujeres, 6 niños y niñas y 111 militantes sindicales peronistas, además de decenas de personas que no pudieron ser identificadas debido a las severas mutilaciones y quemaduras sufridas”,
En este contexto Quino supo de las represiones que ejercen las dictaduras, los intereses que las impulsan y respaldan, lo que significa los juegos políticos y las reglas a seguir para alcanzar el poder e imponer ideologías que terminan por corromperse.
LA NIÑA SABIA.
El extremismo ideológico de la “Guerra Fría” agitaba a América Latina. La puesta en mesa de la discusión de temas, hasta entonces no tocados, circulaban por los aires del continente. El surgimiento de grupos armados y el oportunismo siempre en acecho de Estados Unidos, obsesionado con lo que ellos consideraban una amenaza del comunismo hizo lo suyo. Enmedio de un país presionado por golpes militares, nace Mafalda en 1964. La crítica situación política que se vivía hizo que Quino decidiera protegerse de la censura y de una posible agresión, por lo que en 1973 decidió salvaguardar a Mafalda.
Pero la voz de Mafalda, atenta al mundo y a la dinámica adulta plagada de contradicciones ya había tomado un impulso internacional. A la aguda mirada y mente sagaz de esa niña no escapaban los constructos sociales de adultos que para todo tienen respuestas fáciles que sumen en el confort adormecedor a la consciencia. Preguntas agudas, surgidas de una mirada ingenua cargada de ternura no exenta de acidez, pero que exponen la barbarie que baña al mundo; comentarios que son espejos bien pulidos mostrando una realidad que, de reflexionar más en ellas, nos obligaría a dimensionar la gravedad del camino que hemos construido.
AMIGOS Y COMPLICES.
Por suerte para Mafalda no creció tan sola. Pronto arribarían, uno a uno, amigos con quienes compartir sus inquietudes y penas. Felipe, Manolito, Susanita, Miguelito, Libertad se volverían cómplices de aventuras y desventuras también. En Guille, su hermanito, Mafalda encontró la pureza de un niño nacido en un mundo encaminado ya hacía la masificación. La mirada de Mafalda se detenía en ese pequeño al que ella acogió con la responsabilidad de la hermana mayor que toma la obligación de salvaguardarle del conformismo que le rodeaba. Que Guille supiera que tenía todo el derecho de rechazar platillos impuestos. Eso de aceptar la sopa así porque si tiene sus trampas. Es el ensayo a la obediencia sin más. Una obediencia que dará píe a que cualquiera que exija del otro “lealtad ciega” hay que temerle. Sea en el ámbito que sea. Y si es en el político más aún.
Allí, junto a sus amigos y en ellos, Mafalda encontrará la personificación de los valores que mueven al mundo. Y nosotros veremos que abundan las Susanitas que se resisten a dar paso a la mujer libre, contestataria y comprometida con los demás, capaz de alzar la voz por los otros. Y que eso de preservar las apariencias es lo más importante. Y a los Manolitos que tasan todo en dinero y ganancias. A los Miguelitos que con su ingenuidad avanzan haciendo preguntas sin que se amilanen porque los otros los tomen por bobos. Y nosotros encontraremos en Mafalda y Felipe símbolos de sabiduría y despertar de consciencia necesarias para detenernos en esta loca carrera sobre la que vamos.
Si. Dolió la muerte de Quino. Y nos llenó de infinita ternura saber que Mafalda estaría sufriendo la partida de un espíritu apacible y generoso, que le construyó una cuna hecha con frases de amorosas verdades. Mafalda aprendió que “no es necesario decir todo lo que se piensa, lo que si es necesario es pensar todo lo que se dice”.
Y este martes 30 de septiembre, todo mundo tuvo algo que decir relacionado con Mafalda y sus amigos cómplices de aventuras con los que solía también divertirse con las barrabasadas de “un mundo cada vez más lleno de gente, pero de menos personas”. Todo mundo tuvo algo que decir de la muerte de Quino y sobre Mafalda. Todo mundo se identificó con esa criatura; pero omitieron hacer mención de Susanita y Manolito, que tienen mayoría representativa en el mundo que habitamos.
Para fortuna nuestra, la voz de Mafalda está presente aún, representando a Quino. Y es bueno continuar leyéndola y reflexionar sobre el símbolo que representan cada uno de sus amigos. Sobre todo ahora que en el escenario mundial los fantasmas de las ideologías extremas andan de vuelta. Sean de derecha o izquierda. Pero su tufo amenazador está vivo. Es cosa de estar atentos.










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