En Do Mayor

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Cascadas_Agua_Azul
Por. Jovita Zaragoza Cisneros.

A todos ellos.

LOS JUSTOS

Jorge Luis Borges.

Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.

El que agradece que en la tierra haya música.

El que descubre con placer una etimología.

Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.

El ceramista que premedita un color y una forma.

Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada

Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.

El que acaricia a un animal dormido.

El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.

El que agradece que en la tierra haya Stevenson.

El que prefiere que los otros tengan razón.

Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

En tributo a los que hace dos meses salieron a mostrarnos de manera callada, sin grandes estruendos, que hay en la sociedad una reserva de hombres y mujeres justos, prestos a ayudar, no por un día, sino por el tiempo que fue y ha sido necesario hacerlo. Los que han dado seguimiento a las necesidades de los otros y están aún allí, día a día acompañando a los necesitados e indefensos. A ellos, este maravilloso poema ( LOS JUSTOS) de Jorge Luis Borges que los ilustra de manera magistral.

Un poema que citara de manera emotiva y esperanzadora en un artículo José Woldenberg, publicado en El Reforma el 27 de septiembre. En él, Woldenberg resalta la parte sencilla y maravillosa que habita en muchos seres que refrendan con su diario hacer que lo mejor de la naturaleza humana está en esos discretos actos que acompañan la vida cotidiana y se manifiestan con mayor fuerza en los momentos límites, como el que vivimos hace dos meses y un día.

Escribió Woldenberg:

“…En los últimos días hemos sido testigos de la multiplicación de los justos. No fueron treinta y seis sino una cifra difícil de establecer: los que asumieron que era su responsabilidad personal intentar rescatar a los sobrevivientes, atender a los damnificados, proporcionar refugio y comida a quienes carecían de ello. Sumaron legiones, y dejando a un lado mezquindades, pusieron en el centro de su preocupación el bienestar de los otros…/ El rescatista que acudió a la cita, el médico que improvisó los primeros auxilios, la señora que preparó con cuidado y esmero alimentos, el viejo que con sus menguadas fuerzas cargó paquetes, el ferretero que entregó herramientas en forma gratuita, el soldado que lloró al encontrar sin vida a una madre y su hija, la niña que en medio del desorden pudo concentrarse para escribir un mensaje de aliento a la persona anónima que recibiría un pequeño paquete de ayuda, los brigadistas internacionales que se sumaron al esfuerzo, los traductores y traductoras que los auxiliaron, el vecino que recibió en su casa al que había quedado sin hogar, la que en los albergues contaba cuentos a los niños, el marino exhausto al que no le importó alargar al máximo la jornada de trabajo, el policía que intentó ofrecer fluidez al tráfico desquiciado, la reportera que con objetividad informó condolida lo que pasaba en los más remotos parajes, el que levantó el puño para solicitar silencio porque quizá se podría detectar un sonido que anunciara la posibilidad de vida entre los escombros, el que entregó dinero para la reconstrucción, la que donó alimentos, el que calladamente realiza los dictámenes del estado de los edificios, el funcionario que no ha dormido coordinando la atención a las múltiples necesidades, el que acaricia al perro que podrá ofrecer la pista para salvar a quien está oculto entre toneladas de cascajo, el deportista o actor que envía un mensaje de aliento, la estudiante que por primera vez se organiza con sus compañeros para atender las urgencias de desconocidos. (También hubo miserables que, a sabiendas, esparcieron rumores o pensaron que el momento era propicio para robar o quisieron ajustar cuentas políticas. Pero esos no importan…por ahora)…./ Esos miles de personas, hombres y mujeres, viejos y niños, funcionarios públicos y vecinos, con sus cascos, cubre bocas, camisas arremangadas, envueltos de polvo y sudor, trabajando en los edificios derruidos, haciendo largas filas para agilizar el acopio de medicinas o alimentos, transportando personas o utensilios, ofreciendo sus brazos y con ello consuelo, construyeron un dique no solo para separar a la vida de la muerte, la esperanza del desaliento, sino la decencia y la solidaridad del desamparo….” (fin del texto)

¿UN TERREMOTO OLVIDADO?

Dos meses apenas y la normalidad parece haber borrado la experiencia estremecedora de lo que vivimos con el pasado terremoto que cimbró la estructura de una ciudad presumiblemente vigorosa y que en algunas de sus partes ostenta un aire de invencible y coquetea con la modernidad del primer mundo. Un terremoto que afectó a colonias de jóvenes y gente “snobs” y que desnudó la soberbia de Universidades que se han beneficiado con la masificación de sus estudios, bajando sus estándares de calidad, lucrando con los grandes huecos que la ineficacia de un Estado indolente que ha dejado fuera de los beneficios de la educación a miles de jóvenes. Un terremoto que mostró las añejas carencias en el control y regulación de las construcciones en ciertas zonas de la ciudad, sometida hoy a la rapiña inmobiliaria. En pocas palabras: un terremoto que desnudó la corrupción en la que está asentada una ciudad que ha sido, y es, botín de la clase política siempre inmersa en miras cortoplacistas. Ciudad trampolín de su codicia y la de los grupos de empresarios inmobiliarios.

Dos meses apenas hace del terremoto que nos enseñó o nos recordó que, en ese instante aturdidor y temerario, el impulso de vida actúa y demanda ponerse a salvo cuando el piso oscila, se mueve, ondea, sacude y nos estremece. Cruje la vida, amenazando desmoronarse. Cruje el temor interminable y nos asumimos seres huérfanos de certezas.

Dos meses se cumplieron justo el domingo. Poco tiempo aún. Reciente en la memoria que hace trampas intentando anestesiarse con el ir y venir de las prisas cotidianas. No queremos estar recordando esos momentos, ni permanecer atrapados en el instante y las afectaciones de lo que vivimos. No es sano. Pero tampoco lo es no aprender las lecciones que dejó. Como tampoco es sano desde lo social olvidarnos que hay seres sufriendo aún por la pérdida de los suyos y que hay aún personas a la intemperie esperando la recuperación de su techo. No es sano olvidarnos de la parte ruin que salió a flote, mostrándonos a los oportunistas, que aprovecharon de la confusión del momento para engañar, haciéndose pasar por damnificados.

Pero, sobre todo, NO es sano olvidarnos de la otra parte, la más luminosa, la más reconciliadora que salió ese día, equilibrando con su ayuda y solidaridad la sensación de indefensión que hemos venido sintiendo a causa también de la clase política y el Estado, metidos hoy en sus pugnas electoreras. No lo olvidemos.

LA MULTIPLICACIÓN DE LOS JUSTOS.

Los justos nos dan lecciones sin los gritos de quienes gustan de anunciar sus obras. Se entienden y conectan desde la parte más conciliadora. Dan enseñanzas silenciosas (y hasta bofetadas con fino guante) con sus actos de dignidad a los que ostentan grandes títulos académicos, que confunden conocimiento o información con sabiduría.

Los justos salieron hace poco en Chiapas. Tomaron palas, picos y la fuerza de sus manos encallecidas de hombres de campo en armonía con su entorno. Dueños, por derecho propio y ancestral de la tierra que conocen a profundidad, solucionaron el problema que se presentó en Las Cascadas de Agua Azul, Chiapas, cuyas aguas “desaparecieron súbitamente”. El asombro e inquietud de lo sucedido fue explicado por funcionarios que, rodeados de especialistas señalaron que ello fue resultado del temblor del 7 de septiembre pasado. “Una enorme roca que diversificaba el cauce, se fracturó, ocasionando que uno de los afluentes ( el que producía la cascada) se desviara hacia la parte izquierda. Esto es recuperable y se hará a través de trabajos de alta ingeniería. Será un trabajo arduo, pero se recuperará. En un aproximado de 20 días, sabremos exactamente por dónde empezar”.

—–¡Wowwww! los hombres de saberes y ciencia dieron su explicación y anunciaron que el dictamen final se ofrecería en aproximadamente 20 días.

No ironices, Niniane. Lo sucedido causó verdadera consternación a quienes conocemos el lugar y sabemos lo que ello significa, tanto como belleza y reserva natural, como por la derrama económica que deja a sus habitantes. Es una zona eco turística y, además, su afluente beneficia a los municipios por los que pasa. Así que no ironices.

Pero, mientras esas autoridades “doctas en el asunto” hacían reuniones para explicar el problema, al día siguiente del informe, los lugareños cargados con picos, palas y el impulso de su ancestral conocimiento heredado, removieron los escombros que obstaculizaban el cauce del río. Durante tres días, organizadas cuadrillas desazolvaron los 70 metros del ancho afluente y rompieron la roca que lo desviaba hasta devolverlo a la normalidad. Los justos pusieron su parte. No se sentaron a lamentarse. No se perdieron en reclamos iracundos. Dieron a autoridades y a muchos de nosotros verdaderas lecciones de unión y esfuerzo.

Acciones como esas, y otras más, inspiran a una sociedad ansiosa por rescatar el capital humano y abrazar aquello que nos recuerde lo mejor de nosotros como individuos. Se hace necesario reconciliarnos con esa reserva de bondad que debe multiplicarse por todos los rincones de este país castigado por tanta violencia y corrupción.

No se nos olvide que aún hay mucho por hacer para contrarrestar todo este sinsentido que muchos se empeñan en conservar para beneficiarse del caos imperante. El sistema perverso y pervertidor que vivimos nos quiere desunidos, nos quiere escindidos, nos quiere cansados, nos quiere desalentados, nos quiere desesperanzados, nos quiere miedosos, nos quiere aturdidos, consumidores insaciables. Nos quiere negados a la realidad que lastima el alma y golpea nuestra dignidad de seres humanos. Nos quiere obedientes, nos quiere crédulos de sus sempiternas promesas. Nos quiere postrados. Nos quiere culposos. Nos quiere dóciles. Nos quiere iracundos, peleándonos entre nosotros. Nos quiere distraídos. Nos quiere acríticos. Nos quiere robotizados. Nos quiere muertos en vida. Nos quiere frívolos. Nos quiere cobardes. Nos quiere manipulables. Nos quiere indignos, como ellos.

—-No se nos olvide. Tan frágil es la memoria y tan fácil caer en la comodidad.

Así es, Niniane. Multipliquemos eso de ser Justos. Esos actos ignorados que salvan al mundo. Bendecidos sean quienes los llevan a cabo.

—–Ya te pareces al alcalde ese, de las siglas MAV, que le da por bendecir al final de algún discurso.

¡ Ninianeeee….!

dialogoqueretano.com.mx

Zaragozacisneros.jovita@gmail.com

 










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