EN DO MAYOR

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AYOTZINAPA
Seis años se cumplieron este sábado 26 de aquella historia de horror que aún está en la memoria colectiva y en el dolor de las madres y familiares de los jóvenes de Ayotzinapa, victimas estos últimos del cobarde atentado ocurrido en un país envilecido ya por hechos atroces en los que la impunidad, injusticia, atropellos, corrupción, campean desde hace años por todo México.

Lo ocurrido con los jóvenes de Ayotzinapa no fue un hecho aislado en el país. Cuatro años atrás, en agosto del 2010, en San Fernando Tamaulipas al norte del país, el grupo criminal de los Zetas masacró a 72 migrantes de origen centro y sudamericano (58 hombres, 14 mujeres). No hubo imágenes del secuestro de los autobuses donde viajaban los migrantes quienes, según declaró una de las víctimas que pudo escapar del lugar donde los llevaran, los asesinaron al negarse estos a hablar a familiares para que pagaran por su secuestro y por no aceptar unirse a las actividades delictivas de este grupo.

Al año siguiente, marzo del 2011, un rumor sobre otro suceso ocurrido en Allende Coahuila trascendió. Se hablaba del secuestro de alrededor 300 personas violentamente sacadas de sus casas y ranchos, subidas a camionetas de sus ejecutores, los Zetas, llevados por este grupo que tiene en sus manos el control del narcotráfico en su frontera con Texas, a sitios donde las ejecutaron. Lo que parecía un cuento de horror, e inverosímil por la manera cómo se dijo había ocurrido todo, se conoció a detalle tres años después en que gracias a las indagatorias y presión de diversos organismos de investigación sabemos lo que provocó tan aberrantes hechos. Uno de los investigadores que documentó a fondo lo ocurrido fue don Sergio Aguayo del Colegio de México, donde hizo mención a Humberto Moreira, en cuya administración el grupo criminal actuaba con total soltura y fortaleció su presencia en la zona. Valga recordar que fue por estos señalamientos que Humberto Moreira demandó “por daño moral” al `politólogo.

Hoy se sabe que lo ocurrido en Allende fue una venganza de los Zetas por las diligencias que la DEA estaba efectuando para ubicar a los hermanos Miguel Ángel y Omar Treviño, dos de los destacados líderes del grupo. La investigación de la DEA no progresó debido a que algunos elementos del gobierno mexicano les pasaban información. Los líderes del grupo criminal enfurecieron contra dos de sus elementos originarios de Allende, a quienes culparon de haber traicionado a su organización y decidieron vengarse con los pobladores del lugar. Esas fueron las razones de un hecho sobre el que aún no se sabe exactamente el número de desaparecidos. Testigos mudos de ello quedaron las imágenes de las 39 casas y 7 ranchos derruidos con granadas e impactos de balas de grueso calibre y cuyos habitantes fueron desaparecidos.

Tres años después, la noche del 26 de septiembre del 2014, la calles de Iguala, Guerrero fueron escenario de otros hechos que solo pueden concebirse en las malas películas de acción con pésimos escenarios y actores. La tecnología nos permitió ver en tiempo real la persecución por elementos de la policía a los jóvenes que viajaban en autobuses. Sabríamos después que ese día también perdieron la vida cinco personas más y alrededor de 20 quedaron heridas. Daños colaterales de la persecución que iniciara alrededor de las 21:30 horas del viernes 26 de septiembre y se prolongara hasta pasada la medianoche, para dar paso al amanecer de un sábado escalofriante, donde el silencio del entonces gobernador del Estado, Ángel Aguirre Rivero sería tan estremecedor como los gritos de los jóvenes pidiendo ayuda ante el cerco de balas que saltaban por doquier de sus perseguidores. Luego vendrían las diversas versiones de las autoridades buscando causar confusión. Saltaría también la danza de nombres de algunas autoridades menores, pero que se supo, formaban parte de todo un andamiaje de complicidades con bandas del crimen organizado; estas últimas con tal poder y capacidad para desaparecer a 43 jóvenes de un lugar y frente a testigos que temen hablar a sabiendas que en México no se castiga al culpable, sino al que denuncia.

Seis años de una historia que dio vuelta al mundo, mostrando México, ponderado por sus grandes riquezas naturales y turísticas, su rico bagaje cultural, el proverbial carácter mexicano, pasó a ser conocido como un país donde un joven como Julio César Mondragón podía ser torturado de la manera más abyecta que se pueda concebir, morir luego desollado y desaparecer a 43 de sus compañeros , así nada más, sin que hasta la fecha se sepa sus paraderos.

Seis años y una herida que está abierta en los padres y familiares de los jóvenes y en la sociedad que hicimos nuestro su dolor e indignación y estamos esperando el cumplimiento de la promesa que durante su campaña en el 2018 para la presidencia Andrés Manuel López Obrador hiciera. Sus palabras fueron claras: una de sus prioridades en su gobierno sería reabrir el caso Ayotzinapa y llegar hasta el fondo de este asunto hasta las últimas consecuencias. Unos padres que no han parado de levantar la voz y escarbar en las entrañas de la tierra los cuerpos de los suyos, esperan respuesta. Y la sociedad dolida y agraviada que somos, también esperamos respuestas concretas a este y otros hechos sangrientos que continúan ocurriendo.

DON HUGO GUTIERREZ VEGA (1934-2015)
Este sábado 25, se cumplieron cinco años de la ausencia de don Hugo Gutiérrez Vega. Dueño de una fructífera y destacada trayectoria profesional. Entre los tantos cargos que desempeñara se encuentran la dirección por más de 15 años del suplemento cultural de La Jornada.
Intelectual y escritor, uno de los más grandes traductores de poesía griega en América Latina. Un sabio que, por serlo, se permitía la generosidad a borbotones. Quienes tuvieron la fortuna de tratarlo lo describen como un hombre bondadoso, paciente, abierto al diálogo, respetuoso, entre otras cualidades que permanecen en la memoria.

A sus 80 años de edad, cumplidos en febrero de 2014, Hugo Gutiérrez Vega venía de transitar por las diversas transiciones de un país que pese a su complejidad y episodios vividos en todo su proceso histórico, empezaba a manifestar el rostro más envilecido y, por ende, inconcebible, de una violencia que desde entonces no ha parado.

Como nosotros, lejos estaba don Hugo Gutiérrez Vega de saber que siete meses después, México se cimbraría con lo sucedido a los estudiantes de Ayotzinapa. Aturdidos todos en la vorágine de los hechos, sumidos en diversas interrogantes y estremecidos también ante la zozobra e incertidumbre de la amenaza que crecía a pasos agigantados en todo el país, don Hugo lanzó una pregunta que da cuenta de su sensibilidad, compromiso y preocupación que atravesaba su mente lúcida y consciente de la barbarie que vivíamos: “ ¿Qué país le vamos a dejar a nuestros jóvenes?”. Su oportuna interrogante fue dada a conocer por Eduardo Bautista de El Financiero, quien le entrevistara en noviembre del 2014, cuando habían transcurrido dos meses de lo sucedido y la sociedad entera estábamos aturdidos, intentando asimilar una realidad que ya se venía asomando desde tiempo atrás, pero que Ayotzinapa nos mostrara con mayor crueldad y cercanía.

Reproduzco de esa entrevista algunos de los puntos que dijera don Hugo relacionados al caso y su significado para las jóvenes generaciones.
“Lo único que le vamos a entregar a nuestros jóvenes es un caos lleno de sangre y de maldad…Lo que más me angustia es saber qué país le vamos a dejar a nuestros jóvenes. Espero que ellos sean más inteligentes que nosotros y puedan remediar las cosas…Ayotzinapa es una prueba clara del proceso de degradación humana que está sufriendo el país. La crueldad, la violencia, la impunidad, la corrupción y la torpeza nos han ingresado a un proceso de involución antropológica. Para mí, el país es ahora una película de terror transmitida en un canal comercial a las 3 de la mañana. Es un verdadero espanto…Hoy nos enfrentamos a una realidad demasiado brutal como para poder estar frente a ella. Lo primero es bajar los ojos y llorar en silencio. Lo segundo es gritar… Eso me hace recordar el final de un poema sobre Guernica, el pueblo vasco que fue destruido por la Legión Cóndor de Hitler: Nada se puede hacer;/ el minuto ha pasado/ Sólo queda gritar/ gritar hasta que el viento/ nos muestre una salida. Y es cierto, eso es lo único que nos queda: gritar, gritar en las manifestaciones, gritar de horror, de pavor, de crueldad. Quizás así podamos sanar”.










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