EN DO MAYOR.

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“Me persuado que así serán todas las mujeres, exceptuando las muy estúpidas y a las que por efecto de su educación hayan contraído un hábito servil. De ambas clases hay también muchísimos hombres”, fragmento de la respuesta que escribiera y publicara Leona Vicario
a Lucas Alamán, intelectual ultra conservador. (La respuesta tuvo como fin defender su postura ante quienes la acusaban de sumarse a la insurrección por seguir a su marido en la lucha , Andrés Quintana Roo )

¡Ay Niniane, Niniane qué tiempos estamos viviendo! En lo político, me refiero. Sin fanfarrias. Sin el tachum tachum de tamboras o sin música de fondo de suspenso, el lienzo cayó dejando al descubierto la estatua de bronce de una de las figuras más interesantes de la historia de la Independencia de México, doña Leona Vicario. La obra, creada por Eliza Ponzanelli, aparece con las manos en la cintura, supongo que para dar la apariencia de desafío; pero quedó más con apariencia de respetable matrona de la época, o cantante de ranchero. Aunque reconozco que por lo menos está mejor esa imagen que las de las calcomanías escolares donde aparece su imagen con cara regordeta. Pero pudo estar representada mejor. En todo caso más sobria, más estética.

Claudia Sheinbaum, Beatriz Gutiérrez M, recorrieron el lienzo verde, dejando al descubierto la figura de bronce. Alejandra Frausto y doña Olga Sánchez Cordero, unos pasos atrás, mirando atentas el acto. Pero algo no checaba en este evento. No era nada más la imagen de la actual secretaría de Gobernación, Sánchez Cordero, quien en administraciones anteriores posara con trajes sastres, accesorios de marca, y diera entrevistas mostrando el lujo y buen gusto de su lujosa residencia. ¿Será la única propiedad ? No lo sé, pero hoy doña Olga ha transmutado en mujer sencilla de rancho. Su alba cabellera al natural, para hacer juego con la del presidente, calzando huaraches, portando vestidos floreados, sencillas pashmina, tratando a toda costa de parecer que es una más del pueblo. ¡Aja, Niniane…ajà!

¿Qué no checaba , entonces? Ellas. No checaban, ni checan esas mujeres que nada nuevo parecen aportar al avance y enriquecimiento de las libertades y a la defensa de los derechos de la mujer. Las funcionarias del actual gabinete que se dicen de izquierda y que, sin embargo, más que mujeres con voz propia parecen astros opacos girando alrededor de una figura patriarcal. No hay nada en ellas que revele un sello personal en lo que hacen. Nada que refleje una sensibilidad hacía los temas que aquejan a una sociedad donde el maltrato a la mujer va en aumento. Ni un pronunciamiento al respecto, ni un alzar la voz, ni un gesto de solidaridad al dolor de las tantas mujeres, al dolor y desesperanza de las madres de familias que claman por sus hijas desaparecidas.

No checa tampoco el discurso de Beatriz Gutiérrez M. y su desmesura y soberbia al comparar situaciones y personajes históricos, como doña Leona Vicario y Andrés Quintana Roo con la “causa” que ellos defienden. No checa su actitud de salir a escena a defender a su marido, el presidente, quien tiene en sus manos las riendas del poder para defenderse solo de los piquetes de los avisperos a los que se pasa dando palos sin ton ni son.

No checan ellas en su papel de funcionarias, ejerciendo sus cargos desde los modelos masculinos de silencios, omisiones cómplices, incapaces de decirle a la señora del Palacio que calle un poco boca y piense lo que dice antes de hablar, porque eso del sentido común es cosa de ejercerse con seriedad. Que eso del sentido común es cosa de sensatez, de ser razonables y entender que el país no es de ellos. Que hay razones en exigir transparencia en sus operaciones. Que al estar en el puesto de poder tienen la obligación de rendir cuentas porque están bajo la supervisión ciudadana. Que no puede exigir un respeto que tampoco ella otorga en el debate público de las redes sociales. Que hoy ella está en el lugar que antes ocuparon otros que fueron insultados y sufrieron el escarnio de los incondicionales a “su causa”. Que no se le olvide que aunque no le guste que le llamen primera dama, al ser la pareja del presidente tiene una responsabilidad también con los mexicanos. Que no está allí para hacer proselitismo ni defensa de la parentela. Que Andrés tiene que decir más que “Pio” . Y que Pio tiene que decir de Andrés.

No checan ellas. Esas mujeres, que de izquierda tienen lo que doña Leona Vicario tuvo de sumisa y obediente.

No checa el discurso de Olga Sánchez Cordero : “la revisión de nuestra historia a través de la luz del feminismo nos ha demostrado que la fundación de nuestro país tiene muchas forjadoras que han permanecido en el anonimato…Hoy, México experimenta una nueva etapa en su vida democrática, la Cuarta Transformación de su vida pública, la cual retoma los valores de las tres transformaciones previas: la Independencia, la guerra de Reforma y la Revolución mexicana. Leona Vicario es la madre fundadora de la primera transformación y las mujeres contemporáneas lo serán de esta Cuarta Transformación”. No. No checa su discurso con la realidad actual. Porque son miles las mujeres en este país que queremos una transformación, pero de pensamiento. Queremos garantías que salvaguarden nuestros derechos. Nuestra vida, nuestro hacer profesional. Queremos ser respetadas y atendidas en las demandas. No más feminicidios. No loas a estatuas instaladas en espacio públicos, actos cosméticos como expresión máxima de valentía y que ellas se quieren adjudicar como logros de libertades imaginarias. No queremos demagogia usada desde lo institucional y de manera opaca y poco empática con la situación de las miles de mujeres asesinadas. Cultos al ayer, sin atender las realidades que hoy nos apremian a las miles de mujeres. No checa eso y mucho más.

DOÑA MARTHA LAMAS.

No podemos negarle los aportes y el abrir brecha de Martha Lamas a temas de la mujer. Allí está su obra, producto de investigación de tantos años. Quedará como testigo de realidades ominosas sobre las mujeres en nuestro país. Pero hace mucho que parece habérsele ido de las manos la realidad actual y el sentir de las miles de jóvenes hartas de ser acosadas y violentadas. O, quizá, en el fondo, Martha Lamas ha terminado por ceder a la fuerza del patriarcado parte de la razón.

No es la primera vez que sus últimos escritos y declaraciones provocan irritación y reclamos de las nuevas generaciones de mujeres. Apenas en noviembre de 2018 hubieron manifestaciones en torno a su libro : “ ¿Denuncia legítima o victimización?”. El libro, lanzado en agosto de ese año por el Fondo de Cultura Económica despertó la queja de grupos feministas por las declaraciones de Martha Lamas, quien sostenía estar preocupada por las visiones actuales de mujeres que condenaban hasta el piropo como forma de violencia. “Son visiones puritanas”, dijo la antropóloga. Ante ello, las inconformes argumentaron que el libro podría generar algún tipo de jurisprudencia en contra de las mujeres víctimas de violencia sexual” , e hicieron un llamado para que este no fuera tomado como un referente “ teórico, metodológico ni epistémico, para impartir justicia en lo referente a delitos sexuales denunciados”. Agregaron: “ no puede desligar la violencia del acoso. Nosotras reconocemos en los piropos y acoso en las calles una forma de violencia psicológica en la que experimentamos vulnerabilidad y por ello nos rebelamos contra ella”.
Hace unos días, la también catedrática del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) volvió a armar una polémica al afirmar durante un debate que los hombres buscan a sexoservidoras debido a que tienen “esposas frígidas”, colocando así al hombre en ese objeto animal, que no pasa como ente social capaz de asumir una condición más elevada.

Las comprensibles protestas no se hicieron esperar. Y aunque hubieron quienes la defendieron y reconocieron el camino trazado en el feminismo, coinciden en que su legado nada dice ya a la nueva realidad que viven las generaciones de hoy que pugnan por ser reconocidas en sus derechos y en sus exigencias a una vida libre de violencia. La visión de Martha Lamas – aseguran- sigue siendo una postura favorecedora a ciertas actitudes del hombre.

Agrego de manera personal, algo que siempre me llamó la atención de Martha Lamas. Una mujer activista de los derechos de la mujer, prestándose a asistir a uno de los programas televisivos que me parecían de una y ofensa inconcebibles. La cosificación o promoción de los atributos de la mujer como valor único se daba en el programa de Brozo en Televisa . Allí, desfilaron modelos que entraban al juego de palabras de doble sentido de Brozo.
Enmedio de los chascarrillos propios de su conductor, establecía un juego que, entendiéndose como tal, era sin embargo grotesco por lo que representaba el personaje con su actitud irreverente y que bien debió merecer rechazo de cualquier feminista coherente en su postura.

Al cabo del tiempo, sin demeritar su trabajo de investigadora, desde luego, vemos que una cosa está en el campo de la investigación y teoría y otra en el campo de lo que se vive o actúa. No es la primera vez que vemos a figuras que en México son convertidas en objeto de culto, cuya teoría está disociada de su vida personal.










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