EN DO MAYOR.

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Si hay un Estado donde abundan los personajes ocurrentes y se dan las frases espontáneas, es en Guerrero. Ya conté aquella anécdota de cuando el padre de Jorge Campo, Álvaro Campos, fue liberado del secuestro que sufriera en Acapulco. En esa ocasión, al momento de llegar a su casa, la prensa le abordó: ¿ Sufrió maltrato durante su secuestro, don Álvaro? ¿Cómo lo trataron?, fueron algunas de las preguntas que cayeron sobre el padre de tan célebre portero de la Selección. La respuesta fue inmediata: “¡Muchacho, con decirles que me trataban mejor que mi mujer y me daban de comer mejor que ella!”. La carcajada de los allí presentes estalló espontánea. Pero es apenas una muestra de esa manera de ser costeña donde se juega con situaciones dramáticas.
La vida de Guerrero pudiera ser envidiable. La generosidad de su naturaleza, la disposición de sus habitantes a la buena charla, su gusto por jugar con las palabras, el asombro manifiesto hacía las pequeñas cosas de la vida, su conexión con lo natural y su lejanía con la solemnidad; así como una sensibilidad e inclinación hacia expresiones como el canto, la poesía, son un remanso. El espíritu comunitario todavía persiste en quienes se reconocen herederos de su legado familiar. Sin embargo, su historia de décadas de ausencia de justicia, despojos de tierras , impunidad, explotación y menosprecio de las autoridades a las necesidades de sus habitantes, es una herida que está viva y ha roto los asideros que sostienen el fluir de ella en relativa calma. Hoy la invasión de agentes extraños y relacionados con actividades del narcotráfico la hacen insostenible. Guerrero languidece en la desesperanza y la angustia de ver a sus jóvenes y niños atrapados por la violencia. El ánimo oscila entre el desaliento y la ira. Se saben abandonados a la buena de Dios. Demasiado engaños de políticos que han prometido soluciones, les ha enseñado que la historia es la misma: uso y desecho por una clase de políticos oportunistas e insensibles. Más carreteras, más caminos hacia las comunidades, pero la misma situación de despojos de tierra y miserable pago a su cosecha, en muchos casos, obligados a sembrar en ellas, productos ilícitos. Habitantes de rancherías desaparecidos, el terror que parece haber llegado para quedarse.

A pesar de ello, aún hay asomos de ese carácter dicharachero y juguetón. Si el drama de la vida está dentro de sus casas y fuera de ellas el horror de los asesinatos y ejecuciones , pues hay que conservar eso que les pertenece: ocurrencia que arranca la carcajada, jugar un poco con los absurdos humanos. Catarsis que salva. Por eso se coquetea tanto con situaciones y juegan con las características de ciertos personajes. ¿Cómo puede moverlos a respeto figuras como las de los políticos, Gobernadores y Presidentes en turno del país, si cada uno de ellos arriba para clavar espinas a su situación, cada vez más cercana a la miseria? Se saben ya la trama y el guion: discursos encendidos prometiendo solucionar eso, lo otro y más allá. El eterno bla bla bla .

El desfile de personajes folclóricos ha sido y es grande. Desde aquel violento Cacique, que regó por todos lados Caciquitos e inspiró a tantos otros a seguir sus pasos, Rubén Figueroa Figueroa , hasta el actual Senador, Félix Salgado Macedonio son muestra de políticos que Guerrero ha padecido. Por supuesto que la figura del actual gobernador no escapa. Siempre lo han tenido ubicado como personaje servil y opaco, al servicio del rancio PRI. En cuanto a la del actual Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador , desde que andaba en campaña uno de los chistes locales que había en torno a él era que de tan listo, en el apartado de su acta de nacimiento donde dice : “ y presentan____” para especificar estado del recién nacido, tiene inscrita : “niño vivo vivo vivo. Tanto que ¡hasta se pasa de vivo!”. Hoy, si acaso alguna expectativa pusieron en él está desapareciendo para dar paso al desdén. “Es pura labia… más marrullero que ninguno…desde siempre se le vio la pinta…para que la cuña apriete tiene que ser del mismo palo… ahí está vivo vivo vivo… a mañas no hay quién le gane”, son algunos de los comentarios en torno a él.

HONOR NO, SÓLO GLORIA.
Y ya lo estamos viendo. AMLO no necesitó un aparato publicitario para mantener la atención en él. Su astucia , su olfato y la agudeza de sus sentidos le dijeron que era a través de mover las emociones de la población, esas que antes ningún político supo leer o conectarse con ellas para reconocer sus necesidades. A grito abierto, su rostro descompuesto por la supuesta indignación que le causaba ver tanta corrupción, AMLO convenció a todos los que se sintieron representados en él . Lo que antes ninguno se atrevió a mencionar con tal energía, él lo hizo. Caminando a ras de los demás, sudando, vistiendo ropa sencilla, lenguaje llano, actitud y lenguaje disruptivo fueron, entre otras las herramientas que usó. Se encargó, y continúa haciéndolo, de echarle sal a las heridas y vendió la idea de que el encarnaba la solución a los males de tantos años; pero que una vez él en el poder se encargaría de enfrentar y solucionar. Gran vendedor de una imagen salvadora, astuto como pocos, nunca entró en terrenos donde pudiera perder. Al desmarcarse de los demás candidatos hacía carambola en su jugada: su formación básica no le permitirían sostener un debate de altura, por eso recurría a chistoretes y ocurrencias, mandando con ello el mensaje a su “pueblo” de que él era de ellos, estaba con ellos. Era, por tanto, distinto a todos los demás. Dio la imagen de ir enfrentando sólo, sin respaldo alguno, su candidatura y resaltaba su falsa indefensión.
Por supuesto que agregó y explotó, y continúa haciéndolo, una de las características que está enquistada en nuestra idiosincrasia y que hoy se encarga de mantener viva: la victimización.
Uno de los periodistas que siguió paso a paso su carrera y de los primeros en advertir la personalidad del hoy Presidente y lo que estaba por enfrentar, es Jorge Zepeda Patterson, quien desde abril de 2008, escribió en su portal : “¿Qué hacemos con López Obrador?”
Abunda en su artículo de entonces:
“ Ciertamente no es Hitler o Mussolini, pero es sorprendente la capacidad que tiene López Obrador para provocar ronchas a muchos ciudadanos, particularmente entre los sectores conservadores. Una y otra vez reaccionan de tal manera que terminan por vigorizar la figura pública de El Peje….El spot de televisión transmitido en horario triple A en que se le compara a Victoriano Huerta, Pinochet y similar calaña por haber ordenado tomar el salón de sesiones de la Cámara, es tan desproporcionado y abusivo que ha resultado contraproducente. Para El Peje ha sido oro molido, pues confirma la noción de que existe una suerte de conspiración de odio en su contra. De verdugo del Congreso ha pasado a ser víctima de la derecha todopoderosa…”

El desmenuzamiento de las condiciones de ese momento que hace Zepeda Patterson en su artículo es irrefutable. Coherente de principio a fin, el periodista ahora observa asombrado el desdoblamiento de una personalidad en la que él antes confió seguiría una línea relacionada con la búsqueda de la justicia. Un hombre que ha vendido la idea de que fue víctima de fraude electoral en 2006 y dijo tener pruebas. Nunca ha comprobado nada de sus acusaciones. Labia, astucia, maña.

Hoy Zepeda Patterson sabe que está ante un hombre que nunca persiguió honores, porque ¿hay algún político que la tenga y conserve en su camino hacía esas alturas del poder? Sería ingenuo creer que sí. Pero Andrés Manuel López Obrador persigue una cosa también ambiciosa: La gloria de ver su nombre inscrito en una historia que ahora está construyendo a modo, usando todas las herramientas que tiene consigo: el máximo poder.

¿Lo logrará? El tiempo dirá. Pero ya lo estamos viendo. Desde su mañanera marca agenda, centra la atención en él, maneja las emociones también de amigos y adversarios. Construye enemigos para continuar vendiendo su imagen de indefensión. Y sobre este punto, habría que reflexionar sobre qué tanto estamos siguiendo su juego a un experto y astuto en sacar cartas a modo. Profesional en el arte del ilusionismo lanza busca píes para medir reacciones y, así, dar sesgos inmediatos o volteretas sin empacho alguno. Valdría la pena reflexionar qué tanto le estamos permitiendo llevarnos a los terrenos que él sabe muy bien manejar. Quizá es momento de cambiarle la jugada, sacarlo de su zona de confort. No centrar la atención en todo lo que diga. Por hoy parece tener a todos en un puño. Somos varios los que ya nos estamos dando cuenta de ese juego.
“Pero al final, todo gira en torno al presidente: lo que dice o lo que no, lo que hace y lo que no. Y eso para él es oro puro; es su droga. El reflector es totalmente suyo y lo sabe, lo aprovecha. Vive de ello…” dice el autor de un articulo titulado “¿Y qué pasaría si ?”, publicado en la revista Expansión y firmado por quien utiliza el seudónimo de Porfirio Salinas. Agrega el autor: ¿Y qué pasaría dejáramos de girar en torno al presidente y sus dichos? ¿Qué pasaría si los medios de comunicación dejaran de enfocarse en la mañanera permanentemente y no la hicieran su única fuente de contenidos?…¿Qué pasaría si la cobertura fuera tan amplia para otro tipo de noticias, incluso pasando los dimes y diretes diarios presidenciales a páginas internas? ¿Si se resaltaran todas las demás noticias, sobre todo las más positivas? ¿Si se pusieran más agendas sobre la mesa?…Eso sí desencajaría al presidente. Es lo único que realmente le molesta: que alguien más tenga el reflector”.
Para reflexionar.
zaragozacisneros.jovitamail.com










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