EN DO MAYOR.

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( A REG, CAMP/ JEN, ITZ)

No nací poeta. No me fue dado ese don; pero me encanta la poesía. Y en estos tiempos, en realidad, en todos, la poesía es salvadora. Sobre todo en los aciagos e inciertos, como los de ahora , la poesía es el mejor refugio para el alma. Sana los males, ahuyenta incertidumbres, reafirma la vida, suaviza la certeza de la muerte . Yo a la poesía le he dado permiso de que se meta a todos los rincones de mi casa y la resguarde. Le he pedido sea la centinela de los que amo y exhale su aliento protector sobre ellos mientras duermen.
¿Qué mejor vacuna para el virus del desaliento que leer poesía? ¿Qué mejor refugio para la polarización e intolerancia de los tiempos que vivir e integrarse a la poesía? Dejar que se estampe en nuestros rostros el tímido despertar del nuevo día y disfrutar su luz . Agradecer la visita del pájaro rojo cardenal que se posa en la barda del fondo del jardín, las golondrinas que brincan picoteando la comida en el césped, la ardilla que ha tomado la rutina de pasearse por el árbol de pirul que los fuertes vientos han despojado de su ropaje de diminutas hojas.

No nací poeta; pero me encantan los poetas. ¡Nos dan tanto y de manera tan generosa! Ellos nos recuerdan que somos fragmentos humanos formados por palabras. Digo huesos, digo carne y la desolación me invade. Pero digo alma, mirada, sabiduría, silencio y aparece el nombre de un poeta frente al que reverencio. Y en el instante deletreo su nombre: Octavio Paz. Y al hacerlo comprendo que soy mujer, duro poco y la vida se encoge y se expande. Y oprime mi aliento la certeza de que un día nadie deletreará mi nombre.

No nací poeta, pero me gusta ver a la tarde vestirse lentamente de noche y estremecerme con su cielo en el que encuentro el misterio de nuestra finitud. Con los ojos abiertos acepto nuestro efímero paso por la tierra y acaricio la idea de pasar luego a formar parte de ese cortejo de estrellas que resguardan el reino del Dios de Santa Teresa de Ávila, que es también el mío:
“Eleva el pensamiento,
al cielo sube, por nada te acongojes,
Nada te turbe…
¿Ves la gloria del mundo?
Es gloria vana; nada tiene de estable.
Todo se pasa”.
O el Dios, mío también, de Jaime Sabines que “ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas. Y es tan juguetón y travieso que el otro día descubrí que ha hecho -frente al ataque de los antibióticos- ¡bacterias mutantes!”.

No nací poeta, pero aplaudo que los poetas rescaten la poesía. Que agreguen poesía a la poesía y que nutran nuestra vida con ella. Que nos abran caminos formados con tanta sutileza y con la magia de su mirada sublimen ciertas realidades que de otra manera serían insoportables de vivir.

SI HOY ISABEL MONCADA HABLARA .

“No me gustan los poetas, no piensan sino en ellos mismos”, dijo Isabel Moncada, la que habita los Recuerdos del Porvenir. Seguramente si hoy Isabel viviera, al conocer a tantas y tantos poetas que conozco, hubiera cambiado de opinión y estaría de acuerdo en el bien que hacen al mundo los poetas. Y más aquellos o aquellas que traen de manera natural integrada la poesía. Como Kyra Galván de quien había escuchado hablar y en la que, entre otras voces, Julio Figueroa reafirmó mi interés en su obra. Empecé a leerla y desde entonces la sigo.

Si Isabel Moncada viviera, sabría que hace unos meses, después de poco más de 20 años de no estar físicamente en un Taller de Literatura, asistí al de Kyra Galván y su cálido espacio lleno de armonía y magia. No olvido la experiencia de un momento especial, cuando los allí presentes le pedimos nos leyera uno de los apartados de “Anatomía de la Escritura”, de su autoría. Fue conmovedor. Profundamente emotivo verla tomar su libro y al azar abrir una página y leerla con tal dulzura y cadencia. Al terminar de escucharla teníamos los ojos empañados por las lágrimas. Intimo goce la lectura de su poesía, potente y respetuosa oración. ¡Cómo no agradecer a los poetas como Kyra, que saben hacer poesía y saben decirla de esa manera!

Por supuesto que hay toda clase de poetas, como los que describe Isabel Moncada. Pero a mi no me molestan los de egos cubiertos con su armadura de letras. En el fondo parecen niños explorando con su mirada siempre nueva los caminos que recorren o lo que les rodea. Y mientras avanzan quitan los abrojos del camino con su prosa.
Y cubren con su manto de palabras nuestra desnudez.
Y nosotros, tan huérfanos de certezas, perdidos en el infinito misterio de la vida, orbitamos entonces menos tristes, menos desnudos, menos yo o tu y más nosotros.

Hay otros poetas que desafían los misterios del cosmos y forman escaleras con las que alcanzamos el cielo o descendemos por ellas al infierno de nuestras descarnadas apetencias, reconciliándonos con aquello que pareciera imposible de aceptar.

Dije al principio que los poetas parecen niños. Pero no lo son. Son almas que ya vivieron antes. Vienen de los tiempos a recordarnos que por encima del caos humano que nace junto con la vida, está el sublime lenguaje de lo humano que reafirma nuestra terrena presencia.
Por eso digo que me gustan los poetas.

Si alguien que no es poeta dice Luna o Sol, aparecen como astros del día y la noche. Pero si un poeta los nombra, entonces esa Luna y ese Sol se transforman en resplandores, milagros del mundo que están allí, al alcance de nuestra mano acompañando nuestra frágil existencia, diciéndonos que ellos existen porque los nombramos y nosotros existimos porque ellos nos ven.

Ellos, los poetas, tienen una infinita capacidad de reinventarse. Cuando una flecha envenenada con la insidia les ha sido lanzada, recogen esa letra herida y la colocan nuevamente en el lugar que ocupa en su armadura, la acarician y, sin negar la herida, continúan caminando con su mirada de asombro. Porque saben que con una sola letra forman tantas palabras como ellos quieran.
Algunos poetas han padecido el dolor de ser vulnerados por otros poetas que no son almas tan viejas y que no han logrado aprender las lecciones de las más antiguas. Pueden ser verdaderas enciclopedias de información, pero eso no los hace ni sabios ni poetas. Lo suyo es el regodeo vano con la grandilocuencia, espejo de su YO y su MI distorsionado.

Me caen bien y me gustan los poetas… bueno he de sincerarme, no necesariamente todos, ¡no señores y señoras! Haría una lista no muy larga de los poetas que me cautivan, pero eso será otro día. Por hoy, reafirmo: ¡Qué vivan la poesía y los poetas!

zaragozacisneros.jovita@gmail.com










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

5 Comentarios en “ EN DO MAYOR.”

  1. Guillermo Ortiz dice:

    Magnifica invitación para salir del pandemónium del coronavirus y la política.

  2. POESÍA

    Qué tiempo es el que corre en la poesía

    Qué agua
    bronca o mansa
    fluye entre los versos

    Qué sed nos calma.

    –José Luis de la Vega, 1991, poeta queretano ya fallecido. / Fraternalmente, Q, viernes 1-V-2020.

  3. Elías Loyola Campos dice:

    ¡Vivan eternamente los poetas y su legado!

  4. Edmundo González Llaca dice:

    Mi estimada Jovita, no sé qué idea tienes de los poetas y la poesía, pero tu prosa está cargada de poesía. La poesía es una permanente lucha entre el diccionario y la sensibilidad, escribir cosas que comparto más allá de la puntualidad gramatical, con palabras bellas y profundas, eso me haces sentir tú cuando te leo. Saludos y cuídate.

  5. Edmundo admirado, respetado y querido Edmundo, conmovida y agradecida por tus palabras, sólo acierto a decir: ¡GRACIAS!

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