EN DO MAYOR.

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ACAPULCO AHORA

Si como dice la leyenda que acompaña a la comunidad Judía, en cada generación nacen con ella 36 hombres Justos destinados a sembrar en el mundo buenas acciones, me pregunto si los médicos, enfermeras y todo el personal de salud que están ahora asistiendo a los afectados por el Coronavirus, son la muestra de la presencia de esos justos. Y me pregunto, también, si acaso el débil equilibrio sobre el que aún se sostiene el mundo es gracias a las oraciones de Las Monjas de Clausura, entregadas a su encomienda de orar día y noche de manera alterna y sin interrupción, con el fin de interceder por él.
La escueta cita que hago de ambas creencias es un mínimo asomo al mundo místico. Y lo hago con gran respeto a sus actos inspirados en creencias filosóficas y teológicas de profundo significado espiritual. En estos momentos de crisis, comprobamos que la verdad que creíamos tener apresada en nuestros manos se ha evaporado entre la bruma de una incertidumbre sin igual. Y pregunto si acaso serán suficientes los Justos y las oraciones de las Monjas para equilibrar el avance del comportamiento salvaje y transgresor de la vida, presentes en el mundo.
Las expresiones de violencia y sus inconcebibles niveles de crueldad que se están manifestando, reflejan la contradicción que vivimos en este siglo de enormes avances científicos y tecnológicos, pero de gran desconexión con nuestra esencia humana. Estamos rebasados por una pelea sin tregua del hombre contra el hombre. Ciegos y vanos en nuestros afanes inciertos, no ubicamos ni dimensionamos los alcances de esa ira, cuya fuerza regresa hacia el origen de donde surge. Hace mucho que estamos escupiendo hacia arriba con desprecio y desdén el orden del universo. Ensoberbecidos, no reconocemos esta desconexión con los misterios del universo. No hay tiempo para reflexionar sobre el sentido y finitud de la vida . Enajenados y embelesados con nuestra imagen externa, privilegiamos lo material y otorgamos a la tecnología un lugar de omnipresencia. Los de nuestra generación hacemos esfuerzos por adaptarnos con ritmo pausado a la velocidad de sus avances e intentamos encontrar en ella los beneficios que como herramienta ofrece.
Las nuevas generaciones no tienen conflictos con ella. Nacieron con todo digerido. En las nuevas tecnologías han creído encontrar las certezas y explicación a la creación del universo. Han desarrollado habilidades para proteger lo que hasta hoy parece ser su pertenencia más preciada. Uno de sus símbolos de estatus y poder, cuyo precio lo determina el logo de marca y les representa el pase al confort y seguridad del control de sus vidas. Y, sin embargo, hoy también están confundidos: Sus certezas se han derrumbado. Hoy saben que, si en la tecnología hay amenazas de virus capaz de colapsar la información de su aparato, hay otro virus que ni ellos, nadie aún, puede controlar. Uno letal que, en poco tiempo está cimbrando el equilibrio del mundo y de la vida misma. Saben ya que tiene otra característica: no hace diferencia entre condición socioeconómica o edad.
Personas de todas la edades nos enteramos de las victimas que han sucumbido al coronavirus. En lo personal, apenas la semana pasada supe, de fuente cercana y confiable, la muerte de una chica de 28 años. Sin que padeciera previa enfermedad contrajo el virus y, bastaron dos horas para que colapsara su cerebro. Otro caso cercano, el de una mujer de menos de 60 años que estuvo internada en el INER, me entero hace un rato que falleció este sábado. Este domingo de Pascua una noticia irrumpió en el ambiente: Jaime Ruiz Sacristán, Presidente de la Bolsa Mexicana de Valores, 70 años, fallece por el coronavirus. Ayer lunes me enteré de buena fuente que en Querétaro falleció un hombre y una de sus hijas, también.
¿Qué reflexiones que conduzcan a un cambio, haremos todos? ¿Qué cambios habrá de generar esta vivencia en los hombres de grandes fortunas? ¿Cuál reflexión en los gobernantes de cada país del mundo? Sin palabras. Callo y cada quién haga su meditación.
Hago la mía. Y pido disculpas por no pertenecer al sector o grupos de optimistas que creen que una vez que pase todo esto que estamos viviendo , surgirá una humanidad renovada, un México esplendoroso y con una sociedad sensible a los otros que no sean nosotros. Pido disculpas por no creer que todos, o por lo menos una mayoría, leeremos el mensaje que la naturaleza nos está enviando. Por no creer que esas imágenes que estamos viendo de las playas de nuestro país que, en tan solo unos días han recuperado el color de sus aguas del mar y los cielos sus inefables matices, nos provocarán una crisis de conciencia que nos lleve a asumir nuestra responsabilidad en la depredación ecológica. Pido disculpas por no creer que de hoy en adelante todos vibraremos ante el canto de la golondrinas y sus imágenes de gozo, brincando y correteando entre los árboles, festejando la pureza de un aire antes mancillado con toda clase de toxicidades. Pido disculpas.

Mi NO optimismo tiene como base lo que leo y observo en las conductas individuales, familiares y colectivas en la vida cotidiana. Continúa la violencia en México y en el mundo entero. En lo macro. no veo a los líderes de cada país apoyando a los organismos mundiales que sugieren soluciones para todos . Unos, más que otros, permanecen indiferentes al sentir de la población y continúan pugnando por posicionarse en su papel dominador.

En lo cercano y lo que concierne a nuestro país y nuestra cultura, el comportamiento de un gran número de ciudadanos agrediendo a quienes están plantando cara a esta enfermedad, exhaustos , guardándose sus miedos y trabajando en condiciones tan desfavorables, no me permiten caer en la ingenuidad o el optimismo. La ignorancia y mucho de inconsciencia y egoísmo de gente saliendo a pasear, a compras en familia, o grupos celebrando, son respuestas que reflejan la pobreza y la falta de consciencia ciudadana para con los demás. Y de esto no podemos responsabilizar al gobierno en turno. Ya esto no se trata de escenario político o partidista. Se trata de las limitaciones que venimos arrastrando en nuestra cultura narcisista.
La consabida frase de que “ en las crisis sale lo mejor o peor de cada individuo o sociedad”, tiene sentido. Y lo que estamos viendo en gran parte de la nuestra, es mucho de lo peor que nos habita. El comportamiento salvaje de hoy, es la cosecha de lo que se ha venido sembrando. Los violentos de ayer siembran hoy en los niños esa semilla. Su comportamiento, normalizado ante los ojos de los niños, se repetirá por estos últimos más adelante. Lo siento. No es determinismo. Son patrones de comportamientos arraigados en nuestra cultura mexicana.
DE LOS JUSTOS.
Por hoy, extraigo algunos ejemplos de lo mejor que esta crisis está sacando en algunos individuos y grupos. Sus actos son para muchos de nosotros luces que brillan en la oscuridad de la incertidumbre y nos reconcilian con ese lado profundo de lo humano:
En algún lugar de Bélgica, una anciana de 90 años empezó a sentir problemas de respiración. Su hija la llevó de inmediato al hospital para revisión. Luego de dar positivo al coronavirus, los médicos la internaron y se dispusieron a aislarla. Poco antes la mujer habló con su hija para asegurarse que esta no cargara con sentimiento de culpa alguno: “ Hiciste lo que estuvo en tus manos. No llores”. Luego, cuando los médicos iban a colocarle el respirador artificial, la anciana se negó: “ Reserven la mascarilla para los pacientes más jóvenes. Yo he vivido y mi vida ha sido buena”. Dos días después, falleció. Nadie hubiera dicho nada si aquella anciana utiliza el respirador y se salva o, al fin y al cabo fallece, vencida por la afectación. Han estado pasando imágenes de ancianos de esa edad y hasta una de 102 años que logró recuperarse del coronavirus. La anciana, pues, estaba en su derecho de querer continuar en la lucha por su vida. Lo que lo hace extraordinario y conmovedor es la lucidez y fortaleza de quien está informada de lo que sucede a su alrededor y en ese acto generoso decide ceder a alguien más joven la posibilidad de vivir.

En España, una anciana de 88 años, al ver el panorama de su país y saber la escasez de cubrebocas que estaban padeciendo en los hospitales, decidió retar al mal del Parkinson avanzado que la aqueja y, entre los incontrolables movimientos de sus manos, decide dar utilidad a cuatro metros de tela blanca de algodón que tenía guardados y confecciona en su maquina de coser 50 cubrebocas para donarlos a hospitales de España. Entre los espasmos incontrolables de sus movimientos, conmina: “ Es justo que ayudemos porque todo el personal médico y de enfermería hace lo que puede y más. Poco a poco, pero saldremos de ésta”, fue la conmovedora acción y mensaje de esta mujer.
En Italia, un grupo decide grabar un video , acompañado de los lugares y construcciones emblemáticos de su país, bellezas arquitectónicas, sitios paradisiacos , acompañados por un fondo musical y el dulce canto femenino. Al final, la voz que explica la razón de este video: un homenaje agradecido para todo el personal de salud de Italia. En Nueva York, un local de comida regala a personas en situación de calle, alimentos. En Argentina, una mujer al enterarse que su inquilina era enfermera, a sabiendas de la tarea que está enfrentando, decide condonarle la renta de estos meses. En algunas calles de la Ciudad de México, un joven, cubierto con cubrebocas y de manera silenciosa, sin publicitarlo en redes, reparte despensas en una zona marginada de esta orbe. Otra mujer que colabora o preside una Fundación en Cancún, se sirve de Twitter para enviar un mensaje a personal de salud en Cancún: “Si atiendes pacientes de COVID y necesitas dónde pasar la noche, te ofrezco cama y baño privado en mi casa gratis . Vivo cerca del IMSS de la 510. Te puedo llevar/ traer al /del hospital diario…” Y como estas, otras muestras de solidaridad. Y, desde luego, hay más casos por mencionar y celebrar; pero, con todo, no representan un comportamiento generalizado.
Pido, pues, disculpas por mi falta de optimismo. Y me quedo con la incertidumbre de que , con todos los actos de los Justos y con todos los rezos de las Monjas de Clausura, no sean suficientes para detener el avance de los violentos y su poder depredador. Pido disculpas por mi no optimismo.
zaragozacisneros.jovita@gmail.com










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