EN DO MAYOR.

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Hay un rictus, apenas perceptible, que suele asomar al rostro de los recién nacidos cuando están durmiendo. La mueca que irrumpe en su placidez mueve a la ternura y beneplácito de la madre o de cualquiera de la familia que lo contempla . “Está sonriendo a su ángel de la guarda… está riendo con él”, salta la frase fervorosa. Y no hay nadie que se atreva a desmentir tal creencia popular con la explicación que la ciencia tiene para eso: ese rictus – dice – es solamente un reflejo muscular con el que nacemos.
Por mi parte no me complico. No entro en alegatos con las dos ciencias: la “ciencia” popular y la seria y formal. Guardo con humor mi particular punto de vista. No digo que esa contracción muscular es uno de los tantos mecanismos de defensa con los que nacemos. Esa mueca que asoma al inefable rostro del recién nacido , programada en nuestra especie humana, tiene una función. Es el ensayo de lo que será más tarde la risa liberadora ante una tensión. Nos servirá a lo largo de nuestra vida para enfrentar y sortear momentos absurdos que viviremos de manera involuntaria. Saltará una risa o carcajada que aligerará la angustia ante situaciones que no logramos manejar o enfrentar desde la lógica.
Y estos días han sido y son aún de tensión y sobresaltos. Y yo, que no suelo reír con chistes y memes que saltan por aquí y allá, me sorprendo riendo en estos días. En otras circunstancias no suelo detenerme en los tantos chistoretes. Los considero una pérdida de tiempo. Pero hoy, ante el escenario mundial que estamos viviendo y el particular en nuestro país, no puedo evitar la carcajada, la risa que libera la tensión. Ahora mismo que escribo este artículo acabo de soltar una risa involuntaria al ver la declaratoria del Presidente López Obrador, sobre su propuesta de saludo . “Ni patadas, ni codazo. Qué es eso. Propondré el saludo de la mano en el corazón, así – agrega- haciendo una pequeña reverencia llevándose la mano derecha al corazón”. En otro momento esa actitud me indignaría. ¡Han sido tantas sus “ocurrencias”! Lo que estamos viviendo es tan grave, que esta última rebasa al absurdo mismo de lo que está pasando. Intento descifrar si habla en serio o trata de hacer bromas a la prensa para – desde la pobreza de su lógica – aligerar la preocupación de lo que está por venir y que él, o no dimensiona, o no sabe cómo enfrentar. Estalla mi risa y agrego: solo le falta que pasada esta epidemia, proponga que el saludo sea el del juego de manos que hacen los niños pequeños: “piedra….papel … o tijera”.
¡Ay México! ¡Ay mi paisito tan dolido, tan amado, tan inconsciente, tan lastimado! Mi país, tan niño siempre.
Rio. Rio para no llorar ante los absurdos que estamos presenciando y viviendo. Río para no llorar al ver a mi país en manos de un presidente al que solo uno pocos alcanzaron a ver la dimensión de su extravío, que los otros, sus cercanos colaboradores se encargan de exacerbar, porque así les conviene. Porque mientras él está en su delirio de omnipotencia, los otros alteran reglas para sentar las bases de su permanencia en el poder. Por eso río, para no llorar.

HUMOR PARA SOBREVIVIR.
Y, precisamente, al reír ha venido a mi mente el extraordinario Psiquiatra Vienés, creador de la Logoterapia, Viktor Frankl, a cuya obra me acerqué allá por 1988 . Encontré en sus libros valiosas enseñanzas que, después, aplicaría en momentos difíciles de mi vida. A través de la lectura de uno de sus libros, “El Hombre en Busca de Sentido” dimensioné la fuerza interior que nos habita y nos mantiene de píe y libres en medio de los momentos en que la esperanza parece abandonarnos. Su libro es un extraordinario testimonio de vivencias límite, el discernimiento brillante de un hombre con consciencia profunda de lo que experimentó en momentos de crueldad en los campos de exterminios. Las reflexiones de Viktor Frankl son de inmenso y profundo valor. Habla de nuestra capacidad humana de encontrar en los momentos más extremos un algo que nos sostiene y da sentido a nuestra existencia.
Hoy que a través de la risa o carcajada libero la tensión que estamos viviendo, recuerdo a Viktor Frankl y lo que escribiera sobre el humor : “El humor es otra de las armas con las que el alma lucha por su supervivencia. Es bien sabido que, en la existencia humana, el humor puede proporcionar el distanciamiento necesario para sobreponerse a cualquier situación, aunque no sea más que por unos segundos…Los intentos por desarrollar el sentido del humor y ver las cosas bajo una luz humorística son una especie de truco que aprendimos mientras dominábamos el arte de vivir pues aún en un campo de concentración es posible dominar el arte de vivir”
Ese y otros conceptos y definiciones sobre el humor me llevaron a rememorar vivencias de mi infancia. Entendí el porqué de las risas y carcajadas sirvieron para aligerar situaciones de tensión que la recia figura paterna nos llegaba a provocar en casa, “a veces convertido por mi padre en pequeño campo de concentración ( pero nunca de exterminio) ”. Allí mis hermanos y yo, unos más que otros, aprendimos a dominar ese arte. Ahora mismo que escribo esto, vienen a mi memoria algunas escenas: Me veo niña, sentada en la mesa del comedor. En la cabecera de ella mi padre. La hora de la comida y todos reunidos. A los lados los hijos. Mi hermano , mayor dos años que yo, sentado frente a mí , mediando el ancho ( que no es tanto) de la mesa rectangular. Hemos aprendido a ver en el gesto de mi padre su humor. Si es adusto sabemos que C A LL A D I T O S y bien portados. A comer en silencio, nada de risas, peleas, bromas si no queremos que su rostro enrojezca y tense las venas de su cuello antes de soltar el poderoso bufido que nos aviente lejos volando como ligeras plumas en el aire.
Pero, en la niñez todo es juego e ingenio para burlar al temor. Al rato el poder de abstracción de todo niño lleva a olvidarnos del padre que está allí. Por abajo de la mesa siento el píe de mi hermano pegándome en la espinilla. Siempre empieza él. Contesto y regreso dos. Pues va más fuerte. ¡AH sí: pues toma! Luego la mirada cómplice y traviesa. El gesto de: “síguele y te voy a acusar”. La respuesta de ida y vuelta con muecas en la cara. Mi hermano, experto en voltearse los parpados superiores y poner los ojos en blanco, mueve la boca para uno y otro lado. Me hace reír. ¡De qué se ríen!, la voz de trueno nos centra en la realidad del momento. Silencio y risitas contenidas, las prisas por levantarnos de la mesa para irnos a jugar. Pero antes la frase agradecida por los alimentos. De corridito y memoria : “¡GraciasaDiosquemediódecomer!”. ¡Y córrele que la vida de niños es eso: juego, risas, retos, pruebas de resistencia, competencias de diversión e ingenio! ¡Córrele! Córrele y guarda en tu memoria este hoy. Somos niños y todo es el hoy, el aquí y ahora. Un hoy que mañana aparecerá convertido en ayer. Pero somos niños no Saurinos o prestidigitadores del futuro. Córrele. ¡ A seguir jugando!
¿Cuántas veces nos salvó la risa de momentos tan densos? Incontables.
Con nuestras miradas y risas cómplices conjuramos los castigos y opresión que mi padre, hombre de su tiempo, en su malentendida autoridad heredada también del suyo, replicó en nosotros, niños. De no ser por esa salida, que de natural y espontáneamente le dimos a través de las risas, dolería recordarlo. Pero ahora mismo que escribo esto , asoma una sonrisa.
¿Castigos? Muchos. Pero nunca menguó nuestro afán de jugar. Nuestra libertad. Y más de una vez mi padre fue el accidental víctima de nuestras travesuras. Como aquella ocasión en que se nos ocurrió poner una cubeta pequeña con un poco de agua ( antes eran de acero) entre el dintel y la puerta por la que – según nuestro cálculo- pasaría una de mis hermanas o hermanos. Nosotros, expectantes , del otro lado donde veríamos la cara de sorpresa de quien entrara primero. No habíamos visto cuando llegó mi padre y, en mala hora, al entrar y empujar la cubeta cayó en su cabeza con la poca de agua. Nosotros fuimos los sorprendidos. Corrimos hacia el fondo del terreno. Pero era ya tarde. Nos había visto. Retumbó la casa con su enojo y gritos, mi hermano y yo nos miramos asustados deseando que se abriera una zanja ancha y profunda que nos tragara en ese momento y una vez, pasada la ira, aparecernos. El cinturón volador nos alcanzó. Un cinturonazo y Luego “¡a permanecer allí, hincados en el suelo un rato, porque ya son muchas travesuras!. Demasiadas. Y no miden que un cubetazo de esos puede abrir la cabeza! ”. Obedecemos asustados y la lección aprendida. Unas lágrimas. Luego, hincados uno al lado del otro, evitábamos vernos, sabiendo que la risa brotará. Al rato, ¡a seguir jugando…! Mismas trampas entre el dintel y una puerta; pero, esta vez, con almohadas, para que solo se quede en sorpresa y susto.
Hoy recuerdo a Viktor Frankl y confinada en casa junto a Guillermo, sin poder ver a mis nietas , con quien solemos pasar un día a la semana , trato de reír para paliar esta tensión. Este mal chiste de que un infinitesimal en tamaño, pero letal virus nos amenaza, trato de mantenerme en calma. Estoy a punto de terminar la lectura de “Mi Hermanita Magdalena, de Elena Garro”. Lo alterno con películas. Algunas ya las vi. Pero quiero verlas de nuevo. Rashomon, de Akira Kurosawa, uno de mis directores favoritos. Me asomo al jardín, donde Guillermo armó un Tomlin o trampolín. Lo compró para la nieta pequeña antes de que se decretara cuarentena, sabiendo que gusta tanto de brincotear El Tomlin espera. Mantengo la esperanza de que esto pase pronto, para verla saltando mientras nuestra voz le acompaña: ¡Vamos…salta, corre, juega, vuelve a saltar, una y otra vez. Las que quieras, que el hoy pronto será mañana y el mañana pronto será un ayer!
zaragozacisneros.jovita@gmail.com
dialogoqueretano.com










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3 Comentarios en “ EN DO MAYOR.”

  1. Enrique Guerrero Rivera dice:

    Muy agradable el relato de la tan socorrida trampa con la cubeta en el dintel, ya que no habiendo otro recurso más para divertirse se repetía en muchos hogares aplicada a los hermanos, más me resultó cómica en extremo el saber que el padre fue su víctima.
    Por el lado político de su escrito, acerca de las formas de informar actuales del Presidente, percibo un fuerte sentimiento de nostalgia por el trato a los “periodistas” en el pasado, en donde en el marco de opíparos desayunos, comidas o cenas se les daba la masticada información de los asuntos del país.

  2. Buenas tardes, Enrique Guerrero Rivera.
    Celebro le haya resultado agradable el relato.
    Los recursos para divertirse eran tantos y teníamos en la imaginación nuestra aliada. Este que comparto era apenas uno de ellos. En provincia, costa, el ancho mar, los ríos y la tranquilidad de pertenecer a una comunidad en la que los niños podíamos recorrer calles y casas,y sin los distractores de la televisión, inspiraban otros juegos y travesuras.¿Mejores o peores? No lo sé. Cada momento y cada época tiene su encanto y cada generación de niños descubre el mundo con su mirada nueva ¿no cree?

    En cuanto a su percepción, nada puedo hacer por ella. Pero no se trata – apreciable Sr. Guerrero- de entrar en los desatinos de las percepciones. Imagine usted que yo le dijera que en su comentario percibo respuestas carentes de argumentos, por cierto muy propias de los seguidores de la 4T. No, señor. Lo que está allí , en el terreno del actual Presidente, es indefendible.
    Por otro lado, no podemos negar que hubieron esos artilugios que menciona para con algunos periodistas Para su tranquilidad le diré que nunca cubrí fuentes que se prestaran a ello y ni estuve en desayuno alguno. en mi inicios en la radio, entre las fuentes que cubri, estuvo la de la SEP. Y medios que cubrimos esa fuente, ( sobre todo radio y prensa escrita) hacíamos lo posible para ir más allá del comunicado, forma de decirnos qué escribir.Entrevistábamos inquiríamos.
    Lo que se ve hoy es tan tramposo como ayer. Pero más burdo y manipulador. ¿No ve todo lo que dice? ¿No ve lo que hay detrás de ello, de marcar agenda? ¿Le satisfacen las respuestas que da?
    No señor, Guerrero. Lo único que extraño, es al AMLO de ayer, el opositor aguerrido; hasta bravucón. No a un AMLO extraviado en un laberinto que el mismo ayudó a construir.
    Reciba usted fraternal saludo.

  3. Enrique Guerrero Rivera dice:

    Es muy halagador para su servidor el obtener una respuesta a mi crítica, y por el fondo de sus letras encuentro que es una más de los expertos en todas las materias que implica el gobernar a un país y su actitud de reprobar todo lo que se diga, se haga, se plantee, se comunique por parte del nuevo presidente es equivocado, risible, falto de argumentos, reprochable, etc.,etc. y al igual de todos estos tecnócratas nunca propositivos siquiera por equivocación.

    Reitero mi agradecimiento por su respuesta.

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