EN DO MAYOR.

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(Parte I de II)

DIVERSOS ROSTROS Y UN SOLO CUERPO.
Confieso que más de una vez detuve mi lectura de El VENDEDOR DE SILENCIO de Enrique Serna, enorme escritor, quien nos entrega en esta novela un retrato inquietante y humanamente descarnado de la tortuosa y cruel personalidad del periodista Carlos Denegri ( 1910- 1970). Su libro es la biografía novelada de un personaje real del periodismo mexicano, dueño de grandes capacidades intelectuales que usó para beneficio personal, afirmar su insaciable afán de poder y su imagen de macho poderoso.
Pero si bien el personaje central es Denegri, es también el retrato de una sociedad no menos tortuosa, profunda e inconscientemente cruel, frívola y capaz de albergar y usar a individuos que no pueden anidarse fuera de un entorno razonablemente sano. Es la estampa colorida de una clase social profundamente clasista, racista y con patente menosprecio a la mujer confinada al papel decorativo en la que se establecen juegos de simulación y de falsos pudores. La novela de Enrique Serna es, además de todo eso, un desfile de nombres de intelectuales y su danza con el poder; es una minuciosa disección psicológica del personaje y de la anatomía de la clase política y social del México de una época en la que cincelaron los valores y delinearon sus caminos por los cuales transitar.
Atrapada en la ágil narrativa del autor, hube de detenerme al ver reflejadas allí esa realidad aún persistentes entre nosotros, pero que pocas veces logramos dimensionar. Imposible no preguntarse de dónde venimos, qué y cómo nos hemos construido y dónde estamos hoy parados. Obligada reflexión y pregunta sobre hasta dónde permeó ese tufo de descomposición gestado desde entonces en una sociedad tan complaciente. Quizá, aventuro, parte de lo que hoy vivimos sea el resultado de esa permisividad que permitió el avance de la mirada distorsionada, disfrazada de normalidad y que hoy nos estalla hiriéndonos con sus filosas aristas. Acaso hoy esa ley implacable de causa y efecto que no hemos logrado asumir, nos alcanzó. Acaso sea tiempo ya de trabajar a fondo en nuevos paradigmas más conscientes, más humanos, en los que la palabra respeto sea el significado profundo del amor.
VICIOS NO TAN OCULTOS.
Casi al inicio de sus primeras páginas leí con asombro una escena perturbadora que suscitó las preguntas arriba mencionadas. En ella cita algunos nombres y fue uno de ellos el que me detuvo. Aparece junto a Denegri y es uno de sus personajes que describe como un conquistador incorregible, un cínico playboy. “ Delgado de pelo castaño, tenía la distinción en el vestir y los modales exquisitos de la vieja oligarquía mexicana, la que ya era rico en tiempos de don Porfirio…” ¿Por qué detenerme en este personaje? Porque este hombre, el aludido “playboy”, (“ si te la pasas correteando gringas en Acapulco”) llegó más tarde a ser gobernador de un Estado. Antes pasó por varías instituciones y, ya en funciones como gobernador, era verdad abierta que el funcionario en cuestión perseguía a jovencitos. Una debilidad la suya era la de seducir hombres jóvenes, estudiantes a quienes invitaba , o hacia allegarse hasta su oficina y terminaba con alguno de los ingenuos en su bañera de lujo construida en el privado de su oficina estatal.
Ejemplo y producto de nuestra clase política y de nuestra sociedad, a la muerte de este personaje (2010) se le rindieron toda suerte de homenajes por su obra profesional, exaltando así logros, méritos que no son de negar, pero sin duda magnificados para vender así la estabilidad y éxito de una clase gobernante de entonces, que nada tenía de integra y decente y sálvesequienpueda ayer como hoy ¿verdad, Niniane?
Uno de los hijos de este ex gobernador priista, más tarde, a principios de los años 80s, sedujo y engañó (montando una falsa boda con ella), a una bella modelo mexicana, jovencita de 17 años a la que llevó a vivir en Las Lomas y cuya carrera terminó debido a su fuerte adicción a toda clase de sicotrópicos. Años más tarde y ya pasados los cuarenta años de edad del hijo de este ex gobernador dio píe a otra nota escandalosa: Fue detenido en las calles de Polanco por armar escándalo junto a varios individuos. Iban en su carro ingiriendo alcohol. Al detenerles y revisar el auto encontraron grapas de cocaína y pastillas psicotrópicas. “Quien ha paladeado el poder de niño ya no se resigna a vivir sin él”, reza un dicho. Y al momento de ser detenido gritaba a las autoridades, ostentando las influencias que su apellido y el otrora cargo de su padre le dieran. Aunque ya no se supo cómo salió de ese lío , no es difícil concluir que logró hacerlo con las influencias que logró mover en ese momento , ya que su padre aún estaba vivo. .
BANQUETE DE PODER, DESFILE DE COMPLICIDADES Y OMISIONES.
“Bajo la regadera recordó con nostalgia su gloriosa impunidad de antaño: esos miedos nunca lo hubieran asaltado en el sexenio de Miguel Alemán, cuando era el favorito de la corte. Dichosos tiempos aquellos en los que podía soltar balazos en un cabaret, manejar a velocidad de ambulancia escoltado por policías de tránsito, ligarse a mujeres casadas en las narices de sus maridos o vociferar en el mostrador del aeropuerto cuando algún vuelo venía lleno: baje a quien sea, tengo que tomar ese avión por órdenes del señor presidente….” , uno de los párrafos, fiel estampa de ese México que venía seguido tras de una cauda de personajes oportunistas que hicieron del poder su aspiración más grande, como una forma también de allegarse de riqueza. Es en esta administración de Alemán donde -relata la novela y así consta – Denegri tuvo su mayor auge como periodista de sociales.
El VENDEDOR DE SILENCIO da cuenta del manejo de la prensa de entonces. El Excélsior, ocupa mención especial, junto a uno de sus directores: Rodrigo del Llano, el skipper, quien junto a Denegri, se sirviera de su relación cercana con el poder en turno para vender su silencio o alabanzas. Es la novela están documentadas complacencias y rivalidades entre colegas, pugnas profesionales y personales; un largo desfile de nombres de intelectuales de la época. Uno de los pocos nombres que sobresale de entre este festín de disimulos y complacencias es el de don Julio Scherer García, apodado el “el mirlo blanco”. Hombre de firmes convicciones y una ética a toda prueba que manifestó su rechazo hacia quien llamó “el mejor y más vil de los reporteros” y al que aludiera años más tarde en de sus memorias: Estos años (Océano, 1995) y La terca memoria (Grijalbo, 2007).
( Mañana parte II y última)










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