Elogio de la soledad. Lo personal antes de ser político.

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A la memoria de nuestras 80,000 asesinadas y desaparecidas

El hombre no puede obtener nada sin perder primero algo a cambio. Para crear, algo de igual valor debe perderse. Esa es la primera ley de la alquimia de equivalencia de intercambio. En ese entonces realmente creíamos que esa era la única verdad del universo.
El alquimista de acero (primera presentación)

En los lejanos y aún indescifrables comienzos de la humanidad, los primitivos grupos nómadas y sedentarios realizaban sus propias dinámicas colectivas a partir de cierta división sexual del trabajo: los hombres cazadores y las mujeres procreadoras. Estos primeros roles de género se desarrollaron desde las condiciones que ofrecía la prehistoria: las migraciones de un continente a otro y en sus interiores; la tribu, unidad social como antecedente de la familia; y especialmente, la total dependencia de la especie humana hacia la naturaleza.
La colaboración de los grupos humanos y la técnica que fue evolucionando (desde el uso del fuego hasta la elaboración de lanzas, arcos y flechas), eran los únicos enlaces que tenían los seres humanos con la naturaleza y una clara supremacía de ésta sobre aquellos. No obstante, el preludio de las primeras civilizaciones ya estaba en marcha.
Antes del surgimiento de la escritura, esta primitiva trama social (nomadismo, sedentarismo, técnicas rudimentarias, la agricultura,) no hubiera sido posible sin el papel jugado por las mujeres procreadoras, primero, y las mujeres agriculturas, después. La procreación, la crianza y la agricultura, fenómenos leídos a partir de los cuerpos de las mujeres, respondieron a la existencia de estadios de la evolución humana y a las condiciones materiales de vida que fueron acumulándose conforme transcurría el desarrollo histórico de nuestra especie.
Lo anterior representa un hallazgo sustancial del papel jugado por las mujeres para el nacimiento de las civilizaciones, pero desde el seno de la prehistoria humana, también se acumulaban las contradicciones que empujarían a la primera derrota histórica de la mujer: el ascenso de la propiedad privada de los bienes materiales.
No es nuestra intención seguir relatando un período de tiempo aún atrapado en las tinieblas de sus orígenes. Más bien nos apropiamos de algunos datos y tendencias temporales que sirvan como referentes para comprender a las sociedades posteriores a la prehistoria, y que llevaron consigo las contradicciones que implicaron y afianzaron la derrota histórica de las mujeres ante los hombres.
Situados ahora en nuestro contexto colonial americano, Nueva España se conformó en el espacio territorial que confrontaba, dialogaba, incorporaba y excluía entre las tradiciones culturales de las mujeres prehispánicas y aquellas innovaciones traídas del Viejo Mundo, dando como resultado una sociedad intercultural en constante comunicación, tristemente, desde la perspectiva de las estructuras e instituciones coloniales.
Los diferentes cuerpos leídos como mujeres (indígenas, criollas, mestizas, mulatas, negras, peninsulares) atrapados en los designios de los nuevos espacios domésticos y de las concepciones oficiales de la colonia (el convento, el hogar mexicano, el analfabetismo, el sagrado deber maternal, el matrimonio arreglado, la santidad, la brujería, el comercio, la prostitución, la esclavitud o servidumbre) se convirtieron en múltiples extensiones profundas de aquellos antiguos roles de género, que impulsaron nuevos procesos de desigualdad entre los sexos y el nacimiento de una cultura machista en la periferia más importante del imperio español en América.
Las mujeres indígenas y negras eran las más violentadas por esta estructura económica y jurídica hispánica: ante la muerte de sus esposos en los obrajes, fueron incorporadas a los mismos o formaban parte de los métodos esclavistas que existían en el seno colonial americano, condenadas a toda ausencia de superación cultural y como objetos sexuales de sus nuevos amos para reproducir a nuevos esclavos y, por ende, el modo de producción esclavista. En cuanto a las mestizas, tenían mayores oportunidades de elegir o no una vida matrimonial y un ámbito laboral dentro de las fábricas de tabaco y obrajes, aunque derivada principalmente de las condiciones económicas que por voluntad y organización propia.
Las mujeres peninsulares y criollas, como garantía para perpetuar su elevado estatus económico y social, eran requeridas para el matrimonio con dueños de los obrajes. En caso de la muerte de éstos, como así sucedió, las mujeres se convertían en las nuevas cabezas de mando que utilizan sus influencias, sus redes familiares y capitales para consolidarse desde sus respectivas élites de poder.
En cuanto a la feminización de los conventos, estos espacios también eran influenciados por la dinámica social de la Nueva España. Si ingresaban las mujeres de mayores recursos, con posibilidades económicas de contribuir a las instituciones religiosas, entonces adquirían el velo negro que implicaba las obligaciones relacionadas al coro, mientras que las mujeres de poco o ningún apoyo para sus respectivas órdenes, asumían el velo blanco y realizaban actividades de mayor esfuerzo físico, como cocinar para la comunidad y limpiar los patios.
Exceptuando aquellas voces (Sor Juana Inés de la Cruz, Cristina de Pizán) que salieron al balcón de la historia rebelde para intentar visibilizar el crimen de ser mujer, la hegemonía cultural del patriarcado era incólume. Por ejemplo, Pizán, autora veneciana en la Edad Media, al morir su esposo y dejar atrás a dos hijos, escribe en 1405 La ciudad de las damas, un escrito con el que fundamentó su vida productiva en la literatura contra la dominación masculina.
Sin duda Pizán fue una visionaria para su época, evocando el feminismo como proyecto político, como expresión de arte y como identidad de las mujeres, rebelándose en el seno del cristianismo europeo para fracturarse desde su posición personal, pero ni la más elevada de las producciones artísticas podría ser rival del más rudimentario y antiguo conjunto de poderes militares y económicos del Medievo. La historia ha comprobado violentamente cuál de estos dos fenómenos ha sido realmente decisivo en el desarrollo histórico: desde la Conquista española de las Américas hasta la invasión alemana a Polonia, el arte más sublime ha sido objeto de disputa de las grandes potencias de la Tierra.
Aún era necesario que transcurrieran cambios fundamentales, verdaderas hecatombes en la historia, para que las mujeres se convirtieran en fuerzas proporcionales a sus contrapartes masculinas. En consecuencia, asomaron una, dos… tres olas feministas en los últimos 200 años como preludio, como anticipación, como utopía en acción de que lo personal es político.
La primera ola en el curso de la Revolución Francesa, con la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana de Olimpia de Gouges; la segunda ola a principios del siglo XIX y principios del siglo XX como un largo proceso de lucha por la conquista del voto femenino por las sufragistas inglesas y norteamericanas; la tercera oleada se coronaría en las obras El segundo sexo de Simone de Beauvoir (1949) y La mística de la feminidad Betty Friedan (1964), en el contexto de la revolución sexual de la década de los sesenta.
Nuestro artículo nace de una lectura directa del libro Nuestra voz sale al Balcón, mujeres queretanas en la historia (2015), Lourdes Gállego como coordinadora de esta antología que merece nuestra atención en estos tiempos de distanciamiento y enclaustramiento social.
Las mujeres estuvieron solas por mucho tiempo, desarrollando y perfeccionando las necesidades domésticas que ahora son nuestras. Elogiamos esa soledad porque fue el paradigma cultural que permitió nuestra supervivencia, elogiamos esos espacios silenciosos que engendraron las primeras civilizaciones y contribuyeron al diálogo, siempre difícil y violento, de las diversidades humanas que conformaron nuestra historia colonial.
La soledad de las mujeres fue la primera revolución secreta del feminismo, fue la ola cero que anunció la silenciosa caída del patriarcado. Fue la ola fantasma que ha parido tres olas feministas crecientes hacia una civilización de las mujeres. La ciudad de las damas de Pizán era la utopía de ayer que se convirtió hoy en modernidad. La ley de la pérdida o la ganancia matrimonial de un hombre para crear y afirmar la identidad de una mujer, ya no era la única verdad del universo.
Ahora nos toca a nosotros, machistas en rehabilitación, vivir y elogiar nuestra propia soledad. Es necesario recuperar nuestros cuerpos y de nuestras identidades, perdidos por miles de años de patriarcado. Pero para nosotros ya no es una ley afirmar nuestra existencia de hombres sobre un país que a mata y desaparece a sus mujeres.
Ya no es nuestra ley vivir desde el acoso y la violación. Ya no deseamos vivir con esta barbarie y ese espectáculo que es el feminicidio de las madres y el abuso sexual de sus hijos. Es el machismo solitario que desgarra y devora nuestras soledades deseadas; sus falsos abrazos son estrangulamientos del alma humana.
Muchos machistas nos odiarán y nos perseguirán sin descanso por nuestras convicciones e intentarán enterrarlas; que así sea. Es la equivalencia de intercambio: para crear, algo de igual valor debe perderse. El sueño es una fantasía; si se cumple, entonces nunca fue un sueño. Pero al menos debemos intentarlo y fundar una nueva verdad histórica: el ascenso de las nuevas masculinidades.
“Viví en el monstruo y le conozco las entrañas; y mi honda es la David”. José Martí










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

2 Comentarios en “ Elogio de la soledad. Lo personal antes de ser político.”

  1. Edmundo González Llaca dice:

    Mi estimado Edgar, felicidades, por mi parte me puedes incluir en ese apartado que genialmente llamas: “Machistas en rehabilitación”. Creo que el enclausatramiento será un espacio propicio para replantear la relación de pareja. Por los memes los maridos van ganando en creatividad, ya casi me convencen de que son unos mártires. Te felicito y saludos.

  2. Edgar Herrera dice:

    Buena noche Edmundo Llaca. Muchas gracias por tomarse su tiempo de leerme y de escribirme. Me parece un acto elogiable y humilde que usted quiera ser incluido como un machista en rehabilitación. No está solo, yo fui el primero en declararme un machista en rehabilitación. No es una experiencia sencilla, pero ciertamente somos afortunados de empezar a trazar nuevos horizontes cuando otros, ni una vez en su vida, tiene la oportunidad de elevarse a estas cimas que yo llamo el ascenso de las nuevas masculinidades.

    Donde usted ve memes de la supremacía de los maridos, yo veo a los padres que se creen superiores a sus hijos, y así, cuando crezca este diálogo dentro de Diálogo Queretano, otros hombres nos dirán lo que ven, pero más importante, lo que han vivido y han sufrido, pero también sus aspiraciones y sus sueños. Ojalá pronto usted y otros colaboradores, así como sus lectores, se animen a publicar sus visiones del mundo, en forma de artículos, dándole forma a ese diálogo para democratizar el blog.

    Muchas gracias por sus comentarios y sus felicitaciones, me reaniman para seguir leyendo y escribiendo. Saludos.

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