El Zarzal

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 DEBATE-PRESIDENCIAL_2018
POR Augusto Isla

En un régimen democrático, el ejercicio de la crítica es no sólo un derecho: es un deber: cuando se abandona, la vida colectiva languidece sobre todo la libertad. Durante años Ricardo Alemán se ha amparado en ella. Sin censura. Al borde del límite, que es la responsabilidad moral. Como un puma, trepado en un árbol, ha acechado a su presa.

Lo hizo con Ricardo Anaya en el asunto aquel de los vuelos frecuentes a Atlanta. Más recientemente, dándonos santo y seña de una finca con centenares de árboles de caoba, cedros, frutales, un puente, un camino circundante que se localiza en Palenque, Chiapas. Su costo es de 25 millones de pesos. Y pertenece a Andrés Manuel López Obrador o, mejor, a sus hijos; a quienes ha cedido ese tesoro para ostentarse como el más pobre de los hombres. Se trata de una herencia paterna curiosamente registrada cuando era jefe de gobierno del D.F. Un tanto extraña su riqueza si, dicho, por este padre tan generoso, “mi madre se metía a los arroyos, a las lagunas para vender mercancía en las orillas”. Lo que hace pensar en un origen humilde de la familia. ¿Cómo entonces amasó esa fortuna? Un enigma, este de “La Chingada” así bautizada. El caso es que Alemán se pregunta quién paga el mantenimiento de ese paraíso, quién el predial, quién los servicios si los jóvenes hijos se dedican a atender los asuntos de su progenitor.

Como ciudadano, Alemán tiene derecho a escudriñar el patrimonio de un personaje público, habida cuenta de que está cerca de ocupar la silla presidencial. A lo que no tiene derecho es a incitar a la violencia, azuzando a los fieles del tabasqueño a cometer un homicidio. ¿Un juego verbal del periodista, una broma, una incitación en serio? Solamente él lo sabe. El caso es que la opinión pública, crispada por el clima electoral, ha sacudido el árbol provocando la caída del puma, que ya atrapado en un zarzal, ha perdido crédito y empleo por tanto descomunal osadía.

Alemán, otrora un valioso periodista, nada ganó, pues, con su desplante. Ignoró aquello que decía (Goethe: “Una gran virtud del hombre sereno es oír todo lo que se rumora, para corregir lo que sea verdad y no alterarse por lo que sea mentira”, es justo contradecir a alguien, pero sin obstinación, con su ánimo insidioso. Y menos aun convocando a su aniquilación, aunque la desee en su fuero interno.

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Recuerdo una divertida comedia con Jane Fonda, ‘Si te casas te mato; la actriz encarna a una conductora de televisión; en un momento dado entrevista a una estrellita de moda que dice tal cantidad de necedades que la conductora se lanza sobre ella con ganas de apretarle el cuello. Algo así ocurre con algunos dirigentes políticos de pocas luces que: despiertan el impulso de ahorcarlos. Pero lo conducente es alejarse y dejar que sus fieles asuman su desengaño. Pues no tienen remedio.

 










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