El sacrificio

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La pandemia del COVID-19 “nos viene como anillo al dedo para afianzar el propósito de la cuarta transformación”, declaró el tabasqueño desde el pódium donde a menudo ‘discurre’ cada mañana. O bien delira, pues en ese decir macabro, parece mostrar su contento si con ese sacrificio de miles de contagiados y fallecidos consigue lo que a su perverso interés conviene, si con esa ofrenda purificadora conjura el inminente fracaso de su proyecto megalomaniaco. ¿Y el colapso de la economía? No importa. ¿Y las miles de vidas que arrastrará consigo la pandemia? Tampoco. Así hablan los tiranos. Pienso en Trotsky, ese monstruo que siempre tuvo en mente la idea del sacrifico como precio para alcanzar su ‘ideal revolucionario’; ese sanguinario jefe del Ejército Rojo, que no logró llegar más alto porque el antisemitismo ruso le cerró el paso. Ese fanático que agotó sus días en México, acosado por sus culpas, en el absoluto vacío, indefenso como un gorrión bajo la lluvia, cargando sobre sus hombros los féretros de sus hijos.
¡Que nos lleve el diablo! Al fin vamos bien, pues hemos fundado la vía mexicana del porvenir, una buena vía que será el paradigma del mundo entero. Como si no supiésemos que fue Anthony Giddens, el sociólogo inglés, quien en mitad del siglo XX formuló esa teoría de la “tercera vía” para alejar a Occidente del capitalismo por un lado, y del socialismo autoritario, por otro; para renovar así la socialdemocracia, plataforma que respeta las libertades, y al propio tiempo concurre en la procuración del bienestar colectivo. No hay nada nuevo, pues, en esa proclama del líder tabasqueño, como tampoco en esa divisa de ‘Primero los pobres’, que parece haber inspirado a Enrique González Pedrero y a su mujer Julieta Campos en aquel Tabasco de tiempos idos. Pero sin el paternalismo dadivoso por el que el mandamás de estas horas se desvive en vano. Un plagiario a final de cuentas, un hombre de pocas luces intelectuales. Si no el pueblo de hoy, seducido por la demagogia del pan duro que prodiga, sí el de mañana habrá de percibir que los megaproyectos como el tren maya, el aeropuerto de Santa Lucía… no eran sino los juguetes del niño Andrés Manuel, sueños de un ayer que pasó, eso rogamos por nuestros hijos y nietos, como el virus pandémico. Charles Chaplin decía: “nada es para siempre en este mundo, ni siquiera nuestros problemas”.
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Y para los seguidores del tabasqueño, por lo general, ciegos e iracundos, una cita de Voltaire: “el fanatismo es una peste, una gangrena. Y solo el pensamiento nos devuelve la tranquilidad”.










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