¿El primer Vietnam en América Latina?

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“La violencia en manos del pueblo no es violencia, sino que es justicia.”

Eva Perón

¿Realmente Venezuela será un nuevo Vietnam como lo asegura Maduro? Eso lo dirá el pueblo, que todo parece indicar que deberá aprender el arte de la guerra popular de larga duración y en escala continental.

Repasemos una breve reseña de un capítulo digno de resistencia y victoria populares: Vietnam.

En 1965, con el pretexto de la llegada del comunismo en Asia, y con el peligro de aumentar el área de influencia soviética en el Pacífico, el Congreso de los Estados Unidos toma la decisión de intervenir en Vietnam, luego de escalar la lucha a favor de los comunistas del norte sobre el gobierno capitalista del sur. Una guerra prolongada que se extendió hasta el abandono de los soldados americanos en 1973, coronada con el triunfo del país asiático en 1975.

Los norvietnamitas, que luchaban en el sur para reunificarlo con el norte, pusieron al límite todas sus fuerzas inferiores en número ante sus invasores norteamericanos, respaldadas con la mayor industria de guerra que sigue existiendo, pero con la ventaja moral del espíritu nacional vietnamita que ningún comandante, departamento militar o programa cibernético es capaz de medir en todas sus dimensiones. La lucha de estas fuerzas guerrilleras era por la tierra y la reunificación del país.

Las tropas extranjeras tiraban sus latas de Coca Cola en las selvas del bombardeado sureste asiático, pero aquellos soldados vietnamitas, protegidos en la oscuridad de sus túneles subterráneos, se las ingeniaban para reutilizarlos y fabricar bombas; las tropas autóctonas afinaban su oído para identificar el tipo de avión que se acercaba a sus alrededores y mejorar la precisión de sus tiros para derribarlos desde el suelo; esos mismos soldados aprovechaban los cráteres formados por las bombas para usarlos como pequeñas tribunas en representaciones artísticas ¡en medio de una serie de ataques aéreos! y se escondían bajo tierra cuando se acercaban; el célebre napalm, una gasolina pegajosa que derretía los cuerpos de estos aldeanos, y el agente naranja, que aún puede verse su triste legado en las malformaciones de los sobrevivientes, fueron las primeras armas químicas usadas en el campo de batalla desde la Primera Guerra Mundial y antes de la guerra de Irán-Irak en la década de los ochenta; también es la historia de soldados norteamericanos, hijos de trabajadores de los Estados Unidos, para proteger los intereses de la clase rica norteamericana y jugando el peligroso juego de la geopolítica conducida por las élites del poder; es la historia de los oficiales estadounidenses que, abusando de su poder y convirtiendo a sus pelotones en escuadrones de la muerte, inflaban los números de vietnamitas asesinados. ¿Cuál era el motivo? Como garantía de que estos oficiales llenaran sus historiales al participar en una guerra de verdad y acceder a mejores puestos burocrático-militares, normalizando las ganancias económicas de este monopolio de la muerte que mucho recuerda a la industria planificada por el fascismo alemán en toda Europa.

Resulta muy simbólica la lucha sostenida de este pueblo venezolano en 2019, a ochenta años del final de la Guerra Civil de España y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial; en el primer suceso se reflejaron los primeros cuartelazos premonitorios de una conflagración mundial entre ese fascismo que se levantó en armas (y que con ellas llegó al poder) contra las Brigadas Internacionales que ofrendaron sus vidas por la República Española; meses después de la coronación de Franco sobre sangre extranjera, joven y trabajadora, la Segunda Guerra Mundial abrió violentamente las contradicciones territoriales y el apetito geopolítico entre el imperialismo norteamericano y su contraparte soviética en el corazón de los pueblos europeos.

Este pueblo americano ha resistido el bloqueo económico; el chantaje internacional que aumenta con las demostraciones de fuerzas colombianas incorporadas a la OTAN (organización que cumple 70 años de existencia como peligro a los pueblos del Mundo); la maquinaria mediática de los medios de comunicación; amenazados con el crecimiento de gobiernos derechistas, determinados a servir de plataforma continental de las maniobras norteamericanas; los ataques terroristas orquestados con agentes internos y el uso de drones como tecnología de guerra usada en Afganistán y Yemen.

En medio de este difícil panorama, se pondrán a prueba las fuerzas armadas venezolanas, respaldadas por su pueblo; poco parece importar el destino de Maduro en estas circunstancias, pero el pueblo y su ejército son una sola unidad nacional ante la más abierta amenaza de invasión que hayan orquestado los Estados Unidos desde la incursión de Panamá en 1989.

Resulta polémica la dirección partidista de Maduro y sus medidas económicas que han resultado en las carestías del pueblo venezolano, pero ante su desafío más abismal sería muy fructífera la victoria de este primer Vietnam en América Latina en muchos aspectos, ahora imposibles de vislumbrar, y que se trata de evitar; hoy la comunidad internacional cambió su visión del régimen de Bashar Al Assad en Siria y tiene un reivindicado papel en Oriente Medio, pero esa es otra historia.

Hace 52 años, en abril de 1967, fue publicado un documento titulado “Crear dos, tres… muchos Vietnam”. En este escrito se analiza la situación mundial a través de los continentes del Tercer Mundo. Aquí se proponía la lucha internacional contra el imperialismo que, al ser un sistema mundial, se le debía atacar desde sus bases de sustento y dirigir esa lucha global, cruel y prolongada, suspendida con el drama permanente del uso de armas termonucleares, hasta la liberación del último país expoliado por el capital imperial. En ese momento, su autor se encontraba creando el primero de muchos Vietnam en las tierras bolivianas y, quizás ahora, llegó el momento de esa estrategia político-militar impuesta por las maquinaciones bien conocidas de la Casa Blanca. Su nombre era un tal Ernesto Guevara.










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