EL PRESIDENTE FRENTE AL MAL. Enrique Krauze

|




Reforma y Siglo de Durango, 20-X-2019.

–Para caracterizar la naturaleza del mal, el presidente López Obrador no recurre a los marcos legales de una república sino a la esfera religiosa, en particular a dos de los Diez Mandamientos: “No mentirás”, “No robarás”. Extrañamente, en su discurso aparece poco el precepto que, desde el origen, norma la vida en sociedad: “No matarás”. ¿Cómo operan, en la práctica, sus creencias?

“No mentirás”. Aunque el presidente solía repetir que no miente, en tiempos recientes ha dejado de mencionarlo. Su diaria exposición de los problemas del país no se caracteriza por la sencilla y sincera confrontación de la verdad sino por la imprecisión, la evasión, el silencio, el insulto o la descalificación de quien lo cuestiona, y sí, la mentira. En la era de las “fake news” puede parecer normal que declare tener “otros datos” y que su público cautivo los avale, pero un sector creciente de la opinión sabe que esos datos alternativos son demostrablemente falsos. En los tiempos actuales no hay mentira impune.

“No robarás”. La corrupción (entendida como el uso privado de los recursos públicos) ha sido la llaga mayor de nuestra vida pública y es loable la voluntad de enfrentarla, pero no basta la prédica moral del ejemplo o la palabra. La única vía probada es la denuncia de la prensa independiente, la información de instituciones autónomas de transparencia y la acción de un aparato judicial independiente, tres entidades que López Obrador -para decirlo con suavidad- desestima. Por lo demás, la discrecionalidad de varias decisiones de política pública (concesiones, nombramientos) y la presencia en su entorno de figuras emblemáticas de la corrupción (no solo económica sino sindical, política y electoral) restan credibilidad a sus empeños.

“No matarás”. Como si se tratara de un mandamiento incómodo, el presidente suele eludir la palabra “criminales” o “asesinos”. En alguno de sus exhortos se refirió eufemísticamente a “las personas que se dedican a esas actividades”, como niños traviesos que merecen la reprimenda de las madres y abuelas por haber hecho algo malo o, mejor dicho, maloliente, que produce asco. El presidente no cree en la existencia intrínseca del mal (en particular del mal extremo, el asesinato). El presidente cree que todo asesino es una víctima del orden social. Por eso declaró que le “conmueven” las condiciones carcelarias del Chapo Guzmán, por eso tuvo expresiones de misericordia con sus familiares. En cambio, frente al dolor de las víctimas -como aquella madre desconsolada que se postró a sus pies para implorar por su hijo desaparecido, o los deudos de policías y soldados asesinados- el presidente muestra una retracción sombría.

De este extraño concepto del mal se desprenden consecuencias. La gradación del mal se ha invertido: el robo resulta más grave que el asesinato. Por eso la defraudación fiscal -sin duda punible- se ha elevado potencialmente al rango del crimen organizado. Por eso el verdadero crimen organizado se ha degradado al nivel de una mala crianza que se resuelve con admoniciones espirituales.

Otra derivación es el modo de combatir el mal. Abrazos, no balazos. Lo que nunca ha ocurrido en la historia humana ocurrirá en México. La pauta legal que castiga el crimen desde el Código de Hammurabi hasta las constituciones vigentes en todo el mundo se detiene en la Cuarta Transformación. Vivimos una Nueva Era que algún día borrará la injusticia social, raíz del mal. Entonces no habrá criminales. Entonces seremos felices. Mientras tanto reina la impunidad.

A partir de esa premisa se entiende que el ejército, la institución más querida y respetada de los mexicanos, esté siendo desvirtuado en sus labores esenciales, tentado por una tajada de poder (y, no nos engañemos, de dinero) y dedicado a la valiente tarea de defender el suelo patrio de esos peligrosos “masiosares”, esos extraños enemigos que son los migrantes centroamericanos. A partir de esa premisa se entiende que la fuerza pública se doblegue no solo ante el crimen organizado sino ante el crimen desorganizado, el que ocurre en las calles y las plazas del país, donde los delincuentes comunes han entendido que tienen carta blanca.

El presidente López Obrador está a tiempo de reconocer que el mal radical existe en sí mismo, al margen de determinaciones sociales, que tiene grados, y que es irreductible por cualquier otra vía que no sea la del Estado de derecho. La inmensa mayoría del país, gente buena que no roba ni mata, lo agradecería.

Www.enriquekrauze.com.mx

Ático

–La única forma de enfrentar el crimen es la aplicación del Estado de derecho.

–El presidente no cree en la existencia intrínseca del mal (en particular del mal extremo, el asesinato). El presidente cree que todo asesino es una víctima del orden social.

__________________________

ENRIQUE KRAUZE / Julio Figueroa

Frente a sus críticos e hipercríticos, con buenas y malas razones, frecuentemente más emocionales que lúcidos, más pasionales que racionales, peleando ideológicamente más que generando un verdadero conocimiento crítico, insultando no pocas veces y no dialogando, cuestionando y demostrando, descalificando con absolutos, sin duda me quedo con la suavidad bien templada de Enrique Krauze. Lo digo y lo repito: quiero, admiro y aprendo de este Krauze bien templado.

Krauze:

–No critico la crítica, sino la mala crítica: escrita con bilis, maniqueísmo, irracionalidad, racismo, prejuicio, mentira y odio. (8-Julio-2012).

Dialogar y compartir puntos de vista es humano y democrático, provoca el hambre de saber y genera el conocimiento, el intercambio y la pluralidad son una riqueza. Palabra de palabrero abierto al mundo. Sabiendo que es imposible saberlo todo y que es más, mucho más, lo que ignoramos que lo que creemos saber.

Y vuelvo siempre a Octavio Paz:

–El mal es humano, exclusivamente humano. Pero no todo es maldad en el hombre. El nido del mal está en su conciencia, en su libertad. En ella está también el remedio, la respuesta contra el mal. Ésta es la única lección que yo puedo deducir de este largo y sinuoso itinerario: luchar contra el mal es luchar contra nosotros mismos…

–Esta cuestión es central y esencial: la presencia del mal entre los hombres. Una presencia ubicua, continua desde el principio del principio y que no depende de circunstancias externas sino de la intimidad humana. Salvo las religiones, ¿quién ha dicho algo que valga la pena sobre el mal? (…) La sombra del mal mancha y anula todas las construcciones utópicas. El mal no es únicamente una noción metafísica o religiosa: es una realidad sensible, biológica, psicológica e histórica. El mal se toca, el mal duele.

( Itinerario , México, FCE, 1993, pp. 140 y 79-80).

En suma y síntesis:

–¿Cuál puede ser uno de los sentidos de la historia y de la vida?

–Luchar contra el mal (contra nosotros mismos) y recuperar la virtud de la templanza.

–¿El señor presidente de México Andrés Manuel López Obrador sabe luchar contra sus propias virtudes políticas, que no son pocas, y sus defectos personales, igual no pocos?

–En este punto yo me quedo con las palabras bien templadas de Octavio y de Enrique.

–Con mis saludos de luz, amigos, interlocutores y adversarios.

–Dialogar y compartir puntos de vista es humano y democrático.










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

Un Comentario en “ EL PRESIDENTE FRENTE AL MAL. Enrique Krauze”

  1. GRACIAS, Diálogo Queretano.
    Palabras de Enrique Krauze, “Necesidad de la crítica”:

    –Nos va la vida en aferrarnos a nuestras posiciones y en descalificar las contrarias, como si todo crítico fuese un enemigo. Pero la crítica tiene un sentido muy distinto. Es un intento colectivo, acumulativo, imperfecto por naturaleza, de aproximarse a la verdad. En una atmósfera crítica podemos razonar con claridad y pulcritud; podemos aprender a fundamentar, a matizar, a ceder y conceder con altura, con gracia; podemos diferir con el prójimo y hacerlo de manera firme, incluso áspera, pero sin sacarle el corazón; podemos someter nuestras diferencias al escrutinio público; podemos, en suma, arraigar todas esas virtudes liberales que (admitámoslo) no nos caracterizan.
    (Para salir de Babel, México, Tusquets Editores, 2006, p. 71).

    Q, Presidentes, México, lunes 21-X-2019.

Envía tu comentario