El neoliberalismo no ha muerto, está inconsciente.

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Luis Tamayo, Filósofo y Psicoanalista

Un amigo mío, Luis Tamayo, al referirse a la afirmación contundente de Nietzsche: “Dios ha muerto”, afirmaba por el contrario: “Dios no ha muerto, está inconsciente”. Tamayo hace referencia a Lacan quien sostiene que “ la fuente inconsciente del pensamiento sobre la divinidad hace de Dios un concepto, una idea” y se sitúa en la misma línea del teólogo Kuhn al sostener: “los verdaderos ateos son los teólogos pues hacen de Dios un objeto de conocimiento”.

Continúa mi amigo Luis Tamayo: “La fórmula nietzscheana “Dios ha muerto” no es de ese orden, mantiene el lugar de lo sagrado, la aspiración de infinitud. Y en ello radica una buena parte de su fuerza poética”… “Dios es inconsciente” es la expresión de la ausencia de esperanza, de la asunción de la imposibilidad del apoyo, lo cual obliga a cada uno a marchar con las propias fuerzas. Sin esperanza alguna, pero con la finitud”.

Al decretar el presidente López Obrador la muerte del neoliberalismo, no se pone al lado de Nietzsche, sino de Lacan. Representa la ausencia de esperanza a la que se refiere Tamayo, ante la imposibilidad de apoyo ideológico, académico o simplemente intelectual de un concepto que intenta dejar vacío, sin contenido, con una vaciedad apabullante.

El asunto del neoliberalismo ha sido un tema reiterado y obsesivo del discurso López-obradorista desde hace décadas. ¿Qué significado tiene el “ neoliberalismo ” para el presidente? Por más vueltas que le doy, al parecer identifica este concepto con algo muy distinto a su verdadero significado, por lo menos ajeno a su significado económico. En realidad el decreto de extinción no es para el neoliberalismo, sino para un fantasma personal, exactamente igual al de “Un fantasma recorre toda Europa…” del Manifiesto Comunista.

Si se refiere al neoliberalismo como un modelo económico, seguramente habla de la teoría clásica de la economía: el mercado, el interés, el dinero, el trabajo, el comercio, la reducción de aranceles, es decir, una serie de conceptos que él se negó a asimilar en sus épocas de estudiante. ¿Qué es una política económica neoliberal para el presidente? : ¿La autonomía del banco central? ¿El libre comercio? ¿La libre flotación de la moneda? ¿Las reservas internacionales? ¿Las tasas de interés? ¿La banca? ¿Los contratos laborales? ¿El Fondo Monetario Internacional o la Organización Mundial de Comercio? ¿La reducción de subsidios? ¿La competitividad?

Si se refiere a cualquiera de estas cuestiones de seguro no puede decretar su muerte, el mercado no se muere porque él quiera, la independencia del banco central es constitucional, la libre flotación de la moneda es parte del mercado de divisas, el FMI y la OMC contienen como premisas fundadoras el equilibrio de la balanza de pagos y el libre comercio. Tenemos más de 45 convenios de libre comercio con diversas naciones. Siendo presidente electo envió a un representante suyo al término de las negociaciones del TLCAN, que es prototipo del libre comercio. ¿Va a denunciar el TLCAN o no se va a ratificar el nuevo acuerdo? ¿Va a ampliar los subsidios gubernamentales?

Los conceptos o las instituciones económicas no son como deber algo y luego desear que el acreedor se muera para ya no deber. Decretar su muerte es un pensamiento mágico, la realidad es más cruel, si debes algo y hay garantías, el acreedor se cobra con las garantías y punto.

¿A qué políticas económicas se refiere? Por las políticas neoliberales de Carlos Salinas se firmó el TLCAN, un tratado de apertura arancelaria por definición. Pues los efectos de ese tratado han transformado a México en una economía netamente exportadora e integrada a las economías de Canadá y de Estados Unidos. Separarla es como intentar separar la clara del huevo de un omelette.

Ésta fue, en realidad, la cuarta transformación de México: La integración económica con América del Norte . Sus efectos han permeado no sólo en la economía, sino en la sociedad, la política y la cultura: Ha crecido la clase media, se han modificado los hábitos de consumo, se ha reestructurado el sistema educativo en función de la demanda, la agricultura y el turismo se han transformado, nuestra balanza de pagos y las reservas internacionales se han fortalecido, la oferta y demanda se servicios se ha modificado profundamente, la mixtura de nuestras exportaciones es radicalmente diferente a la de la época de la protección arancelaria. La cultura ha recibido los impactos de esa penetración del Norte. Los temas principales de la prensa se han diversificado, México es una potencia cultural, hecho que se refleja en la cinematografía y en la música, por ejemplo. En política México ha experimentado una transformación profunda en estos últimos 25 años.

Para muchos el neoliberalismo se implantó en la mayoría de los países a raíz del Consenso de Washington entre Reagan y Thatcher en 1985. Como dice Pascal Beltrán del Río: “… Pero incluso suponiendo que el neoliberalismo fuese ese conjunto de políticas económicas que favorecen la globalización, el libre comercio, la no intervención del Estado en la economía y la privatización de empresas públicas, etcétera, es muy difícil argumentar que esas políticas son responsables de los males que algunos les atribuyen”. Además, una declaración de muerte no influye en la globalidad, sólo se dispersa más rápidamente, el estado mexicano no cuenta con recursos para volverse empresario nuevamente, hay que recordar que en tiempos de Echeverría el gobierno tenía zapaterías, fábricas de bicicletas, de camiones, de ropa etc. etc. la intervención más eficaz del estado en la economía es a través de la regulación en ciertos ámbitos, pero no necesariamente en el control del mercado, éste es global.

Es totalmente loable y reconocible tratar de incidir en revertir la gravísima inequidad en la distribución del ingreso, pero esta brecha tan grande entre los que más tienen y los que menos, no es necesariamente producto del neoliberalismo, viene desde la colonia. Hay que recordar cómo era la sociedad dispar en tiempos del Porfiriato, la revolución mexicana tuvo como objetivos sociales acabar con esa disparidad, pero nunca se ha logrado del todo. Ni el positivismo de Porfirio Díaz, ni el socialismo de Cárdenas lograron abatir la desigualdad. No lo hicieron las administraciones del PRI, ni del PAN porque es un problema sumamente complejo y de magnitudes colosales. Lo cierto es que con la globalización y el libre comercio sí se expandió enormemente la clase media.

La Cuarta Transformación, que en realidad sería la Quinta, tiene como reto un desarrollo regional más equilibrado, no sé si el Tren Maya contribuya a ese propósito, está por verse, pero sí es muy importante el desarrollo y la inversión en el Istmo de Tehuantepec. Toda la inversión que se haga en Chiapas, Oaxaca, Guerrero, en los estados de Sureste, en infraestructura, educación, salud, medio ambiente y otros rubros esenciales para lograr una mayor equidad y equilibrio regionales, sin descuidar la macroeconomía, es de gran relevancia histórica, económica y social. Esto representa un gran potencial de crecimiento para el país, pero no por eso es necesario decretar la muerte del neoliberalismo que ha significado una transformación radical del centro y Norte de la República. Intentar revertir el desarrollo del país en aras de privilegiar el de una parte del país es suicida. Esto sería la auténtica acta de defunción de un modelo, pero no del neoliberalismo, sino el de la inconsciencia de éste. El neoliberalismo no está muerto, estaría inconsciente en sentido estrictamente lacaniano, tal como lo aprecia mi amigo Luis Tamayo Pérez.










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