El muro imposible

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POR Augusto Isla | Desde hace más de 2 mil años, los chinos ensayaron estrategias para defenderse de la amenaza que representaban pastores nómadas que ocupaban las estepas al norte de su territorio. Las estepas eran ricas en la producción agrícola que aquellos nómadas codiciaban para completar su alimentación basada en el consumo de carnes y lácteos. Fue el emperador Qin Shilnang Di (221- 210 a.c) quien ordenó construir una línea de fortificaciones que se agregaron a otras anteriormente levantadas, aunque fueron los emperadores de la dinastía Ming quienes erigieron una muralla continua de más de 7000 km en los siglos XV y XVI de nuestra era.

Pero los nómadas no dejaron de atacar. El emperador mongol Gengis Kan es bien conocido por su intento de conquistar China en el siglo XIII. Para contener a aquellos bárbaros, los emperadores recurrieron a un programa de subsidios que ciertamente desangraban las arcas imperiales. A los Ming habrá que reconocerles el esfuerzo de la construcción de la “gran muralla”, hecha con piedra y alzado de ladrillo. El costo fue muy alto, sobre todo en términos del sacrificio humano, pues los soldados guardianes padecían hambre, viento y frío, amén de la separación de sus familias. Y no faltó la preocupación de los funcionarios imperiales al percatarse de que los soldados chinos, adentrándose en territorio mongol, comerciaban con el enemigo.

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La historia de la gran muralla pertenece a la larga duración. Es una muralla y, al propio tiempo, muchas murallas: una combinación de tramos, ampliaciones y modificaciones. El proceso de construcción duró siglos. Sumados todos los empeños no deja de ser una hazaña de la inventiva humana que hoy despierta la admiración del mundo, pero que durante muchos años fue un símbolo de opresión feudal.

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Resulta que hoy la construcción de un muro divisorio entre Estados Unidos y México se haya constituido en una obsesión de la nueva administración de Trump. ¿Es realmente la única opción para contener a los inmigrantes? ¿No resulta un anacronismo, por demás oprobioso e inútil? ¿Nada tienen que decir las nuevas tecnologías? ¿El propio John Kelly, secretario de seguridad nacional no lo ha considerado inviable? En primer lugar, por su financiamiento de los 21 mil millones de dólares, ahora se estima en 70 mil, por lo que hay que pagar en indemnizaciones y equipamiento, amén de la devastación ecológica que significa: destrucción de fauna y flora. El muro es imposible. Nadie lo financiará. Menos aún, México. El presidente Donald Trump tendrá que ocuparse de otros asuntos como la guerra que inició con sus ataques a Siria y mil cosas más. Ojalá así sea. El siglo XXI es el siglo de las migraciones. Y ni él ni nadie podrá cambiar el rumbo de la historia.

 










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