El mundo en vilo. El enlace Oriente Medio-América Latina.

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A la memoria de Osvaldo Bayer (1927-2018) donde la Patagonia rebelde fue la crónica anunciada de una América Rebelde.

En los últimos 4 años hemos sido testigos de grandes conmociones internacionales y la respuesta de las masas que atraviesan estas crisis geopolíticas, principalmente en Oriente Medio, donde el poderío imperialista norteamericano sufrió un importante revés de sus cláusulas monopolistas, pero sin dejar de sostener una poderosa influencia armamentista y financiera, llevada a cabo por gobiernos títeres de la zona, específicamente Egipto, Israel, Turquía y Arabia Saudí, y traducido también en las acciones encubiertas de la CIA –Agencia Central de Inteligencia- sobre los derrotados restos del Estado Islámico; asimismo, en esta parte del continente asiático, aún operan con libre impunidad algunas compañías armamentistas a cuentagotas de un jugoso negocio redondo que parecía prosperar con las victorias belicistas de los Estados Unidos.

Desde el cruento bombardeo de Israel sobre Palestina en 2014, que tuvo su primer eco importante en la opinión pública, hasta la intervención de las Fuerzas Aeroespaciales Rusas en el conflicto sirio en 2015, contra un antes poderoso ISIS apadrinado por Washington, han configurado el nuevo mapa geopolítico en Oriente Medio y sus remanentes al resto del planeta subdesarrollado; a su vez, la actual estructura económica del libre mercado ha cambiado su delicado equilibrio mundial, antes dominado por los norteamericanos, y ha puesto el acento en la Federación Rusa y la República Popular China, previendo al mundo sobre una nueva conflagración global que podría estallar en cualquier modalidad disponible en la actualidad, desde las ciberguerras hasta el espeluznante uso de armas de destrucción masiva.

En realidad, y tomando en cuenta del testimonio del pueblo sirio, quien ha afirmado al mundo entero haber salido de los horrores de una Tercera Guerra Mundial, no resulta exagerado afirmar que ya entramos en una etapa histórica en que se ensayan y se pone a prueba toda clase de tecnologías y maniobras con fines militares, con el fin de probar su efectividad en el mundo real; en los albores de la guerra cibernética, es posible paralizar ciudades enteras por un tiempo definido, pero no puede prever la combatividad de aquellos grupos armados, guerrilleros o terroristas, que operan en la clandestinidad de las agrestes zonas conocidas del mundo y, en el más dramático hito conocido en la historia, terminan doblegando todo magnifica operación genocida, como así sucedió en la guerra popular de Vietnam.

Sin embargo, Estados Unidos no ha sido derrotado militarmente; su industria empresarial continúa maniobrando en aquellos países que, sin ser socialistas, amenazan la supremacía estadounidense, desde Irán hasta Corea del Norte, desde Cuba hasta Venezuela, pero también en aquellas sociedades de Primer Mundo que son sometidas a las políticas neoliberales del siglo XXI, entre ellos, Hungría, Grecia, Argentina, Chile y México.

Resulta simbólico el retroceso, al menos temporal, de la presencia de la Casa Blanca en Oriente Medio y la contrarréplica que ha tenido en América Latina: Venezuela. Durante el tiempo en que explotó con mayor fuerza la oposición violenta en Nicaragua, camionetas Toyota al estilo ISIS abundaron en las manifestaciones de Managua y esa fue la conexión directa que mucho recordó a las pantallas químicas de los Cascos Blancos en Siria, financiados por equipos especiales de Israel.

En las últimas semanas hemos sido testigos del peligro de guerra que ha asolado a Venezuela, la más descarada acción injerencista del Amo del Norte en su mal llamado patio trasero, borrando de golpe los orígenes ancestrales de la América indigenista, y que ha retornado el peligro de una guerra atómica característico de la Guerra Fría.

Es verdad que las ideas neoliberales se han estrellado en el rostro de sus dirigentes con la agudización de la pobreza extrema que crece en sus narices, pero también existe una crisis integral en la izquierda latinoamericana; no hay lugar para la clausura histórica del capitalismo, pero tampoco existe el actor social, las masas y sus dirigentes, para abrir una nueva edad histórica que le pertenezca a los pueblos de América.

Hay otros vínculos más solidarios entre pueblos americanos y asiáticos: la lucha emergente por la cuestión femenina, reflejada en la unión de los pañuelos verdes en las localidades más golpeadas por la violencia patriarcal; la condición de subdesarrollo pese a las riquezas de los recursos naturales de ambos continentes, expoliados por las grandes trasnacionales.

Pese a la falta de un programa teórico-político, existe una resistencia popular que se opone a este mundo capitalista y, en una época en que la desinformación audiovisual se convierte en la única concepción posible de vivir y sentir este mundo, aún existen los medios alternativos que se solidarizan con el sufrimiento de dos continentes ancestrales, y ha puesto su mirada en el porvenir, retomando los avances del pasado y trayendo el futuro a los días presente.

Edgar Herrera










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