El moralista

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En el medio cultural francés, el moralista es aquel pensador que observa y analiza las costumbres de los hombres, o simplemente la condición humana. En este sentido lo han sido Montaigne o Montesquieu, que mucho han aportado sobre esas honduras. Pero no he de referirme, por ahora, a esa acepción, sino a la de ‘profesor moral’, dentro de la que se inscribe el tabasqueño, otrora líder del movimiento de MORENA y hoy presidente de México. Las siglas mismas del movimiento encierran una idea moral, la de regenerar. Regeneración significa hacer que algo o alguien (persona o comunidad) moralmente, degenerado o vicioso, se transforme en un ente estimable; o también engendrar de nuevo, en el caso de la nación mexicana que deje atrás el pasado inmediato y surja como un mundo nuevo, puro y ‘bien portado’, pues guarda ese potencial, dado que el pueblo es, en sí mismo ‘bueno’. Y más lo será, guiado ahora por quien tiene el mismo don de la ‘autoridad moral’, que presume en cada suelo que pisa cuando clama hasta el cansancio: no miento, no robo…

Y es tal esa ‘autoridad moral’ que se permite pasar por el tamiz de la moral la realidad entera. De suerte que si una calificadora –organismo internacional que dictamina la solvencia financiera de una empresa o un país– no le concede un crédito favorable, es hipócrita. Del mismo modo, si se le reprocha carecer de un modelo económico, alternativo a un odiado neoliberalismo, responde que lo tiene y es la ‘economía moral’ aunque semejante dicho nadie pueda descifrar.

Y si se trata de la prensa escrita, por ejemplo, es ‘bien portada’ si apoya el cambio. Si no, es deleznable. Ahí está Francisco Zarco, como modelo del buen periodismo durante la República restaurada. Pero ¿qué pasó con el brillante y honesto Ignacio Manuel Altamirano, crítico del juarismo, que tuvo que alejarse del país, porque el Benemérito no lo veía con buenos ojos?

Mala señal ésta de no aceptar la disidencia, la opinión plural, signo de una democracia sana. Mala señal ésta de desenfundar la espada para degollar ‘moralmente’ a quien informa, observa y somete a juicio el proceder de sus gobernantes. ¿Es ese el nuevo estilo de gobernar; ese es el ‘nuevo régimen’; es ese el recomienzo histórico de un país que a lo largo de más de dos siglos ha conquistado sus libertades, sobre todo la de decir, no, así no?

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Sufragio efectivo, no reelección. Respeto a la división de poderes. Sí a la vida y a la libertad de expresión. No más derroches.










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