El lobo cuidando a los corderos

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Necesitamos mirar más hacia adentro. Necesitamos mirar más hacia adentro para explicar nuestros fracasos a partir de la forma en que hemos encarado los problemas. Necesitamos revisar por qué hemos dejado al lobo cuidando los corderos. Pienso en esto a propósito de un reciente informe oficial que revela que alrededor de 130 funcionarios y empleados de Petróleos Mexicanos figuran entre los responsables de la ordeña de ductos y robo de combustible.

Sólo para documentar su optimismo, entérese de que las tomas clandestinas registran un espléndido crecimiento, pues pasaron de mil a 6 mil en sólo la actual administración federal. Un especialista reveló que las redes criminales de chupaductos incluyen funcionarios en Pemex que informan cuando los ductos están vacíos para que procedan a hacer la toma, evitando el riesgo de alguna explosión. Por tan sólo este concepto, el país perdió en un año, 2014, una cantidad equivalente al presupuesto del municipio de San Joaquín por los siguientes dos siglos.

Es un problema grave y creciente, un negocio de elevadas proporciones, un perjuicio irreversible para las capas inferiores de la población mexicana. Los encargados de cuidar la gallina de los huevos de oro fueron los que le apretaron el pescuezo. Algunos dirían que quedó la Iglesia en manos de Lutero. ¡El lobo cuidando a los corderos! El fondo de la cuestión es que se trata de un patrón que se extiende a toda la administración pública.

Cómo olvidar, por ejemplo, que el fiscal de Nayarit no cumple todavía 40 días en una prisión de Estados Unidos por encabezar una red de distribución de drogas. ¡El encargado de perseguir a los criminales era el jefe de la banda criminal! Cómo olvidar que en el penal del Altiplano está un ex gobernador de Michoacán por su vínculo con los Caballeros Templarios. Y que otro ex gobernador, éste de Quintana Roo, purga una sentencia de 22 años por narcotráfico.

Los tres criminales mencionados seguían la exitosa escuela que dirigió el general Jesús Gutiérrez Rebollo, que a finales del siglo pasado ejercía como zar antidrogas en México. Al general Repollo no le alcanzó la vida para pagar su condena, pues murió mientras purgaba una sentencia de 40 años, nada menos que por poner su cargo al frente del Instituto Nacional para el Combate de las Drogas, al servicio precisamente de un cartel de la droga.

El Partido Revolucionario Institucional, el nido donde todos esos honorables caballeros aprendieron a volar, nunca ha reconocido con claridad su responsabilidad en la política consistente en poner a los lobos a cuidar a los corderos. Cuando se le ha formulado la acusación, lo único que se le ocurre es decir que sus alternantes del Partido Acción Nacional son igual o peores. Y aunque no le falta razón, pues resultaron muy adelantados aprendices de tan prodigioso maestro, le haría un bien al país admitir sus culpas.

Por eso me llamó la atención cuando una senadora de ese partido reconoció que el gran enemigo del PRI está dentro del PRI y ejemplificó con algunos ex gobernadores priístas, que fueron unos abusivos, pues si antes eran más recatados y de cada peso agarraban 20 centavos, ahora por cada peso agarran hasta diez pesos.

Pero resulta que ese acto de contrición no fue tan sincero. A la senadora declarante, Diva Gastélum, le crearon un cargo surrealista dentro de la estructura priísta, la Secretaría de Atención para Estados en Oposición, para que dedicarse, desde ahí, no a limpiar la casa y depurar sus filas, sino a documentar los pecados de sus oponentes que, dice, no militan en las carmelitas descalzas. Y se regodea, casi con orgullo, al decir que los otros son peor que los suyos.

La alternancia debería servir para eso siquiera: para que unos descobijen a los otros y los otros descobijen a los unos. Pero ni para eso ha servido la alternancia. Lástima que la senadora Gastelum sólo esté pensando en las siguientes elecciones. ¿Por cuánto tiempo más soportará el país que los lobos tengan a su cargo el cuidado de los corderos?

 










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