EL JICOTE. PANDEMIA, CONSECUENCIAS PSICOSOCIALES

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Edmundo González Llaca
EL encierro producto de la pandemia ha tenido consecuencias económicas y políticas. La económicas son las que más nos apabullan: una disminución de ingresos en el 75% de las familias; aumento de diez millones de pobres; pérdidas de empleos. Focalizados en estos problemas nos hemos olvidado de otras graves consecuencias como son las psicosociales. El encierro nos ha provocado una serie de emociones sorprendentes y desconcertantes. No es un asunto menor, una “e–moción”, es una acción que nos pone fuera de sí. Son expresiones corporales de un sentimiento tan intenso que pueden eclipsar la realidad; al ser rebasados olvidamos las otras partes del mundo.
La salud no es solamente la integridad física y no se debe dejar fuera de nuestras preocupaciones a la salud mental y emocional. La pandemia, por ejemplo, ha propiciado que mucha gente busque precisamente una fuga de lo que se está viviendo a través del alcohol. Durante el confinamiento y el distanciamiento social se registró un alza de 35.8% en el consumo de alcohol, de acuerdo con una encuesta elaborada por el Instituto para la Atención y Prevención de Adicciones. El consumo del alcohol es mayor en los hombres, 40.1%, en comparación con las mujeres 30.1%. También se incrementó el consumo de substancias adictivas.
​La búsqueda de bienestar espiritual ha escudriñado satisfactores que antes tenían presencia pero no en las dimensiones actuales, sería el caso de las mascotas. No me refiero a los pobres que López Obrador les llama mascotas, sino a los animales domésticos. La convivencia con ellos nos provoca beneficios que antes no tomábamos ni en cuenta, gracias a la pandemia sabemos que elevan la distracción, la armonía, la felicidad, en suma, la salud personal y en el hogar.
​Contradictorias han sido las consecuencias de la convivencia en las casas, pues de la misma forma que han provocado la revaloración de la familia, de las personas mayores y el entretenimiento puertas adentro, también las casas se han convertido en un espacio de agresiones, humillaciones y violencia. Muchas parejas en esta pandemia han iniciado procesos de separación y divorcio, quizá los problemas ya existían pero el encierro y la rutina han acelerado la crisis.
​ Muy positiva ha sido la utilización intensa del sentido del humor en la pandemia en sus dos frentes: el individual y el político. Ante la opaca y dura realidad los cibernautas han utilizado el humor para relativizar sus consecuencias y entregarse a la risa. El humor en la política ha estimulado el interés y la participación de los asuntos públicos. No ha habido mejores críticas que los chistes a la tozudez del Presidente de no utilizar el cubre bocas.
​ El incremento del consumo de las drogas son el síntoma de un gran problema de salud mental. Todos, autoridades y sociedad, debemos sumar esfuerzos para reforzar las instituciones sanitarias actuales dedicadas al estudio y solución de los efectos psicosociales por la pandemia. Incluso en el análisis de la creación de otras nuevas instituciones. La salud integral es antes que nada.










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