EL JICOTE: “LÓPEZ OBRADOR Y LOS SÍMBOLOS” (I)

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Sería muy presuntuoso afirmar que la importancia de los símbolos lo aprendió en mi clase de propaganda, pero es una realidad que López Obrador los sabe utilizar. Su primer día de gobierno fue una avalancha de símbolos, analicemos la reunión en el Zócalo. En el priísmo la imagen del poder la encarnaba el líder obrero Fidel Velázquez, con su imponente figura y sus lentes oscuros, enviaba el mensaje: el poder es misterioso, enigmático y distante. López Obrador es lo contrario. Su fascinación es andar a ras del suelo en un permanente flirteo con la gente. Inaugura una nueva visión de la democracia, ya no es solamente el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, sino también entre el pueblo. Para López Obrador sentir el apapacho de la gente es su alimento, su fuerza, su pócima, su adrenalina, su excitante, su afrodisíaco. Su viagra político y multicolor. Después vendría la ceremonia religiosa y comenzaba otra forma de democracia: la teatrocracia.










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