EL JICOTE LÓPEZ OBRADOR Y LA POPULARIDAD (I)

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Las encuestas coinciden en el descenso de la popularidad del Presidente, pero aún tomando en cuenta las caídas más dramáticas el porcentaje de la aceptación al gobierno es muy alto. Algunos críticos no comciben ese grado de popularidad, más aún si se toman en cuenta los pésimos resultados en las tasas de crecimiento y violencia en el país. ¿Cómo se puede entender el fracaso político y económico en rubros tan importantes y que la opinión pública lo siga apoyando? Un teórico afirma que el pueblo vive una “inconsciencia feliz”. No comparto esa hipótesis, que lleva implícita la idea de una ciudadanía extraviada e hipnotizada por el verbo tropical. El Presidente ha tenido indudables aciertos, algunos estructurales e históricos y otros de carácter escenográfico y populistas. Entre los estructurales podemos mencionar la lucha contra la corrupción. La Cuatro T ha dado pruebas de que una de las ventajas para que el electorado vote la alternancia, es ajustar cuentas con el pasado, y esto es posible y una obligación. Se escribe fácil, pero lo cierto es que los opositores después de que ganan se olvidan de ese compromiso. No vayamos muy lejos, aquí en Querétaro, el señor gobernador Francisco Domínguez anunció más de una vez el saqueo que habían sufrido las arcas del Estado por el gobierno anterior y no pasó nada. ¿Fueron calumnias las acusaciones? ¿Se llegó a una componenda en lo oscurito? El asunto fue cubierto por las espesas tinieblas del silencio oficial, y nunca supimos nada. López Obrador ha encarcelado y procesado a auténticos peces gordos. El precedente queda para el futuro, la mano de la justicia es un gran recurso del poder público para consolidar su legitimación. El problema es que esa cruzada contra la corrupción tiene más agujeros que la red de un pescador pobre, vayamos a la última pifia. Es necesario recordar que la corrupción np se limita a que un funcionario saque el dinero del cajón y se eche a correr. Por supuesto que no, la incompetencia también es un acto de corrupción, así lo consigna la Ley Federal de Responsabilidades Administrativas, que demanda entre otras exigencia que los empleados públicos sean: “eficientes”. Para justificar el nombramiento de Ángel Carrizales, que pasó de la ayudantía del Presidente a una institución esencialmente técnica: la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente. López Obrador argumentó que el criterio es que los designados tengan el noventa por ciento de honestidad y diez por ciento de experiencia, Vale destacar que el Presidente ya antes lo había propuesto para ocupar diversos cargos, en todos había sido rechazado por los legisladores por inexperto. En fin, el Presidente le quería dar chamba a toda costa y lo logró, Carrizales para festejar la imposición subió a las redes sociales una fotografía de cuerpo entero, riéndose, tomándose con una mano los genitales y con la otra haciendo cuernos. Además de inexperto es de una vulgaridad obscena, Eso bastaría para despedirlo. Sólo agradecemos que el Presidente no lo haya nombrado como supervisor del Código Moral. La Ley le cierra el paso a la ineptitud de la que está plagado el gabinete, en este sentido el gobierno del Presidente ha sido terriblemente corrupto. Lo que evidentemente ha hecho poca mella en su popularidad.










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